Deslices

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lunes, 25 de agosto de 2014

Aplomo e ilusión


Crónicas de Vestuario. –
“Aplomo e ilusión”

El Real Oviedo inicia una temporada nueva llena de esperanzas y con esa perenne ilusión por el ascenso. A la vista de lo ofrecido por el once azul frente al filial sportinguista hay ese alimento para que la llama del oviedismo prenda alta y orgullosa. Ya hablamos muchas veces de ese partido ante el Sporting B que a nadie gusta y que, en los últimos tiempos, se había saldado con balances negativos. El Real Oviedo saltó al campo con un nuevo aire, muy vertical, con una banda derecha por donde Susaeta y Nacho López desplegaron dinamismo y velocidad, creando el pánico en la defensa gijonesa. Ya desde el primer minuto se vislumbró ese peligro para los rojiblancos, con una jugada finalizada por Borja Valle que se fue por poco. En relación a la temporada anterior, se observa a un equipo con aplomo, con confianza en sus propias posibilidades, sin las ansias que atenazaban al conjunto ovetense en la campaña pasada. Tras un carrusel de oportunidades, el gol acabó por llegar en un barullo en el área tras un córner resuelto por Generelo en el minuto cuarenta y uno de la primera parte.

Vimos una primera mitad notable, de momentos brillantes, con un Real Oviedo que supo imponer el mando, tocar y con capacidad para crear ocasiones claras. Faltaba la finalización, como en un espléndido remate de Dani Bautista desde fuera del área. Conscientes de la necesidad de vencer en su propio campo, pero también de convencer a los suyos, algo primordial para que el objetivo pueda enganchar a una afición tan golpeada y que tanto ha sufrido, el equipo asumió con paciencia y autoridad el reto de vencer a un conjunto que se encerró en su campo y que buscaba dar golpes en unos contraataques que pocas veces pudo montar.

La defensa es ese pilar sobre el que debe  fundamentarse una temporada que va a ser larga y dura pero que se abre con la mejor de las impresiones ante un rival que tantos disgustos había dado en las últimas campañas. Esta vez, para alegría del oviedismo, no aparecieron nuevos héroes rojiblancos como Guerrero o Jony. Fue el momento de que lucieran muchos jugadores azules: la clase de Héctor Font -¡menuda exquisitez de asistencia en el segundo gol!-, un Susaeta incisivo como en sus mejores tardes, un incansable y goleador Linares, la capacidad de penetración de Nacho López y la desenvoltura en el medio campo de Generelo y Jonathan Vila.

Este Real Oviedo da la impresión de fortaleza mental, liderado por un auténtico jefe –Esteban- y respaldado por jugadores expertos y acostumbrados a ser importantes. Nada de currículos de apariencia brillante y presencias engañosas en divisiones superiores como antaño. Aquí hay material humano y futbolístico para construir un gran equipo. Sin euforias, con la cautela que nos marcan tantas experiencias negativas, pero sin renunciar en absoluto a la ilusión y a la esperanza de que esta temporada sí sea azul.


MANOLO D.ABAD
Publicado en la edición papel del diario "El Comercio" el lunes 25 de agosto de 2014