Deslices

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jueves, 19 de junio de 2014

El Piojo de Felipón


Crónicas de Vestuario. –
“El Piojo de Felipón”

Parece fácil pero no lo es: dejar a los pentacampeones mundiales con el tanteador a cero y la sensación de derrota e incertidumbre no es algo al alcance de cualquiera. Pues bien, México -selección que hace tan sólo unos meses vagaba por los estadios de la CONCACAF y que se clasificó in extremis- lo consiguió bajo la dirección técnica de Miguel El Piojo Herrera. El seleccionador mexicano le dio una lección táctica al atribulado Felipao, ese individuo incapaz de reconocer errores -propios o ajenos- henchido de una insultante autosuficiencia, un dechado de virtudes entre las que ni se encuentran las variables tácticas ni otro intento de fútbol que varíe de la ecuación “músculo + Neymar”, a la que se aplicó sin éxito frente a los centroamericanos.

Un magnífico portero como el flexible Guillermo Ochoa, una defensa con tres centrales bien colocada bajo el mando del veterano Rafa Márquez (su cuarto Mundial, ahí es nada) y muy sacrificada en las ayudas sobre la gran estrella brasileña, un centro del campo con tres entregados al trabajo de cortar cualquier atisbo de espacio para Neymar, y el estilete del jugador del Villarreal Giovanni Dos Santos lograron dejar a los brasileños con cara de… con esa cara, sí.

De acuerdo, que en el toma y daca, la canarinha tuvo buenas oportunidades de anotar, incluso al final, con ese enorme Thiago Silva, de lo mejor del musculoso grupo de Felipao, pero, si los mexicanos hubieran tenido a un Peralta como el del primer día, también hubieran podido dar la sorpresa que se había intuido en la inauguración ante los croatas y que sólo el “amigo japonés” fue capaz de desbaratar. Aquí no hubo “amigo turco” y, por mucho que Fred, Alves o Marcelo se aplicasen a la piscina, el árbitro otomano no picó. Suerte tienen los brasileños de que su último partido será ante Camerún, a la que se vio en su primer encuentro desorientada y sin capacidad en la vanguardia, porque los sudores de Felipao podrían haber aumentado. Y parece difícil que Eto´o sea capaz de obrar un milagro para la leyenda de un Ghiggia –sí, el del Maracanazo- que, parece, va a volver a aparecerse en las pesadillas de los anfitriones.


MANOLO D. ABAD
Publicado en la edición papel del diario "El Comercio" el jueves 19 de junio de 2014