martes, 19 de diciembre de 2017

Valor de conjunto


Crónicas de Vestuario. -

“Valor de conjunto”

Cuarta victoria consecutiva ya, una frontera más del cuadro de Juan Antonio Anquela, que abandona los modos de “resucitador de equipos” que se habían instalado en las últimas temporadas, para enlazar un favorable rumbo victorioso. El triunfo ante el Sevilla Atlético, además, contó con el añadido resaltable de desarrollarse bajo circunstancias tan negativas como una expulsión temprana de un jugador azul (Yeboah) que condicionó todo el choque. A diferencia de los cada vez más lejanos tiempos con Fernando Hierro al frente, el equipo no se vino abajo, antes al contrario, mostró una unión como bloque que le permitió resistir el asedio del filial sevillista.

Anquela ha logrado lo que, sin duda, deseaba: un once solidario donde nadie se escaquea, en el que todos trabajan para todos, donde no hay excusas ni se escurre el bulto. O entrega máxima, o derrota, ese es el mensaje. De modo que, con una disposición en el campo bien estructurada -unión entre líneas, sin descompensaciones- el Real Oviedo abre una racha de ensueño en una competición tan igualada como es esta Segunda, donde penalizan los errores puntuales, el egoísmo, el no saber comportarse como un colectivo solidario...
 
 

Dentro de un trabajo general notable, hay que destacar a tres jugadores básicos en este cambio de cara. El primero, su guardameta: Alfonso Herrero ha sabido aprovechar su ocasión y parece cada vez más consolidado en su puesto. Frente al Sevilla Atlético ofreció un recital de buena colocación, de criterio para tomar decisiones (salir a balones a la olla o permanecer bajo palos), de una madurez inusitada que trae tranquilidad a sus compañeros de zaga con los que el entendimiento es perfecto. El segundo, el jefe de la defensa, Juan Forlín, siempre al quite de los desajustes, en un trabajo ímprobo de mando bien secundado por sus compañeros de zaga, crecidos y seguros gracias a su empaque. Y el tercero, un jugador a quien hemos criticado sin descanso la temporada anterior pero que es el ejemplo de cómo un entrenador puede marcar a un futbolista. Me estoy refiriendo a David Rocha. Perdido en el marasmo conceptual de Hierro, sin sitio, descolocado siempre, se ha transformado en un motor en el medio del campo de la mano de Anquela, con un inusitado temple para quien lo sufriera la campaña pasada, bien situado y con capacidad para asociarse con sus compañeros. A la gran dupla que forma junto a Ramón Folch, debe añadirse la puntería y la clase que está exhibiendo este año en sus lanzamientos de falta. Contra el filial sevillista anotó un soberbio gol de falta, una bendita maravilla para el recuerdo y para que persevere en esa magnífica línea de trabajo. Cuando uno observa su transformación se siente verdaderamente feliz de su explosión tanto por su persona como por el trabajo en beneficio del equipo.

A dos partidos para que concluya la primera vuelta, el Real Oviedo mira hacia las posiciones de privilegio. Sin embargo, bueno es que el entrenador andaluz siga pensando en el día a día, en conculcar la necesaria unión y humildad. No perder esa perspectiva donde el trabajo incansable como bloque es la que conduce a una situación como la actual. Sin lanzar las campanas al vuelo, pero conscientes de los méritos adquiridos, del duro camino recorrido y de esa esperanza lenta de lograr el soñado premio final.

MANOLO D. ABAD

Fotos: J.L.G.FIERROS