Deslices

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lunes, 20 de enero de 2014

Tarde de perros


Crónicas de Vestuario. –
“Tarde de perros”

No, no era la película de Sidney Lumet protagonizada por Al Pacino en 1975. Era otra tarde de perros en el Tartiere, con un campo embarrado y una atmósfera cada vez más insoportable. El rival, el Tropezón, era una víctima propiciatoria para que el Real Oviedo se diera un pequeño alivio. Sin embargo, ante uno de los peores conjuntos que uno recuerda haber visto sobre el césped del Tartiere, el paupérrimo cuadro que dirige Lolo Herrera, los azules volvieron a mostrarse romos, erráticos, sin alma ni corazón. Como autómatas sobre el embarrado campo ovetense, los once elegidos por Granero, volvieron a deambular, incapaces de circular el balón con la rapidez y alegría que hubiese desbancado a los débiles cántabros.

La llegada de Joaquín del Olmo como director deportivo no sirvió para despertar a los jugadores azules, que ofrecieron sobradas dosis de confusión, incapaces de crear peligro ante un oponente muy flojo. Sin ritmo ni espíritu, el once ovetense, sumido en dudas, agonizante, apenas creó peligro ni fue capaz de interpretar el juego apropiado para vencer a un Tropezón carne de descenso que consiguió empatar el partido antes del descanso.

El Real Oviedo vuelve a meterse entre los cuatro primeros y esa es la única buena noticia. Pero la impresión que produce el juego de los azules no invita al optimismo. Atenazado y sin personalidad, el conjunto ovetense se muestra como un equipo sin rumbo, débil. La defensa azul es el síntoma de un equipo destrozado anímicamente y sin ideas. Frente a un conjunto cántabro que parecía de otra categoría inferior, se intuía peligro en cada avance de los amarillos. El atolladero en el que se encuentra el once que dirige Granero es ciertamente preocupante. Se ha perdido la identidad y se navega a la deriva, un rumbo que parece en este momento irrecuperable. Si a ello se le añade el completo divorcio con la grada, el futuro se vislumbra muy, muy negro.

De acuerdo en que queda tiempo para enderezar la nave. Por supuesto que sí. Y deseamos que se consiga. Pero este terrible mes de enero que nos ha mostrado el conjunto azul, en el que han desperdiciado un calendario asequible para instalarse en zona de privilegio, no alimenta la esperanza de la afición ni de nadie que observe el alicaído fútbol que ofrece. Esperemos que la llegada del director deportivo sirva para rearmar las fuerzas, al equipo y a unos jugadores devorados por las circunstancias, confundidos y sin ideas. Tiempo hay para ello y esperemos, deseemos, que el rumbo se enderece porque tardes como la de este domingo siembran la semilla de la desesperación, justo la que no debería crecer en el entorno azul.

MANOLO D. ABAD
Publicado en la edición papel del diario "El Comercio" el lunes 20 de enero de 2014