sábado, 28 de febrero de 2026

Una tarde de verano en Gijón con David González

 


UNA TARDE DE VERANO EN GIJÓN CON DAVID GONZÁLEZ

Llevaba meses tratando de encontrar el libro que recogía algunos de los artículos de José Ángel Barrueco "Para esas noches de insomnio" (2009), hasta que descubrí que el libro lo había publicado el Ateneo Obrero de Gijón, a través de la colección Zigurat, en la que creo que estaba implicado mi querido David González (1964- 2023). Supongo que por eso quedé con él en aquella tarde gijonesa de verano, luminosa, con el aire del mar que nunca llega a mi Oviedo natal y que apetece disfrutar de tanto en cuando, para paladearlo en su justa medida, sin embriagarse en un exceso que confunda.


Muy resuelto, David me condujo hasta la sede del Ateneo Obrero dispuesto a solucionar el asunto, puesto que no había manera de hacerse con el libro en los establecimientos habituales de compra. Y a la gijonesa calle Covadonga nos dirigimos con la esperanza de conseguir el libro. En el trayecto, le conté cómo había sabido de José Ángel Barrueco y de su labor como extraordinario articulista, toda una influencia para mí. Fueron muchos años -décadas- veraneando en un chalet propiedad de mis padres en la Urbanización La Encomienda, a 25 kms. de Zamora, y allí leía sus diarios artículos en uno de los periódicos que comprábamos en casa, "La Opinión de Zamora".


Cuando llegamos había no sé qué evento, o estaban en preparación de ello, lo que sirvió como excusa para deshacerse de esos dos intrusos -me da que nos vieron así, sus recelosas miradas no engañaban- desconociendo cómo de perseverante podía ser David. Inútil esfuerzo, arguyeron que estarían en unas cajas del sótano y, por supuesto, no nos dejaron acceder a ellas. ¡Faltaría más! Años después, hace unos meses tan sólo, otro escritor -del cual no voy a desvelar su identidad- me contó que trató de hacerse con otra de las publicaciones editadas por esa entidad y que, sí, pudo llegar al famoso sótano de marras. Que, más bien, era el sótano de los horrores, con libros en lo que quedaba de sus cajas consumidas como alimento de algún que otro roedor o vaya a saber qué bicho. 


El disgusto del escritor de San Andrés de los Tacones era palpable, quizás en otro momento hubiera sido un morrocotudo cabreo, pero -como buen amigo- no quiso exteriorizarlo mucho. Propuse que nos fuéramos a tomar unas cervezas y así, hablando de todo un poco, me contó cómo había tenido que cerrar uno de sus blogs, el más admirado por mí y con el que me levantaba cada mañana en unos días, semanas y meses que no habían tenido muchos más asideros en mi ánimo que aquellos poemas que escogía y que yo solía leer en tempranos amaneceres, ya fuera tras haber dormido mal o al llegar de una de esas noches infinitas de búsqueda infructuosa de uno mismo y sus fantasmas.


Fue entonces cuando me contó las razones que le llevaron a cerrar aquel blog tan inspirador y balsámico para mi existencia que se estaba enderezando precisamente en ese verano. Traducía del inglés David, con buena letra y gran acierto, a muchos autores y autoras inéditos en España y una miserable había ido haciendo acopio de sus entradas con destino a un libro que se quedaría inconcluso con ese cierre a tiempo. Uno no deja de sorprenderse  de lo miserables que pueden llegar a ser ciertas personas que hacen de la mentira y del aprovechamiento de personas con talento y entusiasmo como lo era David a la busca de una inmerecida fortuna.

El caso es que recibí hace unos meses una llamada de José Ángel Barrueco contándome el proyecto que estaba llevando a cabo: compilar toda la obra narrativa de David González, desperdigada en cientos de colaboraciones por todo tipo de publicaciones. Ya me había perdido el colaborar en un libro impulsado por Nacho Tajahuerce y Patxi Irurzun "Un abrazo fuerte", homenaje al desaparecido autor, de quien me fue imposible escribir esta anécdota que ahora leéis, por esas circunstancias negativas que habían regresado en forma de catarata, una detrás de otra.



Me puse a la tarea de buscar algo que pudiera servir, incluso traté de activar un portátil que ya había petado y al que resultaba casi imposible entrar en él. No sé si fue de mucha ayuda mi participación pero José Ángel me ha incluido con generosidad en los agradecimientos del que será uno de los libros del año 2026 para mí: "Huellas en el polvo (narrativa completa)". Eso sí, como suele ser habitual en mí, esperaré el momento adecuado para sumergirme en él. Sin urgencias, nada de esa prisa con la que nos esclavizan las redes y que tanto nos impiden disfrutar hasta de momentos de sinsabores como los que tuvo que lidiar David González, a cuya memoria honra este fenomenal y exhaustivo trabajo de otro grande de la literatura en español -de esos que no encontrarás en las librerías de un aeropuerto ni en las listas de superventas- como es José Ángel Barrueco. Quien, por cierto, también tiene nuevo libro, de relatos -esos que son "paja" según un atribulado personaje, reciente Premio Nadal- "Antivirus", también disponible a través de la editorial Efe Eme.

MANOLO D. ABAD











Disappearing

 

Foto: Alberto Ceán-Bermúdez

Muchos/as amigos/as lo conocen, que la sarna se extiende y es enfermedad contagiosa que anida en las cloacas, se pega a la piel y es experta en puñaladas traperas bajo su sonrisa de insaciable hiena avariciosa. ¿Su táctica? El ninguneo, tratar de borrarte de la escena, que no existas, una forma de censura de una vileza sutil, muy cruel y, por supuesto, la más injusta de todas. En un libro como "Infernales, tóxicos y demás parásitos" (Más Madera, 2021) los poemas incluidos en él resaltaban a muchos de esos miserables y sus ruínes prácticas en el contexto frustrante del confinamiento y del desempleo con su dura carga de desazón. De esa práctica despreciable del mencionado ninguneo, surgió "Disappearing", como la canción de The War On Drugs, que también alimentó el surgimiento del poema.


DESAPARECIENDO

Es el juego
el que practican
tan bien
ciertos medios.

Desaparecer
Desapareces
Te hacen
desaparecer.
Dejas de existir
Ni una palabra.

Desaparecer
Desapareces
¡Magia potagia!

El juego
que tan bien
practican

Hacerte 
desaparecer.

No eres nadie
Hagas
lo que hagas
No eres nadie
Eliminado
de toda luz
Sin luz.

El precio a pagar
por la independencia

Desaparecer
Desapareces
Te hacen
desaparecer.

El precio a pagar
por seguir
tu camino
sin arrodillarte
a su vana
estupidez
a su inútil
púlpito.

No eres nadie

Pasas a ser
una sombra
en la multitud.
Quizás sea
mejor.
Así...

Esos mismos
escribirán
tu epitafio
recordarán,
inventarán,
Historias de plástico.

Sus historias,
sus mentiras,
compungidos
frente a tu féretro
sin mirarte
jamás
a la cara
como siempre
hicieron
Convirtiendo
tu independencia
en una sombra
triste,
perdida
en la multitud.

Esos mismos,
los que practican
tan bien
ese juego
Expertos,
te hacen
desaparecer.

Ni una palabra. 

Desaparecer
Desapareces

Hasta luego,
compungidos,
en esos actos
de mentira
impostada
escriban
un nuevo epitafio
Mientras
respiran
aliviados
al comprobar
el resultado
de una nueva
de sus pírricas
(y bien remuneradas)
victorias.

Y siempre, 
sus miserables vidas
de seres
acomplejados
y tóxicos 

Desapareciendo es el título de una canción de La guerra contra las drogas

(MANOLO D. ABAD  Infernales, tóxicos y demás parásitos. Más Madera, 2021 ).