Deslices

Deslices

lunes, 6 de febrero de 2017

A trancas y barrancas


Crónicas de Vestuario. -
A trancas y barrancas”

Visto todo lo padecido, la tentación es dejarse ir. Subirse a esa montaña rusa incomprensible de victoria casera-ridículo forastero y tirar, un día más, una semana más, un mes más, un año más, con ese conformismo pernicioso de las parejas que no se soportan desde hace mucho tiempo, pero que aún caminan de la mano, no se sabe por qué razón, pues ni siquiera la soledad es peor. Aquí -envueltos en el Tartiere en un silencio que podría ser omnisciente pero que rompe el aliento infatigable de los Symmachiarrii para que no se repitan aquellas jornadas de indolentes silencios en el nuevo estadio que nos condujeron al infierno, al verdadero infierno- no se ve más propósito de enmienda que el que provocan las circunstancias ocasionales: entró -para quedarse, por fortuna y aclamación popular- Johannesson por el carril derecho para descubrirnos (o recordarnos, olvidado como estaba en la primera vuelta) lo que puede llegar a ser crear peligro por las bandas, y entró Jonathan Vila de titular para poner un poco de orden en el marasmo de supuestos esquemas del equipo que no pueden esconder el caos táctico que alumbra Fernando Hierro jornada tras jornada.



Se agradeció la presencia de Vila en medio de ese laberinto que ya ni doble embudo es, donde sólo el descubrimiento de las bandas -tenue, en un tono pálido- alumbra la esperanza más lenta. Así llegó el primero, en un arrebato de Varela quien se asoció bien y centró al área, en ese "abc" del fútbol tan olvidado por preparadores que aún dudan de la esencia máxima del juego: meter goles. Comentaba Eusebio Sacristán que el asunto consistía en crear peligro, no en acumular tiempo de posesión. Así ganó una Liga el Leicester, con un recuperador absoluto e infatigable como Ngolo Kanté, un contraataque letal liderado por el genial Mahrez y la guinda en forma de goleador con Jamie Vardy, un desahuciado del fútbol que halló su resurrección de azul. Todas estas nociones básicas las ha desoido el entrenador oviedista.



El Real Oviedo es incapaz de marcar el ritmo del partido. El Real Oviedo no sabe aprovechar los contraataques. El Real Oviedo no sabe defender las faltas en su contra, llegando a situar cuatro jugadores en un lanzamiento de castigo lateral. El Real Oviedo pierde el norte constantemente y practica un fútbol (no-fútbol, más bien) de patapún-parriba sin ningún sentido. El Real Oviedo desmoraliza hasta a la afición más paciente y fiel.



Y, aún así, quedan los destellos, los flashes. Con un depredador del área como Toché, con el entusiasmo sin límites de un infatigable Johannesson (creo que Varela debería tomar ejemplo, clase no le falta, sólo ganas) y el faro de Jonathan Vila, recordamos algún buen momento sepultado no se sabe por qué. Al final, ya saben, tres puntos gracias a un “aclimatado” Costas (¿habrá que esperar otra “aclimatación” similar para los nuevos fichajes?) que mostró buenas maneras en medio de un caos táctico cada vez más generalizado que poco habla de la labor de un Fernando Hierro, perdido en el marasmo de sus, cada vez mayores, dudas y contradicciones, a las que sólo la necesidad pone remedio.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: JOSÉ LUIS G. FIERROS
Publicado en el diario "El Comercio" el lunes 6 de febrero de 2017