Deslices

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lunes, 29 de febrero de 2016

El Círculo Azul

 

Crónicas de Vestuario. -

El Círculo Azul”


El 21 de abril de 2002 el Real Oviedo vivía en su partido contra el Elche, en Segunda División, uno de esos episodios que jalonan una historia apasionante, que la convierten en totalmente distinta a los demás equipos. Para bien, hay momentos inolvidables que se quedan grabados en la memoria colectiva azul, emociones desbordadas, instantes para enmarcar en rincones del corazón a prueba de adversidades. Para mal, también. Y ésta fue una de esas circunstancias donde todo parecía romperse, el inicio -aquel nefasto 21 de abril- de un penar que parecía no tener fin. Envueltos en un enfrentamiento, en una guerra civil en la ciudad por culpa de una creciente megalomanía política (la de Gabino de Lorenzo y sus secuaces, como el indescriptible Alfonso Román López) y otra económica (la de Celso González y sus socios). En medio del campo de batalla, como en una novela de Sven Hassel, todos los que se vieron obligados a combatir en una (otra más) guerra injusta y evitable.



En 1970, Jean-Pierre Melville estrenaba (en España no llegaría hasta diciembre de 1972) otra de sus obras maestras, quizás la mayor: “El Círculo Rojo”. Un polar -cine negro francés- ejemplar, repleto de una extraña poesía visual, que aunaba la tragedia griega con la filosofía oriental y conseguía una simbiosis europea a través de un cúmulo de referencias donde la muerte era la única salida. Un círculo rojo que pudo haber alcanzado al Real Oviedo pero al que las (benditas) circunstancias van tiñendo de un color azul. De esperanza azul, un círculo azul que se ha cerrado en esta jornada vigesimoséptima -curioso, el número que va detrás del 26 de la fundación oviedista- con la victoria ante el Elche, el mismo protagonista del arranque efectivo de todas las desgracias. El mismo protagonista que esperamos que sea el punto de partida de esta resurrección que cierra un círculo, el círculo azul. 



Para que esta celebración espontánea -ya sabemos que a los oviedistas no nos sientan bien las fiestas por imposición- se hiciera realidad, el conjunto de Sergio Egea se encomendó a una primera parte para enmarcar de Míchel Herrero, quien dio una soberbia lección de juego sobre el húmedo césped del Tartiere, que aguantó la lluvia con la compostura que merecía el improvisado festejo. Suyos fueron centros mágicos a un Toché con el punto de mira cambiado que no acertó como acostumbra a remachar. No importaba, nada de tragedias. El once de Egea movía con paciencia el esférico ante un ordenado Elche que bastante hacía con aguantar las acometidas azules e intentar un zarpazo que a punto estuvo de conseguir en los primeros instantes.



Paradójicamente, los goles llegarían en los momentos menos claros de los ovetenses, en un segundo acto donde se impuso la fuerza frente al toque. Los de Egea, que habían desperdiciado tantas veces la posibilidad de machacar, dieron con la fuerza necesaria, imprescindible, para tumbar a los ilicitanos hasta el k.o. y cerrar este círculo histórico en azul, no en rojo. Nunca en rojo. Era momento de reivindicarse y le llegó el turno a Koné para marcar. Y también a Pablo Hervías, que culminó por fin un tanto tras un regate. Por supuesto, también estuvo Néstor Susaeta para abastecer de asistencias a sus compañeros. El equipo se comportó como un disciplinado, coriáceo, bloque. Buenas noticias ante lo que se avecina. Un tramo final donde no ha de existir miedo a las alturas. Donde conviene olvidarse de tóxicos, de cenizos, de vanos pesimismos y de (lógicas) precauciones. Donde hay que abrazar este momento, aferrarse a él. Y, por fin, cerrado este círculo azul, alumbrar la esperanza de que, sí, el gran objetivo -con el empuje, la unión y la fe de todos- puede ser posible.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: JOSÉ LUIS GONZÁLEZ FIERROS
Publicado en el diario "El Comercio" el lunes 29 de febrero de 2016