lunes, 25 de septiembre de 2017

El regreso de los "resucitadores"



Crónicas de Vestuario. -

"El regreso de los resucitadores"


Avisaba Juan Antonio Anquela durante la semana sobre el partido-trampa que suponía el choque frente al Albacete y sus temores se hicieron realidad en un encuentro espantoso sobre el que se impone una reflexión profunda. Sin dramatizar, sí, pero estudiando cómo la falta de actitud puede conducir a una catástrofe como ha sido la derrota ante el entonces colista. Está muy bien mostrar fortaleza en casa. Está fenomenal y llena de orgullo rivalizar (y vencer) a equipos que van de líderes, pero si ante un equipo en ruinas como el Albacete no se le machaca y se le ofrece la posibilidad de levantarse, perdiendo el control del partido y con una actitud errática, por no decir que indolente, poco podremos creer en que esta sí puede ser nuestra temporada. Ilusionar a una afición llena de esperanza.

Como en un dejà vu de la campaña anterior, el Real Oviedo volvió a tirar una primera parte frente a un rival envuelto en las dudas de su posición en la tabla, con una atonía y falta de profundidad lamentables. Con un público en contra y sin aportar nada que no fueran balonazos a la zona de Zozulia. Contagiados los azules se empeñaban en lo mismo, buscando entrar por el centro, desdeñando las bandas, sin ritmo, velocidad ni control. Y, además, sin tirar a puerta ni una sola vez. Lo peor que se le ha visto al once azul en todo lo que llevamos de temporada y partidos de preparación.

La segunda parte comenzó con un equipo algo más animado, intentando la profundidad y lanzándose bien al contragolpe -otra de las asignaturas pendientes del primer acto- como en un uno-contra-uno que marraría Aarón Ñíguez tras un pase genial de Saúl Berjón. Con esa leve mejoría llegó el gol tras una rechace del guardameta albaceteño después de un corner que culminó con nitidez Christian Fernández. En vez de mantener el control del partido, éste se desmadra tras una acción entre Héctor Verdés y Zozulia. El polémico ucraniano levanta al central y lo saca de los límites del terreno de juego tras una fuerte entrada. Rifirrafe entre varios jugadores que saca al equipo del partido e impulsa al queso mecánico, hasta ese momento queso algo rancio y nada mecánico. Al golazo inapelable de Bela siguió el lanzamiento -sin que nadie lo tapase- desde la frontal de Quim Araújo que se tragó un Juan Carlos muy desafortunado durante el regreso ante su exequipo. Dos minutos antes, Linares había tenido la sentencia en un remate de cabeza limpio que tocó la cruceta.

No llegó la reacción a pesar de que los cambios buscaron frescura. El centro del campo no carburó nunca y la deseada profundidad tampoco se halló. La conclusión es clara: si a un equipo alicaido no se le sentencia, si se le deja crecer mientras transcurren los minutos con atonía, casi desdén, se conceden todas las papeletas para estar a expensas del azar. De un zapatazo genial o de una cantada de un portero que no presenta su mejor estado de forma ni se le ve con confianza. Tiempo de recapacitar. Tiempo de levantarse y reaccionar. Como dijo Theodore Roosevelt: “Es duro fracasar, pero todavía es peor no haber intentado la victoria”. Esperemos que sea la última vez en mucho tiempo que hayan regresado -desde las catacumbas de la pasada campaña- los “resucitadores”.

MANOLO D. ABAD
Foto:J. L. G. FIERROS