Deslices

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lunes, 12 de septiembre de 2016

¿Valeriana o Carajillo?

 

Crónicas de Vestuario. -

¿Valeriana o carajillo?”


Este nuevo Real Oviedo va mostrándose, poco a poco, en este arranque de temporada y los signos no parecen muy esperanzadores. La temporada es larga, muy larga, como ya sabemos, pero estas primeras jornadas han mostrado unas carencias casi calcadas a las de los últimos meses de la campaña anterior a los mandos de Generelo. A saber: nula capacidad para la creación ofensiva, un ritmo desesperadamente lento, constantes pases inútiles hacia atrás cuando se inicia una jugada, juego previsible, algunos desajustes defensivos en las imprescindibles ayudas y una negación persistente del juego por bandas con los laterales desdoblándose y acompañando en los apoyos. Lo dicho: un guión parecido al del entrenador con la “L” de autoescuela -como lo denominamos desde esta misma columna- de infausto recuerdo para la afición azul.

Uno puede llegar a comprender y, por supuesto, comparte, la obsesión por una seguridad defensiva a ultranza en una categoría donde los errores en la zaga pueden llegar a pagarse muy caros. Si son como los cometidos ante el UCAM Murcia en el precedente encuentro copero, el castigo aumenta hasta convertirse en una enorme frustración. Pero lo que no puede, ni debe, perdonarse ni obviarse en un equipo con las aspiraciones de los azules es la tremenda, desesperante, manifiesta, incapacidad para crear juego ofensivo. Máxime teniendo los mimbres con los que se cuenta en punta. No es ya que los dos medios centros parezcan dos clones de marcado carácter defensivo, poco dados a llevar la batuta y marcar un ritmo de juego que en los pies de Torró se convierte en una sesión pasada por melatonina y que conduce al sopor más absoluto, plena de pases de seguridad hacia atrás o de balonazos inconsistentes; sino que se ha anulado por completo la capacidad para desbordar por unas bandas a expensas de la inspiración de un chispazo de Nando -desaparecido en la primera y con cierta presencia en el inicio del segundo acto, lo mejor de los oviedistas- o de un Susaeta que buscaba sin encontrar un aliado al que asociarse. Pero, claro, a José Fernández ya lo conocemos y... mejor no hablar, pues cuando lo intentó -en dos ocasiones en el segundo acto- el balón acabó por perderse en tierra de nadie. A Varela, en la izquierda, se le ve también timorato y desconectado de un jugador como Nando, rápido y vertical, que debería ofrecer unas prestaciones mucho mayores que las mostradas en la calurosa tarde dominical ovetense.

Y no, Michu no va a resolver todo. Aunque su grata, esperada, contribución se hizo notar. Con esfuerzo, con galones, con una presencia voluntariosa en todas partes. Pero, en un deporte colectivo como el fútbol, no vale sólo con el extraordinario impulso que el gran jugador ovetense aportó. Si no hay ritmo, ni empuje, ni bandas, ni creatividad, seguiremos instalados en la misma vía mediocre con la que nos despertamos al final del pasado invierno. Así que la opción sólo pasa por seguir con este juego narcotizado, pura valeriana para echarse a dormir, “a la italiana” casi diríamos, o despertar con un buen café, darle ritmo, imbuirse de ambición, explorar el territorio de las bandas como camino seguro al gol y transformar este insoportable sopor en algo consistente, con jerarquía y verdaderamente ganador.

MANOLO D. ABAD
Foto: J.L.G.FIERROS
Publicado en el diario "El Comercio" el lunes 12 de septiembre de 2016