Deslices

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martes, 10 de enero de 2017

A ninguna parte

Crónicas de Vestuario. -

A ninguna parte”


Tras la demostración de incompetencia mostrada ante el Sevilla Atlético, la pregunta no puede ser retrasada más: “Quo vadis, Fernando Hierro?”. ¿Hacia dónde se dirige usted? ¿Hacia dónde pretende llevar la nave azul, Sr. Hierro? Visto el ridículo espantoso de un primera parte difícil de olvidar, la respuesta parece ser clara: hacia ningún sitio. A ninguna parte. Se le puede reprochar a los jugadores un montón de cosas, pero, ¿y al responsable técnico? Desde el comienzo de la Liga hemos observado a un conjunto timorato, incapaz de llevar la iniciativa, nulo en creación, siempre al acecho, que tan sólo está a verlas venir. Quiso Fernando Hierro ser juzgado en virtud de sus resultados, no de un juego que ha sido deplorable en la mayor parte de la temporada. Pues bien: los números cantan, casi gritan, con tres derrotas consecutivas y una sensación total de impotencia desde la dirección técnica, incapaz de ofrecer ninguna solución ni de rectificar nada. El juego de mal en peor. Resulta significativo que el equipo sólo se eche arriba y recupere las bandas cuando se encuentra al borde del precipicio, en medio de la desesperación... y que, entonces, lleguen los goles. Es lo que sucede cuando se busca la portería contraria por las bandas. Cosa que el Real Oviedo no hizo hasta la entrada de Saúl Berjón, por cierto.



Sin lanzar a puerta es imposible ganar un partido. Y esto lo ha repetido el equipo azul en numerosos campos de la geografía de Segunda División. Pero como el entrenador azul se abona a los números, vamos a repasar algunos. De los cinco últimos partidos fuera de casa, el balance es de cuatro perdidos y una victoria, con tres partidos consecutivos derrotado. En los últimos cinco partidos disputados, lo mismo: cuatro derrotas (tres consecutivas) y una victoria. El balance es desolador, pero, más aún, cuando se contempla el juego desplegado por el equipo.



Ante el Sevilla Atlético se salió -cómo no- a verlas venir otra vez. Ya desde el principio se vio a muchos jugadores en “modo zombie”, deambulando por el campo, casos de un inoperante Rocha y un Jorge Ortiz que desapareció nada más empezar. Peor aún fueron los boquetes defensivos, con especial mención para el indiscutible José Fernández, ese lateral que ni ataca ni defiende ni nada, pero que tiene su puesto asegurado mientras otro componente de la plantilla ni siquiera va convocado a pesar de haber sido durante la campaña anterior uno de los mejores jugadores de la plantilla azul. Los dos centrales, mantequilla pura. Y descolocados. Juan Carlos, el cancerbero, nervioso e inseguro. Con este panorama era de esperar que se produjese la hecatombe. Un naufragio con todas las de la ley. Porque si el timonel no sabe qué hacer con las velas de su barco, si no sabe cómo tiene que darle el viento para que el barco avance y lo único que se le ocurre es tomar los remos es que la situación se ha tornado alarmante, muy alarmante. Y lo peor es que, tanto las sensaciones que transmite el equipo, como las directrices -ese erre que erre permanente en todo- de la propia dirección técnica sólo hacen augurar lo peor. El equipo sigue en construcción y quizás siga así durante toda la temporada, pues no hay ideas en el juego, sólo un miedo cerval, una falta de garra clamorosa y un concepto futbolístico que parece sacado del patio de un colegio. El año pasado hablamos del entrenador con la “L” de autoescuela y en éste nos hemos vuelto a encontrar con lo mismo. Y así no se va a ninguna parte.

MANOLO D. ABAD
Fotos: J.L.G. FIERROS
Publicado en el diario "El Comercio" el martes 10 de enero de 2017