lunes, 28 de octubre de 2013

El genio en Asturias



“Deslumbrantes sueños de oscuridad”*
El Genio en Asturias

Es 23 de abril de 1996, Plaza de Toros, Oviedo. Me siento como en un sueño, sentado en las desvencijadas graderías del coso taurino, contemplando a uno de mis ídolos de siempre, a Lou Reed. Trato de sujetar los nervios cuando la intro de “What´s good” me transporta al fin del mundo, como la banda sonora de la película de Wim Wenders a la que pertenecía. Como en esas extrañas intuiciones que nos invaden a veces, sé que va a ser una buena noche. Se suceden “Sweet Jane”, “NYC man” y “New sensations” para comprobar que sobre el escenario tenuemente iluminado vamos a contemplar uno de esos conciertazos. Pienso en Ignacio Julià, el codirector de mi revista de entonces -“Ruta 66”-, que se quedó irremediablemente fascinado por el genio oscuro y le siguió por todo  el mundo y hasta consiguió entablar algo parecido a una amistad.


El público está a la altura, la plaza no está llena pero quienes acuden son fans verdaderos, de los que escuchan, toman nota, saborean y disfrutan. Ni gritos de más ni concesiones de estadio, justo lo que un tipo como Lou Reed alimenta. Él que marcó una época con su poesía oscura, contraste necesario para derrotar el hippismo en unos tiempos donde todo se hundía, muy parecidos a estos, tan descreídos, despiadados e hipócritas. Sin alharacas, el concierto se desliza hacia un climax de psicodelia densa con “Set the twilight reeling” y esboza una tímida comunicación en “Hang on to your emotions”. En ese momento ya disfruto sin medida del instante. En la oscura ciudad que no es ni de lejos New York pero que estaba repleta de pequeños locales donde la música no paraba de sonar entre vahos de tabaco, la del Monster, el Chanel o el Paddock, ahí estaba ofreciendo una actuación magistral un grande. “Gracias, amigos” suelta tras la hora y media de magia antes de volver a escena tras varios minutos de aplausos, para redondear la noche con “Walk on the wild side”, “Satellite of love”, “Hooky wooky” y un monumental “Vicious”, deconstruído a la forma Velvet, escalofriante.

Regresó un lluvioso 23 de julio de 2000, en La Morgal de Llanera, al Doctor Music Festival de la polémica, de la oportunidad perdida que ya se había escapado mucho antes –cuando a algún lumbreras le dio por cargarse el pionero festival Oviedo Múltiple-. Un domingo de resaca, haciendo equilibrios entre el barro junto a Ramón Zaráuza y Fernando Martín, líder de Desperados, que cubría para “El País” el evento en una actuación más discreta, de festival y, aún así, con diferencia, lo mejor de aquella jornada de clausura, bastante alejada de una especial noche de la primavera ovetense de 1996 para conservar en los lugares de oro del corazón.

MANOLO D. ABAD

Publicado en el diario "El Comercio" el lunes 28 de octubre de 2013 en un especial dedicado a Lou Reed

* (Este título no aparece en el artículo publicado en el diario "El Comercio")