Deslices

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lunes, 21 de marzo de 2016

Menos que cero

Crónicas de Vestuario. -

Menos que cero”


Este es el resultado tras una sorprendente semana convulsa, esa en la que se destaparon tantas y tantas miserias que permanecían ocultas a los ojos de muchos. Más sorprendente que algo así haya ocurrido con el viento a favor tras tantos años de tempestades y desazón. Pero no, con un egoísmo tan exacerbado como los protagonistas de la novela que Brett Easton Ellis publicó en 1985 “Menos que cero”, los intereses propios parece que se impusieron a los generales de la entidad y la conclusión fue la marcha del hombre que había llevado con mano honrada a la nave azul al fútbol profesional tras doce años de total infierno y penas.

Eso ya es pasado y el fútbol sólo quiere saber del día a día. Y los compromisos se multiplican ante el tramo -trascendental- que se afronta en este último tercio de la Liga, el decisivo, en el que muchos se hunden y otros llegan a aflorar con sorprendente capacidad de supervivencia. Vista la demostración de impotencia de los azules ante el conjunto alfarero dirigido por Muñiz, el panorama del futuro más inmediato sólo cabe pintarlo de negro, como en esa vieja canción de los Rolling Stones. Tercera derrota en tres partidos. Sí, es verdad que si Sagüés Oroz no se hubiese inventado un fuera de juego inexistente de Koné en los primeros compases y hubiese anulado su gol, la perspectiva, el planteamiento y quién sabe si el desenlace del encuentro hubiera sido distinto. No fue así y no queda lamentarse por la incidencia. Sobre todo, a la vista del resto del choque, donde los azules se vieron superados por el Alcorcón y por su propia indefinición como colectivo. Un grupo insolidario que deambuló por el Santo Domingo sólo sostenido por la propia inercia de un ritmo de juego cansino que el conjunto alfarero nunca pretendió cambiar, ni siquiera lo necesitó, pues fueron constantes sus aproximaciones (también los errores, por fortuna) a los dominios de un Miño que se fue asentando hasta convertirse en el mejor del equipo. 
 
Si la primera parte se saldó con un mínimo de decencia, lo ofrecido en el segundo acto fue lo peor, con tremenda diferencia, que hemos contemplado en mucho tiempo. Un equipo a la deriva, que se arremolinaba atrás, sin orden ni ayudas, dejando múltiples espacios en defensa, embarullado en su disposición táctica, fiando su suerte a patadones a seguir por un voluntarioso pero desacertado Koné y, mucho menos, por un inexistente Toché. No es que el resto de líneas estuvieran mucho mejor, con un caótico centro del campo y una frágil y desordenada defensa.
 
Los cambios no surtieron ningún efecto, ya que el once azul navegaba a la deriva como si se tratase de un barco fantasma envuelto en una niebla que sólo les cegaba a ellos. Un verdadero desastre. El fin de la magia, “The thrill is gone”, que cantaría B.B. King con voz lastimera del gran bluesman que era. La imagen del Real Oviedo hoy sólo puede llevar música de blues, de enorme tristeza. Resulta difícil creer que se haya tirado por la borda lo logrado en estos meses. Y, lo peor, es que no sé si queda tiempo para enderezar esta nave que vaga a la deriva, envuelta en motines inexplicables, sin timón ni rumbo, como un barco fantasma que en esta triste tarde ha naufragado rotundamente sobre el césped del Santo Domingo.

MANOLO D. ABAD
Foto: J.L.G.FIERROS
Publicado en el diario "El Comercio" el domingo 21 de marzo de 2016