Deslices

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miércoles, 20 de enero de 2016

Artículos y columnistas


Vetusta Blues. -

Artículos y columnistas”


La vida, a veces, te da sorpresas y a mí me la dio hace unos días con el Premio de la Crítica de la Asociación de Escritores de Asturias de Columnismo Literario. Formar parte de un elenco de premiados donde figuran maestros como Luis Arias Argüelles-Meres o Francisco García-Pérez supone un verdadero orgullo y, más aún, la enorme responsabilidad de estar al nivel de tal honor. Por aquello de ser la primera vez que recibía un premio empleé mi tiempo en los necesarios agradecimientos a todas aquellas personas que han sido cruciales en mi vida, empezando por mi madre y siguiendo por amigos como Javier Lasheras y Rubén D. Rodríguez, además de, por supuesto, quiénes han apostado por mí a lo largo de estos años como el director de EL COMERCIO Íñigo Noriega o el que lo fuera del añorado semanario “Les Noticies” Ramón Lluís Bande.

Más allá de todo esto, al pensar en mi tarea como columnista, surgían algunos temas para la reflexión. Vivimos tiempos de turbulencias, de un inusitado movimiento en la sociedad, donde las diferencias se acentúan de una forma escandalosa, al mismo tiempo que la clase media -construida con tanto cuidado en todo el periplo democrático español- va quedándose disminuida de tal manera que casi parece una élite en sí misma. Una época de movimientos ante la que no debemos permanecer inmóviles y que requieren cierto tipo de compromiso, mucho más allá del puramente político. Un compromiso consigo mismo y con su tiempo. El compromiso de contar con una voz propia a la que acceden muchos lectores de este periódico. Una gran responsabilidad que no debe ser escatimada en vano. El columnista no debe permanecer aislado en su mundo, tratando de quedar bien ante los poderes fácticos. No deberían convertirse los articulistas en unos guays y sus columnas en fuegos fatuos donde sólo cupieran ocurrencias tontas, falsonas pretensiones o burdas y presuntuosas obviedades con las que buscar una autopromoción social o, quién sabe, profesional. Vemos a muchos de estos ocupando espacios, a veces sumidos en un cripticismo que ni ellos mismos podrían explicar, sólo tratando de resaltar firma y foto para propulsarse social o profesionalmente usando una plataforma atractiva como es la de un diario. Lamentablemente, ahí están, camuflados en muchas páginas, buscando como hábiles trepas un espacio con el que emerger más allá de su rotunda mediocridad y de su absoluto interés (y del desinterés de sus artículos y propuestas).

No, el articulista, el buen articulista, se sitúa en la zona incómoda. No es un "quedabien" más que trata de propulsarse socialmente sino de un equilibrista que transita por una fina cuerda de acero, a expensas de vientos a su derecha y su izquierda, tratando de mantenerse firme sobre esa correa de metal por la que se deslizan con dificultad sus pies. Un trayecto complejo pero muy distinto del de quienes pretenden utilizarlo para un proyecto de autopromoción, desviación lamentable que merecería la más cruel de las censuras, tanto de los lectores como de quienes tratamos de ser dignos herederos de maestros como Mariano José de Larra o Francisco Umbral.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 20 de enero de 2016