sábado, 23 de noviembre de 2013

A vueltas con la plaza


Vetusta Blues. –

“A VUELTAS CON LA PLAZA”

De la ruina y el abandono a protagonizar debates: ese es el trayecto recorrido por la plaza de toros de Oviedo desde que, en esta misma columna, resaltaramos las potencialidades del coso taurino como el lugar perfecto para grandes eventos. Y es que, a veces, lo que tenemos más cerca, delante de nuestros ojos, sin apenas prestarle la debida importancia, puede ser la llave para una solución que la ciudad de Oviedo necesita con perentoria urgencia.

Hemos sabido en estos quince días pasados de un proyecto, ambicioso y bastante sensato del arquitecto Ignacio Ruiz Allen que resolvería una situación endémica desde hace años, como bien nos mostró desde estas mismas páginas Gonzalo Díaz-Rubín en un estupendo y esclarecedor reportaje, en el que recorría la historia de tristezas y abandono de un recinto que se antoja esencial para situar a Oviedo en el nuevo milenio.

De acuerdo que existen aspectos a trabajar tanto en el proyecto como en las condiciones para que todas las partes en discordia que se requieren para dinamizar la situación actual de enquistamiento se desbloqueen y eche a andar ese ambicioso plan. Oviedo es una ciudad donde los cambios producen una especie de miedo cerval que acaba por transformarse en negativa a variar. Y no debe ser así. La ciudad que, como expusimos también desde estas mismas líneas en otro artículo, lleva un gran retraso en determinadas infraestructuras, no puede permitirse el lujo de prescindir de una instalación crucial y adecuada para que no se vuelva a repetir el bochornoso espectáculo de la “reina de las fiestas 2013”, la carpa poligonal donde se malograron los grandes conciertos del pasado San Mateo. Gratamente esperanzadoras resultaron las palabras del director regional de patrimonio, Adolfo Rodríguez Asensio, rebajando las tensiones que parece que siempre tienen que producirse cuando chocan dos partidos políticos diferentes a la hora de abordar un tema de estas características. Las partes deberían considerar la posibilidad de dialogar en busca de un entendimiento, al margen de quien sea el que se apunte el tanto, porque a la larga lo que quedará es el beneficio que se hace a la ciudad, independientemente del signo de quien aborde la solución. Y todos saben, y eso debería estar marcado a fuego en el decálogo de los políticos, que el conseguir acuerdos siempre implica ciertas concesiones, que pierden su magnitud a la luz de un acuerdo. La plaza de toros, Oviedo y los ovetenses necesitan esa solución antes que la ruina y la gangrena campen a sus anchas y el único interés cultural que pueda tener el coso taurino sea el de unas piedras para realizar prácticas arqueológicas.


MANOLO D. ABAD