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sábado, 31 de octubre de 2026

sábado, 24 de octubre de 2026

Donde habita el corazón desangrado

 


DONDE HABITA EL CORAZÓN DESANGRADO

KIM SALMON SMOKED´S SALMON

Gong Galaxy Club, Oviedo.

Domingo, 18 de octubre de 2026.

Mientras la mayoría busca con desesperación el abrazo incómodo de conciertos multitudinarios para contar aquello de "el concierto de mi vida" cuando sólo han estado pendientes del móvil, de la cháchara imparable y de otros entretenimientos fútiles de las nuevas costumbres, hay quienes nos sentimos privilegiados por el hecho de contemplar cómo una leyenda del rock australiano, uno de esos músicos a los que sigues en todas sus aventuras y que te acompaña desde hace décadas con sus discos, despliega con absoluto y contagioso entusiasmo noventa minutos para alcanzar el delirio. Un éxtasis real, no carne de titular obsoleto con fecha de caducidad. El disfrute máximo de -haciendo honor al apellido del australiano- seguir el camino del salmón, una y otra vez, sin arredrarse y entregando canciones para no abandonarte nunca. 


En esta reciente mutación como Smoked Salmon todo lo bueno que puede entregar Kim con su estupenda banda aparece por cada resquicio. Claire Birchall replica con sus afiladas guitarras y obsesivos teclados (también se intercambia a la batería con Dimi Dero) al mundo de múltiples capas de Salmon, sugestivo y sin concesiones, que navega con destreza por las aguas pantanosas de la densidad oscura e incierta del post-punk menos predecible. El que con Scientists, Beasts Of Bourbon o The Surrealists ha certificado como propio y singular, extrayendo carne, sangre, sentimiento y tinieblas de los corazones desgarrados a tiras.  El bajista Jeff Hooker luce un sombrero que retrotrae en la memoria al grandioso Tracy Pew (Birthday Party) para que nada falte en esta celebración de sombras y espectros de las profundidades del alma. La ambientación perfecta para una descarga de pasiones de todo tipo que recorren no sólo el cancionero de su nueva formación sino de retornos al pasado glorioso que aún sigue ardiendo como una llama inagotable del rock más intenso y real.


En un contexto así, resulta imposible obviar muchas de las estaciones para el recuerdo de una riquísima cosecha. Aparece primero ese "The low road" del homónimo álbum del los Beasts Of Bourbon, con ese aroma apocalíptico tan de la genial banda australiana que, a diferencia de ella, al contar con la voz de Salmon en vez de la de Tex Perkins alcanza un mayor nivel de opaco dramatismo en vez de la salvaje interpretación de un Perko que pisó estas mismas tablas en junio de 2023. Uno, egoista que es, echa de menos uno sus temazos favoritos del mismo álbum creado por Kim: "Something to lean on". Más adelante, en el tramo final llegará la explosión ardiente del clasicazo de su álbum debut, el irresistible "Drop out".


No faltaron joyas eternas como el siempre recurrente "Frantic Romantic", inagotable perla en cualquiera de sus versiones, ya sea con los Scientists o con los Surrealists o en cualquier momento que desee abordarla. O, en el bis, cuando le pedí el "You know me better than that" y cumplió, generoso, con el deseo de este plumilla e irredento fan. No me pierde el fervor para afirmar que fue uno de esos conciertos especiales, con muchísimos momentos de álgida intensidad y frenesí, con un cancionero que es un punto y aparte para demoler la molicie y el conformismo de estos tiempos de rock tan conformista y redundante. Sólo por eso, que no es poco y hubo más, mereció la pena abordar la gélida y húmeda noche otoñal ovetense, pues su nuevo proyecto (¿deberá cambiar el nombre por coincidir con otro grupo, australiano también?) ofrece garantías en forma de temas como "Flawed" y que sirvió para completar una gran velada de domingo, día extraño donde los haya para estas efusiones rockeras. Aunque, pensándolo bien, sí que cuadraba con la tan nada complaciente como estimulante propuesta del australiano y de su banda.

MANOLO D. ABAD

Fotos: M.D.A. (disculpas por la calidad de las mismas, mi móvil ya está a punto de reventar en su resiliencia de casi una década de servicios fotográficos) 











miércoles, 21 de octubre de 2026

"Australia on my mind" (Hoodoo Gurus en concierto en Oviedo)


 "AUSTRALIA ON MY MIND" 

(HOODOO GURUS EN CONCIERTO EN OVIEDO)

HOODOO GURUS

Plaza del Paraguas, Oviedo

Sábado, 19 de septiembre de 2026.

Si algo establece un común denominador entre todas las bandas australianas de rock y derivados que adoro es que nunca, nunca, me han decepcionado en sus comparecencias en vivo. Algunas, incluso, ya figuran en la categoría de inolvidables, para enmarcar en el área de "tesoros de mis recuerdos": The New Christs, en la desaparecida ovetense Express, un 9 de noviembre de 1989; The Church en la madrileña sala Jácara (3/5/1990); Nick Cave & The Bad Seeds en Brixton Academy, Londres (1/10/1993) o en el F.I.Benicàssim (7/8/2005); Beasts of Bourbon en el ya desaparecido -y demolido- Parque del Piles gijonés (19/4/2006); The Scientists en el gijonés Teatro Albéniz (17/5/2007); The Drones en la ovetense Lata de Zinc (1/1/2015), hasta el de The Saints, con un ya demacrado Chris Bailey en la Lata de Zinc (26/4/2015) y,... desde esta fecha, Hoodoo Gurus con su monumental despliegue en plenas fiestas -tan descafeinadas, tan impersonales sin su esencia popular y de chiringuitos- mateínas.


En lo que podría considerarse un escenario "menor" (la plaza del Paraguas), muy particular eso sí, los legendarios Hoodoo Gurus se transformaron en gigantes al son de un cancionero que creció aún más espoleado por una atmósfera tan cálida como el alma que le puso el cuarteto encabezado por un Dave Faulkner en un envidiable estado de forma (y de voz).

Había cierta prevención en el entusiasmo por la llegada del cuarteto australiano, tras el desastre morrocotudo de un lamentable Ian McCulloch al frente de Echo & The Bunnymen en su concierto de la playa de Poniente en el verano gijonés tan sólo mes y medio antes. Pero, no. Para regocijo de los congregados en la noche del Día de América en Asturias (uno de los momentos álgidos de las fiestas ovetenses), los australianos respondieron con una maravilla de actuación, sólida y sin fisuras, pero mostrando también cercanía y complicidad con los congregados que se arrebujaban en los limitados contornos de la singular plaza situada en el Oviedo Antiguo.


Bajaba por la calle de San Isidoro, donde se encontraba el Nunca Jamás, local en el que tantos conciertos se disfrutaron a principios del milenio (recuerdo a los atronadores, fantásticos, gallegos, Disco Las Palmeras!) con el sonido de "(Let´s all) turn on" y aceleré el paso calle abajo. Busqué situarme lo mejor posible en la plaza, sin saludar a nadie, tratando de no perderme nada, hasta que diviso a los hermanos García (Adolfo y Carlos) que habían actuado con sus Feedbacks días antes en una impecable actuación en el mismo lugar. La referencia de ese concierto días antes me sirve para evaluar el sonido en esa parte trasera de la plaza. Delante, no cabe un alfiler. Bendigo que el concierto no se haya programado en la imposible -a nivel sonoro- plaza de Feijoo, a la que se lleva el Concurso de Rock Ciudad de Oviedo "Alejandro Espina", siempre dinamitado desde diversos estamentos y que languidece en ese espacio de bloques de piedra no soldados, donde nada bueno hay que hacer.


Ante nuestros estupefactos ojos (bien podría servir su "Allucination" de ambientación sonora), el grupo fundado por Dave Faulkner se muestra ágil, intenso y con una selección de canciones muy equilibrada para mantener por todo lo alto el nivel de emotividad del concierto. Sí, vale, cada cual tiene sus preferencias, habrá quien desee que predominen temas de "Stoneage Romeos" o "Mars need guitars", quienes se decanten por su "Blow your cool" que les otorgó status de estrellas (o, Casi famosos, parafraseando el título de la célebre película), otros querrían la fuerza inexpugnable de "Magnum cum lauder", "Kinky" o "Crank", pero en lo que todxs aquellxs que asistieron al despliegue de poderío sónico con una variedad de matices inmensa y adaptada a la interpretación de cada tema coincidirán es que fue un concierto memorable.



Con su formación clásica, Brad Shepherd desplegando toda su esencia guitarrera de electricidad y matices, bien sostenidos por el bajo de Richard Grossman, efectivo y sin alardes, que para eso estaba el descomunal, impresionante, batería Mark Kingsmill, con una exhibición de poderío físico que ni un chavalete de dieciocho años podría igualar, y con el carisma de un Dave Faulkner liderándolo todo, excepcional de voz, y sin necesidad de trucos fáciles para enganchar a una audiencia que se frotaba los ojos, entusiasmada, ante lo que estaba disfrutando.

Podría estar resaltando todas y cada una de las perlas que sonaron en esa noche para el recuerdo, cada cual tendrá sus momentos clave, aunque yo me quedé -vaya usted a saber por qué- con Out that door, Bittersweet, Come anytime y 1000 miles away (ésta última, a pesar de ser engullida por los murmullos del personal, pero que a mí tanto me dice) y, por supuesto con la apoteosis final del bis. Y el deseo de que ésta no sea la última vez que los disfrutemos, que con argumentos así, el goce en vivo está asegurado.

MANOLO D. ABAD

Reportaje fotográfico: PANI FERNÁNDEZ



domingo, 18 de octubre de 2026

"Frantic Romantic": la no-cancion-de-amor de The Scientists/Kim Salmon & The Surrealists



"FRANTIC ROMANTIC": LA NO-CANCIÓN-DE-AMOR DE THE SCIENTISTS/ KIM SALMON & THE SURREALISTS

"En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira"

(Ramón de Campoamor)


El poeta asturiano define a la perfección en su célebre frase, extraída de su poema Las dos linternas, la génesis de esta canción -originalmente del grupo australiano The Scientists- firmada por James Baker, Kim Salmon y Boris Sujdovic. Su propia evolución, desde el tramo estilístico del power-pop con que fue originalmente por The Scientists en 1979 hasta el post-punk y el swamp-rock con el que Kim Salmon la acabó deconstruyendo con sus Surrealists años después, prueba la grandeza de la propia composición, enigmática en su aparente simpleza y con una interpretación bien alejada de las primeras intenciones con que James Baker pretendió alumbrarla y que, finalmente, derivarían al imaginario mucho más retorcido y rico en matices de Kim Salmon.

La letra del batería James Baker, quien "componía" sin formación musical básica (¿podríamos definirlo como punk?), a base de una melodía vocal y de las letras, y era el joven Kim Salmon quien dotaba a la canción de la estructura musical. Bajo la capa de lo que pretendía Baker, que era una canción prototípica de power-pop mezclado con el espíritu punk de primera generación, con una historia sobre un flechazo juvenil, una atracción romántica instantánea con reminiscencias ramonianas, Salmon encontraría a lo largo de los años el envés de dicha intención. Tras la ruptura de los Scientists, los caminos de James Baker tomaron direcciones distintas: el batería cofundó a los incipientes Hoodoo Gurus, que se transformarían en una de las grandes leyendas del rock australiano desde mediados-finales de los 80, mientras Kim Salmon se sumergiría en tonalidades mucho más oscuras, las del post-punk, en la corriente más densa, intensísima y corrosiva, la del swamp-rock, que sería una de las variantes influyentes de forma decisiva en el grunge y demás derivados que suelen almacenarse en la etiqueta alternativo.

De la celebración del rock and roll "tonto" -como lo definió Salmon- y la parodia de la intensidad sentimental que alimentaba el cliché de los clásicos del rock, hasta darle la vuelta con "no me importa nada" ("not giving a shit"), cortando esa dimensión luminosa, hay el mismo trecho que el camino de la evolución de una parte del punk hacia los territorios más siniestros y tenebrosos, donde el rock pantanoso se alza como uno de los más ricos, personales y estimulantes terrenos de creación.

En definitiva, nada es lo que parece en Frantic romantic y la propia evolución creativa de Kim Salmon, al añadirla al repertorio de sus Surrealists, emblemas del rock retorcido, intenso y oscuro -bien distinto del gótico siniestro- lo certifica. Una no-canción de amor donde se subvierten los códigos hasta convertirla en un juego de espejos y, sobre todo, de las múltiples penumbras que se ocultan bajo los flashes de los relámpagos emocionales.

MANOLO D. ABAD




viernes, 2 de octubre de 2026

Morphine "Cocoon"

Morphine es una de mis bandas favoritas desde siempre. A raíz de la muerte de Mark Sandman (1952-1999), publiqué un extenso dossier sobre su obra en la revista Ruta 66, de los primeros en los que se hacía un balance de toda su discografía, si no el primero.

Como se contaba en el excelente documental de Rob Gordon Galver y David Ferino Cure for pain: The Mark Sandman story (2011), había multitud de grabaciones registradas por el líder del trío inéditas. O eso se afirmaba allí. Ahora, parece que eso se transforma en una realidad con la publicación -prevista para el 4 de diciembre de 2026 a través de Partisan Records- de Cocoon, un álbum de ocho canciones, construido con las sesiones que abandonó Sandman un año y medio antes de morir sobre un escenario en el festival Nel Nome del Rock en Palestrina (Italia). El avance es este vídeo-clip titulado Cocoon:


COCOON

Come on it into my cocoon

Entra en mi refugio

Noone comes it except from you

Nadie entra excepto tú

You´ll be safe, there´s a lot of rooms

Estarás a salvo, hay mucho espacio

In my cocoon, in my cocoon

En mi refugio, en mi refugio

For you my door is never locked

Para ti mi puerta nunca estará cerrada con llave

Once inside, no one be knocked

Una vez dentro, nadie llamará

The curtains are closed

Las cortinas estarán echadas

The cupboards are stocked

Las alacenas estarán llenas

In my cocoon, in my cocoon

En mi refugio, en mi refugio

Wherever you are

Dondequiera que estés

Whatever you doin´

Sea lo que sea lo que estés haciendo

Pack a parachute, drop on in

Prepara un paracaídas, cae por aquí

Have an early lunch at noon

Almorcemos temprano al mediodía

And catch the lunch to my cocoon

Y toma el lanzamiento hasta mi capullo

Around the room we´ll fly

Alrededor de la habitación, volaremos

Into the pan and then we´ll fry

Sobre la sartén y nos freiremos

In my cocoon

En mi refugio

Slip into my cocoon

Deslízate en mi capullo

Plush-line, custom designed

Forrado a felpa, diseñado a medida

No one comes in excerpt of you

Nadie entra como tú

In my cocoon

En mi capullo

There´s something I´ve been dying to

Hay algo que me muero por hacer

I´ll learn the names of your

Aprenderé todos los nombres

Favorite foods

De tus comidas favoritas

I want to cook for you, in my cocoon

Quiero cocinar para ti, en mi refugio

(Mark Sandman)



sábado, 19 de septiembre de 2026

Hoodoo Gurus en Oviedo

 


HOODOO GURUS EN OVIEDO

Plaza del Paraguas, hoy 19 de septiembre. 22:30 h. Acceso libre.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Hoy en Oviedo

 

KATE CLOVER + THE FEEDBACKS.

Hoy, en la Plaza del Paraguas, Oviedo.

Abrirán la velada -dentro de la programación de las fiestas ovetenses de San Mateo-, a partir de las 21:00 h. los legendarios asturianos The Feedbacks para, a las 22:30 h., dar paso a Kate Clover y su banda.


KATE CLOVER en el Kuivi Almacenes, Oviedo, 29-7-2025 (Foto: Manolo D. Abad)


FEEDBACKS en La Salvaje, Oviedo. 25-4-2025. (Foto: Manolo D. Abad)

domingo, 23 de agosto de 2026

Capsula "Rayo oscuro"


 Ayer, otra gran noche de rock en concierto con unos de mis imprescindibles, mis queridos Capsula. En vivo en Avilés. ¡Demoledores!

Foto: RUBÉN RODRÍGUEZ


sábado, 22 de agosto de 2026

Hoy en Avilés


 

miércoles, 12 de agosto de 2026

25 años de "Omega" en directo en Asturias

 


25 AÑOS DE "OMEGA" EN DIRECTO EN ASTURIAS

Hoy, 12 de agosto de 2026, se cumple un cuarto de siglo de la única actuación que Enrique Morente y Lagartija Nick ofrecieron de su legendario "Omega" en Asturias. Fue en el Náutico de Gijón dentro de la Semana Grande de las fiestas de la Villa del Piles.

Increíblemente, sólo hubo esa ocasión para verles en una tierra que albergaba nada menos que una Peña Flamenca bautizada con el nombre del maestro granadino. La Peña Flamenca "Enrique Morente", sita en Oviedo, llegó a tener como dirigente al omnipotente alcalde de la ciudad -Gabino de Lorenzo Ferrera-, pero nunca jamás visitó la capital del Principado con el mítico espectáculo del no menos legendario trabajo "Omega", la mayor cima del rock y del flamenco abrazándose como nunca se ha logrado, y que en este año cumple su trigésimo aniversario.

¡Ay, esta Asturias de mis dolores! Y tantos y tantos retrasos, que no me extrañan ante la cerrazón de caciques culturales que hacen fortuna en sus reducidos muros de la Cordillera Cantábrica y el Mar. Lxs que te venden como novedades sus afectos que llegan con décadas de retrasos e ignorancia, lxs que postulan con sus mentiras su ignorancia de advenedizxs y saben venderlo como ese gusto exquisito que sólo conocen de segunda o de tercera mano. ¡Ay, esxs! Bendecidxs por otrxs aún más obsoletxs e ignorantes que ellxs y que los aupan a su ansiada condición de "personajes" del mundillo sociocultural de esta tierra de mis dolores.

Pero no estoy aquí para hablar de esxs -ya les he dedicado demasiadas líneas con estas breves palabras introductorias- sino para narrar cómo fue mi jornada aquel día, acompañado por dos queridos amigos: Ch. y Am. 



Apenas llevaba unos días en el chalet de mis padres en la Urbanización La Encomienda, a 25 kms. de Zamora -donde pasé durante décadas veranos de ensueño-, tras llegar del F.I.B. 2001 cuando un nuevo y estimulante plan se estaba gestando. Aún conservaba la euforia de la semana (los lotes de hotel se vendían por ese mínimo temporal para hospedarse allí) festivalera de una convocatoria imprescindible entonces para estar al tanto de todo. Había sido una de las mejores ediciones que recuerdo, con la maravillosa P.J. Harvey -que ocuparía la portada de mi revista "Interferencias", en la que dedicaría un generoso número de páginas a mi particular diario del festival-, Death Cab For Cutie (a quienes mencioné como "revelaciones del certamen"), mis queridos Experience -entrevisté a Michel Cloup para el "Ruta 66"-, unos mágicos Mercury Rev, Flaming Lips, dos delicias como James y Belle & Sebastian; Goldfrapp u Orbital. Ver a la leyenda Alex Chilton como Big Star, con los Posies cubriéndole las espaldas fue otro de esos regalos que nos daba el festival castellonense por aquella época. Pulp no estuvieron, por desgracia, tan afortunados... En el equipo de La Roja, Orlando -¡cuánto me gustaba y me gusta (al recordarlo en sus discos) este grupo!-, Satellites, Cooper o La Habitación Roja marcaban un elevado nivel.

El plan era hacer un viaje relámpago a Gijón/Xixón para ver el grandioso concierto de "Omega" con Enrique Morente y Lagartija Nick junto con mis buenos amigos Am. y Ch. Vendrían a buscarme a La Encomienda y juntos iríamos hasta la ciudad asturiana en la pick-up azul de Am.


Llegaron temprano, justo a tiempo para conocer el entorno maravilloso de La Encomienda y el embalse del Ricobayo, el club Esla y para que mi madre mostrara sus dotes de excepcional anfitriona en la espaciosa terraza del chalet. Cuando, tras muchos años, pudimos arreglar la parcela del chalet, mi madre insistió en que hubiera un espacio muy amplio para disfrutar de las sobremesas en tertulias, de un lugar desahogado donde leer y poder albergar a bastante gente en torno a una mesa amplia. El jefe de la constructora encargada de la obra, hizo caso omiso y apenas dejó un espacio equivalente a la acera previa. Y ahí se encontró con mi madre: por el mismo precio tuvieron que hacer la encargada terraza, pagar las baldosas pedidas y con las dimensiones que se habían acordado. Por aquel entonces, el resto de los 52 chalets solían dedicar más espacio a la hierba y otros adornos, sin que hubiera sitio para un territorio más apto para la socialización en amistad. Se prefería la exhibición de amplios jardines a un terreno donde mandaran las reuniones. Como tantas otras veces, la tendencia que marcó mi progenitora sería seguida años después...


Tras la opípara comida y la posterior sobremesa, emprendimos ruta hacia nuestro objetivo: ver al gran maestro Enrique Morente y a mis queridos amigos Lagartija Nick en concierto. Cómodamente situado en el asiento de atrás de la pick-up me preguntaba cómo había podido llegar a convencer a mis dos amigos heavies de la enormidad de "Omega". Quizás habían entrado en su duende a través de los temas más rockeros o por que las inquietudes nü-metal de Lagartija Nick de entonces y más cercanas en lo musical a los gustos de Am., que solía ponerme a Rammstein en el trayecto de muchas tardes postpartido de fútbol del Real Oviedo en los cines de Parque Principado.


Tuvimos suerte de encontrar aparcamiento rápido y sin problemas, lo que nos permitió contemplar el montaje del escenario en el Náutico, un lugar inhóspito en zona de paso en una de las calles que conduce al Muro de San Lorenzo. Buscamos un sitio para cenar y tomar unas por la zona antes de que comenzara el espectáculo. Les había grabado el cd a mis amigos y no dejaba de darle vueltas a cómo se había establecido esa conexión. Con I., la chica con la que entonces salía, no se había producido ese embrujo. Supongo que fue una señal de mis tribulaciones y penares futuros con ella. Poco tiempo después, un concierto de Six By Seven en el Teatro Albéniz gijonés serviría para finiquitar tan tortuosa relación. Pero volvamos a esa noche. Unas terribles ráfagas de viento se empeñaron en sabotear muchos de los momentos de la esperadísima -por los tres- actuación. Resultaba especialmente sangrante en los fragmentos más acústicos en piezas descomunales como la maravillosa "La aurora de Nueva York" o "El pastor bobo".


Y, a pesar de esas vicisitudes, todos los que ocupaban el escenario se erigían como titanes furiosos y atinados contra unos elementos poco habituales en el tiempo de estío. No hubo mejores y más convenientes espacios en Asturias para acogerles, pero el Maestro daba una demostración de esa rompedora perseverancia que lo convirtió en un indiscutible gigante de la música. Mis amigos flipaban y disfrutaban, aunque quizás sus pensamientos no fluyeran con la profundidad con la que se me clavaban en el corazón palabras, guitarras, palmas y la voz del Maestro al cantar "...Quisiera estar siempre contigo/ me gusta, tu cuerpo, tu espíritu, tu ropa/... Recuerda que yo vivía sólo para la música..." (Manhattan), que tantas veces -entonces y a día hoy- resuenan en mi alma con distintos nombres y distintos rostros. Vuelta de paseo y Ciudad sin sueño ("Y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas/ al increíble cocodrilo quieto bajo la tierra") se alzaron con todo su poderío y ningún fenómeno meteorológico pudo con ellos.

Volvimos a Oviedo, en silencio, sólo el ruido del motor, pues ni siquiera pusimos música tratando de absorber todo lo visto y oído. Ch. era feliz con el volante al mando que le había dejado Am., también en el viaje previo, cuando, bajando por el Pajares, Am. nos contó cómo las cargas de su tráiler empujaban su cabina cuando bajaba por los puertos de Europa, de Burdeos a Hamburgo, de Berlín a Ljubliana, de Nápoles hasta volver a Oviedo, en viajes de cargas y descargas que duraban tres o cuatro semanas. Hoy recuerdo también sus eternas llamadas telefónicas de una hora, hora y media, a mí que odio estar con el móvil más de unos pocos minutos. Ahora, tras sufrir un devastador ictus, apenas si puede establecer una mínima conversación. Ch. moriría, víctima de un cáncer, meses después de aquel concierto que hoy cumple veinticinco años, justo cuando su vida parecía enderezarse tras un paso por la cárcel, cuya huella en su alma bondadosa debió ser decisiva para atraer tan devastadora enfermedad. Apenas le pude dedicar un artículo en la revista "ElSúmmum" sobre los Soledad Brothers a modo de pequeño homenaje.

Pasaron los años y el homenaje al Maestro fallecido logró otro hito -quizás no de la enormidad de "Omega", pero sobresaliente- en forma de álbum y de grupo: Los Evangelistas "Homenaje a Enrique Morente". Un bello epílogo donde las fuerzas creativas de componentes de Los Planetas y Lagartija Nick volvieron a lograr un mayúsculo hechizo. Que tampoco hemos tenido la oportunidad de disfrutar en esta Asturias de mis dolores. Y unos grandes "ayes" me vuelven a invadir mientras escucho una y otra vez ambas maravillas. Al menos, en cd me queda ese consuelo. ¡Aaay!

MANOLO D. ABAD

sábado, 8 de agosto de 2026

Cuarto menguante

 



CUARTO MENGUANTE

ECHO & THE BUNNYMEN

Playa de Poniente, Gijón/Xixón.

Viernes, 7 de agosto de 2026.

El jueves 6 de agosto de 2026 se iniciaba el tránsito de cuarto menguante de la Luna en Tauro. Al día siguiente, el 7 de agosto, en la Playa de Poniente de Gijón/Xixón, un eclipse total de Luna oscureció el concierto de Echo & The Bunnymen y de su cantante y líder absoluto Ian McCulloch.



Parafraseando una composición de Nacho Vegas en aquella colaboración con Enrique Bunbury -que también tuvo momentos ínfimos- cabría decir aquello de "Hay días en que valdría más no salir de la cama" y a Big Mc le sucedió algo parecido en la noche gijonesa. Uno recordó conciertos aciagos de artistas que le encantan -como aquella "exhibición" de Ian Brown en el Velódromo de Benicàssim al frente de los Stone Roses, en 1997, cuando ni siquiera se llamaba FIB-; o Evan Dando (The Lemonheads) en la gijonesa sala Acapulco en  el FICX en noviembre de 2009,  (consultar en este mismo blog https://manolodabad.blogspot.com/2009/11/en-el-fondo-de-la-montana-rusa.html) y que, precisamente por ello, duelen mucho más cuando se producen. Recuerdo hablar años después con Chris Brokaw -a quien le tocó el papelón de estirar su labor como telonero del líder de Lemonheads aquella noche- en la entrada de La Salvaje, tomándonos una allí sentados, hablando de lo divino y de lo musical tras un concierto suyo, cómo no había olvidado lo que tuvo que padecer en aquel funesto directo. Terribles desastres en vivo para ser enterrados, pero que, lamentablemente, acaban por clavarse a doloroso fuego en el corazón y en la memoria.



Y eso que el arranque con "Going up", de su tercer álbum "Porcupine", uno de los trabajos que marcó su trayectoria a principios de los 80, no parecía insinuar el desastre que llegaría posteriormente. Ya sabemos que las dos o tres primeras canciones suelen servir para equilibrar volúmenes y asentarse sobre las tablas. Pero, no. Tras "All that jazz" la cosa no parecía mejorar y en la quinta pieza, el excelente "The cutter", que discurrió a un ritmo de slow motion, en una extraña desaceleración, donde ya resultaba evidente que la voz de McCulloch oscilaba en unos incomprensibles altos y bajos que no se correspondían con la interpretación del tema, los indicios de que aquello iba a resultar una ruina comenzaron a ser alarmantes.



Tras esa desconcertante ejecución, el espigado vocalista de Liverpool, regaló flores al público antes de tocar un pasable "Flowers" -única incursión en su cancionero del nuevo milenio que merece una reivindicación que ni el propio grupo le otorga- después un anoréxico y desconcertante "Over the wall", desprovisto del vigor y tensión con que lo había disfrutado en las otras cinco veces que había tenido la suerte de verlos en concierto (en especial una en Barcelona, en el Primavera Sound 2011, donde bordaban, íntegros, sus dos primeros álbumes, ataviados, además, de camuflaje como en los 80) y un lamentable "Seven seas", donde el cortocircuito de tonos de voz de McCulloch alcanzó límites denigrantes, con momentos de silencio para que el público corease tímidamente los vacíos del cantante de 1.90 m. de estatura. Ni las magníficas, excepcionales, contribuciones a la guitarra de un eminente y versátil Will Sergeant conseguían tapar el sumidero por donde se hundía la leyenda del post-punk.


"Rescue" vino después a hacer honor a su título, pero cuando atacaron "All my colours (Zimbo)" necesitada del esfuerzo del vigor de una voz incapaz de acertar con el tono preciso fue el momento de certificar que aquello no tenía remedio. Por mucho empeño que el gran Sergeant pusiera al asunto. Su maravilloso clásico "Nothing lasts forever" engarzado al no menos clásico de Lou Reed "Walk on the wild side" mostró la magnitud del naufragio. Ni se escuchaban los coros ni el famoso estribillo ni nada. Poco después, tras un pasable "Bellbugs and Ballyhoo", se repitió la desgracia al enlazar "Villiers terrace" con un irreconocible "Roadhouse blues" (The Doors), que haría levantarse de su tumba a Ray Manzarek, el legendario teclista de la mítica formación liderada por Jim Morrison- quien llegara a tocar con ellos y a producirles el cover "People are strange" que saldría en la BSO del film de 1987 "Jóvenes ocultos".



Ni el tramo final con el siempre emotivo "Bring on the dancing horses" o el celebrado por el público -atónitxs ante el desconcertante espectáculo sólo estuvimos algunxs- "The killing moon" ni el bis (tardó cuatro minutos la banda en volver a las tablas con McCulloch enfundado en un sombrero de mosquetero arrastrando su poco crédito para destrozar su leyenda) con "Lips like sugar" (se olvidó parte de la letra entre balbuceos) y un patético "Ocean rain", musitado en unos susurros mascullados, tal y como había sucedido durante muchos momentos del set, y donde sólo en el tramo final mostró su -en la triste noche gijonesa- irreconocible chorro de voz, evidenciaron el camino de una completa decepción en la escasa hora y media de concierto. Una dolorosísima, penosa desilusión.

MANOLO D. ABAD

Reportaje fotográfico: ALBERTO CEÁN-BERMÚDEZ

sábado, 1 de agosto de 2026

Hoy en Oviedo

 


jueves, 23 de julio de 2026

Ni-Hao!!! hoy en Oviedo

 


miércoles, 29 de abril de 2026

lunes, 13 de abril de 2026

Una noche para recordar

 






UNA NOCHE PARA RECORDAR

Festival 13 Rue del Burlesque

Kuivi Almacenes, Oviedo.
Sábado, 11 de abril de 2026.
RITMO VUDÚ, EL MALO, FER BASSMAN & THE RIDERS, JOHNNY PENICILINA Y LOS FRIXUELOS ELÉCTRICOS, ALTO VOLTO, INDOCENTES, CORO M13.




Veintitrés años han transcurrido desde que en Oviedo se apagase la música en vivo durante más de un eterno año por las sinrazones políticas jugando con los vacíos legales y administrativos para ejecutar un ominoso capricho. Algunos de los participantes en este festival padecieron aquella situación en otro gran momento para la escena de la ciudad, que echó abajo a un puñado de pujantes formaciones que poseían un gran futuro: Dogfight, Kie 13, Esmusssein, Ass Draggers, Las Nurses, The Punishers, Sonido Alfredo, Freddie Fano y los Marijuana Trio y/o, sí, también, Alto Volto.



Mientras parece que ¡por fin! los estamentos políticos se han puesto a la tarea de una regulación de la música en vivo, el festival “13 Rue del Burlesque” demostró el poderío de los músicos participantes en el disco colectivo “A la primera”, que reunía a todas las bandas participantes y origen de todo lo que vino después, y su reflejo en un público ávido de música en directo. Quizás por eso, lo acontecido en la pasada noche del sábado 11 de abril en el Kuivi Almacenes (otro recinto perseguido por el contrasentido y el capricho de un determinado grupo político, el del “diccionario”, ustedes me entienden) adquiere una mayor proporción.



Seis bandas más un inusual coro – M13, que debutó para la ocasión -, reunidos en amor y compaña, buen rollo e intercambio creativo (readaptando, como en el disco de vinilo, temas unos de otros) por la venerable iniciativa de Jesús Cienfuegos, instigador y mecenas del festival, apoyado por una densa red de complicidades, obraron una noche mágica.



Hay en las seis diferentes propuestas materia prima suficiente para contar con un respaldo aún mayor, a la vista de los sólidos directos ofrecidos por todas las formaciones, que tuvieron un entrañable recuerdo en forma de homenaje musical al desaparecido líder de Ilegales, Jorge Martínez (versionando canciones como “Regreso al sexo químicamente puro” o “Bestia, bestia”) y al añorado Alberto Toyos – para quien se ha solicitado una calle en la ciudad sin respuesta alguna del consistorio ovetense- de quien se cumplía un año de su deceso.



Abrieron Ritmo Vudú, chispeante trío de new-wave punk, que sabe manejarse con un sinfín de referentes en sus letras, sólo comparables a mitos como los Siniestro Total de la época con Miguel Costas. Garage-punk, new-wave punk y rockabilly (no lo digo sólo por la camiseta de los Meteors que lucía Gus, su vocalista y guitarra, que se marcaría boya en su actuación e incansables coreografías en las del resto) se aúnan en una simbiosis muy divertida, a ritmo incesante e impecable para arrancar el festival.



 Su saxofonista Tomás Azpiri se multiplicaría durante toda la velada, poniendo su impronta al servicio de algunas de las otras bandas del festival. 



Jota -su aclamado bajista – es, por cierto, el autor de la portada, del diseño y de las ilustraciones de “A la primera” el disco germen de todo, que se vendió también durante la duración de los conciertos. Otra prueba más de ese entramado de amistad y buen rollo propiciado por el Burlesque Club y su propietario Jesús Cienfuegos.




La segunda formación de la noche fue El Malo, con su rebautizo de “y los Demonios del Burlesque”, liderados por Emilio Fidalgo, quien dirigiría después al coro femenino M13, con él a la guitarra, Chus Mirasierras (exLa Destilería) al bajo y Antonio Hernández a la percusión, interpretando clasicazos como “Mejor” de Los Brincos, “Nubes de tormenta” de Los Locos o “Moriría por vos” de Amaral, que ejecutaron en los intermedios entre cambios de grupos, desde el piso superior de la sala.



 Cuando hablamos de El Malo, lo hacemos de un grupo muy arriesgado en términos estilísticos, tanto en lo creativo como en su paleta musical y que encontraron alguna que otra dificultad para que su sonido y temazos como “Llegó Godot” brillaran con el lustre que merecen.



En tercer lugar llegarían Fer Bassman & The Riders, macizo trío de rock en la ancestral tradición de las guitarras de raíz setentera con las solventes guitarras de todo un histórico como Dani León, presencia destacada en múltiples aventuras del rock astur, aunque permítanme recordarlo en sus andanzas por los inolvidables La Destilería. Porque precisamente los estuve viendo con la compañía de mi querido Fredy Kostia, frontman de tan legendaria formación. 



Uno de los aciertos del festival fue ese, el contar con un público donde se podía encontrar uno con múltiples representantes de esa cultura ovetense que a muchos parece incomodarles. No sólo músicos como Miguel Pardo (Joven Kenobi, no confundir con el homónimo cantante de Sex Museum), también escritores como Rubén Rodríguez, David S. Suarón o Patricia Bernardo, o artistas plásticos como Toño Velasco, se contaban entre los asistentes que abarrotaron el recinto ovetense del Kuivi Almacenes, que se unió a esta celebración del rock y de la música en vivo de esa Vetusta que se niega a dormir en la siesta de los rancios carpetovetónicos.



Tras ser presentados de forma inexacta como los “decanos en activo del rock asturiano” (obvió en su nefanda y marisabidilla pose de supuesto experto habitual el conductor de la gala a Dr. Explosion, Los Ruidos, Feedbacks, entre otros, que hay bastantes más), llegó el turno de los siempre enormes Johnny Penicilina y los Frixuelos Eléctricos. 


Otro ejemplo más de actitud insobornable –sin pleitesías a gentes como el mencionado “conductor de galas”, por ejemplo, y absurdos premios quedabien desprestigiados de latón– coherente, indomable, que se une a un universo personal en las letras firmadas por su carismático vocalista Johnny Penicilina, una volcánica sección rítmica (los tremebundos César Longo y Karras), salpimentada con la riqueza de matices a dos guitarras (enormes la rítmica de José Maxide y la solista de Fon Fernández) para una propuesta única, singular y deslumbrante de principio a fin. 



Y con ya canciones clásicas para un grupo de fieles muy leal que las corean sin complejos. Esenciales y orgullosos vencedores de los ninguneos tan habituales en esta Asturias de mis dolores y con los que, personalmente, en mi desempeño, también me identifico.




Alto Volto no necesitan ningún tipo de presentación por mucho que se hayan pasado al idioma de Cervantes en lugar del de Shakespeare de sus primeros trabajos. Trío de hardrock guitarrero, con la formidable esencia hendrixiana a las seis cuerdas del gran Borja García, bien respaldado por Diego Motta – que estrenó un precioso bajo Rickenbacker de color azul Real Oviedo – y Juan Villamil a la batería, volvieron a mostrarse bien engrasados, potentes y con canciones que rezuman tanta vida como la excelente “Habitaciones vacías”.




La traca final llegó con los más jóvenes de la noche, Indocentes. 



Aparte la muy personal adaptación del “Solo” de Fer Bassman & The Riders, sorprendentemente en una onda similar a Muse, el cuarteto desgranó su propuesta festiva y desenfadada como colofón adecuado a una velada para recordar tanto por los presentes como para quienes aún siguen negando el pan y la sal a quienes arriesgan por la cultura menos encorsetada y más viva. Y, desde luego, para personas como Jesús Cienfuegos, Gus, Fon, todos los participantes, que han demostrado que el movimiento se demuestra caminando, con compromiso de verdad y no con blablableo de guays. Que de esos ya, con su avaricia desmedida, sus componendas de festiamañospremios y sus ansias de vana notoriedad y protagonismo ya hay bastantes que sobran en esta Asturias de mis dolores.

¡Larga vida y mucha salud al Burlesque Club!

MANOLO D. ABAD

Reportaje fotográfico: ELOY BELTENÉ