Deslices

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miércoles, 25 de enero de 2017

Expediente Disco (Pocho) de Oro A Kiko Rivera

THE ARMANDO GANDALLA FILES (II)




"EXPEDIENTE DISCO (POCHO) DE ORO A KIKO RIVERA"

Probablemente, uno de los "expedientes" más difíciles a los que me he enfrentado. ¿Un Disco de Oro a Kiko Rivera? ¡No, amig@s mí@s, dos! Las primeras indagaciones nos tranquilizaron ante tanta inquietud. No se trataba por copias físicas vendidas sino por "descargas en Spotify"... Eso no es un "disco de oro", querid@s mí@s. Bien podrían denominarlo -aún a riesgo de que alguien pensara que estábamos hablando de una peli- "descargas de oro", "dos descargas de oro de seis millones (de clientes) de Spotify" o bien "descargador de oro", aunque tampoco teníamos la certeza de que había superado, para obtener semejante honor, a los honrados trabajadores que ejercen su oficio al pie de los tráileres en los muchos polígonos industriales del país.

La crisis de la industria discográfica nos ha llevado a esto. Los artistas se esfuerzan en sacar copias en vinilo o cd más para contentar a sus fans que para otra cosa. Ganan más con las camisetas y demás merchandising (gorras, tazas de café, bates de beisbol o pedruscos personalizados). Cuanta peor calidad de sonido, más ventas. Total, es lo mismo, si lo van escuchando en el móvil y con el tráfico de la calle, las conversaciones (por dotarlas de una entidad inmerecida) por whatssap y demás inútiles distractores extrenos apenas van a distinguir nada. 
Luego están los pillos de las descargas: los golfos descargadores, los reyes del mix y del feat (ya saben, el palabro -o medio palabro- de inminente moda para sustituir al "con" de toda la vida), que aprovechan los soportes digitales para multiplicar sus "ventas" por los procedimientos más insospechados. Se ha llegado a comentar de compañías discográficas de la vieja escuela que contrataban a decenas de chinos en antros infectos para que, con un pequeño ordenador portátil, descargaran sus éxitos una y otra vez. Ya ven, en la era de los avances, retrocedíamos de golpe a antes de la Revolución Industrial. ¡Glups!


Pero regresemos al meollo de nuestros desvelos. ¿Cuál ha sido el mecanismo por el que Kiko Rivera ha logrado semejante honor? Para averiguarlo acudimos a otro polígono industrial de la piel de toro, pero, en esta ocasión, a horas bien diferentes que las frecuentadas por los forzudos encargados de subir y bajar de los camiones palets y palets de todo tipo de mercancia. Al joven personal, algo achispado y con tantas ganas de fiesta como de burlarse del hijo de la Pantoja, se le requería una aplicación para acceder a la entrada. Pronto descubrimos el truquito: el enlace de marras llevaba otro mecanismo por el que, durante el tiempo que duraba la -¡ejem!- sesión estaría repitiendo en bucle una reproducción de su, vamos a llamarla "pieza", en Spotify. Debía existir algún tipo de algoritmo, quizás el propio "algo ritmo" de la "pieza" fuera el que lo activara. ¡Huuuum...! Alguien más debía estar en connivencia con semejante ingenio informático. ¿Quizás su mánager? ¿Quizás su compañía discográfica? ¿Tenía compañía discográfica? ¿Quizás el propio Spotify que se haría promoción a costa del vástago de la tonadillera más contratada por Gabino de Lorenzo? 



Ya no me correspondía investigar más, certifiqué mis conclusiones y, para liberarme de la terrible visión de su espectáculo, por llamarlo de alguna manera -ya no les cuento lo de su sesión pinchadiscos, no vaya a ser que les dé pesadillas- huí a mi casa y, nada más llegar, cogí mi copia de Derribos Arias, pinché "Disco Pocho" en mi desvencijado giradiscos y me otorgué un merecido momento de placer.

ARMANDO GANDALLA

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