Deslices

Deslices

viernes, 5 de septiembre de 2014

Exorcizando a la Copa


Crónicas de Vestuario. –
“Exorcizando a la Copa”

Cualquier oviedista sabe que el torneo de Copa nunca ha sido propicio para los colores azules. También todos saben hasta qué punto resulta fundamental cuadrar las cuentas en esta competición, lo que implica no verse apeado en la primera ronda. Hace un par de meses, el consejero Fernando Corral me comentaba los esfuerzos para conseguir que la economía funcione. Pues bien, el encuentro del miércoles deparó muy buenas noticias en todos los frentes: el económico, el futbolístico y el de una afición que volvió a responder con siete mil setecientas cincuenta y un almas en un Carlos Tartiere que sigue conservando un estupendo césped.



Pero atentos: la maldición de la Copa sigue ahí, presente. Rebuscando en la historia tratando de encontrar el origen de este mal fario, me encuentro con lo que pudo ser el arranque del gafe. Fue en la primera temporada del Real Oviedo en la Primera División (1933-1934). El conjunto azul se plantó en semifinales contra el Valencia. En el encuentro de ida los azules se impusieron por 0-2 en Mestalla. Todo parecía a favor de cara al partido de vuelta en Buenavista, pero ocurrieron varios hechos que conducirían a la derrota y al inicio de este infortunio. El entrenador -Emilio Sampere- decidió reservar a Gallart, mientras los chés acudían con un cuadro de reservas. Por su parte, la directiva azul, aprovechando la euforia, decidía subir una peseta el precio de las entradas, lo que motivó que la afición se negase a pagar un duro y apoyar al equipo en aquel partido histórico. Gradas vacías, relajación azul y victoria valenciana por 1-3, siendo, además, la primera derrota oviedista en esa temporada. Y así, desde 1934, el Real Oviedo ha de padecer la Copa como un mal obligatorio que siempre acaba con cualquier ilusión de trazar un buen camino.



Se cumplen ochenta años del mal fario, del acontecimiento que ha generado tardes y noches de desilusión en la parroquia azul, y parece que, quizás, esta sí pueda ser la ocasión de acabar con todo gafe. Aunque cueste desprenderse de este tipo de maldiciones y si no, que se lo pregunten al Benfica que arrastra ocho finales europeas consecutivas perdidas desde que Bela Guttman marcase su sentencia a los lisboetas.



De momento, el conjunto dirigido por Sergio Egea se planta en tercera ronda por esos caprichos de las normas competitivas y hasta octubre no habrá que volver a sacar los fantasmas de 1934. Confirmó su pase con un 4-0 nítido, con un juego fluido, dotado de verticalidad, con buenas entradas por las bandas, presencia brillante de chavales del filial como Diegui –gran partido- , Óscar y Lucas, y aportes muy interesantes de los no habituales, desde un gran Gorka Magunazelaia embutido en negro de pies a cabeza (una debilidad personal los guardametas en ese color y que me perdone Esteban) hasta un activo y goleador Sergio García. Todos los ingredientes para que este domingo el Nuevo Tartiere vista sus mejores galas y que la buena línea continúe y enganche cada vez más. Con prudencia, sí, pero también con el siempre necesario optimismo.


MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: PABLO LORENZANA
Publicado en la edición papel del diario "El Comercio" el viernes 5 de septiembre de 2014