Deslices

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sábado, 16 de mayo de 2015

Rey de Harapos


Perfil. –“Rey de harapos”


Dudo mucho que cuando Los Locos escribieron esa gran canción que es “Rey de harapos” estuvieran pensando en uno de los tres “reyes” de la guitarra blues (los otros dos eran Albert King y Freddie King), pero lo cierto es que el nombre le viene a Riley B. King (a quien todos ustedes conocen como B.B.King) como anillo al dedo. El blues, el pariente pobre de la música contemporánea, encontró en B. B. King la conexión eléctrica que necesitaba para salir de un mundo subterráneo de oscuridad y pobreza. “El público blanco acepta mejor el blues que la gente de nuestra raza. Me duele reconocerlo, pero es así”, explicaba King. “Para muchos negros, un cantante de blues es un sujeto analfabeto y sucio, borracho y mujeriego. Y ellos quieren huir de un pasado terrible que relacionan con el blues”. La gran aportación de B.B. King al blues fue su forma de tocar la guitarra eléctrica, añadiendo unos prodigiosos solos que influirían notablemente en el rock de los sesenta. “Hay quienes hablan de mí como revolucionario, pero todo lo que hice fue copiar a B.B. King”, admitía Eric Clapton. Ese virtuosismo de la guitarra solista, unos arreglos finos y brillantes y su indudable carisma, convirtieron a B.B. King en la máxima referencia del blues para que se abrazara sin ambages al rock y consiguiera enriquecerlo con su inequívoca pulsión en un apasionante viaje de ida y vuelta.


Su Gibson ES-335, bautizada como “Lucille”, se ha quedado sin el reconocible toque de uno de los grandes del blues, que sería finalmente reverenciado por doquier en los años 80. De origen humilde, trabajador stajanovista que nunca abandonó el directo, B.B.King visitó Asturias en un par de ocasiones: la primera, en el legendario Festival de Jazz de Oviedo un 4 de noviembre de 1986 –al día siguiente actuaría nada menos que… ¡Miles Davis!- y un año después en Gijón, adonde volvería en 1997 con Raimundo Amador. En ambas dejó el recuerdo de su personalidad humilde, bien alejada de su trono bluesero; generoso y atento y con el toque mágico y profundo de aquellos que se dejan la vida y el alma buscando en lo más profundo del corazón, en una música como el blues, densa y única.


MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el sábado 16 de mayo de 2015