Deslices

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lunes, 6 de enero de 2014

Cambios


Crónicas de Vestuario. –
“Cambios”

El Real Oviedo vive un momento de cambios en su ya habitual devenir de turbulencias de esta última década. Los cambios introducen siempre un matiz de desasosiego, de incertidumbre ante lo que vendrá, quizás de temores, que si miráramos hacia adelante, al camino que nos queda por recorrer, no deberían ser tales.

El Grupo Carso se decidió, por fin, a tomar las riendas del destino del Real Oviedo y se afronta un año pleno de retos y, por supuesto, de cambios. Casi podríamos ponerle la banda sonora con aquel tema de David Bowie “Changes” o, incluso, atrevernos a pinchar la canción homónima de los eminentes (y olvidados) Sugar. Más allá de la música y de los propios cambios, la cuesta del mes de enero se presenta como una oportunidad propicia para el asalto a los puestos de privilegio y a consolidarse en la parte alta de cara a los meses trascendentales que están por llegar. Con la fuerza de un respaldo institucional diáfano, sin medias tintas, ese objetivo se presenta más claro. Y más aún si se empieza a apuntalar el que ha sido el talón de Aquiles del conjunto azul en la primera vuelta: su respuesta en el Carlos Tartiere. Vencer ante los propios aficionados se presenta como el eje sobre el que el proyecto de Carlos Granero pueda encaminarse con claridad hacia el objetivo del ascenso a la Segunda División.

El partido contra el Burgos mostró a un equipo ovetense muy preocupado por cerrar la contención en el medio del campo. En la primera parte destacó la figura de un monumental Pardo como medio centro defensivo, al que no acompañó tanto como hubiera sido deseable Jon Erice, lo que hizo resentirse la capacidad creativa. En esa guerra de guerrillas, física, el defensa valenciano reconvertido a centrocampista hizo honor a las estrofas del himno azul, mostrando un orgullo, valor y garra que no acabaron de contagiar a sus compañeros, pero que estuvieron presentes para que no reaparecieran los despistes. Y tuvo que ser en una jugada a balón parado –otra más- en la que el cuadro carbayón resolviese el partido de la mano del gran capitán Diego Cervero que ponía fin a una mala racha personal de dos meses sin anotar. La segunda parte no sirvió para rematar el partido, otra de las asignaturas pendientes del equipo, pero la figura emergente de un gran Susaeta, jugador con muchísimo que aportar al equipo a poco que consiga encontrarse a sí mismo como en la matinal ovetense de ayer, evitó mayores complicaciones.

Tiempo de cambios pero no de miedos ni de derrotas. Porque aunque, a veces, los desafíos parezcan llevarnos a callejones sin salida o a la oscuridad y a la incertidumbre, al final es el valor con que sepamos afrontarlos el que nos empujará a nuevos horizontes. Esperemos que en este 2014 ese horizonte nuevo sea el del soñado ascenso.


MANOLO D. ABAD
Publicado en la edición papel del diario "El Comercio" el lunes 6 de enero de 2014