UNA NOCHE PARA RECORDAR
Festival 13 Rue del Burlesque
Kuivi
Almacenes, Oviedo.
Sábado,
11 de abril de 2026.
RITMO
VUDÚ, EL MALO, FER BASSMAN & THE RIDERS, JOHNNY PENICILINA Y LOS
FRIXUELOS ELÉCTRICOS, ALTO VOLTO, INDOCENTES, CORO M13.
Veintitrés años han transcurrido desde que en Oviedo se apagase la música en vivo durante más de un eterno año por las sinrazones políticas jugando con los vacíos legales y administrativos para ejecutar un ominoso capricho. Algunos de los participantes en este festival padecieron aquella situación en otro gran momento para la escena de la ciudad, que echó abajo a un puñado de pujantes formaciones que poseían un gran futuro: Dogfight, Kie 13, Esmusssein, Ass Draggers, Las Nurses, The Punishers, Sonido Alfredo, Freddie Fano y los Marijuana Trio y/o, sí, también, Alto Volto.
Mientras parece que ¡por fin! los estamentos políticos se han puesto a la tarea de una regulación de la música en vivo, el festival “13 Rue del Burlesque” demostró el poderío de los músicos participantes en el disco colectivo “A la primera”, que reunía a todas las bandas participantes y origen de todo lo que vino después, y su reflejo en un público ávido de música en directo. Quizás por eso, lo acontecido en la pasada noche del sábado 11 de abril en el Kuivi Almacenes (otro recinto perseguido por el contrasentido y el capricho de un determinado grupo político, el del “diccionario”, ustedes me entienden) adquiere una mayor proporción.
Seis bandas más un inusual coro – M13, que debutó para la ocasión -, reunidos en amor y compaña, buen rollo e intercambio creativo (readaptando, como en el disco de vinilo, temas unos de otros) por la venerable iniciativa de Jesús Cienfuegos, instigador y mecenas del festival, apoyado por una densa red de complicidades, obraron una noche mágica.
Hay en las seis diferentes propuestas materia prima suficiente para contar con un respaldo aún mayor, a la vista de los sólidos directos ofrecidos por todas las formaciones, que tuvieron un entrañable recuerdo en forma de homenaje musical al desaparecido líder de Ilegales, Jorge Martínez (versionando canciones como “Regreso al sexo químicamente puro” o “Bestia, bestia”) y al añorado Alberto Toyos – para quien se ha solicitado una calle en la ciudad sin respuesta alguna del consistorio ovetense- de quien se cumplía un año de su deceso.
Abrieron Ritmo Vudú, chispeante trío de new-wave punk, que sabe manejarse con un sinfín de referentes en sus letras, sólo comparables a mitos como los Siniestro Total de la época con Miguel Costas. Garage-punk, new-wave punk y rockabilly (no lo digo sólo por la camiseta de los Meteors que lucía Gus, su vocalista y guitarra, que se marcaría boya en su actuación e incansables coreografías en las del resto) se aúnan en una simbiosis muy divertida, a ritmo incesante e impecable para arrancar el festival.
Su saxofonista Tomás Azpiri se multiplicaría durante toda la velada, poniendo su impronta al servicio de algunas de las otras bandas del festival.
Jota -su aclamado bajista – es, por cierto, el autor de la portada, del diseño y de las ilustraciones de “A la primera” el disco germen de todo, que se vendió también durante la duración de los conciertos. Otra prueba más de ese entramado de amistad y buen rollo propiciado por el Burlesque Club y su propietario Jesús Cienfuegos.
La segunda formación de la noche fue El Malo, con su rebautizo de “y los Demonios del Burlesque”, liderados por Emilio Fidalgo, quien dirigiría después al coro femenino M13, con él a la guitarra, Chus Mirasierras (exLa Destilería) al bajo y Antonio Hernández a la percusión, interpretando clasicazos como “Mejor” de Los Brincos, “Nubes de tormenta” de Los Locos o “Moriría por vos” de Amaral, que ejecutaron en los intermedios entre cambios de grupos, desde el piso superior de la sala.
Cuando hablamos de El Malo, lo hacemos de un grupo muy arriesgado en términos estilísticos, tanto en lo creativo como en su paleta musical y que encontraron alguna que otra dificultad para que su sonido y temazos como “Llegó Godot” brillaran con el lustre que merecen.
En tercer lugar llegarían Fer Bassman & The Riders, macizo trío de rock en la ancestral tradición de las guitarras de raíz setentera con las solventes guitarras de todo un histórico como Dani León, presencia destacada en múltiples aventuras del rock astur, aunque permítanme recordarlo en sus andanzas por los inolvidables La Destilería. Porque precisamente los estuve viendo con la compañía de mi querido Fredy Kostia, frontman de tan legendaria formación.
Uno de los aciertos del festival fue ese, el contar con un público donde se podía encontrar uno con múltiples representantes de esa cultura ovetense que a muchos parece incomodarles. No sólo músicos como Miguel Pardo (Joven Kenobi, no confundir con el homónimo cantante de Sex Museum), también escritores como Rubén Rodríguez, David S. Suarón o Patricia Bernardo, o artistas plásticos como Toño Velasco, se contaban entre los asistentes que abarrotaron el recinto ovetense del Kuivi Almacenes, que se unió a esta celebración del rock y de la música en vivo de esa Vetusta que se niega a dormir en la siesta de los rancios carpetovetónicos.
Tras ser presentados de forma inexacta como los “decanos en activo del rock asturiano” (obvió en su nefanda y marisabidilla pose de supuesto experto habitual el conductor de la gala a Dr. Explosion, Los Ruidos, Feedbacks, entre otros, que hay bastantes más), llegó el turno de los siempre enormes Johnny Penicilina y los Frixuelos Eléctricos.
Y con ya canciones clásicas para un grupo de fieles muy leal que las corean sin complejos. Esenciales y orgullosos vencedores de los ninguneos tan habituales en esta Asturias de mis dolores y con los que, personalmente, en mi desempeño, también me identifico.
Alto Volto no necesitan ningún tipo de presentación por mucho que se hayan pasado al idioma de Cervantes en lugar del de Shakespeare de sus primeros trabajos. Trío de hardrock guitarrero, con la formidable esencia hendrixiana a las seis cuerdas del gran Borja García, bien respaldado por Diego Motta – que estrenó un precioso bajo Rickenbacker de color azul Real Oviedo – y Juan Villamil a la batería, volvieron a mostrarse bien engrasados, potentes y con canciones que rezuman tanta vida como la excelente “Habitaciones vacías”.
La traca final llegó con los más jóvenes de la noche, Indocentes.
Aparte la muy personal adaptación del “Solo” de Fer Bassman & The Riders, sorprendentemente en una onda similar a Muse, el cuarteto desgranó su propuesta festiva y desenfadada como colofón adecuado a una velada para recordar tanto por los presentes como para quienes aún siguen negando el pan y la sal a quienes arriesgan por la cultura menos encorsetada y más viva. Y, desde luego, para personas como Jesús Cienfuegos, Gus, Fon, todos los participantes, que han demostrado que el movimiento se demuestra caminando, con compromiso de verdad y no con blablableo de guays. Que de esos ya, con su avaricia desmedida, sus componendas de festiamañospremios y sus ansias de vana notoriedad y protagonismo ya hay bastantes que sobran en esta Asturias de mis dolores.
¡Larga vida y mucha salud al Burlesque Club!
MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: ELOY BELTENÉ



















