Deslices

Deslices

martes, 24 de enero de 2017

Suma y fin



Crónicas de Vestuario. -

Suma y fin”


Segunda victoria consecutiva, fin de una preocupante racha, suma de seis puntos para volver a esperanzarse y... poco más. Lo visto sobre el penoso césped del Tartiere fue la exhibición de las carencias del equipo azul a lo largo de la temporada. Tras doce minutos electrizantes -los que separaron el pitido inicial del gol de Toché- el once de Fernando Hierro volvió al modo pasota, como extraído de una película de Fernando Colomo de los años ochenta. Que el tiempo transcurra, no sin sobresaltos y... a dejarse llevar.



Es esta una deriva que parece haber alcanzado hasta un errático Saúl Berjón, sin la estelar presencia ni la velocidad de la semana pasada, como una oscura sombra sólo iluminada por su toque y su visión (eso que llamamos clase, que se tiene o no) en destellos insuficientes para un choque lamentable. Podríamos observar las dos caras de una misma estampa: la presunta solidez defensiva (con un tan entonado Héctor Verdés como un David Fernández en su versión más floja) adquiere otra dimensión ante la torpeza de los atacantes pucelanos. La ausencia de dominio, control y poder sobre el partido, teñida de la más absoluta falta de aplomo para establecer un poderío sobre el contrario tras conseguir marcar un gol, provoca apuros, deja en manos del contrario la situación. Si es capaz de definir, adiós a la suma. Si no, volvemos a encaminarnos a los vestuarios resoplando tras pedir la hora. Y todos nos preguntamos: ¿realmente éste camino de dudas va a ser el tránsito durante esta segunda vuelta?



Que jugadores como Susaeta -con su incontestable clase- no encuentren sitio es el síntoma de que el entrenador no acaba de dar con la tecla. El Real Oviedo deambuló tras su gol, desmotivado, como si ya hubiera finiquitado su trabajo. Si estableciésemos un símil boxístico, fue como un púgil que manda a la lona a su rival en el primer asalto y se dedica el resto a correr alrededor de él, evitando cualquier intercambio de golpes y a expensas de que en un despiste pueda caerle un crochet aislado que le haga perder el combate. Así se las gastaron los azules. Intensos al principio. Gol y a la oficina, a esperar a que el cronómetro marcara la hora de irse a los vestuarios. Un par de intervenciones de Juan Carlos, la contundencia -no confundida con idas de olla- de Héctor Verdés, el gol de Toché y un par de andanadas de -¡sí!- José Fernández (con ver tan poco ya nos parece mucho, así están las cosas) son el balance de un equipo que, encima, no supo aprovechar los contraataques -endémico mal- en los últimos minutos para no tener el corazón en un vilo. En el lado de los detalles vergonzosos, el tiempo de David Rocha sobre el campo, donde además de no dar un pase bien quedó en evidencia su lamentable estado de forma (luego hablan de Diegui Johanesson) en una carrera con el lateral izquierdo Ángel: le llevaba tres metros de ventaja y el pucelano le acabó sobrepasando. Por desgracia, parece que algunos cuentan con bula, mientras otros ni tan siquiera tienen la oportunidad de demostrar sus virtudes. Quizás el ejemplo de Quique Setién en el Las Palmas dando paso a tres canteranos del filial de Tercera debería ser tenido en cuenta por estos lares. Práctica, por cierto, que si se revisa la historia del equipo azul siempre dio buenos resultados.



Sea como fuere, allá van tres más para que la llama no se apague. Aunque no se convenza, aunque haya tantos y tantos aspectos que se escapan a nuestra comprensión e, incluso, al sentido común, bueno es seguir en la pomada. Lo próximo, eso sí, un examen importante para ver si no estamos envueltos en un espejismo, en un déjà vu, que sería intolerable para todo el sentir azul.



MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: JOSÉ LUIS GONZÁLEZ FIERROS
Publicado en el diario "El Comercio" el domingo 22 de enero de 2017