Deslices

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jueves, 11 de junio de 2015

Un nuevo camino


Crónicas de Vestuario. –
“Un nuevo camino”

Un equipo con la historia del Real Oviedo no podía permitirse dejar ir esta oportunidad de conseguir el triunfo como campeón de la Segunda B y finiquitar así, de un modo brillante, la estancia en un infierno que pocos han padecido en sus carnes como los seguidores azules. Quizás por eso, el que los 155 de Cádiz soportaran la cacicada andaluza de no dejarles pasar con sus entradas pagadas al Ramón de Carranza no es sino otro hito en un equipo ovetense que deja leyenda y épica en todos y cada uno de los capítulos que jalonan sus temporadas de historia. Muy justa la protesta de los Symmachiarii ante tamaña maniobra, con una suciedad indigna de un club con la trayectoria del club amarillo. Cuando me enteré de lo que les ocurrió, evoqué inmediatamente mi primer viaje siguiendo al Real Oviedo, al final de la temporada 1985-86 cuando recorrí una distancia similar con la Peña Bochum, esperando que en Albacete obrase el milagro de ascender a Primera con sólo un 5% de posibilidades en aquella última jornada. También entonces quisieron dejarnos fuera, pero la mediación del gran presidente José Manuel Bango permitió que las dos decenas de aficionados pudiésemos acceder a aquel desolador Carlos Belmonte pre-queso mecánico.

Se perdieron el gol de Linares tras semanas de sequía los hinchas azules pero no importó demasiado. El conjunto ovetense salió con mando y fuerza, quizás no esa velocidad de inicio de temporada pero sí la suficiente capacidad combinativa como para poder intimidar a un cuadro tarraconense que no parecía preparado para encajar ese primer golpe. Sin embargo, los catalanes fueron rehaciéndose en la primera parte, imponiendo un ritmo más cansino donde se sentían cómodos y seguros, a pesar de la necesidad de conseguir un tanto con el que desnivelar la balanza. El Nàstic es uno de esos equipos de Segunda B que saben explotar todas y cada una de las debilidades del contrario, con buena colocación en el campo y una determinación clara en los metros decisivos. Un ordenado Real Oviedo apagó sus intenciones sin demasiado esfuerzo.

Para la segunda mitad quedaba remachar y el once dirigido por Sergio Egea supo dar y herir a su adversario. Con un Linares alejado del ansia desbordada de las últimas semanas de sequía, la solución no se dejó esperar. A la fe de Diego Cervero le correspondió dar justa puntilla para que Vicente Moreno –el entrenador tarraconense- no pudiera asirse a interpretaciones delirantes como las del domingo pasado donde llegó a afirmar que su equipo había merecido más diferencia en el marcador (no mencionó nada del regalito del penalti, por cierto, y así es que no hay manera).

Broche azul a la última temporada en bronce. Queda mucho por hacer y se abre un camino nuevo donde debería mandar la cordura y la prudencia, lo que ha sabido imponer a su plantilla un entrenador como Sergio Egea. Todos ellos han conseguido, en la neblinosa, londinense, noche azul remachar del modo más hermoso un tránsito de dolor indecible que tantas cicatrices ha dejado entre la hinchada azul. Por fin, bien, saquemos el cava, la sidra, el queso, los oricios y celebremos este gran momento.


MANOLO D. ABAD
Foto: PABLO LORENZANA
Publicado en el diario "El Comercio" el jueves 11 de junio de 2015