Deslices

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domingo, 20 de diciembre de 2015

Estrategias del miedo

 

Vinilo Azul. –

Estrategias del miedo”


El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti…”
(“Star Wars”)

El avión de los viernes que sale desde Asturias con destino París no va lleno: huecos, cancelaciones. Miedo. Ha transcurrido sólo un mes de unos atentados salvajes en la Ciudad de la Luz y aún persiste el miedo en sus calles, sin las multitudes de costumbre en la capital de Francia. Me siento afortunado de poder compartir el fin de semana con Ella. La temperatura es agradable, algo raro en diciembre, y todos los sitios que suelen permanecer atestados, se presentan cómodos y acogedores. No pienso en miedo. No debe existir el miedo. Pero, sin embargo, ese miedo ha llevado a cancelaciones de reservas, a que mucha gente se encierre en sus casas, a que su vida acostumbrada cambie. A una guerra soterrada que vence a quienes se dejan derrotar por el miedo.

Tomamos unas energéticas castañas antes de entrar al Museo de Orsay. No hay colas pero sí controles más exhaustivos. Ella tiene una tarjeta anual que nos permite la entrada a los dos. Reflexiono sobre la cultura en mi país, en mi tierra, esa gran olvidada, esa gran temida. Los políticos y su miedo a la cultura. Mi único miedo: el de la estupidez que vomitan desde hace años penosas emisiones televisivas o que luce orgulloso en las redes sociales con faltas de ortografía, sintaxis y de respeto hacia el rival. Goya jamás pensó que todos los errores de su época se repetirían, uno por uno, con las variaciones de los tiempos, con perversa sofisticación o con impúdica brutalidad, es lo mismo. El emblema de la “Lucha a garrotazos”, como símbolo de esas Españas irreconciliables.

Tras la idílica jornada, conseguimos cenar en un restaurante afgano del distrito 18, al ladito de Montmartre. Ella ha logrado convencer al dueño para que nos deje una mesa desde las ocho hasta las nueve, pues el local ya estaba completo. Sé que su sonrisa abre fronteras y no me puedo olvidar de los militares muertos en el asalto a la embajada española en Kabul, en la magnífica película “Restrepo” que me sorprendiera hace unos años en el FICX. El miedo y la desconfianza. El miedo, la locura, la ignorancia y la barbarie. A nuestro lado, un grupo de treintañeros celebra un cumpleaños. Hablan con bastante orden, no todos a la vez como acostumbramos en España… Tras la cena –el dueño del restaurante no nos ha apremiado y salimos a las 21:45- escalamos hasta el Sacre Coeur para embriagarnos de la vista del París nocturno. Es respetable el miedo, pero es un lujo que no nos podemos permitir frente a quienes tratan de terminar con la esencia de nuestro modo de vida: las tertulias con nuestras amistades, la música, la literatura, el cine, el teatro, cenar en un restaurante, pasear con libertad. Y somos quienes no nos cegamos ante los lujos sus mayores enemigos ahora. Quienes disfrutamos de un concierto, de un libro, de una película, de una conversación con los amigos, de reuniones en casas o restaurantes, de espectáculos deportivos… Encaminamos nuestros pasos a Montmartre. Tres soldados con sus ametralladoras nos escrutan con indisimulada envidia. La abrazo, mientras sonrío levemente a uno de ellos, de rasgos afilados y cara de concentración. No, no hay que claudicar con el miedo. No, no debemos permitir que con sus estrategias del miedo consigan amedrentarnos y acabar con nuestro modo de vida. Ella me dice que Montmartre está desierto. Mejor para nosotros. Un trío de sin-techo la saluda. Está radiante y su sonrisa serviría para iluminar el rincón más oscuro del planeta. Caminamos hacia su casa, cerca de la Port de Clignancourt, al parecer uno de los puntos conflictivos de la ciudad. En la gasolinera sólo hacen la calle dos prostitutas con aire despistado, el mismo con el que podrían deambular por los alrededores del Campillín. Hay cosas que parecen imposibles de transformar, por desgracia. Pero el miedo, no. No hay que dejarse vencer por el miedo. Hoy, día de votación tampoco. Voten, ejerzan su derecho. Sin miedo. En libertad.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "El Comercio de Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 20 de diciembre de 2015