Deslices

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lunes, 31 de agosto de 2015

La maldición de la Pantera Rosa

 

Crónicas de Vestuario. -

La maldición de la Pantera Rosa”


Salieron de “rosa Hummel” los jugadores del Real Oviedo a un estadio donde las sensaciones nunca han sido buenas como Mendizorroza y un equipo que, en las pocas veces donde ha habido cruce, nunca nos ha entregado algo de eso que llamamos buen rollo. Ellos subían, nosotros bajamos y los encuentros en ese ascensor tampoco dejaban más que malos recuerdos. Disfrazados con el imposible “rosa Hummel”, los azules mostraron la peor de las peores versiones en años ante un rival que fue una nadería, pero supo aprovechar todas y cada una de las tonterías que perpetraron con estúpida mano, con la torpeza del Inspector Clouseau en defensa, para alegrar la vista a unos vitorianos que no son nada del otro jueves.

El caos azul, perdón, rosa en el primer cuarto de hora permitió adelantarse a los blanquiazules con la facilidad de un alevín. Desastrosa toda la defensa, marcándose momentos de absoluto desconcierto, en una versión que ni se recordaba en la Tercera División. José Fernández, lateral derecho de campanillas, nos hizo recordar a Nacho López y Diegui Johanesson. Incluso preguntarnos el porqué de su fichaje. En el puesto de central, otro caos, con un Verdés cubriendo a su compañero Borja Gómez (¡hasta cuatro rosas juntos!) y dejando libre al veteranísimo Pelegrín en un remate a placer ante un batido Esteban en amarillo, que poco pudo hacer ante semajante dislate.

Pésima primera parte de los rosas, horror en rosa, deslavazados, sin ser capaces de marcar el tempo ante un voluntarioso -y nada más- equipo vasco. La impresión, pésima y preocupante. El doble pivote era incapaz de crear nada, de ensamblar un pase y la debilidad defensiva quedaba demostrada con contínuos desajustes para placer de un conjunto sin muchos argumentos que se encontraba una autopista donde hacer daño.

Los intentos por cambiar las cosas, a través de dos cambios ( Borja Valle y el incisivo y prometedor Aguirre en lugar de Héctor Font y un oscuro Jonathan Vila) se diluyeron pronto ante el orden vasco, quizás la única virtud destacable de los blanquiazules, pero básica para manejarse en las aguas turbias de la Segunda División. Sin enganche en la delantera, inexistentes en la creación e inseguros en la defensa, los rosas -por favor, nunca más ese horripilante rosa- marcaron los honores de un verdadero dislate que ni Peter Sellers interpretando al Inspector Clouseau. Esperemos que no venga Blake Edwards a retratar esta gran tragicomedia que los oviedistas escenificaron con torcidos renglones y peor letra. Aún queda mucho tiempo para reparar este esperpento cuajado en un escenario poco afín. El equipo azul (ayer, rosa) debería recuperar seriedad defensiva, creatividad ofensiva e incisiva puntería para superar a lo que hemos visto hoy, que, de repetirse, nos mandaría directos, de vuelta, al camino de ese infierno que ha habido que padecer en esta última generacion.

Que no se repita: ni el rosa torpe ni el desastre completo que tuvimos que padecer con estoica estampa (desde luego, en azul, no en rosa Hummel).

MANOLO D. ABAD
Foto: J.L.G.FIERROS
Publicado en el diario "El Comercio" el lunes 31 de agosto de 2015