Deslices

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martes, 27 de septiembre de 2016

San Pateo. - “Día 5 hasta Último Día: Viajes al fondo del estómago”



San Pateo. -
Día 5 hasta Último Día: Viajes al fondo del estómago”

Supongo que no hay mayor coña que sufrir una indisposición grave en plena celebración mateína. Los rostros se teñirán de una media sonrisa irónica que achacará a los (conocidos) excesos alcohólicos como el mal que ha provocado la susodicha indisposición. Esos chupitos de Thunder Bitch -gracias Alex Serie B-. ..Pues no, que cuando hay una resaca por medio, apenas si pasa un día que nos erguimos con el alma de superviviente que nos alumbra. Que por razones alcohólicas, pocas veces nos hemos confesado con el retrete...

No, no y no. Una gripe unida a una gastroenteritis se empeñó en arrasarnos en la tarde-noche premateína, justo cuando teníamos prevista una sesión de In-Toxic dj en el Fauno. In-Toxic, elegí bien el apodo y bien que tuve tiempo de acordarme en todas las idas y venidas cama-servicio de la noche del martes 20 de septiembre. Eso y unos sudores que me llevaron al borde de la deshidratación. ¡Bonito San Mateo entre sudores, vómitos y una mendaz orquesta ambulante con lo peor del pop latino amenizando la madrugada de los pobres (y dóciles, protesten, joder) habitantes de la Losa! A músicos como Pedro Conde, que se dejan la piel en las calles todo el año, que pagan sus permisos al ayuntamiento de la ciudad, supongo que no les haría ninguna gracia que una orquesta sudamericana, o centroamericana, con un pertinaz deje hacia el reggaeton y al pop latino y, por supuesto, al margen de todo tipo de permiso o normalización, se dedicara a dar la brasa por las calles ovetenses sin ningún tipo de control horario ni de volumen ni de localización (más itinerantes que el Grupo Salvaje de Sam Peckinpah). En fin, el mundo comienza a ser cada vez más de los listillos. Ya lo era de los aprovechados y ahora ambos se unen para que el resto tengamos que padecer sus excesos.

El bendito suero permite que pueda acercarme a trabajar, entre unos mareos que no desentonan entre las mandíbulas desencajadas o los cantarines beodos que tan bien dibujó el maestro Francisco Ibáñez en sus viñetas de “Mortadelo y Filemón”, “13 Rue del Percebe”, “El Botones Sacarino””, “Pepe Gotera y Otilio” o “Rompetechos”. Consigo terminar las músicas para el reportaje con el que se abre la temporada del programa de TPA “Asturias Semanal” y regreso a casa de mi madre entre temblores. A la mía ni me acerco: queda lo suficientemente lejos como para no saber si llegaré...

Pasan los días con el teléfono apagado que -como ocurre en esa habitual Ley de Murphy- al encenderlo despliega una catarata de sonidos, mensajes, whatassps y demás comunicaciones ineludibles para quien esté enganchado a ellos. No los necesito; sólo un poquito más de suero.

Llega el fin de semana con otras tantas ineludibles citas de las que paso, por supuesto. Ya he tenido que avisar al periódico - “El Comercio de Oviedo”- de que no voy a poder escribir el artículo para el suplemento del domingo ni para el de deportes sobre el partido del Real Oviedo donde ha vuelto a hacer el ridículo frente al Reus Deportivo.

Domingo. Ayer me zampé un arroz sin nada -sólo teñido por la cúrcuma- como si fuera el manjar más increíble sobre la Tierra. Eso, y una sopita con un poco de la carne de unos huesecillos, que supo, ya digo, a algo sobrenatural. Nada como estar a una dieta tan particular. Juega el Real Oviedo contra el Cádiz y me acerco al Reloj de Porlier a ver el partido. Beni me recomienda que busque otro lugar, ya que no está seguro -con este carrusel de canales- si lo podrá poner. Aparece Dani y comenzamos a buscar un local donde sepan seguro que dan el partido. Mantiene la comunicación con César Inclán para ver cuál vamos a elegir. Acabamos en la nueva Peña Chiribí (ahora con el añadido El Jorobu) que tiene su aposento en el Quinto de la Tarde, en plena plaza de Riego y donde te atiende Chan, un histórico de los tiempos del viejo estadio y de nuestra añorado fondo y su curva donde tantas alegrías vivimos. El nuevo emplazamiento nos da suerte: ganamos fuera de casa por primera vez en nueve meses. Repetiremos, ya saben, eso de las supersticiones.

Al regresar a mi casa -tras cinco días sin pasar por allí- me doy cuenta que no todo ha sido malo. Me siento renovado, libre de ataduras y dispuesto a lo que tenga que venir como si todo lo negativo que había dentro de mí se hubiera ido al tirar de la cadena en una de las muchas ocasiones en que tuve que vomitar la noche de autos camino del día de San Mateo. Quizás San Pateo haya sido benéfico, al fin y al cabo. ¿Quién sabe? Nos vemos este viernes 30 en La Salvaje (vuelve In-Toxic dj).

MANOLO D. ABAD