Ayer, otra gran noche de rock en concierto con unos de mis imprescindibles, mis queridos Capsula. En vivo en Avilés. ¡Demoledores!
domingo, 23 de agosto de 2026
Capsula "Rayo oscuro"
Ayer, otra gran noche de rock en concierto con unos de mis imprescindibles, mis queridos Capsula. En vivo en Avilés. ¡Demoledores!
sábado, 22 de agosto de 2026
miércoles, 12 de agosto de 2026
25 años de "Omega" en directo en Asturias
25 AÑOS DE "OMEGA" EN DIRECTO EN ASTURIAS
Hoy, 12 de agosto de 2026, se cumple un cuarto de siglo de la única actuación que Enrique Morente y Lagartija Nick ofrecieron de su legendario "Omega" en Asturias. Fue en el Náutico de Gijón dentro de la Semana Grande de las fiestas de la Villa del Piles.
Increíblemente, sólo hubo esa ocasión para verles en una tierra que albergaba nada menos que una Peña Flamenca bautizada con el nombre del maestro granadino. La Peña Flamenca "Enrique Morente", sita en Oviedo, llegó a tener como dirigente al omnipotente alcalde de la ciudad -Gabino de Lorenzo Ferrera-, pero nunca jamás visitó la capital del Principado con el mítico espectáculo del no menos legendario trabajo "Omega", la mayor cima del rock y del flamenco abrazándose como nunca se ha logrado, y que en este año cumple su trigésimo aniversario.
¡Ay, esta Asturias de mis dolores! Y tantos y tantos retrasos, que no me extrañan ante la cerrazón de caciques culturales que hacen fortuna en sus reducidos muros de la Cordillera Cantábrica y el Mar. Lxs que te venden como novedades sus afectos que llegan con décadas de retrasos e ignorancia, lxs que postulan con sus mentiras su ignorancia de advenedizxs y saben venderlo como ese gusto exquisito que sólo conocen de segunda o de tercera mano. ¡Ay, esxs! Bendecidxs por otrxs aún más obsoletxs e ignorantes que ellxs y que los aupan a su ansiada condición de "personajes" del mundillo sociocultural de esta tierra de mis dolores.
Pero no estoy aquí para hablar de esxs -ya les he dedicado demasiadas líneas con estas breves palabras introductorias- sino para narrar cómo fue mi jornada aquel día, acompañado por dos queridos amigos: Ch. y Am.
Apenas llevaba unos días en el chalet de mis padres en la Urbanización La Encomienda, a 25 kms. de Zamora -donde pasé durante décadas veranos de ensueño-, tras llegar del F.I.B. 2001 cuando un nuevo y estimulante plan se estaba gestando. Aún conservaba la euforia de la semana (los lotes de hotel se vendían por ese mínimo temporal para hospedarse allí) festivalera de una convocatoria imprescindible entonces para estar al tanto de todo. Había sido una de las mejores ediciones que recuerdo, con la maravillosa P.J. Harvey -que ocuparía la portada de mi revista "Interferencias", en la que dedicaría un generoso número de páginas a mi particular diario del festival-, Death Cab For Cutie (a quienes mencioné como "revelaciones del certamen"), mis queridos Experience -entrevisté a Michel Cloup para el "Ruta 66"-, unos mágicos Mercury Rev, Flaming Lips, dos delicias como James y Belle & Sebastian; Goldfrapp u Orbital. Ver a la leyenda Alex Chilton como Big Star, con los Posies cubriéndole las espaldas fue otro de esos regalos que nos daba el festival castellonense por aquella época. Pulp no estuvieron, por desgracia, tan afortunados... En el equipo de La Roja, Orlando -¡cuánto me gustaba y me gusta (al recordarlo en sus discos) este grupo!-, Satellites, Cooper o La Habitación Roja marcaban un elevado nivel.
El plan era hacer un viaje relámpago a Gijón/Xixón para ver el grandioso concierto de "Omega" con Enrique Morente y Lagartija Nick junto con mis buenos amigos Am. y Ch. Vendrían a buscarme a La Encomienda y juntos iríamos hasta la ciudad asturiana en la pick-up azul de Am.
Llegaron temprano, justo a tiempo para conocer el entorno maravilloso de La Encomienda y el embalse del Ricobayo, el club Esla y para que mi madre mostrara sus dotes de excepcional anfitriona en la espaciosa terraza del chalet. Cuando, tras muchos años, pudimos arreglar la parcela del chalet, mi madre insistió en que hubiera un espacio muy amplio para disfrutar de las sobremesas en tertulias, de un lugar desahogado donde leer y poder albergar a bastante gente en torno a una mesa amplia. El jefe de la constructora encargada de la obra, hizo caso omiso y apenas dejó un espacio equivalente a la acera previa. Y ahí se encontró con mi madre: por el mismo precio tuvieron que hacer la encargada terraza, pagar las baldosas pedidas y con las dimensiones que se habían acordado. Por aquel entonces, el resto de los 52 chalets solían dedicar más espacio a la hierba y otros adornos, sin que hubiera sitio para un territorio más apto para la socialización en amistad. Se prefería la exhibición de amplios jardines a un terreno donde mandaran las reuniones. Como tantas otras veces, la tendencia que marcó mi progenitora sería seguida años después...
Tras la opípara comida y la posterior sobremesa, emprendimos ruta hacia nuestro objetivo: ver al gran maestro Enrique Morente y a mis queridos amigos Lagartija Nick en concierto. Cómodamente situado en el asiento de atrás de la pick-up me preguntaba cómo había podido llegar a convencer a mis dos amigos heavies de la enormidad de "Omega". Quizás habían entrado en su duende a través de los temas más rockeros o por que las inquietudes nü-metal de Lagartija Nick de entonces y más cercanas en lo musical a los gustos de Am., que solía ponerme a Rammstein en el trayecto de muchas tardes postpartido de fútbol del Real Oviedo en los cines de Parque Principado.
Tuvimos suerte de encontrar aparcamiento rápido y sin problemas, lo que nos permitió contemplar el montaje del escenario en el Náutico, un lugar inhóspito en zona de paso en una de las calles que conduce al Muro de San Lorenzo. Buscamos un sitio para cenar y tomar unas por la zona antes de que comenzara el espectáculo. Les había grabado el cd a mis amigos y no dejaba de darle vueltas a cómo se había establecido esa conexión. Con I., la chica con la que entonces salía, no se había producido ese embrujo. Supongo que fue una señal de mis tribulaciones y penares futuros con ella. Poco tiempo después, un concierto de Six By Seven en el Teatro Albéniz gijonés serviría para finiquitar tan tortuosa relación. Pero volvamos a esa noche. Unas terribles ráfagas de viento se empeñaron en sabotear muchos de los momentos de la esperadísima -por los tres- actuación. Resultaba especialmente sangrante en los fragmentos más acústicos en piezas descomunales como la maravillosa "La aurora de Nueva York" o "El pastor bobo".
Y, a pesar de esas vicisitudes, todos los que ocupaban el escenario se erigían como titanes furiosos y atinados contra unos elementos poco habituales en el tiempo de estío. No hubo mejores y más convenientes espacios en Asturias para acogerles, pero el Maestro daba una demostración de esa rompedora perseverancia que lo convirtió en un indiscutible gigante de la música. Mis amigos flipaban y disfrutaban, aunque quizás sus pensamientos no fluyeran con la profundidad con la que se me clavaban en el corazón palabras, guitarras, palmas y la voz del Maestro al cantar "...Quisiera estar siempre contigo/ me gusta, tu cuerpo, tu espíritu, tu ropa/... Recuerda que yo vivía sólo para la música..." (Manhattan), que tantas veces -entonces y a día hoy- resuenan en mi alma con distintos nombres y distintos rostros. Vuelta de paseo y Ciudad sin sueño ("Y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas/ al increíble cocodrilo quieto bajo la tierra") se alzaron con todo su poderío y ningún fenómeno meteorológico pudo con ellos.
Volvimos a Oviedo, en silencio, sólo el ruido del motor, pues ni siquiera pusimos música tratando de absorber todo lo visto y oído. Ch. era feliz con el volante al mando que le había dejado Am., también en el viaje previo, cuando, bajando por el Pajares, Am. nos contó cómo las cargas de su tráiler empujaban su cabina cuando bajaba por los puertos de Europa, de Burdeos a Hamburgo, de Berlín a Ljubliana, de Nápoles hasta volver a Oviedo, en viajes de cargas y descargas que duraban tres o cuatro semanas. Hoy recuerdo también sus eternas llamadas telefónicas de una hora, hora y media, a mí que odio estar con el móvil más de unos pocos minutos. Ahora, tras sufrir un devastador ictus, apenas si puede establecer una mínima conversación. Ch. moriría, víctima de un cáncer, meses después de aquel concierto que hoy cumple veinticinco años, justo cuando su vida parecía enderezarse tras un paso por la cárcel, cuya huella en su alma bondadosa debió ser decisiva para atraer tan devastadora enfermedad. Apenas le pude dedicar un artículo en la revista "ElSúmmum" sobre los Soledad Brothers a modo de pequeño homenaje.
Pasaron los años y el homenaje al Maestro fallecido logró otro hito -quizás no de la enormidad de "Omega", pero sobresaliente- en forma de álbum y de grupo: Los Evangelistas "Homenaje a Enrique Morente". Un bello epílogo donde las fuerzas creativas de componentes de Los Planetas y Lagartija Nick volvieron a lograr un mayúsculo hechizo. Que tampoco hemos tenido la oportunidad de disfrutar en esta Asturias de mis dolores. Y unos grandes "ayes" me vuelven a invadir mientras escucho una y otra vez ambas maravillas. Al menos, en cd me queda ese consuelo. ¡Aaay!
MANOLO D. ABAD
sábado, 8 de agosto de 2026
Cuarto menguante
CUARTO MENGUANTE
ECHO & THE BUNNYMEN
Playa de Poniente, Gijón/Xixón.
Viernes, 7 de agosto de 2026.
El jueves 6 de agosto de 2026 se iniciaba el tránsito de cuarto menguante de la Luna en Tauro. Al día siguiente, el 7 de agosto, en la Playa de Poniente de Gijón/Xixón, un eclipse total de Luna oscureció el concierto de Echo & The Bunnymen y de su cantante y líder absoluto Ian McCulloch.
Parafraseando una composición de Nacho Vegas en aquella colaboración con Enrique Bunbury -que también tuvo momentos ínfimos- cabría decir aquello de "Hay días en que valdría más no salir de la cama" y a Big Mc le sucedió algo parecido en la noche gijonesa. Uno recordó conciertos aciagos de artistas que le encantan -como aquella "exhibición" de Ian Brown en el Velódromo de Benicàssim al frente de los Stone Roses, en 1997, cuando ni siquiera se llamaba FIB-; o Evan Dando (The Lemonheads) en la gijonesa sala Acapulco en el FICX en noviembre de 2009, (consultar en este mismo blog https://manolodabad.blogspot.com/2009/11/en-el-fondo-de-la-montana-rusa.html) y que, precisamente por ello, duelen mucho más cuando se producen. Recuerdo hablar años después con Chris Brokaw -a quien le tocó el papelón de estirar su labor como telonero del líder de Lemonheads aquella noche- en la entrada de La Salvaje, tomándonos una allí sentados, hablando de lo divino y de lo musical tras un concierto suyo, cómo no había olvidado lo que tuvo que padecer en aquel funesto directo. Terribles desastres en vivo para ser enterrados, pero que, lamentablemente, acaban por clavarse a doloroso fuego en el corazón y en la memoria.
Tras esa desconcertante ejecución, el espigado vocalista de Liverpool, regaló flores al público antes de tocar un pasable "Flowers" -única incursión en su cancionero del nuevo milenio que merece una reivindicación que ni el propio grupo le otorga- después un anoréxico y desconcertante "Over the wall", desprovisto del vigor y tensión con que lo había disfrutado en las otras cinco veces que había tenido la suerte de verlos en concierto (en especial una en Barcelona, en el Primavera Sound 2011, donde bordaban, íntegros, sus dos primeros álbumes, ataviados, además, de camuflaje como en los 80) y un lamentable "Seven seas", donde el cortocircuito de tonos de voz de McCulloch alcanzó límites denigrantes, con momentos de silencio para que el público corease tímidamente los vacíos del cantante de 1.90 m. de estatura. Ni las magníficas, excepcionales, contribuciones a la guitarra de un eminente y versátil Will Sergeant conseguían tapar el sumidero por donde se hundía la leyenda del post-punk.
"Rescue" vino después a hacer honor a su título, pero cuando atacaron "All my colours (Zimbo)" necesitada del esfuerzo del vigor de una voz incapaz de acertar con el tono preciso fue el momento de certificar que aquello no tenía remedio. Por mucho empeño que el gran Sergeant pusiera al asunto. Su maravilloso clásico "Nothing lasts forever" engarzado al no menos clásico de Lou Reed "Walk on the wild side" mostró la magnitud del naufragio. Ni se escuchaban los coros ni el famoso estribillo ni nada. Poco después, tras un pasable "Bellbugs and Ballyhoo", se repitió la desgracia al enlazar "Villiers terrace" con un irreconocible "Roadhouse blues" (The Doors), que haría levantarse de su tumba a Ray Manzarek, el legendario teclista de la mítica formación liderada por Jim Morrison- quien llegara a tocar con ellos y a producirles el cover "People are strange" que saldría en la BSO del film de 1987 "Jóvenes ocultos".
Ni el tramo final con el siempre emotivo "Bring on the dancing horses" o el celebrado por el público -atónitxs ante el desconcertante espectáculo sólo estuvimos algunxs- "The killing moon" ni el bis (tardó cuatro minutos la banda en volver a las tablas con McCulloch enfundado en un sombrero de mosquetero arrastrando su poco crédito para destrozar su leyenda) con "Lips like sugar" (se olvidó parte de la letra entre balbuceos) y un patético "Ocean rain", musitado en unos susurros mascullados, tal y como había sucedido durante muchos momentos del set, y donde sólo en el tramo final mostró su -en la triste noche gijonesa- irreconocible chorro de voz, evidenciaron el camino de una completa decepción en la escasa hora y media de concierto. Una dolorosísima, penosa desilusión.
MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: ALBERTO CEÁN-BERMÚDEZ








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