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domingo, 28 de enero de 2018

Treinta años


Vinilo Azul. -

“Treinta años”


Hace unos meses, charlando con Juan Codorníu -guitarrista del gran grupo granadino Lagartija Nick- me comentaba cómo son círculos concéntricos lo que muchas veces no encontramos en nuestra existencia. Me quedé pensando en ello y aún hoy se repite eso en mi cabeza. Él mismo, había regresado a Lagartija Nick, en cuya formación original había militado, tras muchos años y, a día de hoy, han grabado un magnífico nuevo álbum (“Crimen, sabotaje y creación”) donde recuperan toda la intensidad de sus inicios.

El caso es que, hace unos días, volví a ver al grupo asturiano Trash-Tornados en uno de los locales más pujantes para la música en vivo en Oviedo: el Gong. Con una programación diversa en lo estilístico, pues caben tanto rock como jazz o incluso flamenco, el Gong de la mano de Sergio González ha conseguido convertirse en uno de los referentes esenciales de la vida musical y nocturna ovetense. Bobby González lidera a los Trash-Tornados, una formación mierense que se maneja con destreza entre el rock´n´roll, el swing o el blues y que acaba convirtiendo cada una de sus actuaciones en una verdadera fiesta, gracias a su capacidad para lograr eso de lo que tantas veces se habla y tan pocas se logra como es la conexión con el público. Con la complicidad de Freddie Fano como invitado especial en el último tramo del concierto, lían una parda, de esas que muchos no olvidarán, saltando del escenario a la arena, filtrándose entre el centenar de personas y cuajando un soberbio show donde no decae en ningún momento el sonido, con el soberbio saxo de Kiko Flores, el contrabajo de Pablo Souto y la imparable batería de Pibli González marcando la diferencia.

Veo a Bobby en gran forma y siento que el tiempo no ha transcurrido, aunque sí lo haya hecho. ¡Vaya que sí! Son ya treinta años desde que lo viese por primera vez en un concierto en Oviedo. En la calle Rosal, un local hoy desaparecido, de nombre Zero (es él quien recuerda el nombre), en su piso de abajo, se marcó otra de esas actuaciones intensas al frente de su grupo de entonces: Los Coronados. Recuerdo que saqué varios artículos y una entrevista con ellos en la revista española “Ruta 66”, con la que colaboré durante veinte años. Poseían esa fuerza, esa convicción que luego vi en otras bandas. Ese deseo de salir de las fronteras de Asturias, de tocar fuera de ellas al precio que fuese. Acostumbrado al conformismo de muchos músicos, que prefieren quemar el circuito local, ellos -como me sucedió luego con otras bandas como Amateurs- buscaban esa proyección más allá de un círculo restringido, hacerse un nombre más allá del Pajares.

Treinta años después, aún percibo ese brillo en los ojos, esas ganas, esa hambre. Como en un contagio, me sentí al acabar su actuación con su misma fuerza, renovado ante las adversidades, pensando en seguir hacia delante. Mirar hacia atrás, a veces, supone darse cuenta de todo el camino recorrido, vivido en toda su plenitud, con todas sus piedras, con todos sus logros que nos hacen más fuertes para afrontar los desafíos a los que nos obligan las circunstancias.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "DOviedo" del diario "El Comercio" el domingo 28 de enero de 2018

domingo, 14 de enero de 2018

Una mañana en el HUCA


Vinilo Azul. -

“Una mañana en el HUCA”


En justa correspondencia, trato de devolver a mi madre algo de lo mucho que ha hecho por mí. Gracias al buen talante de mi jefe y a haberme planificado bien los primeros días de la semana, puedo emplear la mañana en acompañarla hasta el HUCA para unas pruebas con el oculista.
Ya no queda ni rastro de todas las polémicas que se generaron con el traslado al nuevo hospital, quizás porque sólo existe una noticia que se puede repetir tanto tiempo a lo largo de meses y años y esa es la referida al proceso catalán, que, por cierto, en ese mismo día celebra sus enésimas elecciones.
Llegamos con media hora de adelanto, siempre muy recomendable en estas ocasiones, por aquello de las distancias que para una mujer octogenaria de movilidad reducida como es mi madre siempre suponen un problema añadido. No ha habido ningún problema ni para llegar -al fondo de la planta, zona amarilla, sala de espera 8- ni para encontrar nuestro sitio hasta que sale (con media hora de adelanto) el número en la pantalla.
Franqueamos la puerta de ingresos donde nos conducen a una nueva sala de espera. Saludamos con ese “buenos días” que cada vez se racanea más en estas ocasiones y nos sentamos. Me he traído un libro de relatos para amenizar las esperas que se suponen para las diversas pruebas a las que se ha de someter mi madre y comentamos en susurros la rapidez con la que el taxista nos ha traído. Sin atascos ni retenciones de ningún tipo. Apenas tenemos tiempo a más, puesto que una enfermera reclama a mi madre. Me enfrasco en la lectura de “Diez Negritos. Nuevas voces del género negro español”, uno de los libros que tenía pendientes aún tras unos meses donde apenas he podido dedicar tiempo a la lectura.
Unos minutos después, en medio de un respetuoso silencio de las cuatro personas que ocupamos la sala, entra una pareja, parecen marido y mujer, sesenta y algo calculo. Su conversación ya sube el tono de una sala donde se han incorporado tres personas más. No me importan las voces ni de lo que hablan, el relato me empapa hasta que, casualidades de la vida, veo que entra mi querido Ivo Pérez, a quien muchos conocerán como músico al frente de Muñeco Vudú. Me muestra el libro de poemas de otro gran músico asturiano como Alfredo González -que se había traído para su espera- y me cuenta su problema ocular, al tiempo que hablamos de la vida, de sus cultivos de arándanos, de la edición de su tercer disco, de mis historias en la radio con los archivos de canciones desaparecidos en mi ausencia y cómo reordenarlos, actividad mucho más trabajosa que incorporarlos de nuevas al sistema. La señora de la pareja sexagenaria ya ha subido a nivel “sidrería” la conversación. Me cuesta escuchar a Ivo puesto que no queremos elevar nuestro tono de voz.
Llega mi madre. Se la presento a Ivo. Percibo que se han caído muy bien. Ambos son personas muy vitales y positivas, me contagio de su buena energía. Lo malo es cuando aparecen dos mujeres, una octogenaria y otra de edad indeterminada y se sientan al lado de mi madre. La octogenaria no para de golpearla con su brazo derecho, pero eso no es lo peor: la acompañante saca el móvil y el mundo se detiene como por ensalmo al compás de una tonadilla. La musiqueja se repite y repite y repite en un bucle terrorífico, cada vez con mayor volumen, cada vez más insoportable. Seguimos en una sala de espera de un hospital, pero tal parece que nos encontramos en una estación de autobuses. Ganas tengo de equiparar el volumen y establecer una “guerra de móviles” y de melodías poniendo algo suavecito: quizás un “Ace of spades” de Motorhead, a lo mejor un “Pub” de los Cosmic Psychos, dudo si un “Hard for you” de los Beasts of Bourbon. A sabiendas de las molestias que le podría producir a mi madre -aún con secuelas de la neuralgia de trigémino que la devastó durante quince años- me corto. Pierdo la noción del tiempo hasta que la salvadora llamada de la enfermera nos rescata de la sala de tortura, digo, de espera. Y no dejo de pensar por qué la gente es tan terriblemente egoísta y, sobre todo, maleducada.
MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "DOviedo" del diario "El Comercio" el domingo 14 de enero de 2018

domingo, 31 de diciembre de 2017

Los managers


Vinilo Azul. -

“Los managers”

En el imaginario popular de cierta escena del rock, los managers suelen ser más villanos aún que los odiosos críticos de rock. En un mundo planteado sobre parámetros convencionales, ambos ejemplifican lo peor. Luego, pueden estar las groupies... Pero, afortunadamente, el mundo -y, mucho menos, el del rock- no sólo se nutre de clichés. Dejemos para esas nefastas películas estadounidenses los roles de “malos” y “buenos”, los “blancos” y “negros” donde tantos desalmados -esos que nunca están en ninguna parte, pero están en todas- se filtran como parásitos para conseguir sus mezquinos propósitos.

En estas fechas navideñas la casualidad quiso que dos agencias de representación de músicos cumplieran años: EP Managent y Nómadas En Acción. Dos décadas una, una década otra. En un mundo tan competitivo, tan duro, tan expuesto a todo tipo de vientos desfavorables, de perniciosas influencias de toda clase, siempre resulta reconfortante encontrarte con gente fiable que sabes que es honesta y que trata a sus artistas o a los shows que les encargan con tacto y buen saber hacer.

Por desgracia, en el negocio musical, como en otros referentes de la cultura (literatura, teatro, cine, arte) siempre hay un elevado porcentaje de personajes mezquinos, usureros, aprovechados... individuos dignos de Dickens que, en este nuevo milenio, deberían estar desaparecidos. Pero, como los parásitos más deleznables responsables de las peores enfermedades, reaparecen siempre cuando ya se creían extinguidos de la faz de la Tierra.

Hubo en Asturias, dentro del mundo del rock, en años gloriosos como los 80, la gran ausencia de personas que se dedicaran a llevar las carreras de grupos que podrían haber logrado muchas mejores metas que las de dejar una maravillosa discografía a sus espaldas y un puñado de grandes actuaciones a sus espaldas en su propio ámbito de influencia. Posteriormente, llegaron. Aún recuerdo al siempre huraño Jorge Balsera -entrañable también- capaz de traerse a los Green Day en varias ocasiones, o a los Lagwagon o los inmensos Fugazi en cuanto contó con el apoyo de otro no menos grande como Toño Barral, a través de El Cohete mutado en Waco Producciones. Todos ellos construyeron un espacio honesto, donde daba gusto trabajar a todos los eslabones de la cadena. Y, en lo que correspondía a mi parte, la de crítico musical, suponía un placer. Después llegó Enrique Patricio con su EP Management -aunque ya nos conocíamos de la revista “Astur Music”, con la que viajé a multitud de festivales- y que apostó como nadie por un montón de grandes bandas como Babylon Chat o Los Débiles, incluso por unos hoy olvidados (a recuperar, como todo olvidado) Mr. Fiction. Veinte años ya, que celebraron en La Salvaje por todo lo alto hace unos días.

En otro nivel, los Nómadas En Acción de mi gran amigo Rafa Caballero, también llevan una década luchando por hacer decente un trabajo al que Ilegales retrataron, con su habitual mala leche, en una canción que se iba a titular “El Mánager” y que, en un guiño malhadado por aquello de los “manejos” de representación, acabó con el ridículo nombre de “Chistes rock en ya menor”. La copla decía en algunas de sus estrofas: “Se ha muerto mi mánager borracho en un burdel/ quien nos pagará las drogas y el hotel./Su mujer y sus hijos quien los mantendrá/ esos niños nunca irán a la universidad/ Qué voy a hacer, qué puedo hacer”.

Sí, de la misma forma que uno se encuentra a gente que trabaja bien -pienso, asimismo, en Mestizo Producciones de Gijón- existen otros que son verdaderos avariciosos, gente que maltrata el producto y a sus artistas, empecinado en sacar el último céntimo de la forma más cutre, sin autocrítica, tendiendo tentáculos de influencias oscuras para mantenerse en lo alto y aplastar a sus contrincantes, trayendo morralla, engañando... Hoy no quiero pensar en esos. Sólo quiero festejar que gentes como Enrique Patricio cumplan veinte años o como Rafa Caballero celebren una década en el filo de esa navaja con honestidad y elegancia en ese trabajo que otros transforman, por su desmedida avaricia, en infame e ignominioso.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "DOviedo" del diario "El Comercio" el domingo 31 de diciembre de 2017

martes, 26 de diciembre de 2017

El estudio de grabación del viejo Tartiere


Vinilo Azul. -

“El estudio de grabación del viejo Tartiere”

Parece que fue ayer, pero no: ya han transcurrido treinta años. Nuestra memoria, nuestra vida, nuestra cabeza, parece jugar, a veces, con la percepción propia. Ya ha desaparecido, incluso, el escenario de aquellos momentos vitales que llenaron muchos momentos de esa errática juventud. Ya no está ese viejo Carlos Tartiere, estadio donde escenificamos buenos tiempos de fútbol y rosas, de una gloria que sería, años después, terrible agonía por culpa de dos siniestros personajes que camparon a sus anchas con el beneplácito de los “principales” de la ciudad, mientras envolvían a muchos en una soterrada e insoportable guerra civil futbolera de la que aún quedan caidos.

Pero no, no. Hoy no hablaremos de aquello, sino de otros sueños juveniles, los sueños de la música, del rock, de la “llovida ovetense”,como bien la bautizó Juanjo Barral en un brillante artículo para el diario “Región” en los años 80. Porque esos años 80 con Antonio Masip al frente del municipio carbayón fueron buenos tiempos. De descubrimientos, de sueños, de ilusiones para un montón de jóvenes que quedamos atrapados por la música como eje de nuestra existencia. No fueron sólo actuaciones como las de grupos como Long Ryders, Eric Burdon o Kevin Ayers en la hoy cada vez más ruinosa plaza de toros de la ciudad, sino en otras actividades que se plantearon desde la concejalía de la juventud de la ciudad.

La principal fue el poder contar con un estudio de grabación de maquetas. Estábamos en los tiempos iniciales del concurso de maquetas de Radio Asturias, también patrocinado por el gobierno del Principado y la emisión de todas las “demos” a través del recordadísimo programa de Enrique Bueres “El Expreso de Medianoche”, que tantos grupos y artistas nos descubrió. La mesa con la que entonces se trabajaba -una modestísima cuatro pistas- haría sonreír a muchos chavales que hoy se inician en el rock, pero, a mediados de los 80, en Oviedo, poder contar con ese material en unas sesiones a un precio de ganga y en unas instalaciones decentes, era algo así como una película de ciencia ficción. Se ubicó en los bajos del viejo estadio Carlos Tartiere y allí pasé muchas jornadas con grupos como Crónicas Húmedas o The Amateurs. También, para mi historia personal todo un hito, se registraron las dos maquetas de mi grupo -La Tortuga de Sheffield- aunque no llegara a participar en la grabación. Tiempos de experimentación y descubrimiento. Así, pudimos disfrutar de dos audiciones-conferencias o como ustedes prefieran llamarlas, auténticas pioneras, de Ignacio Gasca y, si no me falla la memoria, de José María Sanz. Nombres que a la mayoría no le sonarán de nada hasta que les diga que se trataba de Poch y de Loquillo. En la Casa de la Juventud del Campo de los Patos, con un vetusto vídeo y sus palabras y conocimientos, con su fe de fans, disfrutamos y compartimos unas horas con ellos, excepcionales entonces y hoy -treinta años después- asimiladas hasta en cursos universitarios.

El mundo cambia, la ciudad también, pero recuerdos así permanecen imperecederos como una parte crucial de un aprendizaje que ha desembocado en lo que hoy somos.

MANOLO D. ABAD
Publicado en  el suplemento "DOviedo" del diario "El Comercio" el domingo 24 de diciembre de 2017

domingo, 3 de diciembre de 2017

Santi Cazorla y las lesiones


Vinilo Azul. -

“Santi Cazorla y las lesiones”



Permanece en nuestra retina la visión del fútbol a través de los éxitos, los campeonatos, los triunfos y, por supuesto, los honorarios de las estrellas y de otros muchos que los convierten en unos privilegiados en este mundo donde cada vez existe una mayor desigualdad. Pero, como en casi todo en la vida, hay zonas oscuras en las que el sufrimiento y el dolor no entienden de clases ni de dinero.

Y a uno de los nuestros, a un futbolista asturiano y oviedista, le ha vuelto a tocar una lucha más allá de los terrenos de juego. Una pelea por seguir practicando lo que también es su pasión: el fútbol. Él es Santi Cazorla, un tipo entrañable, siempre con su sonrisa positiva en la boca, sabedor de lo que es alcanzar la élite tras muchos sacrificios, desde lo más bajo de la pirámide.

Cazorla ya ha conocido en varias ocasiones el rigor de las lesiones y, a causa de alguna de ellas, se ha perdido alguna de esas citas futboleras que marcan. En 2009, en plena carrera por hacerse con un puesto en la lista definitiva para el Mundial de Sudáfrica -en el cual España se proclamaría campeona- el de Lugo de Llanera sufría una fractura del peroné de su pierna derecha, dejándolo apeado de esa carrera por hacerse con un puesto para disputar esa histórica fase final. Sus desdichas no terminarían ahí: las constantes molestias sufridas en su espalda producto de una hernia discal le hicieron pasar por el quirófano para una nueva operación en 2010. Años después, convertido en líder indiscutible de los legendarios “gunners”, el Arsenal, también sufrió una lesión de tobillo a comienzos de la temporada 2013-14. Cinco semanas más en el dique seco, mucho menos en comparación a otras, y que no impidieron que firmase otra gran campaña.

Cuando todo parecía encarrilado en Londres, convertido en uno de los ídolos de la afición, capitán del equipo, el destino le reservó otra prueba, quizás la más grande de toda su carrera, al bueno de Santi. En octubre de 2016 se retira cojeando del terreno de juego en un partido frente al Ludogorets búlgaro. Desde ese momento, ocho visitas al quirófano. Ocho centímetros de su tendón de Aquiles consumidos por una devastadora infección. Mientras redacto estas líneas, está prevista una nueva operación más, según ha anunciado él mismo a través de las redes sociales desde Salamanca donde trataba de recuperarse con la ayuda de su fisioterapeuta de confianza. La imagen del injerto de piel procedente de su antebrazo -con el pedazo de tatuaje incluido- situado en el tobillo era impresionante.

Los renglones torcidos de la vida ponen a prueba a muchos de muy distintas formas. A Santi Cazorla le han marcado las lesiones y el sacrificio que supone recuperarse de ellas para volver a la alta competición. Siempre lo ha afrontado con ánimo y una gran sonrisa. Así que sólo nos queda desearle que nunca decaiga ese ánimo y que esa gran sonrisa suya no se apague para vencer al destino cruzado que se empeña en alejarle de los terrenos de juego, de su gran pasión.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "DOviedo" del diario "El Comercio" el domingo 3 de diciembre de 2017.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Un ramito de violetas



Vinilo Azul. -

“Un ramito de violetas”


Vamos a encomendarnos a la difunta Cecilia, vamos a cantar cada noviembre “Un ramito de violetas” en espera de que el nefasto gobierno del Principado de Asturias decida dejar de joder –con perdón- a Oviedo y levante el b.i.c. a la plaza de toros de la ciudad. Cantemos la canción –un tremebundo bofetón frente al maltrato machista- y esperemos que la momia en que se ha convertido el gobierno del Principado de Asturias y todas sus ramificaciones despierte. Pero no para que haya muertos, sino para que la edificación sobre la que se podría encontrar una nueva vida para conciertos, para eventos de todo tipo, se reconstruya, se reconfigure en Oviedo. Por el bien de un barrio de la capital de Asturias, que parece presa de un estigma sobre el que se han construido una serie de mentiras y prejuicios que los ovetenses de bien –esos que ya superamos al régimen de las apariencias que gobernó con “varios” y demás, veinticuatro años- queremos (y creemos) ya superados. A esos que pisamos la calle, lejos de las torres de marfil de los cómodos despachos y los generosos sueldos.

Miren que no me gustan los cabos de año, pero, al recordar el concierto de Lou Reed, con motivo del cuarto aniversario de su muerte, en el coso ovetense se despertaron experiencias de múltiples y muy diversas actuaciones. Hace unos días la ruta me llevó hasta León, donde han sabido hacer las cosas bien y han transformado el recinto taurino en un gran local de conciertos. Lo veía, mientras el automóvil nos llevaba a Papalaguinda antes de llegar al aparcamiento de turno, y evocaba con mi querido amigo Rafa Caballero conciertos en la plaza de Oviedo: Kevin Ayers, The Long Ryders, Eric Burdon, Danza Invisible, Pistones, La Frontera, Loquillo, Barricada, Decibelios, Los Locos, Camarón de la Isla… La solución a dos millones de euros que podrían haber sido destinados a una rehabilitación del coso, el parche que encontró la anterior corporación fue una carpa multichachiguay a la gran gloria de un promotor del que no vamos a añadir ningún adjetivo, pero conocido por sus malas artes en toda España y de una concejala y su marido –a la sazón jefe de prensa del alcalde- que si alguien con dos dedos de frente –tras veinticuatro años los dedos de frente se ponían al salir de ciertos locales- hubiera querido planificar algo para todos los ovetenses podría haber sido ya realidad en forma de espacios como los que hay en todo el norte de España: Santander, Santiago de Compostela, Bilbao. Pero no, seguían con su incompetencia, con su victimismo, con sus negocios entre lo público y lo privado.

Así que sólo nos queda, en cada noviembre, comprar nuestro ramito de violetas, dejarlo a la puerta de la plaza de toros, en espera de que todos esos superintelectuales regresen a la realidad y liberen el coso de mi ciudad para que no se pudra, para que no sea demasiado tarde salvarlo. Y no, no voy a pedir por favor. Sino que cada noviembre pediré –mientras pueda- que lo liberen o paguen por el daño que han hecho a esta mi ciudad-. Y que los vecinos de la zona, dejen un ramito de violetas en recuerdo de tal ignominia durante cada mes de noviembre a la puerta del coso.

MANOLO D.ABAD
Publicado en el suplemento "DOviedo" del diario "El Comercio" el domingo 5 de noviembre de 2017

domingo, 29 de octubre de 2017

Los Locos de azul

Vinilo Azul. -

“Los Locos de azul”

Eran unos años -los 80- de “sidra y rosas” como tan certeramente los describen los Traveling Zoo en su reciente canción “Tívoli”, que también da título a su nuevo e inminente cuarto álbum. Eran años de apertura, de tolerancia, donde los extremos no sobresalían. Había ganas de vivir la existencia hasta la última gota, las noches hasta bien entrado el amanecer, muchas noches, casi todas las noches. Y Los Locos reinaban, como no podía ser menos, como unos reyes de harapos a los que sólo se les reconocía en Oviedo.
Y sucedió un episodio que, en estos tiempos de intolerancia y furia revanchista desbocada, hubiera supuesto la censura máxima en Gijón, por eso de las rivalidades, ya saben. El 9 de septiembre de 1988, Los Locos saltaron al escenario de la plaza de la Catedral -por entonces situado sobre la fuente- ¡vestidos con los colores del Real Oviedo!. Sí, tras la actuación de los gijoneses Fuera de Serie, formación injustamente olvidada que lideró Luis Núñez, hoy reconocido con el premio al meyor cantar junto a su proyecto Los Folgazanes, el célebre trío saltó con la camiseta azul y el pantalón blanco para regocijo o sorpresa de quienes se encontraban allí. El Real Oviedo acababa de regresar a Primera División tras doce años y en la ciudad se abría un tiempo nuevo. También para mí, ya que junto a los componentes de The Amateurs empezamos a forjar una gran amistad con dos de ellos -Carlos Redondo y Paco Loco- además de su letrista, el gran Boni Pérez.
El círculo se cerraría en otro concierto, un 12 de septiembre de 1991, con Los Murciélagos en esa plaza de toros que hoy va acrecentando su ruina para pena de quienes anhelamos un lugar decente donde poder asistir a conciertos. Fueron tres años muy intensos para todos, puesto que las cosas cambiaban a pasos agigantados. Paco Loco comenzaba su aventura como productor, que muchos años de trabajo después le ha llevado a ser reconocido en todas partes. Carlos también iniciaría su labor grabando maquetas a un montón de chavales ruidosos que, luego, protagonizarían el Xixón Sound. The Amateurs se convertirían en una de las grandes bandas de rock alternativo estatal, en la emergente escena underground donde comenzaban a despuntar Surfin´ Bichos, Sex Museum, Lagartija Nick, Vancouvers, Los Deltonos, Cancer Moon o Los Clavos.
No he hallado ningún testimonio gráfico de aquella noche, de esa actuación. Tampoco fue recordada en el documental “Los Años Eléctricos” de Chus Neira. Guardo en la memoria el día de su estreno en el Teatro Filarmónica porque, al acabar la proyección, Carlos Redondo mantuvo su última conversación conmigo:

-¿Qué les ha hecho a Chus para no salir en la peli? No puedo entender que tú no aparezcas -me dijo.

-Lo mismo que tú, supongo -le contesté.

Reímos camino del Flamin´, en la plaza del Sol donde nos esperaban para una fiesta a propósito del docu. A mí me tocaba pinchar. Recorrimos el pequeño trayecto hablando de muchas cosas y, al llegar a la puerta del local, Carlos bromeó con la enorme foto mía que habían colocado en la puerta. “¿Ves? Esto es más importante que salir en cualquier documental”, me dijo con esa sonrisa suya que levantaba al ánimo más alicaído. Pienso en esa noche muchas veces y en que jamás imaginé que nunca más volveríamos a mantener otra conversación. Y que yo recordaría aquel concierto en que se embutieron una indumentaria futbolera de la ciudad vecina y eterna rival.
MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 29 de octubre de 2017

domingo, 8 de octubre de 2017

Símbolos


Vinilo Azul. -

Símbolos”
Pide la Peña Azul Castrillón un homenaje para el que hasta la campaña pasada fue portero del Real Oviedo Esteban, uno de los símbolos del oviedismo. Y me parece una propuesta acertada que debería ser tenida en cuenta por la entidad azul.
Esteban y Michu son los dos últimos símbolos para la afición oviedista. Dos nombres propios que acentúan su valor, puesto que se forjaron en los tiempos más difíciles para el club y su afición. Tiempos de supervivencia y barro donde ellos enarbolaron el orgullo, el valor y la garra, que son el santo y seña del equipo más representativo de la capital del Principado de Asturias. Lo hicieron, además, y más acusado en el caso de Esteban, pudiendo haberse quedado en otros conjuntos de superior categoría. Allá por donde ha ido, la estela humana de Esteban ha quedado marcada con letras de oro. En su anterior club, el Almería, era también capitán e ídolo de la afición. Los dejó pudiendo haberse quedado allí, seguramente ganando más dinero, pero el corazón azul del avilesino le impulsó a regresar a su tierra para ayudar a su equipo del alma.
Pienso muchas veces, cuando conozco a jóvenes aficionados azules, en que muchos de ellos sólo han visto al Real Oviedo en la encrucijada, en el barro, en el fondo del precipicio. No disfrutaron del equipo, como otros que sí hemos tenido esa suerte, jugando frente a los grandes de la Liga cada domingo, durante muchas temporadas seguidas e incluso alcanzando la competición europea. Quizás por eso, sean estas generaciones las que merecen encontrar símbolos tangibles de los que sentirse orgullosos. Más que el viejo aficionado que recordará a Herrerita o Lángara, más de los que ya hemos entrado en la madurez que recordamos las hazañas de Gorriarán, Sañudo, Jokanovic, Carlos o Dely Valdés. Precisamente porque no han podido disfrutar de esos grandes momentos, es la razón de que se valore a Esteban y a Michu como símbolos perennes del oviedismo, que la gente los perciba como suyos, que se honre su contacto personal y su compromiso en tiempos difíciles. Si es iniciativa de los dirigentes azules, mejor aún.
El fútbol -le pese a quien le pese- es algo más que un deporte, trasciende sus fronteras en la sociedad. Bien conducido debería servir para mostrar alguno de sus valores y qué mejor para todo oviedista que se precie, que sean esos transmisores dos “paisanos” -como solemos decir en Asturias- como Esteban y Michu.
MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 8 de octubre de 2017
 

domingo, 24 de septiembre de 2017

Adiós a Ojanguren




Vinilo Azul. -
Adiós a Ojanguren”

En plenas turbulencias veraniegas, mientras demasiadas cosas se estaban agitando en mi vida y en mi corazón, una llamada de un número que no tenía archivado se empeñaba en sonar. Debió ser a la tercera o cuarta ocasión en que ese número probó suerte que acabé por responder. Eran de la Librería Ojanguren. Querían liquidarme los ejemplares de “Viajes al fondo del precipicio” que habían vendido. ¿Hacía cuánto de aquello? Ya cinco años de la edición de mi segunda obra. No les había dejado ni mi tercera publicación -”Elevator”- ni la cuarta y última -”Justos por pecadores”. De aquella había decidido concentrar las ventas en unas pocas librerías. Aún recordaba la emoción de contemplar “Viajes...” en su escaparate. No había pasado por allí para recoger la liquidación porque sabía de su mala situación económica y, cuando supe que iban a cerrar, pensé qué narices, que se queden ellos un dinero que no cambiaría mi vida.

Sin embargo, ante tal empeño, no me quedó otra que recoger un puñado de euros y cinco ejemplares no vendidos. Mientras hablaba con una de sus empleadas, me invadió una profunda melancolía, de otros tiempos pasados, de otros tiempos completamente distintos. Traté de recordar mis primeras veces allí, abrumado por todas las estanterías que invocaban un respeto reverencial al libro. Un culto al que uno se entregaba con pasión, ayudado por la escenografía del lugar y por las múltiples posibilidades de hojear algunas de las publicaciones. Supongo que a quien no haya conocido los tiempos donde no existía internet y en los que no había la ocasión de conseguir el escaparate del mundo con un clic, todo esto le sonará a chino. Pensará, incluso, que vaya estúpidos, ¿no? Emocionarse por estar en una librería y poder hojear libros diversos, ya fueran de literatura, de música, de cine o de historia. Así son algunas de las pérdidas de este nuevo mundo informatizado y, tantas veces, sin alma. Porque hojear (y leerse) aquellos libros de letras de Tom Waits, las biografías musicales de la Editorial Júcar, trastear con los ejemplares de la “Etiqueta Negra” o de la “Etiqueta Roja” de la misma editorial o mirar al interior de la “Guía del Vídeo-Cine” para encontrar una película y su ficha, era ya un placer único, especial y prácticamente inédito hoy.

Se va la Librería Ojanguren víctima de unos tiempos que transforman todo, desde nuestras relaciones personales hasta la propia vida en la ciudad. Siempre que voy a casa de algún amigo o conocido voy instintivamente a curiosear en su biblioteca, en los libros, discos o vídeos que almacena. El otro día sentí una enorme desolación cuando el anfitrión me mostró una caja negra donde guardaba su biblioteca, su música, sus pelis. Una caja negra de desamparo para quienes escribimos, para los que necesitamos la luz o las sombras de un libro, un disco o una película. Una caja negra que engulle librerías como Ojanguren a la que dijimos adiós hace unos días en la ciudad. Una caja negra, de un fondo abisal negro, de un agujero negro, que ya ocupa su lugar antes de comenzar a subir la calle del Peso desde ahora.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 24 de septiembre de 2017

lunes, 22 de mayo de 2017

Fanatismos y generaciones


Vinilo Azul. -

Fanatismos y generaciones”


Es tiempo de primavera y muchos comienzan a prepararse sus excursiones festivaleras del año. El turismo de festivales y de grandes conciertos ha conseguido hacerse un sitio entre otras muchas ofertas de ocio, tanto para los jóvenes como para los no tan jóvenes. De ahí que no me extrañase que Alberto Toyos abordase hace unas noches en el Ovetense a un grupo de buenos amigos y a mí mismo con la gran pregunta entre sus labios: ¿cuántos de aquí han visto a los Rolling (Stones)?

Tan sólo yo había cumplido el rito, aunque ninguno parecía especialmente preocupado. Alberto se quedó un tanto atónito, aunque más cuando le contesté que no tenía ningún interés en volver a pasar por el trance de un concierto de las características del de los Rolling Stones. Ese tipo de actuación a la que suelen acudir en masa personas que jamás van a un concierto en todo el año. Y que tampoco parece preocuparles especialmente la música. Tan sólo el certificar que han estado allí. Le comenté que a mí ya sólo me hacía ilusión el esfuerzo de acudir a una de esas grandes convocatorias el ver o a uno de esos grupos que me marcó y del que tengo toda o casi toda su discografía o a uno que aún no haya visto y que esté entre mis favoritos. Las actuaciones que luego aparecerán reflejadas en los resúmenes del año y que, supuestamente, cambiaron la vida de muchísimas personas, hace mucho tiempo que dejaron de interesarme. Precisamente, unos días después me iba a acercar a Madrid a contemplar el festival denominado “Una noche en la movida” en el Wizink Center, con las actuaciones de Pistones, Costas, Immaculate Fools, Nacha Pop, The Stranglers y Echo & The Bunnymen y le resalté que eso sí me interesaba. Volver a escuchar en vivo a los Stranglers y Echo & The Bunnymen suponía para mí algo especial, esos grupos y sus canciones sí que estaban muy presentes a lo largo de mi vida. Merecía la pena el esfuerzo. Y,a toro pasado, el concierto resultó magnífico y tuve la oportunidad de disfrutar muchísimo.

Parece que hay muchos que no se acostumbran a comprobar que ya coexisten muchas generaciones, cada una con sus propios protagonistas y que hace ya demasiado tiempo que dejaron de existir iconos únicos en ninguna disciplina artística, pero más aún en el rock. He tenido la suerte de vivir a fondo tres décadas musicales, impregnarme de lo firmado por muchos de sus protagonistas como para sentir la obligación de acudir a un concierto de los Rolling Stones en 2017. Ni lo necesito ni significaría nada en mi vida a día de hoy.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 21 de mayo de 2017

lunes, 8 de mayo de 2017

Oviedo y baloncesto



Vinilo Azul. -
Oviedo y baloncesto”

Ya estamos en ello: es tiempo de play-offs de ascenso a la ACB y, de nuevo -tercera campaña consecutiva- el conjunto ovetense ha conseguido meterse en la lucha. Lo hace, además, tras la más brillante de sus temporadas en la categoría LEB Oro, lo que alimenta todas las esperanzas y pone las expectativas al máximo para una afición deseosa de plantarse en la máxima categoría.

A pesar de que son varias temporadas ya donde la Liga ACB ha evitado todos y cada uno de los ascensos logrados en las canchas, con sus exigencias de otros tiempos que ya deberían de ser pasado, existe esa posibilidad ya que parece que el Consejo Superior de Deportes ha tomado cartas en el asunto y ha decidido flexibilizar esas condiciones, por el bien del deporte y de los esfuerzos que en lugares como Burgos, Ourense, Palencia u Oviedo se han realizado en la busca de esa máxima categoría. Parece una buena ocasión que requerirá de grandes esfuerzos y, por supuesto, de un apoyo de todos los aficionados ovetenses al mundo de la canasta.

Los recuerdos del baloncesto en Oviedo tienen un momento estelar para mí: el desempate por la Liga entre el Barcelona y el Real Madrid un 7 de abril de 1983. Una imborrable memoria del Palacio de Deportes lleno, al que me habían llevado mis padres (luego también acudieron a recogerme), y con uno de esos duelos que hacían época entre nombres legendarios del básket español como Fernando Martín, Epi, Solozábal, López Iturriaga, Sibilio, Joe Llorente, Starks, Delibasic... Ganó el Barça, pero aquello fue lo de menos. Lo máximo fue ver a pocos metros de distancia a aquellos a quienes seguía a través de la televisión, escuchando el ambiente del público, vibrando con todo y no sólo con los comentarios de Héctor Quiroga o Pedro Barthe como era habitual. Aquel partido fue, curiosamente, el fin de una época: a partir de entonces se pasó al sistema de play-offs que aún sigue presente hoy en día.

Muchos fueron los intentos, desde entonces, de llevar a un equipo de la ciudad a lo más alto, casi siempre poniendo -en el clásico estilo gabiniano- el tejado antes que los cimientos. Hasta que llegó este maravilloso Oviedo Baloncesto que ha ido construyendo sus bases, tejiendo una red de cantera digna de destacar, con un trabajo alejado de los flashes y muy atinado. Y, ahora, parece que ha llegado ese momento, aunque nos falte la instalación adecuada. No queda otra que acudir al Palacio de los Deportes, aunque sea de modo provisional, ese lugar donde se avivó mi afición baloncestística en una tarde-noche de alto nivel, que desearía poder repetir con mayor regularidad pronto animando, esta vez sí, a los colores de mi ciudad.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 7 de mayo de 2017

domingo, 23 de abril de 2017

De libros y discos

 

Vinilo Azul. -

De libros y discos”


Ya están aquí de nuevo: el día de las tiendas de discos y el día del libro casi juntos, embarcados en una unidad de destino en lo universal que pretende abocarlos al fin. Huyendo de esa muerte que tantos profetas se empeñan en adjudicarles. Luchando por hallar un nuevo sentido en un mundo global, digitalizado, sin personalidad, monótono. Una sociedad del silencio que sólo grita tras el anonimato de herramientas infernales como twitter mientras agacha la cabeza ante una realidad diaria que es incapaz de enfrentar. Sin reflexión, obstinados en quemar momentos, en protagonizar partículas de segundos en milimétricos espacios, en trascender dentro de una miserable cajetilla llamada teléfono móvil. No eres nadie si no has cumplido la traida mágica (de la petulante estupidez, añadiría): publicar un libro, plantar un árbol, tener un hijo. ¡Ja!

La cultura en España lleva mucho tiempo recorriendo páramos que la conducen al abismo. Una cultura que no gusta a los políticos, que prefieren una masa aborregada por programas televisivos de zafio estilo y que, encima, se ha sepultado por una generación ansiosa del gratis total -falacia absurda que engorda las cuentas de las compañías de telecomunicaciones- engañada en su total ausencia de una mínima formación en humanidades que los manda a esta nueva selva para lo que no están preparados, incapaces de ver más allá de unos árboles que les impiden ver el bosque.

Entretanto, los políticos son incapaces de mirar más allá y encontrar soluciones. Quizás, como bien apuntaba Juan Soto Ivars en uno de sus artículos, sea menos el impuesto sobre la cultura que, como ya se está trabajando en Alemania (¡qué pena que, entre tanta copia, no se imiten las buenas ideas que funcionan!) el trabajar con las operadoras de telecomunicaciones para compensar a la cultura de tanto como se coge de ella.

Son días, pues, para la reflexión mientras nos preparamos para aprovechar y hacer unas comprinas de discos en nuestras tiendas, incluso darnos el gustazo de una golosina de esas que muchas discográficas se empeñan en publicar para el 22 de abril. Y, por supuesto, nuestra cita ineludible en Oviedo con nuestros hogares que son la Librería Cervantes y el Café-Librería Santa Teresa para leerles unos relatos el lunes 24. A mí me tocará, en sesión doble, comparecer en la mañana en Cervantes -a eso de las 12:30 h.- y en Santa Teresa por la tarde, a las 18:30h. ¡Allí nos vemos, nos escuchamos, nos leemos!

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 23 de abril de 2017

lunes, 17 de abril de 2017

Una imagen vale por mil recuerdos


Vinilo Azul. -
Una imagen vale por mil recuerdos”

Miguel Fuentes, quien fuera guitarra de The Amateurs, me manda un whatsapp preguntándome si tengo una entrada de su concierto-presentación de su primer álbum “Los clubs han cerrado” en la Santa Sebe. Junio de 1989. Al parecer, Yolanda Lobo está preparando un libro sobre la legendaria sala ovetense y no encontraba nada de ese concierto que, vista la trayectoria posterior de los ovetenses, marcó una época. Lo encontré. Y por partida doble: entrada y flyer.

Fue destapar imágenes, entradas de conciertos, fotos, y la memoria obró el resto. El camino transitado, las experiencias vividas, todo lo aprendido en esas vivencias en la carretera. ¡Cuánto aprendí! ¡Cuánto me enseñaron esos Amateurs con los que recorrí en furgoneta y hostales toda la geografía española! ¡Cuánta buena gente conocí! A finales de los 80, principios de los 90 no podíamos hablar de un circuito estable de conciertos, por mucho que a esos que miran por encima del hombro y escriben igual o peor, se les llenase la boca en sus lamentables artículos con aquello. Había que estar sobre el terreno, comprobarlo, vivirlo. Y uno tuvo esa suerte gracias a esos amigos, a quienes conservaré siempre en mi corazón, a esos The Amateurs que, tras el paso de los años, se han convertido en un nombre capital para entender el rock en Asturias. Ellos se arriesgaron a salir más allá del Pajares. No se conformaron con hacer caja dentro, arriesgaron, y hoy se recuerdan sus actuaciones por todo el país como algo único y especial de una época en la que brillaban nombres como Cancer Moon, Los Clavos, Lagartija Nick, Pleasure Fuckers, Vancouvers, Sex Museum, Las Ruedas o Los Deltonos.

Vuelvo a Yolanda y su libro. Animado por la búsqueda, encuentro un puñado de fotos, de carteles y demás pasquines promocionales de otros conciertos en la Santa. Las dos fiestas de mi programa de radio “Club Alternativo” con bandas magníficas de la época -finales de los 90- como Zombi Zú, Feedbacks, Mamy Carter, Heartbeats, Soviet Sister o Sangrientos -con Paco Loco al frente- que, generosamente, se sumaron a la fiesta. Momentos inolvidables como un postconcierto con el grandioso Javier Corcobado tras una impresionante actuación de Corcobado+Manta Ray (juntos cuajaron uno de los grandes discos del rock español “Diminuto Cielo”) en el que acabamos viendo amanecer tras la verja del local. O un cumpleaños mío con Steve Wynn firmando hasta que le dolió la mano -la discografía propia y la de Dream Syndicate era amplia- que remachó con otra actuación inolvidable. Tantas y tantas imágenes que luchan por arremolinarse en la mente, en el zurrón de los grandes recuerdos. El homenaje a Alberto Toyos, con los dos Amaral hablando de los Church y de los Echo & The Bunnymen, de música, para constatar lo auténticos que son, por encima de los prejuicios.

Espero que Yolanda Lobo plasme ese libro. Y que, cada una de las entradas, de los flyers, de las fotos, pueda levantar un registro de la memoria en cada uno de los que pasamos por allí y disfrutamos de inolvidables noches de música en vivo. De esa vida que nos negamos a que sea cercenada por la gentrificación y los bizarros intereses de extrañas asociaciones que no representan a nadie más que a ellos mismos y su ego carpetovetónico.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 16 de abril de 2017

domingo, 26 de marzo de 2017

Jarmusch-Oviedo

Vinilo Azul. -

Jarmusch-Oviedo”


Fue un placer inesperado asistir al documental de Jim Jarmusch en el Teatro Filarmónica dentro de la SACO (Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo). Recordar las viejas sensaciones en una sala de cine. Disfrutar de una magnífica película a toda pantalla. Emocionarse sin el asqueroso aroma de las palomitas invadiéndolo todo, sin patadas en el respaldo, sin conversaciones interminables de los vecinos de butaca, sin móviles sonando, con respeto a los demás, con el ambiente ideal para disfrutar de todo lo que nos puede ofrecer el cine en una sala adecuada.

Unas horas antes, tras hacerme con el par de entradas correspondientes, me encontré con mi querida amiga Graciela Oliveira, una de las encargadas de producción en la SACO. A ella le habían tocado niños de cuatro años que asistían a sesiones matinales y se confesaba maravillada por todo lo que rodeaba a esos pases. Contemplar los rostros -emocionados- de los pequeños al encontrarse en una sala de cine como el Campoamor o el Filarmónica, con toda la majestuosidad de su atmósfera, bien distante de los diseños estandarizados de las multisalas de las grandes superficies comerciales; ver cómo se empapaban de una magia difícil de crear hoy en día.

Los Cines Clarín también poseían su particular encanto y allí tuve la oportunidad de contemplar una película de Jim Jarmusch, probablemente en la segunda mitad de los años 80. Eran unas proyecciones que se realizaban a instancias del aula de cine universitario -no recuerdo el nombre exacto- y que ofrecieron sesiones económicas realmente interesantes, en versión original, con unos folletos repletos de información y textos sobre la película... esas cosas que tanto echamos de menos en estos días. La película era la tercera del director neoyorquino -”Down by law”- protagonizada por un trío de ases como Tom Waits, Roberto Benigni y John Lurie, con una muy sugerente música de éste último. A partir de ese día no perdí la oportunidad de asistir a cada nuevo estreno de Jim Jarmusch.

Cambian los tiempos a ritmo vertiginoso y, por esos giros de azar, me encontré con un magnífico
estuche con sus seis primeros films en dvd y, días después, la posibilidad de ver en pantalla cinematográfica esta gran obra en honor de los Stooges. Benditas sean muestras como la SACO y también la posibilidad de recuperar el cine en pantalla grande en el centro de Oviedo. Que no pase a ser un recuerdo neblinoso de tiempos pasados.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 26 de marzo de 2017

domingo, 12 de marzo de 2017

Un año sin Jandro


Vinilo Azul. -
Un año sin Jandro”

El tiempo vuela sin darnos cuenta y lo hace más cuando echamos en falta a seres queridos, los que no están, de quienes nos hemos alejado y quienes se han ido definitivamente. Hoy domingo 12 de marzo hace un año que nos dejó Jandro Espina, músico y persona muy querida. Se murió, además, cosas de la vida, el mismo día de mi cumpleaños, con lo que me resultará imposible recordarlo cada nuevo año, a mí que eso de las efemérides me deja más bien frío.

Coincidiendo con este primer año de su ausencia, una ausencia que se hace notar en demasía, uno de sus amigos -Alberto Ceán- tuvo la bendita idea de recoger en un vídeo las impresiones de muchos de los que le conocían y le apreciaban. Surgió así, con un gran y altruista esfuerzo del bueno de Alberto un documental amateur que quiere servir de sentido homenaje a Alejandro Blanco “Espina”. Bajo el título “Jandro siempre estarás aquí” se reúnen los testimonios de músicos como Nacho e Isma (Malas Compañías), Dolph Espina y Berdi (Doctor Lecter), exIlegales como Rafa Kas, Alejandro Felgueroso y Rubén Mol, Roberto Collado, Bull (Bull y Los Búfalos), Divi Fresno (Sangrientos), Miguel Fuentes (The Amateurs), Jaime Suárez y Juan Martínez (Los Ruidos), Juan Flores, Javi Monge, Jorge Explosion, Javi Ramos, Pablo Valdés, Javi Savoy, Fernando Arce, además de otros nombres relacionados con el mundo del rock como Antonio Martínez (mánager durante muchos años de Ilegales), el fotógrafo Domingo J. Casas, Fernando Guerra, Santiago Botero (contacto fundamental en América de Ileagles durante muchos años), Vicente Ros, el propio Alberto Ceán o quien les escribe. Un recuerdo emotivo a alguien que siempre estuvo al lado de multitud de músicos y que era persona fundamental para comprender la escena asturiana de las dos últimas décadas.

El vídeo podrá verse en youtube a través del canal “Alberto Rock”, pero a uno, a pesar del carácter amateur del mismo, le gustaría que pudiera formar parte de un homenaje mayor a su figura. Sí, se le dio el nombre al Concurso de Rock Ciudad de Oviedo, a instancias de un artículo que publiqué en una de mis columnas de “Vetusta Blues”, pero quizás el consistorio ovetense se quedó corto en el reconocimiento. Quizás este vídeo pueda ser la oportunidad para ese mayor reconocimiento. Que mucha gente pueda contemplarlo y conocer su lado humano, su enorme humanidad, su capacidad de trabajo pero también lo divertido que podía llegar a ser. Así, entre el recuerdo emotivo y la anécdota socarrona, discurren los testimonios de un homenaje merecido, realizado con desinteresada generosidad por Alberto Ceán. Un documento imprescindible para un magnífico ser humano al que echamos muchísimo de menos.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 12 de marzo de 2017 

domingo, 26 de febrero de 2017

El libro de un Oviedo abierto


Vinilo Azul. -
El libro de un Oviedo abierto”

No hay peor mentira que una (o varias) verdades a medias. De esas, hemos tenido y, por desgracia, tenemos, un buen montón de ellas en nuestra ciudad. Si nos sumergimos en un terreno donde, en teoría, no debería haber demasiadas, como la cultura descubrimos que las capas de la cebolla van cayendo sin remedio para vergüenza de quienes las sustentan con todo tipo de patéticos subterfugios.

Hace unos meses, sin ir más lejos, con el motivo de la suspensión de un evento que le costaba a todos los ovetenses doscientos mil euros y que acumulaba otros tantos de deudas, los destronados pusieron el grito en el cielo. ¡La cultura, oh, la cultura! Bien se habían callado cuando se tuvo que suspender la entrega de otros premios, en esta ocasión, literarios-los Premios de la Crítica de la Asociación de Escritores de Asturias- que no llegaban a tres mil euros de coste unos años antes. Ellos mismos, cuando estaban al mando, pasaron de llevar a libro un interesantísimo (e inédito, al menos, entonces) intercambio literario-fotográfico, que ellos mismos habían apoyado para una exposición callejera en la Plaza de Feijoo. El remate de semejante contrasentido a aquel proyecto -”Objetivo Doble Dos”- se tuvo en esa justificación de “no hay dinero”, tras meses de idas y venidas para nada. Al conocer, hace unos meses, las cifras del coste de los Premios Líricos, lo entendimos mejor, claro.

Pero los tiempos parecen haber cambiado en la ciudad. Y el concepto de “cultura”, por mucho que les reviente a algunos, también. Que Oviedo es ciudad de paseos literarios, de lugares como el Campo de San Francisco -ese que quisieron destruir bajo un delirante proyecto para pagar sus muchos pufos con un parking subterráneo, eso sí que es “pasión por Oviedo”- o el Antiguo, sumamente evocadores para que florezca la literatura. Partiendo de esas premisas y, quizás la más importante, la visión personal y vital, Agustín Alonso, Celia Álvarez Fresno, Silvia Álvarez, Alberto Arce, Alejandro Arzayus, Juanjo Barral, Carmen Cabeza, Raúl Castañón, Ernesto Colsa, María José Cuesta, Juan Antonio Domínguez, David Fueyo, Pelayo Fueyo, Lauren García, Marcelo García, Mercedes García Amado, Esther García, Ángel García Prieto, Manuel García Rubio, Virginia Gil, Isabel Marina, Marcelo Matas, Pepe Monteserín, Armando Murias, Jorge Ordaz, José Ángel Ordiz, Francisco Priegue, Rubén Rodríguez, Esther Rubio, Nieves Viesca y quien les escribe hemos aportado nuestro granito de letras para que viera la luz “Oviedo libro abierto”, impulsado por la Asociación de Escritores de Asturias, con fotografías de la ciudad a cargo de Miki López.

Recuperar a Oviedo como ciudad literaria, a su red de bibliotecas, a sus autores -pienso en el olvidado José Avello y su excepcional “Jugadores de billar”, a los que son historia y a los que aún tratamos de escribir nuevas páginas, es un reto apasionante y que debe orientarse debidamente. Valga este “Oviedo libro abierto” para abrir una brecha (no estaría mal retomar lo ya hecho para el mencionado “Objetivo Doble Dos”) donde la ciudad posee personalidad propia.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 26 de febrero de 2017

lunes, 13 de febrero de 2017

Lecciones

 

Vinilo Azul. -

Lecciones”


Hace unas fechas se moría Paloma Chamorro y me paré a pensar en las huellas que pudo haber dejado en Oviedo o en Asturias. De ella, en persona, no recordé ninguna. Sin embargo, al hablar con muchas amistades que habían contemplado muchos de los programas de “La Edad de Oro” me di cuenta que sus rastros estaban ahí, en tanta gente a la que le había cambiado la vida a partir de una visión musical que escapaba de los límites raquíticos impuestos en la época. Quienes decidieron coger un instrumento y tocar en un grupo a imagen y semejanza de aquellos que aparecían en esa emisión nocturna, los que escogimos escribir y ampliar nuestros horizontes musicales y convertirlos en uno de nuestros principales ejes vitales. Fuimos tocados por su presencia, por aquellos conciertos, por aquella libertad, por aquella vida donde la cultura ocupaba un lugar esencial. ¡Qué mejores huellas que esas!

En esos años de “La Edad de Oro”, en la primavera de 1983 contaba con una sala de conciertos como Vértigo (hoy denominada Estilo, como muestra innegable de que los tiempos han cambiado a peor) y un programa nocturno en Radio Asturias titulado “El expreso de medianoche”, que conducía Enrique Bueres. En Radio Asturias, en sus programas musicales especiales de 21 a 22 horas, también -entre otros- tuvo su programa el gran Rico Roces. La emisión se llamaba “Reacción psicótica” y Rico nos acogió a mediados de los 80 con un enorme cariño y una gran generosidad: él, profesor de inglés, tenía acceso a muchos más discos que mi hermana y yo, estaba muy al día y nos grabó cantidades de cintas de grupos que luego serían grandes años después como Pixies, Screaming Trees o Nirvana. Tuvimos suerte, sí. En una de esas emisiones también conocimos a una parejina de Luanco, Nacho Álvarez y la llorada Carmen, que luego protagonizarían grandes episodios musicales y hosteleros en Gijón. Coincidíamos en conciertos e intercambiábamos -discos o informaciones- que eran una forma de fomentar nuestra amistad.

Al amparo de la alcaldía de Antonio Masip comenzó a haber una apertura que se mostró en la creación de un pequeño estudio de grabación en los bajos del viejo (y añorado) estadio Carlos Tartiere. Aquel pequeño cuatro pistas vio como se grababan maquetas de muchísimos grupos que marcarían parte de la historia del rock asturiano de los 80, entre ellos La Tortuga de Sheffield, del que formé parte. También se trajeron conciertos a la Casa de la Juventud del Campo de los Patos, allí recuerdo haber visto a Sangrientos o a Esquil y Los Mures, entre otros muchos, en esa segunda mitad de los 80. Sin embargo, lo que a muchos les sorprenderá hoy, es que hubo un par de audiciones especiales donde dos grandes nombres de la movida acudieron para mostrarnos sus gustos musicales y quiénes les habían influido. Fueron Loquillo y Poch. No eran tiempos ni de sesiones de pinchadiscos ni de conferencias o clases magistrales. Eran dos jóvenes que, con sus discos, sus vídeos y sus comentarios consiguieron convencer a algunos ovetenses de que algo estaba sucediendo en la música en España. Loquillo recordando grandes nombres de rockers, pero también las influencias que habían tenido sobre los Clash (ese evidente “Brand New Cadillac”). Poch mencionando a Ian Dury & The Blockheads, que, años después, actuarían en La Real. Me había olvidado de esta presencia de Poch y me da rabia no habérsela podido comentar a Carlos Rego para el espléndido libro que publicó hace algunos meses sobre Derribos Arias.

Los tiempos cambian y la música no significa mucho para las nuevas generaciones, más pendientes de señalarse por sus móviles, su ropa o sus peinados. Los tiempos cambian pero, quienes en algún momento influyeron decisivamente en nuestras vidas no desaparecen, sólo se van con nosotros. La estela de Paloma Chamorro permanece en muchos chicos de provincias que encontraron su camino gracias a “La Edad de Oro” y toda la música que tomó forma ante sus ojos en aquellas veladas inolvidables.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 12 de febrero de 2017.

lunes, 30 de enero de 2017

Segunda Mano

Vinilo Azul. -

Segunda Mano”


Leo en EL COMERCIO que la librería de segunda mano “Personajes” cierra y no puedo evitar que ciertos pensamientos se ciernan sobre mi cabeza. Las transformaciones, que tantas veces creemos lentas, van produciéndose, implacables, a un ritmo sostenido. Como ese ciclista que marca un ritmo implacable y regular -al estilo Induráin que tanto se ha repetido en las décadas siguientes- y va absorbiendo escaladores, buenos estilistas que sucumben a un destino indefectible.

En Oviedo, los cines desaparecieron del centro de la ciudad como por arte de magia. Los dejamos escapar hacia las grandes superficies, donde el insoportable (al menos, para mí) olor de las palomitas niega toda posibilidad al séptimo arte de ser disfrutado en la intimidad. Casi diríase que los espectadores son unos protagonistas más, que -entre consulta al móvil, patadas al asiento de delante o conversación telefónica o en persona- echan una ojeada distraída al gran pantallón, quizás avisados por una de esas insoportables subidas de volumen que se estilan en ciertas producciones. Conservamos algunas tiendas de discos, librerías magníficas, también librerías de barrio con un buen nivel y encontramos también un respiro en las librerías “de viejo”, de segunda mano. Lugares donde encontrar aromas diferentes, en los que satisfacer una curiosidad distinta: la de hallar joyas, no de las preciadas por especuladores, sino la de las perlas que, por alguna razón, significan, significaron o creemos que significarán algo para nosotros.

La compra-venta espontánea y el trueque, que tantos fines de semana me salvaron. En tiempos sin trabajo ni esperanzas, me deshice de algunos cds y vinilos con los que poder salir por la noche. Me acercaba a La Bomba Records y vendía. Ahora cuando hallo algunos de segunda mano pienso en cómo habrán sido las historias de sus antiguos dueños. Años antes, cada jueves, gracias al gran Manolo Carou, pinchaba cada jueves en el Paddock, en la calle Rosal. Un día se pasó por allí un chaval que, tras tomarse una caña, sacó de su bolsa un montón de vinilos en perfecto estado, con su funda de plástico y todo. Los observé con detenimiento, tratando de mantener mi rostro circunspecto, sin señal de emoción, porque aquello tenía pinta de ser un chollo. Cuando nos dijo que 500 pesetas por cada uno, ni el bueno de mi tocayo pudo disimular. Los vendió todos. Así estuvo viniendo durante un mes en que la provisión de vinilos, tanto para el Paddock como para mi colección, fue amplia y de gran calidad. Luego, no aparecería nunca más.

Hace unos meses, mi madre me dijo que le pidiera al gran Falo, propietario de otra emblemática librería de segunda mano de Oviedo, si habría la posibilidad de que encontrase algo de Gabriel Miró. Unos días después, mi querido Lauren García, que fue quien me lo presentó, me trajo un par de ejemplares del olvidado escritor alicantino. Sí, ya sé que me vendrán todos los más avezados en Internet con los nombres de referencia para hallar estos volúmenes. Pero, creo, que si seguimos así, si dejamos escapar el encanto de estos lugares, pronto nos pasearemos por paisajes tan desoladores como los del actual Detroit. Y ya no habrá tiempo, ni será el momento, de lamentarse.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento "D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 29 de enero de 2017

domingo, 15 de enero de 2017

Los 52 golpes

 

Vinilo Azul. -

Los 52 golpes”


El tiempo navideño suele ser el de regresos de amigos en la diáspora, de esos asturianos que se reparten por el globo y que siempre nos animan cuando viajamos a los lugares donde ellos se encuentran. De ahí que, cuando ellos regresan, les agasajamos en justa correspondencia. Y ahí estamos en mi casa, un grupo de buenos amigos, escuchando discos y celebrando con cava la ocasión. Entre ellos está Pablo Amor, veterano de mil batallas periodísticas que se ha traído a su hijo Lucas, al cual sólo le puedo ofrecer agua y unas galletas que el pequeño no coge. Pablo nos habla de su idea (y logra embarcarnos en su proyecto), que ha cuajado junto a su colega Alexis: Los 52 Golpes.

Atendiendo a la máxima de Ray Bradbury “Si escribes un relato a la semana durante todo un año, es imposible que todos sean malos”, “Los 52 golpes” propone a 52 escritores y periodistas escribir un relato a la semana. El proyecto es, desde luego, estimulante, y a él nos unimos los presentes en mi domicilio -Rubén Rodríguez y Lauren García- aunque también hay otros escritores ovetenses como no podía ser de otra manera (entre otros, nombres de la entidad de Chus Fernández y Ana Vega). Me perdí la primera semana, entre la activación de la web (www.los52golpes.com) y el trabajo en estas vacaciones que me ha tenido desbordado hasta hace unos días, pero esta semana me estreno con una mezcla de excitación y responsabilidad ante este desafío.

Me da pena comprobar cuántos amigos y amigas se encuentran en esa emigración a la que obligan las circunstancias de nuestra tierra, gente válida a la que sólo podemos seguir a través de las redes sociales. ¡Son tantos! Pienso en Bull, ahora en Austin, hace unos años en México, a punto de sacar un nuevo álbum con su banda -Bull y Los Búfalos-. O mi querida Ana Espina, a quien vi hace unas semanas en el parque infantil de la Losa con sus dos sobrinitas, por casualidad, camino de mi trabajo y con la que no pude tomar unas sidras para recuperar el contacto y que me contara sus aventuras en el Teatro Lloseta de Palma de Mallorca donde trabaja y tiene la posibilidad de traerse muchas actuaciones nacionales y extranjeras. O Luis Cabo, que sigue mis artículos sobre el Real Oviedo en la distancia de su puesto de profesor en la Mercyhurst University en Erie (Pensilvania, Estados Unidos). O mi propia hermana, también en las Islas Baleares, con la que hablo menos de lo que quisiera, ocupada como nadie, que una secretaria de juzgado como ella no para nunca.

Así que, cuando arranque con mi primer relato -¡hoy domingo es la fecha límite de esta segunda semana!- en unos instantes, una narración que lleva días en la cabeza y que se titula “Los últimos serán los primeros” pensaré en ellos porque, quizás, quién sabe, protagonicen mi aportación a la tercera semana de tan estimulante propuesta como son estos 52 golpes o, tan solo, encuentren un poco de tiempo para leerlo y sentirnos más cerca a pesar de la distancia física.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el suplemento"D-Oviedo" del diario "El Comercio" el domingo 15 de enero de 2017

sábado, 31 de diciembre de 2016

Mis tiendas de discos en Oviedo

Vinilo Azul. -

Mis tiendas de discos en Oviedo”


Se me cruzó el otro día en casa de mi madre -donde conservo los vinilos por una cuestión de espacio- uno de los dos álbumes del grupo valenciano Glamour y, como un resorte de la memoria, recordé la tienda de discos donde lo había adquirido, en fechas navideñas como éstas. La tienda se llamaba “Pífano” y estaba situada en el, por entonces recién abierto, Centro Comercial Salesas. Allí compré varios discos, singles, aunque creo que no duró mucho tiempo. Al pasear por las calles de Oviedo, uno se detiene ante los nuevos establecimientos o espacios que ocuparon algunas tiendas de discos en la ciudad y percibe el paso del tiempo -el propio y el común- como algo tangible, bien distinto a las sensaciones que marca el día a día.

La rutina diaria me lleva a pasar por dos lugares donde mi discografía se engrosó notablemente. En la calle Toreno estaba una de las tiendas asturianas de “Discoteca”, con sus dos pisos y un surtido que, en algunos momentos, llegó a ser espectacular y diverso. Todas las músicas cabían allí y la sección de oportunidades permitía a los bolsillos más modestos (los de un adolescente como yo era entonces) proveerse de trabajos muy interesantes. Claro que la denominada “serie media”, a precios verdaderamente asequibles -unas 500 pesetas frente a las mil y algo de las novedades- tenía su templo en la calle Milicias Nacionales donde se estableció durante bastantes años “Discos Liverpool”. En su día, todos desconocíamos que, muchos años después, aquellos vinilos se convertirían en joyas. Para la independencia y lo alternativo, que iba haciéndose más sitio con el paso de los años, acudía a Antonio Palomero y su “Discos 3” en la calle del Peso. Con el tiempo forjamos amistad y muchas tardes las pasábamos hablando y escuchando muchos de sus vinilos. Recuerdo también un verano en que mi buen amigo Ramón Zarauza se encargó de la tienda y entonces amplié el tiempo de visita desde la apertura al cierre, entre audiciones muy diversas y empapándome de muchas de las anécdotas y conocimientos que Ramón había acumulado. A veces, nos trasladábamos a la Santa Sebe, donde Zarauza pinchaba y las clases magistrales se ampliaban al legendario local de la calle Altamirano.

Los tiempos en el mundo discográfico comenzaron a cambiar. Se popularizó la venta por correo, que ofrecía precios muy competitivos y la posibilidad de hacerse con vinilos difíciles de conseguir en la ciudad. Primero fue “Discoplay”, después descubrí a través de un anuncio en una revista musical a “Músicas de Régimen” y, unos meses más tarde, por ese mismo medio, a “Discos del Sur”. Escisión de “Discoplay” sería “Tipo”, que llegaría a tener varias tiendas en Asturias y, por supuesto, en Oviedo. Allí estaba Guillermo Alonso, siempre afable, en la calle Independencia en un lugar que no ha vuelto a ser ocupado y que, casualidades de la vida, también está en mi ruta ovetense diaria. “Tipo” cambiaría de dueño y de local, se iría al Oviedo Antiguo, a la calle Carpio y, cuando llegó el momento del cierre me hice con un número elevado de cds y otros complementos a precios de risa.

Hoy en día, tras las múltiples turbulencias del mercado, de la llegada de la piratería, de la pérdida de sentido de la música para sus vidas de las nuevas generaciones, que acumulan canciones en una caja denominada “disco duro externo”, artefacto desalmado, frío e insensible, son “La Bomba Records” y “Alta Fidelidad”, los lugares a los que acudo en Oviedo para comprar discos. Curiosa es la historia de “Alta Fidelidad”, que merecería un capítulo aparte (quizás lo tenga en unos meses) que ha sufrido un montón de mutaciones desde los 90 hasta la actualidad. Ambas han sabido adaptarse a estos duros tiempos de crisis y selección natural, para que la llama no se apague como, por desgracia, ha sucedido en Oviedo con otros establecimientos como los cines, sólo posibles en formato de centro comercial. Una gloria poder repetir el rito de curiosear entre sus referencias y precios y llevarte una rodaja musical con un valor intangible, que las nuevas generaciones no son capaces, en su gran mayoría, de paladear como antaño.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" en el suplemento "D-Oviedo" el sábado 31 de diciembre de 2016