miércoles, 16 de septiembre de 2026
miércoles, 12 de agosto de 2026
25 años de "Omega" en directo en Asturias
25 AÑOS DE "OMEGA" EN DIRECTO EN ASTURIAS
Hoy, 12 de agosto de 2026, se cumple un cuarto de siglo de la única actuación que Enrique Morente y Lagartija Nick ofrecieron de su legendario "Omega" en Asturias. Fue en el Náutico de Gijón dentro de la Semana Grande de las fiestas de la Villa del Piles.
Increíblemente, sólo hubo esa ocasión para verles en una tierra que albergaba nada menos que una Peña Flamenca bautizada con el nombre del maestro granadino. La Peña Flamenca "Enrique Morente", sita en Oviedo, llegó a tener como dirigente al omnipotente alcalde de la ciudad -Gabino de Lorenzo Ferrera-, pero nunca jamás visitó la capital del Principado con el mítico espectáculo del no menos legendario trabajo "Omega", la mayor cima del rock y del flamenco abrazándose como nunca se ha logrado, y que en este año cumple su trigésimo aniversario.
¡Ay, esta Asturias de mis dolores! Y tantos y tantos retrasos, que no me extrañan ante la cerrazón de caciques culturales que hacen fortuna en sus reducidos muros de la Cordillera Cantábrica y el Mar. Lxs que te venden como novedades sus afectos que llegan con décadas de retrasos e ignorancia, lxs que postulan con sus mentiras su ignorancia de advenedizxs y saben venderlo como ese gusto exquisito que sólo conocen de segunda o de tercera mano. ¡Ay, esxs! Bendecidxs por otrxs aún más obsoletxs e ignorantes que ellxs y que los aupan a su ansiada condición de "personajes" del mundillo sociocultural de esta tierra de mis dolores.
Pero no estoy aquí para hablar de esxs -ya les he dedicado demasiadas líneas con estas breves palabras introductorias- sino para narrar cómo fue mi jornada aquel día, acompañado por dos queridos amigos: Ch. y Am.
Apenas llevaba unos días en el chalet de mis padres en la Urbanización La Encomienda, a 25 kms. de Zamora -donde pasé durante décadas veranos de ensueño-, tras llegar del F.I.B. 2001 cuando un nuevo y estimulante plan se estaba gestando. Aún conservaba la euforia de la semana (los lotes de hotel se vendían por ese mínimo temporal para hospedarse allí) festivalera de una convocatoria imprescindible entonces para estar al tanto de todo. Había sido una de las mejores ediciones que recuerdo, con la maravillosa P.J. Harvey -que ocuparía la portada de mi revista "Interferencias", en la que dedicaría un generoso número de páginas a mi particular diario del festival-, Death Cab For Cutie (a quienes mencioné como "revelaciones del certamen"), mis queridos Experience -entrevisté a Michel Cloup para el "Ruta 66"-, unos mágicos Mercury Rev, Flaming Lips, dos delicias como James y Belle & Sebastian; Goldfrapp u Orbital. Ver a la leyenda Alex Chilton como Big Star, con los Posies cubriéndole las espaldas fue otro de esos regalos que nos daba el festival castellonense por aquella época. Pulp no estuvieron, por desgracia, tan afortunados... En el equipo de La Roja, Orlando -¡cuánto me gustaba y me gusta (al recordarlo en sus discos) este grupo!-, Satellites, Cooper o La Habitación Roja marcaban un elevado nivel.
El plan era hacer un viaje relámpago a Gijón/Xixón para ver el grandioso concierto de "Omega" con Enrique Morente y Lagartija Nick junto con mis buenos amigos Am. y Ch. Vendrían a buscarme a La Encomienda y juntos iríamos hasta la ciudad asturiana en la pick-up azul de Am.
Llegaron temprano, justo a tiempo para conocer el entorno maravilloso de La Encomienda y el embalse del Ricobayo, el club Esla y para que mi madre mostrara sus dotes de excepcional anfitriona en la espaciosa terraza del chalet. Cuando, tras muchos años, pudimos arreglar la parcela del chalet, mi madre insistió en que hubiera un espacio muy amplio para disfrutar de las sobremesas en tertulias, de un lugar desahogado donde leer y poder albergar a bastante gente en torno a una mesa amplia. El jefe de la constructora encargada de la obra, hizo caso omiso y apenas dejó un espacio equivalente a la acera previa. Y ahí se encontró con mi madre: por el mismo precio tuvieron que hacer la encargada terraza, pagar las baldosas pedidas y con las dimensiones que se habían acordado. Por aquel entonces, el resto de los 52 chalets solían dedicar más espacio a la hierba y otros adornos, sin que hubiera sitio para un territorio más apto para la socialización en amistad. Se prefería la exhibición de amplios jardines a un terreno donde mandaran las reuniones. Como tantas otras veces, la tendencia que marcó mi progenitora sería seguida años después...
Tras la opípara comida y la posterior sobremesa, emprendimos ruta hacia nuestro objetivo: ver al gran maestro Enrique Morente y a mis queridos amigos Lagartija Nick en concierto. Cómodamente situado en el asiento de atrás de la pick-up me preguntaba cómo había podido llegar a convencer a mis dos amigos heavies de la enormidad de "Omega". Quizás habían entrado en su duende a través de los temas más rockeros o por que las inquietudes nü-metal de Lagartija Nick de entonces y más cercanas en lo musical a los gustos de Am., que solía ponerme a Rammstein en el trayecto de muchas tardes postpartido de fútbol del Real Oviedo en los cines de Parque Principado.
Tuvimos suerte de encontrar aparcamiento rápido y sin problemas, lo que nos permitió contemplar el montaje del escenario en el Náutico, un lugar inhóspito en zona de paso en una de las calles que conduce al Muro de San Lorenzo. Buscamos un sitio para cenar y tomar unas por la zona antes de que comenzara el espectáculo. Les había grabado el cd a mis amigos y no dejaba de darle vueltas a cómo se había establecido esa conexión. Con I., la chica con la que entonces salía, no se había producido ese embrujo. Supongo que fue una señal de mis tribulaciones y penares futuros con ella. Poco tiempo después, un concierto de Six By Seven en el Teatro Albéniz gijonés serviría para finiquitar tan tortuosa relación. Pero volvamos a esa noche. Unas terribles ráfagas de viento se empeñaron en sabotear muchos de los momentos de la esperadísima -por los tres- actuación. Resultaba especialmente sangrante en los fragmentos más acústicos en piezas descomunales como la maravillosa "La aurora de Nueva York" o "El pastor bobo".
Y, a pesar de esas vicisitudes, todos los que ocupaban el escenario se erigían como titanes furiosos y atinados contra unos elementos poco habituales en el tiempo de estío. No hubo mejores y más convenientes espacios en Asturias para acogerles, pero el Maestro daba una demostración de esa rompedora perseverancia que lo convirtió en un indiscutible gigante de la música. Mis amigos flipaban y disfrutaban, aunque quizás sus pensamientos no fluyeran con la profundidad con la que se me clavaban en el corazón palabras, guitarras, palmas y la voz del Maestro al cantar "...Quisiera estar siempre contigo/ me gusta, tu cuerpo, tu espíritu, tu ropa/... Recuerda que yo vivía sólo para la música..." (Manhattan), que tantas veces -entonces y a día hoy- resuenan en mi alma con distintos nombres y distintos rostros. Vuelta de paseo y Ciudad sin sueño ("Y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas/ al increíble cocodrilo quieto bajo la tierra") se alzaron con todo su poderío y ningún fenómeno meteorológico pudo con ellos.
Volvimos a Oviedo, en silencio, sólo el ruido del motor, pues ni siquiera pusimos música tratando de absorber todo lo visto y oído. Ch. era feliz con el volante al mando que le había dejado Am., también en el viaje previo, cuando, bajando por el Pajares, Am. nos contó cómo las cargas de su tráiler empujaban su cabina cuando bajaba por los puertos de Europa, de Burdeos a Hamburgo, de Berlín a Ljubliana, de Nápoles hasta volver a Oviedo, en viajes de cargas y descargas que duraban tres o cuatro semanas. Hoy recuerdo también sus eternas llamadas telefónicas de una hora, hora y media, a mí que odio estar con el móvil más de unos pocos minutos. Ahora, tras sufrir un devastador ictus, apenas si puede establecer una mínima conversación. Ch. moriría, víctima de un cáncer, meses después de aquel concierto que hoy cumple veinticinco años, justo cuando su vida parecía enderezarse tras un paso por la cárcel, cuya huella en su alma bondadosa debió ser decisiva para atraer tan devastadora enfermedad. Apenas le pude dedicar un artículo en la revista "ElSúmmum" sobre los Soledad Brothers a modo de pequeño homenaje.
Pasaron los años y el homenaje al Maestro fallecido logró otro hito -quizás no de la enormidad de "Omega", pero sobresaliente- en forma de álbum y de grupo: Los Evangelistas "Homenaje a Enrique Morente". Un bello epílogo donde las fuerzas creativas de componentes de Los Planetas y Lagartija Nick volvieron a lograr un mayúsculo hechizo. Que tampoco hemos tenido la oportunidad de disfrutar en esta Asturias de mis dolores. Y unos grandes "ayes" me vuelven a invadir mientras escucho una y otra vez ambas maravillas. Al menos, en cd me queda ese consuelo. ¡Aaay!
MANOLO D. ABAD
martes, 4 de agosto de 2026
La noche en que murió Jeff Conolly
LA NOCHE EN QUE MURIÓ JEFF CONNOLLY
Hay veces en que la concatenación de casualidades parece empeñarse en no ser tal, en responder a algo más. Y esa noche de sábado -aparte de las personales- se sumaron otras más en el plano general que la convirtieron en algo diferente.
Los últimos veranos en Oviedo están siendo completamente distintos a los vividos en años previos gracias a las noches musicales que ofrece el Kuivi. Ahora en su sede ya establecida en la zona de Ciudad Naranco, en la calle Almacenes Industriales, y, anteriormente, primero en San Lázaro y después en el -ahora- fantasmal, tétrico, entorno del antiguo hospital de Asturias. Y ese modelo de conciertos, la mayoría gratuitos, supone un revulsivo para una decadencia estival que se prolongó durante décadas en Vetusta. En el colmo de la imbecilidad, están aquellos a quienes les molesta esto y critican el "postureo" de quienes acuden a estos eventos sean o no su preferencia musical. Deberían aplicarse el cuento los susodichos, mirarse al espejo y considerar que, probablemente, sean ellos los que posturean poniéndose en plan auténtico con semejantes afirmaciones, siempre rebuznando con sus estúpidas opiniones y señalando con sus deditos acusadores.
Reconozcámoslo ya: el powerpop es el estilo musical del rock más infravalorado de cuantos existen. Para unos, carece de la dureza (sic) de otros géneros; para otros, justo al revés, demasiadas guitarras "ensuciando" las melodías. Y es que uno cada vez prescinde más de estas idioteces de tiquismiquis que quieren marcan su territorio como perritos falderos con sus meadas para, supuestamente, distinguirse con su supuesta autenticidad (nada más lejos de lo real), hacerse los interesantes y efectuar unas críticas raquíticamente ridículas. Ante eso, la realidad de conciertos impecables en la ejecución y sonido, además de vibrantes en la pulsión de sus repertorios y cancioneros, se impone por encima, muy por encima, de los blablableos de cuatro gatos incomodados por no conseguir empatizar con la pasión con la que los dos grupos italianos de la noche, en sus dos magníficas caras -la más powerpop de los Radio Days y la más áspera y garajera de los Peawees- se manejaron el pasado sábado 1 de agosto de 2026 en el Kuivi Almacenes ovetense ante un llenazo mayor aún que el conseguido unos días antes por las divertidísimas manga-electro-punks japonesas Ni-Hao!!! pero con un público completamente distinto. Luego ya están quienes se les paró el reloj del oído musical hace décadas y tratan de disimularlo con otra clase de fingimientos, también supuestamente "auténticos", con los que tratan de encubrir que llevan sin enterarse de nada del asunto desde hace ya tanto tiempo que este les ha sobrepasado para dejarlos en un desnudo y sonrojante ridículo. Por fortuna, son cuatro pavitos reales que cacarean en redes y poco más.
Porque, qué quieren que les diga, a mí me encantaron Radio Days. Ya lo habían hecho hace bastantes años en la ciudad, en el añorado local que ocuparon La Antigua Estación y, luego, La Salvaje (no podría asegurar cuál de las dos denominaciones los acogió) y demostraron solidez, capacidad melódica e ir mucho más allá de las convenciones que marca el powerpop y teñirla con aditivos estimulantes que muestran su versatilidad invadiendo otros territorios estilísticos. Personalmente, me maravilló su "Everything floats" -fabulosa mixtura de melancolía y garra- en un repertorio sólido y altamente estimulante.
Como suele ocurrir en estos casos, al término de la actuación de la primera de las dos bandas de la noche, el público optó por tomar el fresco en esa magnífica (y abarrotada) terraza, tan propicia para las tertulias y el arranque de The Peawees se encontró con sólo un tercio de los asistentes en las tres primeras canciones, que se abrieron con una inusitada fuerza, que ya no se detendría hasta el final del show. Liderados por el carismático Hervé Peronzini, un frontman de los que no se olvidan y con un vozarrón que nos trae esencias de grandes cantantes como el Paul Weller de los Jam -la relación con los británicos no se queda ahí- o el espléndido y añorado Chris Bailey (imprescindibles The Saints), The Peawees dosifican un cóctel donde se aúnan soul-punk, garage-punk y rock´n´roll en un combinado que funciona mejor cuando se desata con fuerza que en los tiempos medios. Para el recuerdo también esa magnífica versión de los Remains, un ineludible "Don´t look back", que nos trajo remembranzas de esas noches de gloria en el ovetense Channel, donde era uno de los himnos habituales pinchado por Eduardo "Poti" Palacios. No me resisto a comentárselo a Guzmán, guitarrista mierense de los grandes Montefurado, y él evoca cómo se quedaba, a sus 17 años, acurrucado en las empinadas escaleras del diminuto local del Antiguo, escuchando y flipando con el panorama nocturno de mucho del público que, tantos años después, presenciaba el concierto.
Una vez concluido, llega el animado tramo de tertulias. Estoy con David, a quien en las noches de dj en el Burlesque Club se le conoce por David Jetta, que luce una camiseta de Los Del-Tonos y se me despierta en la memoria el recuerdo de un día de grabación en Prado del Rey para el programa "Cajón de Sastre", en el que coincidí con el grupo cántabro que se traía al desaparecido Rafa Fustes para el play-back de armónica, como a mí me habían llevado The Amateurs para el mismo desempeño en los teclados. Mucho tiempo después. volvimos a coincidir Rafa, dueño de los emblemáticos locales madrileños Flamingo y Sol (no confundir al de la calle Jardines con el que regentaba en la plaza del 2 de mayo) en un concierto en la avilesina Factoría -¡grandísima su ejemplar programación también!- de Los Del-Tonos. También cuando acudía en muchas solitarias noches madrileñas post-conciertos a la emblemática Vaca Austera -con el Pali de securata en la entrada- a tomarme algo y prolongábamos la noche a puerta cerrada... Con él ya asentado en Asturias, insistiendo en que escuchara a su hijo tocar y que lo viera en un concierto en La Salvaje al que no pude asistir por una noche de trabajo en RTPA, retomamos una gran relación hasta su temprana muerte hace unos años, que me llenó de tristeza. Pero no era una noche para tristezas, sino para celebrar seguir en la pomada.
Y tras todo el buen rollo de amigxs y conocidxs, me encamino a casa para ver a otro Rafa, el gran Jódar, que disputaba las semis del Washington Open de tenis en horario de madrugada y seguía haciendo una historia deportiva que ya empieza a discurrir paralela a la de Nadal y a la de Alcaraz. Pasaría de ronda y se plantaría en una final que perdió ayer ante Taylor Fritz. Pero la noticia con la que me topaba en esa madrugada de retransmisión en las redes era la de la muerte de Jeff Conolly, alias "Monoman", líder absoluto de Lyres y previamente en DMZ, además de un montón de formaciones del underground garajero alternativo estadounidense. Curiosamente, fue a través de la página de fb -a la que no estaba suscrito ni seguía- de un viejo conocido, Ladis Montes, a quien hace eones que no veo. Él, precisamente, fue quien me pasó el imprescindible "Lyres, Lyres, Lyres" que había publicado Imposible Records, una tarde-noche madrileña en las inmediaciones del Rock-Club mientras hacía tiempo en la tienda Record Runner antes de un magnífico, inolvidable, de unos Dream Syndicate, que venían a presentar su poco ponderado "Ghost stories". Y los Lyres, qué gran conciertazo aquella noche ovetense de primavera (2 de junio del 88) junto a los nunca bien valorados Los Potros. Creo recordar que hice una crítica del concierto para "Ruta 66", algún día tendré que ordenar todos los papeles desordenados y las revistas desperdigadas en cajas que tengo por casa...
Otros tiempos... desde luego. Y, ahora, con diferente edad, tantas vivencias y conciertos a la espalda, esa brisa de madrugada al regresar de conciertos tan completos, no sólo por la música, nos siguen dando la energía necesaria para continuar en la pomada, le pese a quien le pese, a esos enemigxs agazapadxs con sus cuchillos prestos para otra de tantas puñaladas traperas que mi espalda ya ni las nota. Me asomo a la terraza de mi casa, donde antes tendía la chupa de cuero para intentar quitarle el olor a tabaco de esas noches eternas de conciertos de rock y bendigo el poder seguir ahí, así, apurando mi café veraniego a la espera de otro nuevo amanecer.
MANOLO D. ABAD
miércoles, 8 de julio de 2026
Una jornada en la Semana Negra de Gijón 2026 con "Asturias Negra y Criminal"
UNA JORNADA EN LA SEMANA NEGRA DE GIJÓN 2026 CON "ASTURIAS NEGRA Y CRIMINAL"
Es 7 de julio (y San Fermín, añadiría el castizo) y tenemos la presentación del libro colectivo de Más Madera Editorial en el que participo -"Asturias Negra y Criminal"- en el marco ideal, perfecto: la Semana Negra de Gijón. Antes de que llegue el momento, las 18 horas, en el Escenario principal del certamen, me toca una mañana de lo más atareada. He de organizar los paquetes con el libro físico para Xuan Cándano, Jesús Palacios y Luis Artigue, a quienes, por diversas razones, no se los hemos podido hacer llegar y han tenido que tirar del socorrido pdf para preparar sus intervenciones en la presentación. Pero, ¿desconoce alguno de ellos que ha de participar en ella?
Llamo a Luis Artigue para comprobar si no tenía el libro de cara a moderar la poblada mesa que contaría con los mencionados Xuan Cándano y Jesús Palacios, además de Pilar Sánchez Vicente, David S. Suarón, Berta Piñán y, por supuesto, la coordinadora del libro y, a la sazón, presidenta de la Asociación Alternativas, Virginia Gil Torrijos. Extracto de la conversación con Luis.
- ¡Manolo! ¿Qué tal? Me pillas en un taxi. Estoy tratando de encontrar mi coche que no sé dónde lo dejé aparcado ayer.
-¡...! Bien, Luis, preparando la mesa de hoy en la Semana Negra que vas a moderar.
-¿Cóoooomooooo...? Pero, ¿qué me dices? ¡Primera noticia!: ¿A qué hora va a ser?
-A las seis. Pero, joder, ¿no te han avisado? ¡Mecagoentodoloquesemenea!
-...Y tengo una jornada intensiva: a las seis y media, con Carlos Quílez, etc, etc...
-¡Hombre, Carlos, cuánto tiempo sin verlo, qué guay!
Pasa a repasar todas las citas que tiene en diversas mesas hasta las ocho de la tarde.
La mañana ovetense va caldeándose cada vez más. Mi teléfono, también. Finalmente, quedo con David S. Suarón en coger el tren de cercanías hacia La Calzada a eso de las 16:45 h. Breve almuerzo, libros envueltos en tres paquetes distintos para Xuan, Jesús y Luis. A Luis Artigue le incluyo dos de mis poemarios con Más Madera -el último "Sin Red" (Terra Ignota, 2026) ya se lo había enviado por correo- "Infernales, tóxicos y demás parásitos" (2021) y "Si la música no fuera vida, estaria muerto" (2025). A Jesús Palacios le pongo -aparte del ejemplar de "Asturias Negra y Criminal"- dos libros colectivos sobre cine que hemos publicado en colaboración con el FICX: "Fuera de Guion" (2019) y "Mitorama" (2021). Llevo unos meses preparando uno nuevo con el mismo tema y con el que esperamos repetir colaboración con el festival que dirige Alejandro Díaz Castaño, a pesar de los ajustes presupuestarios del certamen gijonés. Aún queda un mes para saberlo, pero quería hablar con Jesús de temas relacionados con ese libro, del que no desvelaré su título ni el de los veinticinco autores/as que han entregado sus textos. Bueno, veinticuatro, el que hace 25 es quien suscribe, claro.
Abre fuego mi querido Jesús Palacios, recordando su década como ciudadano gijonés, que desde 1997 llevan contando con él para la Semana Negra, además de resaltar que, entre la diversidad de las 39 narraciones reunidas en "Asturias Negra y Criminal" por otros tantos autores/as, está el true crime (crimen basado en hechos reales) por el que siente una particular devoción. Berta Piñán destaca haber acercado su relato a su propio terreno, el rural, no como escenario sino como verdadero protagonista. Pilar Sánchez Vicente -tras leer el arranque del suyo- destaca la (terrible) cifra de 49 feminicidios en lo que llevamos de año, y que le llevó a idear "cómo sería el mundo al revés", en su cuento titulado "Dulce María". Suarón también contó algo del suyo, cosa a lo que se negó Xuan Cándano, subvirtiendo la tendencia del resto de los componentes de la mesa para resaltar "la abundancia y calidad de la literatura que se crea en Asturias tanto en lengua española como en asturiano". A las diferentes corrientes de la llingua que aparecen en seis de los relatos de "Asturias Negra y Criminal" se refirió Virginia Gil Torrijos, quien -en un sorprendente giro de guion- se saltó todos los protocolos para invitar a los otros tres autores presentes entre el público: Martín Castro, Eduardo Galguera y quien suscribe.
Me tocó abrir el primero de los tres a instancias del dinámico moderador Luis Artigue, quien tras mi exposición, definiría mi relato como "serie negra existencialista". Antes de hablar de "El corazón escondido de Oviedo" solté una boutade para romper el hielo: "Recomiendo esta obra a pesar de mi presencia en ella". Recordé los doce años que se cumplían tras haber presentado por primera vez a mi detective Julián "Yul" Solares en otra carpa y otra ubicación de la Semana Negra de Gijón con Jesús Palacios dentro del libro de relatos "Justos por pecadores" (Turbulencias, 2014), donde aparecía en cuatro de las narraciones. Aproveché para anunciar que ya he terminado una novela y (casi) un libro de relatos con Yul de protagonista, tal y como aparece en uno de los 39 del trabajo que estábamos presentando "Asturias Negra y Criminal". Martín Castro se refirió al suyo como todo un reto, dado que nunca había practicado el género negro. Y Eduardo Galguera valoró la presencia de varias narraciones ambientadas en la Guerra Civil, tal y como él también había ideado.
Terminadas las firmas de las dos decenas de ejemplares vendidos, nos tomamos unas cervezas (yo, un café) mientras nos llegan los ecos de la retransmisión del Mundial en dos pantallas gigantes. Egipto vence 1 a 0 a Argentina, pero, cuando llega el segundo de "Los Faraones", uno tiene la certeza de que no va a ser posible. El resto ya es historia de la vergüenza de esta terrible Copa del Mundo de la FIFA, que va sembrando de episodios sonrojantes su trayecto, reacio de manera ostensible y descarada a evitar como sea -a través de las herramientas en principio habilitadas para la justicia- que se den sorpresas como la que hubiera protagonizado Egipto. 3 a 2 final para los albicelestes, siempre aliados con el escándalo en las citas mundialistas.
Rematamos la noche con una cena a base de hamburguesas -aquí sí que me salté la dieta- y cervezas (yo, agua, mi nueva vida) antes de acudir en pos de libros y, en especial, al denominado "supermercado", la carpa donde por un módico precio -3,5 € a pagar en efectivo (no tienen para tarjeta)- se accede a joyas del catálogo de la Editorial Júcar, que aún esperan ser descubiertos: novela negra (la "Colección Etiqueta Negra"), sf y otras variedades (Etiqueta Roja) y Música (la célebre "Juglares", que tantos oídos abrió en su época). Una pareja nos pide espontáneo asesoramiento sobre algunos de las firmas a adquirir. Antes, foto con mi duodécimo libro, que enviaré a mis editores barceloneses de Terra Ignota, donde he publicado "Sin Red".
Al regreso en tren nos topamos con un retraso de más de media hora en el Cercanías. Noel -autor de varias de las fotos que acompañan esta crónica- tiene en su móvil el segundo partido de la jornada de octavos del Mundial: Colombia-Suiza. Cuando ya nos temíamos lo peor -un retraso mayor- llega el transporte ferroviario. A mí me deja en la Estación del Norte de Oviedo -un lugar que me trae recuerdos de algunos episodios amorosos y de desamor con algunas mujeres a las que amé- y a mis amigos en la también vetustiana de Llamaquique.
Acaba la jornada en casa, televisor encendido -pierde Colombia en la tanda de penalties-, luces apagadas en soledad, un pequeño refrigerio (el delicioso BobbiBitter, unas aceitunas) y a tratar de que llegue el sueño tras un día de esos en los que recargas energía y te animan a continuar en la brecha tras tanto tiempo alejado de la acción.
MANOLO D. ABAD
viernes, 3 de julio de 2026
Un día después del aniversario de la muerte de Hemingway
UN DÍA DESPUÉS DEL ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE HEMINGWAY
Ayer, jueves 2 de julio de 2026, fue uno de esos días donde el tiempo se escapa en medio de la trepidación, de un continuo devenir de actos, movido por un viento racheado entre las emergencias, las decisiones e indecisiones, la satisfacción de ciertos reflejos públicos de la propia creación e instantes en apariencia intrascendentes (la carretera, una terraza, un partido de fútbol -o dos- del Mundial, unas canciones que abren la espita -como tantas otras veces- de recuerdos y de sensaciones). En toda esa coctelera de texturas, ¿quién tiene tiempo para recordar una efeméride? No yo, poco dado a ellas.
El 2 de julio, ayer, se cumplían 65 años de la muerte de Ernest Hemingway sin que quien les escribe se enterase. A estas alturas del partido, uno tiene unas pocas fechas marcadas a fuego en la memoria y el resto las deja (¡aaay!) en manos de las nuevas tecnologías o de algún giro de azar que las muestre. Recuerdo en la redacción de RPA -la radio autonómica asturiana- en el Convento de las Clarisas, en el tiempo en que compartí aquella sala como asesor (ahora lo llaman "ambientador") y programador de RTPA a una compañera -quizás alguna más- siempre pendiente de las efemérides para darlas a conocer a su audiencia.
A la muerte de mi madre, un 27 de enero de 2021 (esta fecha sí que está marcada a fuego en mi memoria), llegó un tiempo de profunda oscuridad, que, poco a poco -de forma lenta, pero inexorable- ha ido transcurriendo a un nuevo espacio, que tiene su propia palabra à la mode: "liminal".
Entre las incontables acciones a realizar tras un deceso así, una fue la de la revisión y organización de la biblioteca de mi madre. Ese proceso de recolocar libros y objetos diversos para permitir espacio a... más libros, cds, vinilos, dvds y demás, que iban acumulándose con cuentagotas por los suelos y las estancias de la casa, trajo consigo muchas decisiones para que el caos no se hiciese fuerte en medio de la tribulación
Fueron muchos los sorprendentes descubrimientos en materia bibliográfica que me tenían guardado esas estanterías a reorganizar.
Si bien había muchas autoras y muchos autores de los cuales conocía la devoción de mi madre, otros de sus gustos me llamaron la atención sobremanera. Ya sabía de nombres como Rosa Chacel, Santa Teresa de Jesús, José Saramago, Eça de Queiroz, Júlio Dinis, San Agustín, Julio Cortázar o Juan Marsé entre sus predilectos; otros, compartidos, como Soledad Puértolas, Paul Auster, Patricia Highsmith, Miguel Delibes, Antonio Muñoz Molina; o clásicos como Lorca o Quevedo.
Pero entre los nombres con los que no contaba como favoritos de mi madre me llamó especialmente la atención la presencia de Ernest Hemingway. Curiosamente, coincidió este descubrimiento con un interés personal mío en el autor, que permanecía en un borroso recuerdo de alguna lectura de mi adolescencia y que no iba más allá. La casualidad, ¿la causalidad? me ha permitido abrir una ventana crucial en este momento donde camino desde la oscuridad más profunda hacia un incierto destino que intuyo algo más luminoso.
MANOLO D. ABAD
jueves, 30 de abril de 2026
Una Ley necesaria para Asturias
Una ley necesaria
lunes, 13 de abril de 2026
Una noche para recordar
UNA NOCHE PARA RECORDAR
Festival 13 Rue del Burlesque
Kuivi
Almacenes, Oviedo.
Sábado,
11 de abril de 2026.
RITMO
VUDÚ, EL MALO, FER BASSMAN & THE RIDERS, JOHNNY PENICILINA Y LOS
FRIXUELOS ELÉCTRICOS, ALTO VOLTO, INDOCENTES, CORO M13.
Veintitrés años han transcurrido desde que en Oviedo se apagase la música en vivo durante más de un eterno año por las sinrazones políticas jugando con los vacíos legales y administrativos para ejecutar un ominoso capricho. Algunos de los participantes en este festival padecieron aquella situación en otro gran momento para la escena de la ciudad, que echó abajo a un puñado de pujantes formaciones que poseían un gran futuro: Dogfight, Kie 13, Esmusssein, Ass Draggers, Las Nurses, The Punishers, Sonido Alfredo, Freddie Fano y los Marijuana Trio y/o, sí, también, Alto Volto.
Mientras parece que ¡por fin! los estamentos políticos se han puesto a la tarea de una regulación de la música en vivo, el festival “13 Rue del Burlesque” demostró el poderío de los músicos participantes en el disco colectivo “A la primera”, que reunía a todas las bandas participantes y origen de todo lo que vino después, y su reflejo en un público ávido de música en directo. Quizás por eso, lo acontecido en la pasada noche del sábado 11 de abril en el Kuivi Almacenes (otro recinto perseguido por el contrasentido y el capricho de un determinado grupo político, el del “diccionario”, ustedes me entienden) adquiere una mayor proporción.
Seis bandas más un inusual coro – M13, que debutó para la ocasión -, reunidos en amor y compaña, buen rollo e intercambio creativo (readaptando, como en el disco de vinilo, temas unos de otros) por la venerable iniciativa de Jesús Cienfuegos, instigador y mecenas del festival, apoyado por una densa red de complicidades, obraron una noche mágica.
Hay en las seis diferentes propuestas materia prima suficiente para contar con un respaldo aún mayor, a la vista de los sólidos directos ofrecidos por todas las formaciones, que tuvieron un entrañable recuerdo en forma de homenaje musical al desaparecido líder de Ilegales, Jorge Martínez (versionando canciones como “Regreso al sexo químicamente puro” o “Bestia, bestia”) y al añorado Alberto Toyos – para quien se ha solicitado una calle en la ciudad sin respuesta alguna del consistorio ovetense- de quien se cumplía un año de su deceso.
Abrieron Ritmo Vudú, chispeante trío de new-wave punk, que sabe manejarse con un sinfín de referentes en sus letras, sólo comparables a mitos como los Siniestro Total de la época con Miguel Costas. Garage-punk, new-wave punk y rockabilly (no lo digo sólo por la camiseta de los Meteors que lucía Gus, su vocalista y guitarra, que se marcaría boya en su actuación e incansables coreografías en las del resto) se aúnan en una simbiosis muy divertida, a ritmo incesante e impecable para arrancar el festival.
Su saxofonista Tomás Azpiri se multiplicaría durante toda la velada, poniendo su impronta al servicio de algunas de las otras bandas del festival.
Jota -su aclamado bajista – es, por cierto, el autor de la portada, del diseño y de las ilustraciones de “A la primera” el disco germen de todo, que se vendió también durante la duración de los conciertos. Otra prueba más de ese entramado de amistad y buen rollo propiciado por el Burlesque Club y su propietario Jesús Cienfuegos.
La segunda formación de la noche fue El Malo, con su rebautizo de “y los Demonios del Burlesque”, liderados por Emilio Fidalgo, quien dirigiría después al coro femenino M13, con él a la guitarra, Chus Mirasierras (exLa Destilería) al bajo y Antonio Hernández a la percusión, interpretando clasicazos como “Mejor” de Los Brincos, “Nubes de tormenta” de Los Locos o “Moriría por vos” de Amaral, que ejecutaron en los intermedios entre cambios de grupos, desde el piso superior de la sala.
Cuando hablamos de El Malo, lo hacemos de un grupo muy arriesgado en términos estilísticos, tanto en lo creativo como en su paleta musical y que encontraron alguna que otra dificultad para que su sonido y temazos como “Llegó Godot” brillaran con el lustre que merecen.
En tercer lugar llegarían Fer Bassman & The Riders, macizo trío de rock en la ancestral tradición de las guitarras de raíz setentera con las solventes guitarras de todo un histórico como Dani León, presencia destacada en múltiples aventuras del rock astur, aunque permítanme recordarlo en sus andanzas por los inolvidables La Destilería. Porque precisamente los estuve viendo con la compañía de mi querido Fredy Kostia, frontman de tan legendaria formación.
Uno de los aciertos del festival fue ese, el contar con un público donde se podía encontrar uno con múltiples representantes de esa cultura ovetense que a muchos parece incomodarles. No sólo músicos como Miguel Pardo (Joven Kenobi, no confundir con el homónimo cantante de Sex Museum), también escritores como Rubén Rodríguez, David S. Suarón o Patricia Bernardo, o artistas plásticos como Toño Velasco, se contaban entre los asistentes que abarrotaron el recinto ovetense del Kuivi Almacenes, que se unió a esta celebración del rock y de la música en vivo de esa Vetusta que se niega a dormir en la siesta de los rancios carpetovetónicos.
Tras ser presentados de forma inexacta como los “decanos en activo del rock asturiano” (obvió en su nefanda y marisabidilla pose de supuesto experto habitual el conductor de la gala a Dr. Explosion, Los Ruidos, Feedbacks, entre otros, que hay bastantes más), llegó el turno de los siempre enormes Johnny Penicilina y los Frixuelos Eléctricos.
Y con ya canciones clásicas para un grupo de fieles muy leal que las corean sin complejos. Esenciales y orgullosos vencedores de los ninguneos tan habituales en esta Asturias de mis dolores y con los que, personalmente, en mi desempeño, también me identifico.
Alto Volto no necesitan ningún tipo de presentación por mucho que se hayan pasado al idioma de Cervantes en lugar del de Shakespeare de sus primeros trabajos. Trío de hardrock guitarrero, con la formidable esencia hendrixiana a las seis cuerdas del gran Borja García, bien respaldado por Diego Motta – que estrenó un precioso bajo Rickenbacker de color azul Real Oviedo – y Juan Villamil a la batería, volvieron a mostrarse bien engrasados, potentes y con canciones que rezuman tanta vida como la excelente “Habitaciones vacías”.
La traca final llegó con los más jóvenes de la noche, Indocentes.
Aparte la muy personal adaptación del “Solo” de Fer Bassman & The Riders, sorprendentemente en una onda similar a Muse, el cuarteto desgranó su propuesta festiva y desenfadada como colofón adecuado a una velada para recordar tanto por los presentes como para quienes aún siguen negando el pan y la sal a quienes arriesgan por la cultura menos encorsetada y más viva. Y, desde luego, para personas como Jesús Cienfuegos, Gus, Fon, todos los participantes, que han demostrado que el movimiento se demuestra caminando, con compromiso de verdad y no con blablableo de guays. Que de esos ya, con su avaricia desmedida, sus componendas de festiamañospremios y sus ansias de vana notoriedad y protagonismo ya hay bastantes que sobran en esta Asturias de mis dolores.
¡Larga vida y mucha salud al Burlesque Club!
MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: ELOY BELTENÉ



















































