Deslices

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lunes, 8 de agosto de 2016

Los mundos de Marcelo García


Vinilo Azul. -
Los mundos de Marcelo García”

Los caminos de la creación son inexplicables: hay quien llega por casualidad; está quien lo hace por una torpe prolongación de un ego desmesurado, también arriban algunos por una necesidad intensa de comunicación a los demás que sólo de esa manera podría producirse; hasta más de un millón de razones podríamos encontrar para quienes traspasan la frontera del pensamiento hasta el papel. Sea como fuere, la chispa que incitó a Marcelo García Martínez a cruzar esa invisible divisoria surgió a los veintiséis años y se manifestó con una inusitada fuerza.

Desde entonces, haciendo de la pluma terapia -como, ¡ay! tantos otros- Marcelo ha recorrido un camino propio, al margen de sectas, de intereses ocultos más propios de trepas que de creadores y, sobre todo, jalonado por una obra donde ha ido logrando definir una personalidad propia. El ovetense arrancó buscando los caminos trillados de la novela histórica, pero ese círculo de valores establecidos se le quedó muy pronto diminuto. Así que adoptó su propio mundo que se nutre de una serie de influencias que desembocan en un universo literario propio que ha explotado con todo su fulgor en algunas de sus obras más recientes: “Instrucciones psicóticas para no seguir en épocas de crisis” (2009), Dorian Gray 2.0” (2014) y “Cartas de amor después del ecocidio” (2016).

Los mundos de Marcelo García se adentran con densa mano en lo que podríamos tomar como una anécdota extraída del mundo real que se queda deformada en una tradición donde confluyen Ramón María del Valle-Inclán y Hunter S. Thompson. Del surrealismo a lo gonzo, las ficciones de Marcelo se nutren de estructuras experimentales que exigen un gran esfuerzo de concentración del lector, quien, a cambio, obtiene una literatura que se sale de todo tipo de convención y ofrece dimensiones diferentes y estimulantes. Profesor de lengua y literatura en ESO y bachillerato, aunque, por esos ajustes de estos años también ocasional de geografía o historia, tiene pendiente una historia que le conecte con los alumnos, de quienes dice aprender mucho y que le muestran una perspectiva distinta a la de su mundo interior. La generación beat con su mirada de desviación lisérgica confluye con el postmodernismo de una manera natural y se mezcla con las gotas del surrealismo de Palaniuk. Un cóctel distinto en las letras españolas, donde mandan el revisionismo, las modas y los folletines pseudohistóricos de pega.

Curiosamente, la posible dificultad de su propuesta no le impide tanto triunfar en concursos literarios de los no amañados como convencer a nuevos adeptos procedentes de clubs de lectura, en una experiencia que él resume como muy enriquecedora.

Quizás sea el atractivo de los gatos, que no se acercan a cualquiera, que se valen por sí mismos sin necesidad de círculos de influencia como otros, sin tan siquiera excesivos contactos en el mundillo ni intereses en las múltiples cuitas que rodean las pequeñeces de aquellos cuyo talento es inversamente proporcional a su desmesurada ambición y ansia de notoriedad. Consciente de atraer a la locura, destila mucha de la que le rodea en un nuevo universo, propio, en el que merece la pena internarse. Los mundos de Marcelo García escapan de obviedades y se alejan de quienes conocen la llave para propulsarse a base de puñaladas en la espalda y no de talento. Sólo por eso, ya merecen una abnegada atención frente a tanto negado con anhelo de figurar.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "El Comercio de Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 7 de agosto de 2016