jueves, 23 de julio de 2026
martes, 21 de julio de 2026
A las penas, a las esperanzas y al amor
A LAS PENAS, A LAS ESPERANZAS, AL AMOR
En 2004 terminé mi primer libro de relatos, que titulé "Insolaciones" y que permanece inédito. Sin darme cuenta entonces y al reencontrarme con él tras mucho tiempo -en un desolador cajón- veo que ya confluían dos líneas claras en los relatos: una, la eminentemente narrativa; y otra, donde la prosa poética se abría paso.
Recuperé y ahora que lo pienso, hice bien, algunos de esos textos en mi libro "Rec-Capitulación" (Turbulencias, 2018), donde se reunieron poemas perdidos -¡que aparecieron en una libreta cuando ya estaba el libro a punto de ir a imprenta!- relatos sueltos en fanzines, revistas y libros colectivos, además de relatos inéditos, algunos de los cuales pertenecían al mencionado "Insolaciones". Éste es uno de ellos, probablemente, mi favorito.
A LAS PENAS, A LAS ESPERANZAS, AL AMOR
Regresé a casa cantando mentalmente “Aleluya, aleluya”. No era la canción de Leonard Cohen, era la de Nick Cave. La noche se había desarrollado con un crescendo insuperable y, ahora, de regreso a casa con paso dubitativo y despreocupado, todo volvía a su sitio. La niebla del alba en verano parece ensuciada por una extraña y fantasmagórica luz que se filtra entre mis sombras y las de los objetos que ante mí se presentan. La ruleta nocturna ha hecho girar la bola y el número vencedor ha sido el mío. La banca se ha roto y ya no habrá más miseria en mi corazón. Todas las campanas sonarán al mismo tiempo, resuenan en mi cabeza “Aleluya, aleluya” y esta insolación nocturna es sólo un aire frío y húmedo que hace enrojecer mis mejillas.
Cuando acaba la sequía en pleno verano las cuerdas de las guitarras vibran, saltan chispas y los cuerpos tiemblan celebrando la bienvenida a la lluvia, placentera, inesperada, deliciosa. Y tras el chaparrón, regresa una calma que no tiene nada que ver con el paisaje previo. Arrasados la soledad y el dolor, derrotado el vacío, se abre paso un nuevo horizonte. Amor y esperanza se enlazan en esta extraña niebla. No me dejan ver más allá de mis pasos, pero me arrullan y provocan el llanto de placer por todo lo que se ha quedado atrás.
Cada caricia parecía un nuevo mundo, el roce de las pieles un placer remoto demasiado tiempo oculto en las sombras de un amor neurótico, caprichoso e ingrato. El leve manto de agua de las calles vacías ilumina mi rostro y sé que el castigo de sus palabras, de sus vaivenes de amor ya no volverá. Un nuevo horizonte amanecerá tras esa niebla en una nueva mañana para borrar aquel cuerpo que te hizo descender a los abismos de tu alma.
Volverá a sonar el teléfono, volverás a escuchar su voz, volverá a exhibir su cuerpo, pero todo eso ya no tendrá sentido, porque ella ya es pasado y un nuevo presente, quizás futuro, se ha asomado en esta extraña madrugada veraniega.
Y ahora te das cuenta de cómo la gangrena se había abierto paso en tu corazón, cómo sus cambios de humor te habían conducido a la confusión y la soledad, cómo cavaste el pozo hondo y cómo ahora hay luz al final del túnel.
E
sábado, 18 de julio de 2026
"Tres botellas para el fin de un amor" en "De Vinos"
En marzo de 2019, aún bajo la etiqueta editorial "Alternativas", previa a la denominación actual de Más Madera Editorial, se publicó el libro colectivo "De Vinos", bajo el abrigo de la Denominación de Origen del Vino de Cangas.
Me quedé muy satisfecho de mi aportación a este trabajo con mi relato "Tres botellas para el fin de un amor", que gustó también a los responsables de la Denominación y lo eligieron para incluir en la referencia al libro de su página web.
Aquí os lo dejo:
TRES BOTELLAS PARA EL FIN DE UN AMOR
Sábado, 9 de febrero.
Botella 1: Viña Ardanche, Denominación de Origen Navarra.
Se contempló en el espejo. No solía hacerlo más que cuando se afeitaba, pero, esta vez, sus ojos se hundieron en el fondo de la estampa que tenía frente a él: la suya. Se acordó de la película de Jean-Pierre Melville “Le Samuraï”, de la escena en que Alain Delon (Jeff Costello) se arregla las heridas frente a su reflejo. Le gustaba más el título de “El Silencio de un Hombre”, con la que se la conocía en España. Eso era lo que le quedaba ahora: silencio. Un silencio sólo roto por la música. Escogió un disco de los Tindersticks. Sonaba “Medicine”. Abrió una botella de vino de Navarra. Un “Viña Ardanche”, uno de esos baratos pero resultones con los que asumir la soledad que se empeñaba en abrumarle. Era difícil elevarse sobre las cenizas. Marcelo Ayúcar quería escapar, olvidarse del amor de su vida, pero le costaba tanto que ya estaba pagando un precio demasiado grande. A veces, la abulia; a veces, la desesperación de ver que no había la posibilidad de solucionar el dolor de su corazón. Pero, por más que lo intentaba, no lo conseguía. Aquello se había insertado en su corazón como un chip maligno que le impedía empezar de nuevo. Eso era lo único que necesitaba: empezar de nuevo. Porque todo se había ido viniendo abajo, como un castillo de naipes, peor aún, como un juego de fichas de dominó que caían, una tras otra, como una rítmica voraz que le conducía al abismo más profundo, a un naufragio concatenado en que cada una de las fichas contribuía a hundirlo más. Amor, trabajo, la salud, aún con tenues marcas pero implacable en su desarrollo. Era la ruina total de una tribulación absurda que había comenzado con su ruptura amorosa.
Ahora sólo medía los tiempos que le quedaban, como en una contrarreloj a la inversa. ¿Cuántos meses podría durar en esa situación? Estaba harto de que el sentimiento del amor perdido le persiguiese de esa manera. Sólo quería olvidarla, olvidarla al fin y que sobre esas cenizas pudiera reconstruirse. Que la maldición de aquel malogrado amor se acabase. Que la maldición de aquella segunda oportunidad, vivida veinte años después, desapareciese. Que su vida arrancara de nuevo. No morir en esa atonía. En ese aislamiento, donde ocultarse de todo lo que le hacía percibir el fracaso a su alrededor que se cebaba, con inquina, en cada uno de los aspectos de su existencia.
A nadie le importa demasiado nada de los demás. Y él tampoco pretendía que no fuera así. Por eso, se encerraba en su casa. Con su música, con una botella de vino, tratando de olvidar. Tenía miedo de que su corazón roto se perdiera, como antaño, en la profundidad más oscura de la noche. Que, roto en mil pedazos, volviese a caer de nuevo en todo aquello que ya había conseguido dejar atrás cuando la vida le permitió resucitar por primera vez confrontando a todos sus fantasmas.
Sin embargo, cuando la botella se terminó, volvió a hacer de tripas corazón y se sumergió en medio del bullicio de una noche de sábado. Una noche que ya sólo era silencio para él.
Martes, 12 de febrero.
Botella 2: Siete Vidas, Denominación de Origen Vino de Cangas.
El miedo al miedo era el que presidía todo. El miedo a acabar en la calle, sin nada. El miedo a perderlo todo. El miedo a que la catarata de acontecimientos lo empujase al abismo, definitivamente. El miedo a los miedos alimentados en años de penurias. El miedo al futuro, a todos los futuros: al inmediato, al de largo plazo. Nunca el miedo a la muerte, que sería una especie de liberación.
Las pesadillas se sucedían. Se veía empujando un carrito por las calles. Durmiendo bajo un puente, entre cartones. El “A Night So Still” de los Tindersticks sería un mal sueño, porque no habría encontrado la paz, sino la claudicación total. Equivocarse en la apuesta y comprobar que ya era demasiado tarde y que los hechos lo empujaban al abismo. Que ya no existieran los contraluces, porque el brillo ya se había perdido y sólo quedaba una sombra. Agachar la cabeza y recibir los embates de la vida hasta el anhelado momento final.
“Siete Vidas”, un rico vino blanco, le hizo gracia el nombre. Marcelo Ayúcar pensó si ya le quedaba alguna más que vivir. ¿Había gastado sus siete vidas? ¿Había apurado tanto la existencia que quizás no mereciese más? Preguntas sin respuesta, tantas oportunidades perdidas... Así que probó el primer sorbo y, luego, llegaron todos los demás. Se había comprado otra botella más, como si su intuición le hubiese conducido a hacerlo. Necesitaba esa anestesia. Una dulce anestesia que le obligase a mirarse dentro más allá de lo que pudiera ver en el espejo mientras caían sus lágrimas.
Debía levantarse. Y bailó al extraño ritmo de “Slippin´ Shoes” de los Tindersticks. Después llegó “Oh, My Lord” de Nick Cave & The Bad Seeds, mientras repetía en voz alta “Oh, I hate them all for what they went/ And done to you/ Oh My Lord, Oh My Lord”. Se sintió bien, al fin, gracias al efecto liberador del vino. ¿Podría dejar ya esas noches de insomnio intermitente? ¿Alcanzaría a olvidarse de ella, de todos los porqués, de todos los errores, de todos los reproches?
Jueves 14 de febrero
Botella 3: Señorío de Sarría, Denominación de Origen Navarra.
Había llegado el sueño liberador, ininterrumpido, por fin tras muchas semanas de tortura, despertándose en medio de la noche con los labios acartonados, envuelto en sudor.
Aún quería seguir permaneciendo aislado. Sólo intercambió unas palabras con la cajera del supermercado donde compró unas botellas de “Señorío de Sarría”, otro Navarra que le recordaba su estancia en Pamplona unos meses antes, justo tras su ruptura, con unos buenos amigos que trataron de ayudarle, sin mucho éxito, a olvidar. El corcho rojo le despertó buenas sensaciones. El día soleado y hasta caluroso le empujaba al cambio, que debía pasar por el olvido. Ya no quería acompasar el ritmo de sus lágrimas con el batir de las gotas de lluvia en alguna de las claraboyas de su casa. ¿Cuánto tiempo podría permanecer allí? Se acordó de cómo cayeron todas ellas durante meses, al escuchar canciones, al recordar momentos de éxtasis o de complicidad, al aparecerse en su mente imágenes de ciudades como París, Madrid, Bilbao, Ibiza, Alicante, Oviedo o Gijón, sin poder comprender el por qué y, lo peor de todo, sin poder evitarlo. Lloró, lloró y no sirvió de mucho. Nada se resolvió, nada avanzó hacia ningún otro sitio que un indeseado precipicio que volvía a amenazarlo.
Ella quiso cambiarlo, que fuera otro. Eso fue lo que sucedió. La botella se terminaba. Tiró el corcho a la basura y metió el vidrio en la bolsa verde de reciclaje. Él, que nunca exigió nada. Que nunca quiso transformarla, que aceptaba su forma de ser. Que la amaba incondicionalmente. Sin normas, ciegamente. Y, aunque ella quisiese darle espacio y complacerlo, al final, siempre deseaba transformarlo en alguien que no era él.
No, no era él.
Llegaba el final. Sí, de una vez por todas. El silencio que ahora los separaba era justo y necesario. Dar vueltas en círculos, como esos hamsters en esa torturadora rueda, eso es lo que quieren algunas personas. Y no, no es posible seguir siendo amigos cuando se ha amado tanto.
El vino, al fin, logró su liberador efecto. Suspiró una, dos, tres veces. Las lágrimas volvieron a brotar sin freno, pero el corazón se sintió redimido. Volvió a suspirar varias veces más.
Y, al final, se sintió completamente liberado. Bebió un trago profundo y tuvo la certeza de que, sí, esta vez sí, todo se había acabado y, al día siguiente, podría empezar de nuevo. Otra vez. De cero.
MANOLO D. ABAD ("De Vinos", Alternativas, marzo de 2019)
jueves, 16 de julio de 2026
miércoles, 15 de julio de 2026
Hoy, un relato: "La química entre nosotros (The chemistry between us by Suede)
LA
QUÍMICA ENTRE NOSOTROS
(The
quemistry between us, by Suede)
Todo tiene su momento y su oportunidad. Esa es la historia de la vida, de mi vida, de tu vida. De todas y cada una de las vidas. Llegar en el momento justo o hacerlo en el equivocado. En esa disonancia es donde no hay remedio: puedes vislumbrarlo o que las circunstancias te lleven a ello. Cuando llamé a aquella mujer que tanto me gustaba y que me parecía increíble que yo pudiese atraerla, supe que los tiempos se habían dislocado irremediablemente. Después de muchos años de busca en el desierto, de una vida llevada tan al límite que había convivido con el suicidio, lento, poderoso, por fin había visto una luz que me llevara un punto de tranquilidad que relajara el camino al abismo, que lo evitara –aunque fuera en un momentáneo oasis sine die-. Pero no era ella, ni su brillante vida de ejecutiva y de lujo.
Ella,envuelta en un modelo que absorbía suspiros a cada metro de nuestro camino, se encontraba en la huida de quien sabe qué. Sobre la supervivencia está el status de la vivencia pasada, por mucha crisis que haya habido; ella debía mantenerse sobre la crisis, obviarlo todo, sobrevivir también. Ella era una de la más hermosas ejecutivas del país… ¡qué podía esperar yo, más que admirar su belleza y permanecer impasible ante su turbulencia como un caballero! Y otro hubiera aprovechado el momento para sacar ese dudoso partido momentáneo donde crees atrapar un cuerpazo como el suyo. Yo no era así, nunca lo había sido. Conseguir un momento es como ganar un partido de liga, no el campeonato. No me importaba ser honesto, la conciencia vale más que un triunfo sólo visible en la estantería de un descerebrado, siempre hay que ganar el campeonato: tenerla ronroneando en tu pecho todos los días que puedas, no una efímera noche de pasión, esas que quedaron borradas en las locuras del Campus de Humanidades y de ese Xixón Sound que tantos quieren negar. Eso sólo se consigue desde otro planteamiento. No desde el cazador ocasional que atrapa una presa efímera sino desde quien ni es cazador ni quien piensa en una mujer como una presa, sino como la compañera. Pero ella se marchaba y tú no querías irte porque por fin habías conseguido asentarte. Y ese era el hielo: tú no querías bajo ningún concepto hacerla renunciar al futuro que llevaba labrándose desde hacía mucho, ni tú renunciar a la luz al final del túnel que tras mucho tiempo de vida al límite atisbabas.
En su Honda Civic os dijisteis adiós sin casi rozaros, quizás por miedo a que surgiera esa duda que, bajo la luna llena, llevara a replantearlo todo. La vida, después, siguió su camino, como en una canción del grupo que nos apasionaba a ambos: The Verve. Quizás fuera “Sonnet”, quizás “Love is noise”, quizás “Numbness”, quizás “Rather be”, pero, no me preguntéis por qué -¿o sí?- he titulado este relato “The chemistry between us”, como una canción de Suede. Quizás, seguro que sí, porque aún espero que se deje de ejecutivos agresivos y me encuentre, esperándola en una “Bittersweet symphony”. Ya, ya sé: “See you in the next one (have a good time)”, ésa es. Lo tuvimos, lo dejamos escapar: ¿aún queda una última oportunidad?
MANOLO D. ABAD
viernes, 10 de julio de 2026
jueves, 9 de julio de 2026
Lupine Howl "Planet X"
miércoles, 8 de julio de 2026
Una jornada en la Semana Negra de Gijón 2026 con "Asturias Negra y Criminal"
UNA JORNADA EN LA SEMANA NEGRA DE GIJÓN 2026 CON "ASTURIAS NEGRA Y CRIMINAL"
Es 7 de julio (y San Fermín, añadiría el castizo) y tenemos la presentación del libro colectivo de Más Madera Editorial en el que participo -"Asturias Negra y Criminal"- en el marco ideal, perfecto: la Semana Negra de Gijón. Antes de que llegue el momento, las 18 horas, en el Escenario principal del certamen, me toca una mañana de lo más atareada. He de organizar los paquetes con el libro físico para Xuan Cándano, Jesús Palacios y Luis Artigue, a quienes, por diversas razones, no se los hemos podido hacer llegar y han tenido que tirar del socorrido pdf para preparar sus intervenciones en la presentación. Pero, ¿desconoce alguno de ellos que ha de participar en ella?
Llamo a Luis Artigue para comprobar si no tenía el libro de cara a moderar la poblada mesa que contaría con los mencionados Xuan Cándano y Jesús Palacios, además de Pilar Sánchez Vicente, David S. Suarón, Berta Piñán y, por supuesto, la coordinadora del libro y, a la sazón, presidenta de la Asociación Alternativas, Virginia Gil Torrijos. Extracto de la conversación con Luis.
- ¡Manolo! ¿Qué tal? Me pillas en un taxi. Estoy tratando de encontrar mi coche que no sé dónde lo dejé aparcado ayer.
-¡...! Bien, Luis, preparando la mesa de hoy en la Semana Negra que vas a moderar.
-¿Cóoooomooooo...? Pero, ¿qué me dices? ¡Primera noticia!: ¿A qué hora va a ser?
-A las seis. Pero, joder, ¿no te han avisado? ¡Mecagoentodoloquesemenea!
-...Y tengo una jornada intensiva: a las seis y media, con Carlos Quílez, etc, etc...
-¡Hombre, Carlos, cuánto tiempo sin verlo, qué guay!
Pasa a repasar todas las citas que tiene en diversas mesas hasta las ocho de la tarde.
La mañana ovetense va caldeándose cada vez más. Mi teléfono, también. Finalmente, quedo con David S. Suarón en coger el tren de cercanías hacia La Calzada a eso de las 16:45 h. Breve almuerzo, libros envueltos en tres paquetes distintos para Xuan, Jesús y Luis. A Luis Artigue le incluyo dos de mis poemarios con Más Madera -el último "Sin Red" (Terra Ignota, 2026) ya se lo había enviado por correo- "Infernales, tóxicos y demás parásitos" (2021) y "Si la música no fuera vida, estaria muerto" (2025). A Jesús Palacios le pongo -aparte del ejemplar de "Asturias Negra y Criminal"- dos libros colectivos sobre cine que hemos publicado en colaboración con el FICX: "Fuera de Guion" (2019) y "Mitorama" (2021). Llevo unos meses preparando uno nuevo con el mismo tema y con el que esperamos repetir colaboración con el festival que dirige Alejandro Díaz Castaño, a pesar de los ajustes presupuestarios del certamen gijonés. Aún queda un mes para saberlo, pero quería hablar con Jesús de temas relacionados con ese libro, del que no desvelaré su título ni el de los veinticinco autores/as que han entregado sus textos. Bueno, veinticuatro, el que hace 25 es quien suscribe, claro.
Abre fuego mi querido Jesús Palacios, recordando su década como ciudadano gijonés, que desde 1997 llevan contando con él para la Semana Negra, además de resaltar que, entre la diversidad de las 39 narraciones reunidas en "Asturias Negra y Criminal" por otros tantos autores/as, está el true crime (crimen basado en hechos reales) por el que siente una particular devoción. Berta Piñán destaca haber acercado su relato a su propio terreno, el rural, no como escenario sino como verdadero protagonista. Pilar Sánchez Vicente -tras leer el arranque del suyo- destaca la (terrible) cifra de 49 feminicidios en lo que llevamos de año, y que le llevó a idear "cómo sería el mundo al revés", en su cuento titulado "Dulce María". Suarón también contó algo del suyo, cosa a lo que se negó Xuan Cándano, subvirtiendo la tendencia del resto de los componentes de la mesa para resaltar "la abundancia y calidad de la literatura que se crea en Asturias tanto en lengua española como en asturiano". A las diferentes corrientes de la llingua que aparecen en seis de los relatos de "Asturias Negra y Criminal" se refirió Virginia Gil Torrijos, quien -en un sorprendente giro de guion- se saltó todos los protocolos para invitar a los otros tres autores presentes entre el público: Martín Castro, Eduardo Galguera y quien suscribe.
Me tocó abrir el primero de los tres a instancias del dinámico moderador Luis Artigue, quien tras mi exposición, definiría mi relato como "serie negra existencialista". Antes de hablar de "El corazón escondido de Oviedo" solté una boutade para romper el hielo: "Recomiendo esta obra a pesar de mi presencia en ella". Recordé los doce años que se cumplían tras haber presentado por primera vez a mi detective Julián "Yul" Solares en otra carpa y otra ubicación de la Semana Negra de Gijón con Jesús Palacios dentro del libro de relatos "Justos por pecadores" (Turbulencias, 2014), donde aparecía en cuatro de las narraciones. Aproveché para anunciar que ya he terminado una novela y (casi) un libro de relatos con Yul de protagonista, tal y como aparece en uno de los 39 del trabajo que estábamos presentando "Asturias Negra y Criminal". Martín Castro se refirió al suyo como todo un reto, dado que nunca había practicado el género negro. Y Eduardo Galguera valoró la presencia de varias narraciones ambientadas en la Guerra Civil, tal y como él también había ideado.
Terminadas las firmas de las dos decenas de ejemplares vendidos, nos tomamos unas cervezas (yo, un café) mientras nos llegan los ecos de la retransmisión del Mundial en dos pantallas gigantes. Egipto vence 1 a 0 a Argentina, pero, cuando llega el segundo de "Los Faraones", uno tiene la certeza de que no va a ser posible. El resto ya es historia de la vergüenza de esta terrible Copa del Mundo de la FIFA, que va sembrando de episodios sonrojantes su trayecto, reacio de manera ostensible y descarada a evitar como sea -a través de las herramientas en principio habilitadas para la justicia- que se den sorpresas como la que hubiera protagonizado Egipto. 3 a 2 final para los albicelestes, siempre aliados con el escándalo en las citas mundialistas.
Rematamos la noche con una cena a base de hamburguesas -aquí sí que me salté la dieta- y cervezas (yo, agua, mi nueva vida) antes de acudir en pos de libros y, en especial, al denominado "supermercado", la carpa donde por un módico precio -3,5 € a pagar en efectivo (no tienen para tarjeta)- se accede a joyas del catálogo de la Editorial Júcar, que aún esperan ser descubiertos: novela negra (la "Colección Etiqueta Negra"), sf y otras variedades (Etiqueta Roja) y Música (la célebre "Juglares", que tantos oídos abrió en su época). Una pareja nos pide espontáneo asesoramiento sobre algunos de las firmas a adquirir. Antes, foto con mi duodécimo libro, que enviaré a mis editores barceloneses de Terra Ignota, donde he publicado "Sin Red".
Al regreso en tren nos topamos con un retraso de más de media hora en el Cercanías. Noel -autor de varias de las fotos que acompañan esta crónica- tiene en su móvil el segundo partido de la jornada de octavos del Mundial: Colombia-Suiza. Cuando ya nos temíamos lo peor -un retraso mayor- llega el transporte ferroviario. A mí me deja en la Estación del Norte de Oviedo -un lugar que me trae recuerdos de algunos episodios amorosos y de desamor con algunas mujeres a las que amé- y a mis amigos en la también vetustiana de Llamaquique.
Acaba la jornada en casa, televisor encendido -pierde Colombia en la tanda de penalties-, luces apagadas en soledad, un pequeño refrigerio (el delicioso BobbiBitter, unas aceitunas) y a tratar de que llegue el sueño tras un día de esos en los que recargas energía y te animan a continuar en la brecha tras tanto tiempo alejado de la acción.
MANOLO D. ABAD
Editors "Camera"

















