Deslices

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sábado, 22 de abril de 2017

Nervios, sudor y sufrimiento

 

Crónicas de Vestuario. -

Nervios, sudor y sufrimiento”


Enroscados en la dinámica de una final casera de aquí a final de temporada, de una irreversible montaña rusa donde el conjunto azul muestra dos caras totalmente opuestas, todo se decide en una espiral de nervios, de músculo, de emociones al borde de la histeria, de poca claridad de ideas, de esa épica de la que tanto se ha nutrido el Real Oviedo en estos últimos años de su vida.



Enfrentadas dos memorables rachas, la de los azules en casa, la de los oscenses invictos en diez jornadas, el choque se planteaba con los argumentos de las grandes ocasiones. Ese enorme entrenador que es Anquela trató de llevarse al conjunto de Hierro a su terreno. Una maraña táctica donde el balón jamás llegase a su área, donde el combate se dirimiera como si se tratase de uno de esos pulsos mano a mano que Sylvester Stallone patentase en su película de 1986 “Yo, el Halcón”. Veinte minutos de músculo sin peligrosidad para ninguna de las áreas. El once azul, mutante como pocos, asumió el reto con la esperanza de que llegase uno de sus célebres zarpazos, que llegó con un remate extraordinario del gran David Costas.



Pero el fútbol es un juego de azares a los que no se debe alimentar. Y llegó ese momento de quiebra, en esta ocasión propiciado por un errático López Amaya, árbitro que deambuló por el césped del Tartiere incapaz de mantener un mínimo control y que se coronó con la expulsión del fogoso y digno heredero de la garra de Gorriarán y Sañudo, el cántabro Christian Fernández. Roja directa hiperbólica y a decantar la partida del lado aragonés, para el que había resultado talismán en los cuatro encuentros anteriores en los que les había arbitrado, con cuatro victorias de cuatro choques. Por supuesto, un equipo tan macizo y bien hecho como el de Anquela no desperdició su ocasión y en el 68 Carlos David obraba un empate que parecía imposible en un pulso once contra once.



La grada, siempre la grada, a falta de ideas en el banquillo, trató de llevar en volandas al equipo. Susaeta, asociado con Diegui Johannesson, devolvía la profundidad a los azules. No dejamos de preguntarnos, no dejan de preguntarme muchos amigos, cómo es posible que no juegue el brillante lateral hispano-islandés. Diegui sería, precisamente, en otro de esos guiños del destino, quien provocase la oportunidad del penalty, que, finalmente, marraría un Toché al que no dejó brillar el planteamiento de Anquela.



Nos abrazamos a la épica del sufrimiento, a un dolor injusto, a la esperanza sin resolver. Al final, un punto, sólo un punto, final de una magnífica racha. Y las necesidades, las urgencias exhalando un aliento nervioso, incesante. Sudor frío. Va a haber que volver a rearmarse, una vez más y conservar la cabeza fría y las esperanzas en lo más alto en esta prueba constante a ocho jornadas que se prevén apasionantes.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: JOSÉ LUIS GONZÁLEZ FIERROS
Publicado en el diario "El Comercio" el sábado 22 de abril de 2017