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martes, 22 de septiembre de 2026

Hoy en Oviedo


La escritora asturiana Patricia Bernardo presenta en el ovetense Club de Prensa Asturiana a las 19:30 h. su segunda novela "Nada es tan importante" (Delallama), acompañada por la escritora mexicana Mayte Calderón Grobet.


 

lunes, 21 de septiembre de 2026

"Experiencias más allá del Kronen" (4ª parte)


EXPERIENCIAS MÁS ALLÁ DEL KRONEN

(4ª Parte)



"In the city there´s a thousand things I want to say to you/ But whenever I approach you/ I wanna say to you, I wanna tell you/ About the young ideas/ But you turn me them into fears"

("In the city"- The Jam. Paul Weller, 1977)

Y llega el día 15, martes y 15. La presentación de "Transición. La experiencia U-Feeling IV", el libro de Eva G. Guerrero y José Ángel Mañas en el Club de Prensa Asturiana. Al mes siguiente, en el mismo lugar, en el mismo día de la semana, pero en el muy supersticioso -sólo en España- día 13 (en gran parte del mundo occidental, el viernes) será el turno del libro-colectivo que he ideado y coordinado y del que he logrado no desvelar su título en estas cuatro entregas. Al final, hasta no soy tan bocazas. No voy a decir la frase "me despierto", o "sonó el despertador". Mentiría. La duermevela ha sido absoluta y con todas sus delirantes fases: levantarse y volver al libro, apuntar en la libreta, marcar más páginas, garabatear alguna pregunta; volver a tumbarse en la cama; venga, de nuevo a la cocina, fruta, otro café, no, mejor un par de infusiones (hinojo, manzanilla, menta poleo, para evitar las protestas del estómago); asomarse otra vez a la terraza. Y, finalmente, contemplar el amanecer -insólitamente despejado- desde allí. Al vivir en la falda de una montaña, el emblemático monte Naranco, a esas horas de la mañana es cuando suele producirse el fenómeno de la inversión térmica: cima despejada y la base del monte llena de nubes. Hoy, ni siquiera eso. En el cordal de las sierras, tampoco: va a hacer un día de muchísimo calor. Antes de que el sol comience a atorrar, me dirijo a Lugones, a la Óptica Ideal de mi apreciado Dioni. Cinco minutos de tren cercanías rápido, mientras evoco mentalmente en el trayecto canciones con "tren" que he escuchado en los últimos días. La deformación profesional que permanece de mi antiguo trabajo de "asesor musical" en RTPA... Ahora "ambientador musical" (neodenominación por obra y gracia de una convocatoria laboral de RTVE), que también me hace recordar una magnífica y divertida pieza de José Domingo "Más que perfumado" (por lo del ambientador, si es que no lo captasteis). Las tres canciones que revolotean en mi mente son: el Train de Goldfrapp, el Love train de We Are Standard (anteriormente, cuando escuché por primera vez a la banda getxotarra, Standard) y Tren en vía muerta de Los Amantes de María. Ya me sé el camino y llego a recoger las dos gafas, con nueva graduación (en vez de ganar dioptrías, las he perdido, rarezas de uno). Dioni me tiene preparada hasta una bolsa molona de su establecimiento. Sin colas, ventajas de madrugar. Casualmente, mi querido Fredy Kostia (Alfredo Casero para los inspectores de Hacienda), gran amigo, cantante de La Destilería y apelado sólo por mí padrino -por razones que sólo él y yo sabemos, quizás A. lo recuerde, lo dudo- va a pasarse ese mismo día por allí. Bromeamos sobre la escasa puntualidad de los rockeros, máxime si se trata de un vocalista. Llego a tiempo de vuelta y sin esperar más de cinco minutos al tren. Me apetece un paseo antes de que el calor apriete y yo me encierre en sombras en mi casa para preparar los últimos detalles del "acompañamiento" a José Ángel Mañas (JAM, lo llamaban algunos de sus cercanos), quien ya ha iniciado su tour norteño de presentaciones y que esa misma mañana se detiene en Villablino. La ciudad despierta, rezongona, con tráfico no muy intenso a eso de las once y aprovecho para comprar algo de fruta y de agua con gas.


Hemos quedado un ratito antes en una cafetería cercana, pero no la que está enfrente del Club de Prensa ni la clásica cervecería donde quedaba tantas veces para las presentaciones, sino en una donde suelo escribir y corregir cuando me saturo de estar en mi domicilio y necesito respirar. Además, tienen buen café, no hay televisión, algunos sillones cómodos y la gente no suele ser de "volumen sidra", con lo cual no habrá que hacerse oír a voces. Cuando llega JAM con un amigo ovetense ya ha empezado a llover. Si no fuera verano e hiciera un bochornazo poco llevadero, uno pensaría en la inminencia del otoño. La conversación gira en torno a historia y ellos llevan la voz cantante. José Ángel se pide un agua con gas y su amigo un café; la pareja de su colega -que ha llegado hace un rato- nada.  Bromea sobre mi bebida, la misma que yo. "Pensaba que era un gin-tonic", dice con una sonrisa de oreja a oreja. Le respondo que desde hace quince meses siempre me dicen lo mismo. A mí, que rara vez tomé uno. Le añado que esta marca de agua no está mal, aunque no sea ni Vichy Catalán, ni Agua das Pedras ni, mucho menos, Badoit. La conversación se desplaza a ese territorio, lejos de la historia y hacemos un último repaso al orden de la presentación.


La entrada a un gran auditorio -vale, los hay mayores, siempre los podemos encontrar- impone aún más cuando hay poca gente. Se ha desatado un tormentón estival y entre eso y el ansia festiva de las descafeinadas fiestas locales, no llegamos más que a una docena y media de asistentes. En una librería, eso no te produce esa sensación algo desoladora de las sillas vacías; aquí, me genera cierta inquietud que, tras las protocolarias fotos, se transforma en un dubitativo comienzo por mi parte. Sí me ha reconfortado ver a mi hermana y mi cuñado entre el público. A su lado, curiosamente, se situará también una amiga que llegará con el acto empezado y que ha cumplido con su palabra de venir, a pesar de haberle cogido el aguacero. Pienso en mi madre, siempre en la primera fila de todas mis presentaciones hasta que el físico impidió que pudiera estar presente, con la primera pregunta preparada para cuando decía mi ya famosa frase lapidaria: "pregunten ahora o callen para siempre".
JAM, no sé si consciente de mi súbito e inseguro tono, toma la palabra con aplomo y seguridad para ceñirse a la primera parte del diálogo, que gira en torno a, claro, sus inicios y ese hito que fue Historias del Kronen y toda su repercusión generacional posterior. Recupero mi compostura, aunque no sea necesario: Mañas discurre con pulso firme hablando con tal entusiasmo de su etapa en la novela histórica, que yo ya sólo tengo que escucharle con atención, y encontrar un pequeño intervalo para introducir alguna pequeña nota. O mi boutade habitual sobre la novela histórica: "Ni es novela ni es histórica". Cada apunte así, el escritor madrileño lo conduce con una brillantez argumental rica, diversa y te comunica tal entusiasmo que hasta me apetece sumirme en una de esas creaciones suyas, bien distintas al oportunismo de tantxs otrxs que usan la "novela histórica" como trampolín para hacer fortuna. Bromeamos sobre el "proceso creativo" (luego le enviaré por whatsapp, en primicia, un poema mío con ese título, vitriolo puro), en este caso imprescindible, pues la novela se fraguó a cuatro manos con la escritora valenciana Eva G. Guerrero.

Y seguimos sin que parezcan discurrir los minutos de manera forzada. Da tiempo a un repaso exhaustivo a un montón de temas que me resulta difícil enumerar. Recuerdo, en mis tiempos de utillero (encargado de material, dicho eufemísticamente, aunque fui un poco hombre-orquesta, o sea, delegado, speaker, taquillero, lo que se terciase) en un equipo de fútbol, cómo un buen amigo de la plantilla de jugadores profesionales (había jugado en Segunda y Segunda B y estuvo a prueba en Inglaterra) se había olvidado de lo sucedido dentro del terreno de juego tras un durísimo partido en un campo -de aquella, de tierra- tan jodido y ante un público calentísimo -por decirlo suavemente- como el de Tuilla. A mí me sucedió lo mismo: una vez finalizó el acto y comenzaron las firmas, todo se volatilizó por el alivio de haber llegado a buen puerto todo. 



"Oigo algunas cosas que dicen cuando hablan sobre mí/ Y aunque algunas no son ciertas, otras sí/ Es verdad que no tengo nada, sólo ganas de vivir/ Lo demás casi no importa para mí/ Dame una razón que me sirva para no seguir así/ Es la única manera que conozco de vivir/ Cuando las luces se apagan y el concierto terminó/ Y la música se apaga, entonces vuelvo a ser yo"

("Cuando las luces se apagan". Los Secretos, 1982. Enrique Urquijo)


Ya está, se terminó. Cuando saco los tres libros suyos que me he traído, me doy cuenta que no, que sólo he cogido dos: falta Historias del Kronen. Luego, llega otro conocido de JAM y yo me salgo de la tarima para saludar a mi amiga y preguntarle qué tal ha salido. Tiene su melena rubia empapada y un aspecto algo más quebradizo, lo que aumenta su encanto. Y mi facilidad para la idealización desaforada y ciega. Ha comprado un ejemplar del libro y la invito a que suba al escenario a que le firme y charle con él. A fin de cuentas, también es una prueba para ella, puesto que a la semana siguiente estará en la posición que ocupa ahora el madrileño. Una vez terminada la firma, le pregunto si quiere tomar algo con nosotros. El post, como decimos ahora. En realidad, me apetece estar más con ella. El autor madrileño ya tiene a sus amigos, pero el azar se pone en mi contra: alguien se ha dejado una muleta. Hago una broma macabra. Recuerdo que ya aludió en ese mismo escenario mi querido Ramón Lluís Bande cuando "me acompañó" en la presentación de mi primer libro Vasos sucios en la madrugada hace eones -casi dos décadas- a ese retorcido sentido del humor. Y pienso que algo bueno debe estar sucediendo cuando regreso a aspectos personales destacables que se perdieron en los largos días, meses y años de duelo y tribulación.
Mi amiga se ha marchado, harta de esperarme mientras trataba de buscar a María José para que se hiciera cargo de la dichosa muleta abandonada. Yo lo haré poco después, caminando por las calles vacías en medio de la pertinaz lluvia, mientras en el Paseo del Bombé del Campo San Francisco suena una canción que no interrumpe la que reproduzco en mi mente, Last night in town de los Twilight Singers: "Whenever you´re here you´re alive/ The devil says you can do what you like/ Come what may, come what might/ You might see me here/ They come to bury you, child/ And there´s a man on the loose in your eyes/ But should you stay and should you fight/ You find me here/ Dreaming, dreaming true and true/ Screaming, O my Lord/ When the scheme´s undone/ One will survive".


MANOLO D. ABAD









"Experiencias más allá del Kronen" (3ª parte)

"EXPERIENCIAS MÁS ALLÁ DEL KRONEN"

(3ª parte) 





"Nuestra inteligencia actual está sometida a sesgos cognitivos que alteran su buen funcionamiento. El asunto que debe analizarse es "por qué el razonamiento humano en algunas circunstancias se aleja tan frecuentemente de la norma de lo verdadero". Es este carácter previsible, compartido, medible del error cognitivo lo que hay que elucidar."

("La vacuna contra la insensatez", José Antonio Marina, Ariel 2025) 

Me suele ocurrir tantas veces, que yo creo que ya se ha convertido en una costumbre: de repente, cuando surge un compromiso, una fecha a cumplir, inmediatamente, nacen otras tantas en avalancha, imparables, impredecibles e imprescindibles. Así estaba en la última semana del mes de agosto. Con una novela corta llena de apuntes en papelotes (sí, volví al reciclaje espontáneo de los tickets de compra del Supermercado Masymas) y la inminencia de la fecha del concurso. Con una compra pendiente de gafas, que mi graduación parecía haberse vuelto loca y, bueno, era el momento de aprovechar los beneficios que da Cedro a sus asociados. Máxime cuando la casualidad -sí, otra vez la casualidad- había querido que me encontrase con un colega de la vieja guardia del Paddock, Dioni, que tiene una óptica en Lugones. Le prometí ir, un glorioso 23 de julio, tras el concierto de las energéticas Ni-Hao!!!! en el Kuivi Almacenes y yo soy un hombre de palabra. Como suelo decir: a lo Philip Marlowe. Que juro acabar lo que empiezo. Que se lo digan a A.: veinte años después de prometerle que le dedicaría un libro cuando ni siquiera había publicado ni ficción ni poesía, apareció "Ahora que ya somos sólo silencio" (Suburbia), mi primer poemario y, entonces, sexto libro individual. ¡Cuántos recuerdos de esa grandísima editora que fue Silvia Cossio! De esas que te animan y creen en ti sin cortapisas. Sin ella dudo que hubiera dado ese salto que ya lleva una buena cosecha (y la que permanece inédita).


También llegaban los momentos de nuevas correcciones, confirmaciones y adiciones a ese libro colectivo del que no voy a daros el título aún (y sé que me lo agradeceréis cuando llegue la chapa que os tengo preparada). 

Dos horas antes del plazo, reviso en plan cohete el libro, del que se quedan fuera un par de ideas imposibles de plasmar mientras Álex Palou sigue su camino a su quinto título de la IndyCar sin que yo levante mucho la vista del ordenador y del plato de pasta. Antes de que se abra septiembre, me llega la comunicación de Alejandro Díaz Castaño, director del FICX, del apoyo al libro colectivo. Os ahorro los términos. El subidón de alegría es brutal. Bombardeo de guasaps a lxs veintrés escritorxs, a la pintora Mónica Dixon, a Eloy Beltené (el diseñador), a mis compis de Junta... Cuando son las doce de la noche o el primer minuto del día siguiente, ya he logrado cumplir esos objetivos. Pero quedan más y, como en el título de la canción de Australian Blonde de su tercer álbum -una de las tres primeras en español de su carrera- No puedo dormir. Tan ofuscado estoy que no me doy cuenta que es 31 de agosto, no primero de septiembre. Giro de azar 6: las gafas en la Óptica Ideal de Lugones de Dioni, ¿no?



Aún me queda una respuesta pendiente para remachar la financiación. Y ocurrirá a la mitad de la semana. Con la responsable de una entidad bancaria asturiana, a ver si nos apoyan el proyecto con algo. El problema es la rapidez con que lo he solicitado y pedido que me contesten. Pero el diálogo ha sido fluido y ya queda marcada la fecha de respuesta: tras el Día de Asturias. A todo esto, no me olvido de que tengo lo del Club de Prensa Asturiana el 15, que de eso estamos hablando, ¿no? Una llamada me lo recuerda: es el mismísimo José Ángel Mañas en persona, ese martes 8, quien contacta para que hablemos un poco de todo. Mirad que no soy de esxs que gozan pasando minutos, horas, eternidades al teléfono, pero nos tiramos casi treinta minutos con la estructura de la presentación y otros flecos. ¡Hala, otro subidón de alegría!  ¡Venga, a leer! Y a tomar notas. Y a usar marcapáginas, una costumbre adquirida en los años universitarios en los que me pasaba más tiempo en la biblioteca leyendo -toda la serie negra posible, desde la Etiqueta Negra de Júcar hasta las colecciones de Versal u otras editoriales- que yendo a clases en el Campus de Humanidades. Allí solía ir más por asuntos musicales derivados de mi "corresponsalía" para la revista "Ruta 66" en un momento creativo pletórico. No sólo del Xixón Sound, del Mieres Tensión o de frutas musicales diversas, sino de muchas vivencias con la ventaja de tener una segunda casa para mis escarceos nocturnos. Ustedes me entienden...

Los Buges y Manolo D. Abad, ca. 1995 (Foto: LUIS HEVIA)


Reuniones y más reuniones, llamadas pendientes, unas fiestas mortecinas por las que ni se me ocurre pasar para no cabrearme con el progresivo deterioro del Campo San Francisco, convertido en vergonzoso parque de atracciones a la mayor gloria de una supuesta patronal de hostelería, hegemónica en mi ciudad, de todo trato de abstraerme y lo consigo con desigual fortuna. Pruebo a acercarme a Lugones a la Óptica Ideal de Dioni el viernes 11 por aquello de despejar la mente y, sí, bien, bravo, lo consigo. Tras un par de horas de sueño nocturno, o de regreso de insomnio en desiguales tramos de dormidera, me cojo un tren que en cinco minutos te deja en una localidad colindante con la capital de Asturias, pero que no pertenece a su municipio, sino a Siero.  Quizás me estoy pasando con el café, el bendito café para activarme, junto al aguacate mañanero, que dicen buen sustitutivo del azúcar. Como endulzante ocasional para el negro líquido benefactor uso la stevia; para las infusiones, ni eso. La salud manda desde hace quince meses unas órdenes estrictas que sigo con inusitada disciplina. Quien me ha visto y quien me ve. P.M.A., sí.

El lunes 14 llegan los ejemplares de la segunda edición del libro colectivo de Más Madera en el que he participado "Asturias Negra y Criminal" que hemos presentado con muy buenos resultados. Huuum, creo que ya voy a poder centrarme en completa exclusiva en la presentación, cuando se me ocurre abrir una de las cajas y, sí, han acertado: hay un error de bulto. A llamar a la imprenta, a mover más hilos... 


Este libro ha supuesto la resurrección de mi detective Julián Solares, tras su última aparición en el colectivo que ideé, coordiné y edité "Amanece en Oviedo" (Turbulencias, 2020). Esta resurrección, en el relato titulado El Corazón Escondido de Oviedo está resultando plena y, por fin, con continuidad. Terminada la novela corta, a punto de hacerlo la larga y, a medias, un libro de relatos con exclusividad para Yul y sus amigos. Lo dicho: todo torrencial. Para variar, la noche del día 14 me la paso completamente en vela, recordando mis últimos años de estudiante, de dejarlo todo para última hora, de mucho desorden en medio del afán de vivir a fondo.

Casi no ha habido giros de azar. La fecha del martes 15 ya es real y veo amanecer desde la terraza de mi casa, con la llanura al norte a mi izquierda y todo el cordal (Sierra del Aramo y demás) al sur, a mi derecha. Pienso, una vez más, como desde ese día 23 de julio en el film Perfect Days de Wim Wenders, que volví a ver al día siguiente (el 24) y me siento afortunado contemplando los primeros movimientos de coches y de unos pocos seres humanos por la tranquila calle y la plaza colindante. Añoro a mi madre y le doy las gracias, dondequiera que esté, una vez más. Ahora que ya he conseguido superar el tránsito profundo de su duelo.

MANOLO D. ABAD

(Continuará)






domingo, 20 de septiembre de 2026

"Experiencias más allá del Kronen" (2ª parte)

EXPERIENCIAS MÁS ALLA DEL KRONEN

(2ª Parte)


"ESCRITOR
Esta es la palabra que menos me gusta del mundo. Escritor se escribe con mayúscula inicial. Es pretencioso. Un escritor es alguien que considera que se le debe una tribuna para proclamar su verdad al mundo. Hay que huir de ello como de la peste."

("Una historia del Kronen", José Ángel Mañas. Aguilar, 2025)

Nada más abrir este libro que arranca, en su primer capítulo, con esta frase concluyente, toda una declaración de principios, a la que le podríamos añadir como corolario la célebre de los Hermanos Marx (Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros), por aquello de completar el círculo sarcástico con un principio y un fin; evoco una conversación con David S. Suarón con él al volante, camino de otra presentación -en este caso la de la antología Huellas en el polvo (Narrativa Completa) de nuestro amigo, el añorado David González en el Ateneo Obrero de Gijón- sobre el autor madrileño, gato de pura cepa (para lxs profanxs, dícese del/la madrileñx nacidx en Madrid), aunque con... ancestros asturianos. Éste ya no es un giro de azar: éste es un giro de azar con triple tirabuzón. Por lo menos.


Huyo de los anticipos (no de dinero, eso ocurre al revés) argumentales en mis presentaciones o, como se dice ahora, "acompañando" a un autor o autora como alma que lleva un poseído. Las modalidades y experiencias que he pasado en estos casos han sido diversas pero lo que sí he aprendido es que me aburren las largas disertaciones de loa hiperbólica (el o la "mejor de" y tal y tal y pascual) con la doble misión: zalamero interesado y ocasión para lucirse y mostrar lo bueno, maravilloso y estupendo que es el "presentador": ¡cuánta inteligencia, cuánto arte, no se olviden de comprar mi libro y acordarse de que YO fui quien estuvo en aquella mesa junto al supuestamente admiradx autor/a!. A veces, sí, bastantes, de forma sincera, no lo niego, pero de tan baboso-lisonjera-interesada manera que ese/a versadx individux con su taco de folios a leer -si el autor/a ve que con letra pequeña suele echar desesperados vistazos al tendido, al reloj, a donde sea- para lucimiento exclusivamente personal acaba siendo un ridículo lastre para el acto. A fin de cuentas, no hay que convencer a lxs ya convencidxs, sino a quienes, bueno, pasaban por ahí, quizás para pasar el rato en un acto cultural o quizás con la curiosidad por el autor/a y no tanto -muy poco- por quien abre fuego. De modo que sí, huyo del spoiler en estos actos como de un/a navajero/a que te abordara en plena calle lo hacíamos en mis ya lejanos tiempos juveniles, donde lo de darte el palo era una posibilidad real y sin matices: no hacía falta que te amenazaran con baldeo, bastaba la jeringa de los tiempos del demoledor sida.



Y, sí, vale, todxs tenemos nuestro coranzoncito y el halago viene bien (sobre todo si la audiencia se puede contar con los dedos de una mano), pero, al final, disculpen el cinismo, se trata de una seducción que termina con la venta y la firma del libro. Y el papel del introductor, que luego puede ser entrevistador o, incluso, establecer una animada conversación en torno al libro o la obra del autor/a... el papel del introductor, digo, que estoy haciendo justo lo que estoy criticando (enrollarme), ains, su papel es lograr que el/la escritor/a se salga de guiones previamente establecidos, de mucho de lo que tenga preparado por si vienen mal dadas y la cosa camina hacia el desastre, y se muestre cercano a la audiencia. Así lo han delatado mis diversas experiencias a un lado y a otro de la barrera, de la mesa o del auditorio. A veces, puede salir maravillosa y otras ser o un desastre o algo cargante. La conexión, huuum, las conexiones. Y ya veo impacientes a lxs críticxs con los giros de azar preguntándose: ¿dónde está el giro número 5? ¿eh, eh, eh? ¿dónde cajunes está, vamos a ver?



Vale, ya va. Y, como ya he dicho antes, esto de los marisecretines no va conmigo en exceso sobre todo si no sirven para la promoción de un libro y pronto lo estaré con ese colectivo para Alternativas-Más Madera. Resulta que la conversación on the road con David S. Suarón de camino a la presentación veraniega del libro de nuestro añorado David González en Gijón donde nos esperaba Juli Navas Moreno para completar la terna de la mesa iba, sí, ¿lo adivinan? No. ¿Segurxs? Sobre la película que Suarón había elegido para ese libro colectivo que ideé y coordiné y del que espero no desvelar el título en estas líneas: Historias del Kronen, de Montxo Armendáriz. Ya había leído su aportación (no, tampoco voy a deciros el título de su aportación, jood..) y comentamos sobre el director navarro y quien hubiera hecho un trabajo cinematográfico más generacional, menos naturalista, que el director de la aclamada Tasio (1984) y de la -para mí- enorme 27 Horas (1986). Suarón se decantaba por Juanma Bajo Ulloa, pensando en la gamberrada despipórrica de Airbag (1997), aunque yo me decantaba por Daniel Carparsoro con su debut Salto al vacío (1995). Mi argumento de peso es que cuando se produjo el descomunal éxito de Historias del Kronen -el libro-, el director vitoriano aún estaba en la transición de tres largos años de La madre muerta (1994) a la mencionada Airbag; mientras que el autor venido al mundo en Barcelona pero donostiarra de crianza (a los pocos meses de nacer su familia se trasladó a la capital guipuzcoana) ya había firmado su ópera prima -más en la línea kronen- en 1995. Aunque alguien puede desdecirme con eso de las evoluciones: del opaco intimismo de Bajo Ulloa en sus dos primeros largos al desmadre de su tercero, frente al tremebundo debut de Calparsoro y su más contenido -alguien más corrosivo la tacharía con el adjetivo "lenta"- segundo film Pasajes (1996). Aquella tarde-noche, por cierto, la conjunción astral o vaya-usted-a-saber-qué a tres bandas funcionó de perlas. El espíritu de David González y el valor de su obra en prosa, con un arduo trabajo del gran José Ángel Barrueco (sí, también va a salir en el libro-colectivo de cuyo nombre ya tendréis noticia a su debido tiempo) en perfecta compenetración con Belén, la hermana del enorme autor de San Andrés de los Tacones, hizo lo suyo para que ese día todo fluyese mejor.

Foto: ALBERTO CEÁN-BERMÚDEZ

Y el día de la presentación de Transición. La Experiencia U-Feeling se acercaba y los distractores, bueno, más bien las tareas pendientes y las noticias se acumulaban. Tanto como en esta entrega. Así que el serial continúa en la tercera parte. Porque algunos giros de azar más nos encontraremos, ¿no?

MANOLO D. ABAD

(Continuará)

sábado, 19 de septiembre de 2026

"Experiencias más allá del Kronen" (1ª Parte)

 


"EXPERIENCIAS MÁS ALLÁ DEL KRONEN"

(1ª Parte)

"El mundo no lo mueven las religiones ni los hombres ni el dinero, lo mueve el miedo, y ella no se iba a dejar convencer por ese argumento"
("Transición. La Experiencia U-Feeling IV". Eva G. Guerrero/ José Ángel Mañas. Editorial ALT autores)

Desde hace un año y medio se van sucediendo en mi vida diversas espirales de azar, esas casualidades que no sabemos si identificar como causalidades a primera vista, pero que -con el poso del recuerdo posterior- sí que me llevan a pensar en ciertas intervenciones de los hados en los torcidos caminos de mi existencia. Lxs escépticxs podrán reprocharle a uno aquello de no te dés tanta importancia a ti mismo. Y quizás tengan también una parte de razón como gotitas en océanos que somos. Pero esta gotita tiene este blog y aquí toca verla en el espejo de la pantalla para contar, contarme y contarles todo aquello que desee englobar en esta bitácora.



Todo empezó buscando fecha para la presentación de un libro colectivo para Más Madera, con el cine como eje (y paro, que soy un bocazas y hasta que no lo tenga en mis manos no pienso aludir a nada más) del que os vais a hartar de recibir noticias en las próximas fechas por este mismo medio. Dadas las descomunales peticiones de actos que tiene el Club de Prensa Asturiana del diario ovetense "La Nueva España", contacté con su responsable -María José Iglesias Baloyra- que me había ofrecido su recinto en la primavera de este 2026 tras la presentación del libro colectivo de Más Madera "Paz de Puño y Letra". A punto de cogerse sus vacaciones estivales y después de exponerle la horquilla de fechas que barajaba para eludir los grandes eventos culturales del otoño asturiano (Premios Princesa y FICX), me preguntó si podría consultar con algún contacto mío a alguien que pudiese acompañar a José Ángel Mañas en un mes y medio después. Al final, tras varias llamadas infructuosas, pensé: "Mira que eres tonto, ¿por qué no tú?". Llamé de inmediato a María José y le pregunté si le parecía bien que fuera yo. Al otro lado del hilo telefónico, percibí la satisfacción de ella por la noticia. No, no se crean que es vanidad, sino que me la imaginé con las maletas sin hacer para su desconexión estival y aún estar pendiendo de la fecha sin poder cerrar el asunto. Para un martes 15 de septiembre, en plenas fiestas de la ciudad, todo un cometarros inquietante para quitar el sueño. Podríamos llamarlo: giro de azar 1. Uno iba buscando fecha para la presentación del libro colectivo que había ideado y coordinado y acaba acompañando a un admirado autor aun antes de confirmar lo que andaba persiguiendo.




Giro de azar 2. - Antes de conocer cuál va a ser la fecha del acto de puesta de largo de un proyecto que me ha ocupado muchas horas desde hace unos meses, ya tengo otra con día, libro, nombre y apellidos. Y nada menos que con José Ángel Mañas, un escritor al que he seguido con intermitencias pero con bastante devoción desde, sí, claro, Historias del Kronen y su posterior Mensaka. Ambos leídos, también, lejos de mi Oviedo natal. ¿Coincidencias? ¿Casualidades?. El primero -como escribí en una de las páginas de cortesía del libro- un 29 de octubre de 1994 en un tránsito en tren desde Madrid hacia Lisboa, con mis pertinaces dificultades para dormir en ruta ya sea por avión, tren o, sobre todo, en coche. El segundo,  cinco años después, en Ibiza, en un placentero verano en casa de mi hermana. María José me indica por guasap que puedo recoger en la conserjería a la entrada del periódico. Es fin de semana y el tiempo apremia: he de rematar una novela corta en veintiún jornadas y media si quiero entrar en el último día del plazo para concursar en esa convocatoria en la que quiero probar suerte. Me olvido hasta el lunes y arranco mi particular contrarreloj de escritura.


Giro de azar 3. - De concursos, finalistas y premios. 
Al ir a recoger el libro a la sede del periódico ovetense, sito en una calle de efímera denominación con el nombre de Federico García-Lorca, que se lo cargaron -el nombre de la calle, no al poeta- lxs mismxs dirigentes de la ciudad que han promovido la candidatura de Oviedo para la Capitalidad Cultural europea de 2031, aunque parezca una broma de mal gusto, suplida por el de Leopoldo Calvo-Sotelo. "Amabilidá" es el slogan del asunto de marras por el que pugnan con, precisamente, Granada, y Las Palmas de Gran Canaria. La "amable" agresión de las fiestas locales a cargo de siete u ocho hijos "de buena familia" (así los denominó uno de sus abogados tras su detención siete días después) a dos médicos de ideología de izquierdas ha redefinido el slogan a los ojos de todo un país. Bueno, a lo que iba, que me pierdo en el fango de esa arcaica y carpetovetónica sociedad de "principales" y "señoritingos" que regresa como el peor de los augurios. Muy cerca de la calle Federico García-Lorca (perdón, Leopoldo Calvo-Sotelo, que en Oviedo priman lxs políticxs sobre lxs escritorxs, "Amabilidá", recuérdenlo) en la del Rosal está la Librería La Tercera Palabra que regentan mis queridos Lara y Juan y allí me fui a encargar la autobiografía de José Ángel Mañas Una historia del Kronen (2025), que me parecía crucial para la inmersión de quien habría de acompañar ese 15 de septiembre. Y que, por diversas circunstancias e incidencias vitales, se me había escapado cuando se publicó. Ya, ya, ya, ahora vendrá el/la iluminadx de turno con la gran pregunta: ¿y qué tiene eso de giro de azar? Un premio, una novela que se acaba en el último día de plazo. Como últimamente digo: botando me la han dejado.
MANOLO D. ABAD
(Continuará)










martes, 15 de septiembre de 2026

Hoy en Oviedo

 


Hoy, a partir de las 19:30 h., estaré acompañando a José Ángel Mañas en la presentación de "Transición (La experiencia U-Feeling IV)" en el Club de Prensa Asturiana de Oviedo.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Yo por mi parte la quería a ella más que a nadie...

 


Yo, por mi parte, la quería a ella

más que a nadie

con un amor ilimitado.

Si ella

no me correspondía

en la misma medida

qué importa,

qué carajos,

el amor es así:

desbalanceado,

desajustado,

desequilibrado,

cojo.

FERNANDO VALLEJO "El desbarrancadero".


domingo, 26 de julio de 2026

Una nueva puerta al vacío

 


UNA NUEVA PUERTA AL VACÍO

Ahora que las noches me pedían abandonarlas, ahora aparecía. Como ese raro cebo que te venden para conseguir la pieza más preciada del río, ese salmón deseoso de continuar su deambular suicida, ahora aparecía, en medio de otra noche turbia. Aún no había llegado ese terrible momento en que la euforia delata las necesidades más escondidas, aún permanecía en esa extraña vigilia en la que el líquido se cuela en el paladar con el regusto a sabores que quizá solucionen los problemas más profundos. El último momento de lucidez antes de dejarse arrastrar otra vez hasta el fin de la noche. Y allí apareció, como un espectro dispuesto a sacarte de las tinieblas. No te importó su tatuaje, aunque los odiaras. No te importó ver a otros a su alrededor, aunque fueran execrables. No te importó saber que en ese camino de piedras no había billete de vuelta. Sus grandes ojos se clavaron en ti para volver a abrir una nueva puerta al vacío.

MANOLO D. ABAD (Rec-Capitulación. Turbulencias, 2018)





martes, 21 de julio de 2026

A las penas, a las esperanzas y al amor

 


A LAS PENAS, A LAS ESPERANZAS, AL AMOR

En 2004 terminé mi primer libro de relatos, que titulé "Insolaciones" y que permanece inédito. Sin darme cuenta entonces y al reencontrarme con él tras mucho tiempo -en un desolador cajón- veo que ya confluían dos líneas claras en los relatos: una, la eminentemente narrativa; y otra, donde la prosa poética se abría paso. 
Recuperé y ahora que lo pienso, hice bien, algunos de esos textos en mi libro "Rec-Capitulación" (Turbulencias, 2018), donde se reunieron poemas perdidos -¡que aparecieron en una libreta cuando ya estaba el libro a punto de ir a imprenta!- relatos sueltos en fanzines, revistas y libros colectivos, además de relatos inéditos, algunos de los cuales pertenecían al mencionado "Insolaciones". Éste es uno de ellos, probablemente, mi favorito.


A LAS PENAS, A LAS ESPERANZAS, AL AMOR

Regresé a casa cantando mentalmente “Aleluya, aleluya”. No era la canción de Leonard Cohen, era la de Nick Cave. La noche se había desarrollado con un crescendo insuperable y, ahora, de regreso a casa con paso dubitativo y despreocupado, todo volvía a su sitio. La niebla del alba en verano parece ensuciada por una extraña y fantasmagórica luz que se filtra entre mis sombras y las de los objetos que ante mí se presentan. La ruleta nocturna ha hecho girar la bola y el número vencedor ha sido el mío. La banca se ha roto y ya no habrá más miseria en mi corazón. Todas las campanas sonarán al mismo tiempo, resuenan en mi cabeza “Aleluya, aleluya” y esta insolación nocturna es sólo un aire frío y húmedo que hace enrojecer mis mejillas.

Cuando acaba la sequía en pleno verano las cuerdas de las guitarras vibran, saltan chispas y los cuerpos tiemblan celebrando la bienvenida a la lluvia, placentera, inesperada, deliciosa. Y tras el chaparrón, regresa una calma que no tiene nada que ver con el paisaje previo. Arrasados la soledad y el dolor, derrotado el vacío, se abre paso un nuevo horizonte. Amor y esperanza se enlazan en esta extraña niebla. No me dejan ver más allá de mis pasos, pero me arrullan y provocan el llanto de placer por todo lo que se ha quedado atrás.

Cada caricia parecía un nuevo mundo, el roce de las pieles un placer remoto demasiado tiempo oculto en las sombras de un amor neurótico, caprichoso e ingrato. El leve manto de agua de las calles vacías ilumina mi rostro y sé que el castigo de sus palabras, de sus vaivenes de amor ya no volverá. Un nuevo horizonte amanecerá tras esa niebla en una nueva mañana para borrar aquel cuerpo que te hizo descender a los abismos de tu alma.

Volverá a sonar el teléfono, volverás a escuchar su voz, volverá a exhibir su cuerpo, pero todo eso ya no tendrá sentido, porque ella ya es pasado y un nuevo presente, quizás futuro, se ha asomado en esta extraña madrugada veraniega.

Y ahora te das cuenta de cómo la gangrena se había abierto paso en tu corazón, cómo sus cambios de humor te habían conducido a la confusión y la soledad, cómo cavaste el pozo hondo y cómo ahora hay luz al final del túnel.

El corazón late y parece respirar, liberado de los grilletes de un amor sin esperanza, mancillado por sus mentiras y sus sombras, apagadas por la tenue luz de un amanecer que lucha por hacerte revivir.

MANOLO D. ABAD (Rec-Capitulación. Turbulencias, 2018)





sábado, 18 de julio de 2026

"Tres botellas para el fin de un amor" en "De Vinos"

 


En marzo de 2019, aún bajo la etiqueta editorial "Alternativas", previa a la denominación actual de Más Madera Editorial, se publicó el libro colectivo "De Vinos", bajo el abrigo de la Denominación de Origen del Vino de Cangas.

Me quedé muy satisfecho de mi aportación a este trabajo con mi relato "Tres botellas para el fin de un amor", que gustó también a los responsables de la Denominación y lo eligieron para incluir en la referencia al libro de su página web.

Aquí os lo dejo:


TRES BOTELLAS PARA EL FIN DE UN AMOR


Sábado, 9 de febrero.

Botella 1: Viña Ardanche, Denominación de Origen Navarra.


Se contempló en el espejo. No solía hacerlo más que cuando se afeitaba, pero, esta vez, sus ojos se hundieron en el fondo de la estampa que tenía frente a él: la suya. Se acordó de la película de Jean-Pierre Melville “Le Samuraï”, de la escena en que Alain Delon (Jeff Costello) se arregla las heridas frente a su reflejo. Le gustaba más el título de “El Silencio de un Hombre”, con la que se la conocía en España. Eso era lo que le quedaba ahora: silencio. Un silencio sólo roto por la música. Escogió un disco de los Tindersticks. Sonaba “Medicine”. Abrió una botella de vino de Navarra. Un “Viña Ardanche”, uno de esos baratos pero resultones con los que asumir la soledad que se empeñaba en abrumarle. Era difícil elevarse sobre las cenizas. Marcelo Ayúcar quería escapar, olvidarse del amor de su vida, pero le costaba tanto que ya estaba pagando un precio demasiado grande. A veces, la abulia; a veces, la desesperación de ver que no había la posibilidad de solucionar el dolor de su corazón. Pero, por más que lo intentaba, no lo conseguía. Aquello se había insertado en su corazón como un chip maligno que le impedía empezar de nuevo. Eso era lo único que necesitaba: empezar de nuevo. Porque todo se había ido viniendo abajo, como un castillo de naipes, peor aún, como un juego de fichas de dominó que caían, una tras otra, como una rítmica voraz que le conducía al abismo más profundo, a un naufragio concatenado en que cada una de las fichas contribuía a hundirlo más. Amor, trabajo, la salud, aún con tenues marcas pero implacable en su desarrollo. Era la ruina total de una tribulación absurda que había comenzado con su ruptura amorosa.

Ahora sólo medía los tiempos que le quedaban, como en una contrarreloj a la inversa. ¿Cuántos meses podría durar en esa situación? Estaba harto de que el sentimiento del amor perdido le persiguiese de esa manera. Sólo quería olvidarla, olvidarla al fin y que sobre esas cenizas pudiera reconstruirse. Que la maldición de aquel malogrado amor se acabase. Que la maldición de aquella segunda oportunidad, vivida veinte años después, desapareciese. Que su vida arrancara de nuevo. No morir en esa atonía. En ese aislamiento, donde ocultarse de todo lo que le hacía percibir el fracaso a su alrededor que se cebaba, con inquina, en cada uno de los aspectos de su existencia.

A nadie le importa demasiado nada de los demás. Y él tampoco pretendía que no fuera así. Por eso, se encerraba en su casa. Con su música, con una botella de vino, tratando de olvidar. Tenía miedo de que su corazón roto se perdiera, como antaño, en la profundidad más oscura de la noche. Que, roto en mil pedazos, volviese a caer de nuevo en todo aquello que ya había conseguido dejar atrás cuando la vida le permitió resucitar por primera vez confrontando a todos sus fantasmas.

Sin embargo, cuando la botella se terminó, volvió a hacer de tripas corazón y se sumergió en medio del bullicio de una noche de sábado. Una noche que ya sólo era silencio para él. 


Martes, 12 de febrero.

Botella 2: Siete Vidas, Denominación de Origen Vino de Cangas.


El miedo al miedo era el que presidía todo. El miedo a acabar en la calle, sin nada. El miedo a perderlo todo. El miedo a que la catarata de acontecimientos lo empujase al abismo, definitivamente. El miedo a los miedos alimentados en años de penurias. El miedo al futuro, a todos los futuros: al inmediato, al de largo plazo. Nunca el miedo a la muerte, que sería una especie de liberación.

Las pesadillas se sucedían. Se veía empujando un carrito por las calles. Durmiendo bajo un puente, entre cartones. El “A Night So Still” de los Tindersticks sería un mal sueño, porque no habría encontrado la paz, sino la claudicación total. Equivocarse en la apuesta y comprobar que ya era demasiado tarde y que los hechos lo empujaban al abismo. Que ya no existieran los contraluces, porque el brillo ya se había perdido y sólo quedaba una sombra. Agachar la cabeza y recibir los embates de la vida hasta el anhelado momento final.

Siete Vidas”, un rico vino blanco, le hizo gracia el nombre. Marcelo Ayúcar pensó si ya le quedaba alguna más que vivir. ¿Había gastado sus siete vidas? ¿Había apurado tanto la existencia que quizás no mereciese más? Preguntas sin respuesta, tantas oportunidades perdidas... Así que probó el primer sorbo y, luego, llegaron todos los demás. Se había comprado otra botella más, como si su intuición le hubiese conducido a hacerlo. Necesitaba esa anestesia. Una dulce anestesia que le obligase a mirarse dentro más allá de lo que pudiera ver en el espejo mientras caían sus lágrimas.

Debía levantarse. Y bailó al extraño ritmo de “Slippin´ Shoes” de los Tindersticks. Después llegó “Oh, My Lord” de Nick Cave & The Bad Seeds, mientras repetía en voz alta “Oh, I hate them all for what they went/ And done to you/ Oh My Lord, Oh My Lord”. Se sintió bien, al fin, gracias al efecto liberador del vino. ¿Podría dejar ya esas noches de insomnio intermitente? ¿Alcanzaría a olvidarse de ella, de todos los porqués, de todos los errores, de todos los reproches?


Jueves 14 de febrero

Botella 3: Señorío de Sarría, Denominación de Origen Navarra.


Había llegado el sueño liberador, ininterrumpido, por fin tras muchas semanas de tortura, despertándose en medio de la noche con los labios acartonados, envuelto en sudor.

Aún quería seguir permaneciendo aislado. Sólo intercambió unas palabras con la cajera del supermercado donde compró unas botellas de “Señorío de Sarría”, otro Navarra que le recordaba su estancia en Pamplona unos meses antes, justo tras su ruptura, con unos buenos amigos que trataron de ayudarle, sin mucho éxito, a olvidar. El corcho rojo le despertó buenas sensaciones. El día soleado y hasta caluroso le empujaba al cambio, que debía pasar por el olvido. Ya no quería acompasar el ritmo de sus lágrimas con el batir de las gotas de lluvia en alguna de las claraboyas de su casa. ¿Cuánto tiempo podría permanecer allí? Se acordó de cómo cayeron todas ellas durante meses, al escuchar canciones, al recordar momentos de éxtasis o de complicidad, al aparecerse en su mente imágenes de ciudades como París, Madrid, Bilbao, Ibiza, Alicante, Oviedo o Gijón, sin poder comprender el por qué y, lo peor de todo, sin poder evitarlo. Lloró, lloró y no sirvió de mucho. Nada se resolvió, nada avanzó hacia ningún otro sitio que un indeseado precipicio que volvía a amenazarlo.

Ella quiso cambiarlo, que fuera otro. Eso fue lo que sucedió. La botella se terminaba. Tiró el corcho a la basura y metió el vidrio en la bolsa verde de reciclaje. Él, que nunca exigió nada. Que nunca quiso transformarla, que aceptaba su forma de ser. Que la amaba incondicionalmente. Sin normas, ciegamente. Y, aunque ella quisiese darle espacio y complacerlo, al final, siempre deseaba transformarlo en alguien que no era él.

No, no era él.

Llegaba el final. Sí, de una vez por todas. El silencio que ahora los separaba era justo y necesario. Dar vueltas en círculos, como esos hamsters en esa torturadora rueda, eso es lo que quieren algunas personas. Y no, no es posible seguir siendo amigos cuando se ha amado tanto.

El vino, al fin, logró su liberador efecto. Suspiró una, dos, tres veces. Las lágrimas volvieron a brotar sin freno, pero el corazón se sintió redimido. Volvió a suspirar varias veces más.

Y, al final, se sintió completamente liberado. Bebió un trago profundo y tuvo la certeza de que, sí, esta vez sí, todo se había acabado y, al día siguiente, podría empezar de nuevo. Otra vez. De cero.


MANOLO D. ABAD ("De Vinos", Alternativas, marzo de 2019)









miércoles, 15 de julio de 2026

Hoy, un relato: "La química entre nosotros (The chemistry between us by Suede)


 Foto: ALBERTO CEÁN

LA QUÍMICA ENTRE NOSOTROS
(The quemistry between us, by Suede)

Todo tiene su momento y su oportunidad. Esa es la historia de la vida, de mi vida, de tu vida. De todas y cada una de las vidas. Llegar en el momento justo o hacerlo en el equivocado. En esa disonancia es donde no hay remedio: puedes vislumbrarlo o que las circunstancias te lleven a ello. Cuando llamé a aquella mujer que tanto me gustaba y que me parecía increíble que yo pudiese atraerla, supe que los tiempos se habían dislocado irremediablemente. Después de muchos años de busca en el desierto, de una vida llevada tan al límite que había convivido con el suicidio, lento, poderoso, por fin había visto una luz que me llevara un punto de tranquilidad que relajara el camino al abismo, que lo evitara –aunque fuera en un momentáneo oasis sine die-. Pero no era ella, ni su brillante vida de ejecutiva y de lujo.

Ella,envuelta en un modelo que absorbía suspiros a cada metro de nuestro camino, se encontraba en la huida de quien sabe qué. Sobre la supervivencia está el status de la vivencia pasada, por mucha crisis que haya habido; ella debía mantenerse sobre la crisis, obviarlo todo, sobrevivir también. Ella era una de la más hermosas ejecutivas del país… ¡qué podía esperar yo, más que admirar su belleza y permanecer impasible ante su turbulencia como un caballero! Y otro hubiera aprovechado el momento para sacar ese dudoso partido momentáneo donde crees atrapar un cuerpazo como el suyo. Yo no era así, nunca lo había sido. Conseguir un momento es como ganar un partido de liga, no el campeonato. No me importaba ser honesto, la conciencia vale más que un triunfo sólo visible en la estantería de un descerebrado, siempre hay que ganar el campeonato: tenerla ronroneando en tu pecho todos los días que puedas, no una efímera noche de pasión, esas que quedaron borradas en las locuras del Campus de Humanidades y de ese Xixón Sound que tantos quieren negar. Eso sólo se consigue desde otro planteamiento. No desde el cazador ocasional que atrapa una presa efímera sino desde quien ni es cazador ni quien piensa en una mujer como una presa, sino como la compañera. Pero ella se marchaba y tú no querías irte porque por fin habías conseguido asentarte. Y ese era el hielo: tú no querías bajo ningún concepto hacerla renunciar al futuro que llevaba labrándose desde hacía mucho, ni tú renunciar a la luz al final del túnel que tras mucho tiempo de vida al límite atisbabas.

En su Honda Civic os dijisteis adiós sin casi rozaros, quizás por miedo a que surgiera esa duda que, bajo la luna llena, llevara a replantearlo todo. La vida, después, siguió su camino, como en una canción del grupo que nos apasionaba a ambos: The Verve. Quizás fuera “Sonnet”, quizás “Love is noise”, quizás “Numbness”, quizás “Rather be”, pero, no me preguntéis por qué -¿o sí?- he titulado este relato “The chemistry between us”, como una canción de Suede. Quizás, seguro que sí, porque aún espero que se deje de ejecutivos agresivos y me encuentre, esperándola en una “Bittersweet symphony”. Ya, ya sé: “See you in the next one (have a good time)”, ésa es. Lo tuvimos, lo dejamos escapar: ¿aún queda una última oportunidad?

MANOLO D. ABAD


miércoles, 8 de julio de 2026

Una jornada en la Semana Negra de Gijón 2026 con "Asturias Negra y Criminal"

 


UNA JORNADA EN LA SEMANA NEGRA DE GIJÓN 2026 CON "ASTURIAS NEGRA Y CRIMINAL"

Es 7 de julio (y San Fermín, añadiría el castizo) y tenemos la presentación del libro colectivo de Más Madera Editorial en el que participo -"Asturias Negra y Criminal"- en el marco ideal, perfecto: la Semana Negra de Gijón. Antes de que llegue el momento, las 18 horas, en el Escenario principal del certamen, me toca una mañana de lo más atareada. He de organizar los paquetes con el libro físico para Xuan Cándano, Jesús Palacios y Luis Artigue, a quienes, por diversas razones, no se los hemos podido hacer llegar y han tenido que tirar del socorrido pdf para preparar sus intervenciones en la presentación. Pero, ¿desconoce alguno de ellos que ha de participar en ella? 



Llamo a Luis Artigue para comprobar si no tenía el libro de cara a moderar la poblada mesa que contaría con los mencionados Xuan Cándano y Jesús Palacios, además de Pilar Sánchez Vicente, David S. Suarón, Berta Piñán y, por supuesto, la coordinadora del libro y, a la sazón, presidenta de la Asociación Alternativas, Virginia Gil Torrijos. Extracto de la conversación con Luis.

- ¡Manolo! ¿Qué tal? Me pillas en un taxi. Estoy tratando de encontrar mi coche que no sé dónde lo dejé aparcado ayer.

-¡...! Bien, Luis, preparando la mesa de hoy en la Semana Negra que vas a moderar.

-¿Cóoooomooooo...? Pero, ¿qué me dices? ¡Primera noticia!: ¿A qué hora va a ser? 

-A las seis. Pero, joder, ¿no te han avisado? ¡Mecagoentodoloquesemenea!

-...Y tengo una jornada intensiva: a las seis y media, con Carlos Quílez, etc, etc...

-¡Hombre, Carlos, cuánto tiempo sin verlo, qué guay!

Pasa a repasar todas las citas que tiene en diversas mesas hasta las ocho de la tarde.


A continuación, me pregunta por algunos de los detalles del libro que no aparecen en la publicación. Le hablo de nuestra asociación -la Asociación Alternativas de Creadores, Escritores, Músicos y Artistas de Asturias-, de nuestro brazo editorial Más Madera, de la composición de la Junta que rige los destinos de ambas y de quienes van a ser los ponentes en la mesa. Le digo que le mandaré unos datos más por whatsapp en un rato, que estoy en la calle tras haber recogido un par de ejemplares más de "Asturias Negra y Criminal" de otras tantas librerías de Oviedo. Los buenos resultados en la reciente feria del libro de Gijón/Xixón (FeLiX) nos han dejado sin un stock casi agotado, que pronto hará que nos pongamos con una segunda edición que ya se está cociendo en varias correcciones y añadidos a la primigenia.


La mañana ovetense va caldeándose cada vez más. Mi teléfono, también. Finalmente, quedo con David S. Suarón en coger el tren de cercanías hacia La Calzada a eso de las 16:45 h. Breve almuerzo, libros envueltos en tres paquetes distintos para Xuan, Jesús y Luis. A Luis Artigue le incluyo dos de mis poemarios con Más Madera -el último "Sin Red" (Terra Ignota, 2026) ya se lo había enviado por correo- "Infernales, tóxicos y demás parásitos" (2021) y "Si  la música no fuera vida, estaria muerto" (2025). A Jesús Palacios le pongo -aparte del ejemplar de "Asturias Negra y Criminal"- dos libros colectivos sobre cine que hemos publicado en colaboración con el FICX: "Fuera de Guion" (2019) y "Mitorama" (2021). Llevo unos meses preparando uno nuevo con el mismo tema y con el que esperamos repetir colaboración con el festival que dirige Alejandro Díaz Castaño, a pesar de los ajustes presupuestarios del certamen gijonés. Aún queda un mes para saberlo, pero quería hablar con Jesús de temas relacionados con ese libro, del que no desvelaré su título ni el de los veinticinco autores/as que han entregado sus textos. Bueno, veinticuatro, el que hace 25 es quien suscribe, claro.


Coincido con dos abuelas y un abuelo en mi asiento del atiborrado vagón que hablan animadamente acerca de todo tipo de personajes de sus familias y seres aledaños, hasta que una de ellas al mencionar que ha estado en tres mesas electorales en su vida, olvida la palabra "interventor". Ahí estoy yo al quite para decirlo y, afablemente, ya me incluyen como otro tertuliano más de la charla. La media hora aproximada de viaje se hace corta de esa forma hasta que, cuando voy a bajarme encuentro a David y su colega Noel Rodríguez, que, efectivamente (tal como habíamos hablado por teléfono) iban en el mismo vagón.


En la Carpa del Encuentro -como se denomina el Escenario Principal- ya nos esperan Virginia Gil Torrijos, Pilar Sánchez Vicente, Berta Piñán y Luis Artigue. Más tarde, llegarán Xuan y Jesús. Entrego los libros y me siento entre el público que va llenando poco a poco el recinto hasta abarrotarlo. Muchos/as han de permanecer de pie tras el patio de sillas. La vista de la Playa del Arbeyal tras ellos/as supone un estímulo creativo más. Y comienza el acto, conducido con agilidad por Artigue.


Abre fuego mi querido Jesús Palacios, recordando su década como ciudadano gijonés, que desde 1997 llevan contando con él para la Semana Negra, además de resaltar que, entre la diversidad de las 39 narraciones reunidas en "Asturias Negra y Criminal" por otros tantos autores/as, está el true crime (crimen basado en hechos reales) por el que siente una particular devoción. Berta Piñán destaca haber acercado su relato a su propio terreno, el rural, no como escenario sino como verdadero protagonista. Pilar Sánchez Vicente -tras leer el arranque del suyo-  destaca la (terrible) cifra de 49 feminicidios en lo que llevamos de año, y que le llevó a idear "cómo sería el mundo al revés", en su cuento titulado "Dulce María". Suarón también contó algo del suyo, cosa a lo que se negó Xuan Cándano, subvirtiendo la tendencia del resto de los componentes de la mesa para resaltar "la abundancia y calidad de la literatura que se crea en Asturias tanto en lengua española como en asturiano". A las diferentes corrientes de la llingua que aparecen en seis de los relatos de "Asturias Negra y Criminal" se refirió Virginia Gil Torrijos, quien -en un sorprendente giro de guion- se saltó todos los protocolos para invitar a los otros tres autores presentes entre el público: Martín Castro, Eduardo Galguera y quien suscribe.


Me tocó abrir el primero de los tres a instancias del dinámico moderador Luis Artigue, quien tras mi exposición, definiría mi relato como "serie negra existencialista". Antes de hablar de "El corazón escondido de Oviedo" solté una boutade para romper el hielo: "Recomiendo esta obra a pesar de mi presencia en ella". Recordé los doce años que se cumplían tras haber presentado por primera vez a mi detective Julián "Yul" Solares en otra carpa y otra ubicación de la Semana Negra de Gijón con Jesús Palacios dentro del libro de relatos "Justos por pecadores" (Turbulencias, 2014), donde aparecía en cuatro de las narraciones. Aproveché para anunciar que ya he terminado una novela y (casi) un libro de relatos con Yul de protagonista, tal y como aparece en uno de los 39 del trabajo que estábamos presentando "Asturias Negra y Criminal". Martín Castro se refirió al suyo como todo un reto, dado que nunca había practicado el género negro. Y Eduardo Galguera valoró la presencia de varias narraciones ambientadas en la Guerra Civil, tal y como él también había ideado.


Luego, llegó el turno del prodigioso show de David S. Suarón recitando con su énfasis habitual uno de sus poemas, que levantaron risas y aplausos entre el numeroso público presente. Jesús Palacios puso el remate al acto, de la misma forma en que le correspondió firmar el epílogo para este "Asturias Negra y Criminal" que va haciéndose un hueco entre los lectores asturianos. Una hora de firmas y ese momento -para mí, siempre estimulante- del contacto directo con el público.

De izquierda a derecha: David S. Suarón, Virginia Gil Torrijos, Berta Piñán, Eduardo Galguera y Manolo D. Abad.

Terminadas las firmas de las dos decenas de ejemplares vendidos, nos tomamos unas cervezas (yo, un café) mientras nos llegan los ecos de la retransmisión del Mundial en dos pantallas gigantes. Egipto vence 1 a 0 a Argentina, pero, cuando llega el segundo de "Los Faraones", uno tiene la certeza de que no va a ser posible. El resto ya es historia de la vergüenza de esta terrible Copa del Mundo de la FIFA, que va sembrando de episodios sonrojantes su trayecto, reacio de manera ostensible y descarada a evitar como sea -a través de las herramientas en principio habilitadas para la justicia- que se den sorpresas como la que hubiera protagonizado Egipto. 3 a 2 final para los albicelestes, siempre aliados con el escándalo en las citas mundialistas.


Rematamos la noche con una cena a base de hamburguesas -aquí sí que me salté la dieta- y cervezas (yo, agua, mi nueva vida) antes de acudir en pos de libros y, en especial, al denominado "supermercado", la carpa donde por un módico precio -3,5 € a pagar en efectivo (no tienen para tarjeta)- se accede a joyas del catálogo de la Editorial Júcar, que aún esperan ser descubiertos: novela negra (la "Colección Etiqueta Negra"), sf y otras variedades (Etiqueta Roja) y Música (la célebre "Juglares", que tantos oídos abrió en su época). Una pareja nos pide espontáneo asesoramiento sobre algunos de las firmas a adquirir. Antes, foto con mi duodécimo libro, que enviaré a mis editores barceloneses de Terra Ignota, donde he publicado "Sin Red".
Al regreso en tren nos topamos con un retraso de más de media hora en el Cercanías. Noel -autor de varias de las fotos que acompañan esta crónica- tiene en su móvil el segundo partido de la jornada de octavos del Mundial: Colombia-Suiza. Cuando ya nos temíamos lo peor -un retraso mayor- llega el transporte ferroviario. A mí me deja en la Estación del Norte de Oviedo -un lugar que me trae recuerdos de algunos episodios amorosos y de desamor con algunas mujeres a las que amé- y a mis amigos en la también vetustiana de Llamaquique.

Acaba la jornada en casa, televisor encendido -pierde Colombia en la tanda de penalties-, luces apagadas en soledad, un pequeño refrigerio (el delicioso BobbiBitter, unas aceitunas) y a tratar de que llegue el sueño tras un día de esos en los que recargas energía y te animan a continuar en la brecha tras tanto tiempo alejado de la acción.

MANOLO D. ABAD