Deslices

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miércoles, 14 de junio de 2017

Cierre y despedida


Crónicas de Vestuario. -
Cierre y despedida”

Tras el fin de temporada, el triste y decepcionante fin de temporada, no se hizo esperar el rápido adiós de Fernando Hierro. Una despedida ganada a pulso y con todo merecimiento, que bien podría haber sido adelantada tras el bochornoso espectáculo ofrecido ante el Alcorcón en la trigésimo séptima jornada de Liga donde la apatía del once azul se puso de manifiesto de tal manera ante su propio público que ya no cabía duda de que se estaban echando por tierra todas las opciones, como, finalmente, así resultó. Pedimos ese día la dimisión del entrenador azul. Los hechos posteriores nos acabaron dando la razón: en manos de Fernando Hierro no podía mejorar nada y quizás hubiera sido mejor haber buscado un último revulsivo con el que meterse en play-offs. Se optó por un “laisser faire, laisser passer” y, efectivamente, nada se hizo y todo pasó: un nuevo fracaso, casi calcado del del año anterior.

Se había hecho propósito de la enmienda después de los decepcionantes meses de David Generelo al mando de la nave azul tras el Egeagate, ese affaire que terminó con el grandísimo entrenador azul que había devuelto a los ovetenses al fútbol profesional tras no verse respaldado por la dirección de equipo en beneficio de un motín encabezado por José Fernández y Jon Erice. Pero la herida no había cicatrizado, puesto que los mencionados responsables (y otros como David Fernández) se sintieron reforzados y con capacidad para hacer y deshacer a su antojo ante la aquiescencia de la mayoría. Por supuesto, la autoridad de Fernando Hierro careció del suficiente carácter como para tomar cartas en el asunto y hacer que la herida cicatrizase. 



En esta sucesión de buenos propósitos de principio de esta temporada, se habló de un proyecto que se ha mostrado como inexistente. Errático y sin sentido. Por supuesto, la cantera quedó arrinconada como nunca se había visto en ningún entrenador azul en los últimos años. No se ascendió ningún jugador del filial y el preparador malagueño hizo debutar, como un sonrojante testimonio para salvar una estadística que le señalaba con fuerza, a Héctor Nespral a falta de ocho minutos para que concluyese el último partido de Liga. Del Vetusta, ni rastro. Muchos de sus jugadores han emprendido camino hacia otros clubs como Marcos Remeseiro y Emilio Morilla. Un demérito más para el zurrón del exjugador internacional del Real Madrid.



De fútbol, nada de nada. Proyecto no ya fallido, sino una absoluta nada. El equipo de Fernando Hierro ha jugado mal, rematadamente mal, como pocos recuerdan que alguien lo haya hecho llevando la camiseta azul. Sin patrón de juego. Sin intensidad. Sin profundidad. Sin el ritmo necesario para desenvolverse con poderío en una competición tan dura como Segunda División. Sin creación. Siempre a la espera. Siempre a verlas venir. Contando con un zarpazo de genio de Susaeta, una combinación mágica en esa banda derecha entre el vasco y Diegui Johannesson (que negó manteniendo en la grada al asturiano durante toda la primera vuelta). A la espera de un arranque de sus puntas, de Linares o de Toché. Sin planes alternativos. Sin capacidad de reacción. Con una defensa endeble y quebradiza. Sin solidaridad entre sus hombres. Con miedo, con mucho miedo. Patadón y tente tieso, ese fue el plan la mayoría de las veces.



Terminada la suerte de esos zarpazos, acentuando cada vez más los defectos y perdiendo sus virtudes, el cuadro azul hizo el ridículo fuera de su campo ante rivales endebles como el Alcorcón y recibió vergonzosas palizas de equipos que jamás hubieran soñado con ellas. El balance de ser el equipo más goleado de la categoría fuera de su campo expresa bien claro todo lo dicho. Y eso saliendo con planteamientos ultradefensivos, tan sólo transformados cuando la desesperación de los goles incitaba a quemar las naves en busca de un tanto con el que lavar tanto deshonor.


No sabemos qué hubiera sucedido sin el apoyo del Carlos Tartiere. Sin la intimidación de un ambiente extraordinario que decantó muchos choques en casa. Tiempo tuvo para coser un equipo Fernando Hierro, pero ese tiempo transcurrido mostró que no servía, que dirigir una nave como la del Real Oviedo requiere personalidad, experiencia y carácter para saber conjugar ese orgullo, valor y garra que tanto hemos echado de menos en esta decepcionante campaña.



Dice el proverbio: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Que no haya una tercera por no saber discernir conforme a la razón, por no haber aprendido de la experiencia. Esperemos, siempre con la luz de la gran esperanza de la afición azul. Pero, sepan también, que quien espera, desespera.

MANOLO D. ABAD
Fotos: JOSÉ LUIS GONZÁLEZ FIERROS