Deslices

Deslices

lunes, 26 de octubre de 2015

Alta Fidelidad


Vinilo Azul. –

Alta Fidelidad”


Nunca pensé, en aquellas tardes adolescentes de sábado, que trastear entre vinilos en una tienda de música se convirtiese, años después, en una actividad que alcanzara la valoración de “legendaria” (ya saben que huyo del vocablo “mítico”, empleado por las nuevas generaciones como erróneo sinónimo de “típico” o “clásico”). Tardes a la busca de un vinilo que, a principios de los 80, en plena efervescente transformación social de un país, construía un eje débil pero que con los años se tornaría fundamental y, décadas después, terminaría por diluirse en una supuesta nada capaz de transformar vidas y sentimientos. Pero, ahora, en este descreído mundo sabelotodo, nada que represente al dios dinero es, supuestamente, algo.

Las tardes del adolescente, con poca pasta, se desarrollaban en la paciente búsqueda a primera hora de la tarde de todo tipo de vinilos (aún no había llegado lo digital, pero cuando arribó el ceremonial seguía siendo casi el mismo) en una ruta que incluía a Discoteca en la calle Toreno, Liverpool en Milicias y Discos 3 en el Peso. Memorizaba precios, buscaba en catálogos y gastaba la mayor parte de mi sueldo semanal en discos. Nadie me dijo que serían ellos –cuando llegaran los momentos de desesperación- los que me salvarían. Entonces sólo era una curiosidad, una intensa ansia de buscar nuevos sonidos, de encontrar creadores, de escuchar y cantar, de vestir mi vida y mis sentimientos con ese necesario aderezo musical. 

No vi “Alta Fidelidad” cuando la estrenaron en el cine. Tampoco leí la novela del gran Nick Hornby en su día. Se mostró una distraída jornada, uno de esos momentos que acaban por transformarse en las mejores ocasiones. Sucedió en Madrid, en la casa de mi buen amigo Dani Fletcher, que me había ofrecido pasar allí unos días después de que mi experiencia en Tele Oviedo hubiera acabado mal por esos celos profesionales que invaden a aspirantes a estrellas -ruines y mediocres- y que me habían condenado al silencio, la oscuridad y el paro. Era momento de limpiarse de la porquería de ciertos estrellones, esa nada patética a la que el tiempo termina por situar en su sitio. Pero, en ese día, en esas jornadas, consiguieron abrir una herida difícil de cerrar: la del sufrimiento injusto de aquel que es bueno en lo suyo y sólo recibe bofetadas. 

Distraídamente encontré aquel dvd con la película protagonizada por John Cusack y logré sentirme bien. Poco importó que me cerraran la posibilidad de trabajar semanas después en esa misma televisión con todo tipo de excusas peregrinas, haber disfrutado de esa peli me había dado la fortaleza para enfrentarme a muchos gigantescos molinos de viento con la fe de quien sabe que su camino es el correcto.

Y los discos, y las tiendas, que me pierdo. Se cerraba Discos del-Sur en aquellos días de incertidumbre, poco dinero y nulas esperanzas. Una tienda madrileña en la que, años antes, me había abordado Kike Turmix con un sinfín de grandes recomendaciones. “Kike, sólo tengo pasta para un par de discos”. Me miró, con gesto decepcionado y acabó por invitarme al concierto de los Pleasure Fuckers en el Agapo esa misma noche. Llegaban a la casa de Dani amigos y compañeros que trabajaban en revistas como “Ruta 66” y “Rockdelux”, emocionados por los chollos del cierre de una tienda donde había dejado fortunas por correo, y me aferraba a mi birra, a la aventura amorosa que aquellos días me brindó una gata auténtica y a la certeza de que iban a llegar unos tiempos duros sin poder acercarse a ninguna novedad. A escuchar y repasar mi, ya por entonces, gran colección de discos.

La vida no deja de darnos sorpresas y Oviedo mantiene tiendas que nos conectan con un espíritu que creíamos perdido. Acercarse a estanterías repletas de vinilos. Escuchar y preguntar. Estimular nuestra memoria con momentos musicales, con el poder evocador que sólo son capaces de transmitir las canciones. Escapar de este mundo donde todo parece sencillo y que, cada vez, resulta más complicado en su prosaica realidad.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "El Comercio de Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 25 de octubre de 2015