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sábado, 24 de octubre de 2026

Donde habita el corazón desangrado

 


DONDE HABITA EL CORAZÓN DESANGRADO

KIM SALMON SMOKED´S SALMON

Gong Galaxy Club, Oviedo.

Domingo, 18 de octubre de 2026.

Mientras la mayoría busca con desesperación el abrazo incómodo de conciertos multitudinarios para contar aquello de "el concierto de mi vida" cuando sólo han estado pendientes del móvil, de la cháchara imparable y de otros entretenimientos fútiles de las nuevas costumbres, hay quienes nos sentimos privilegiados por el hecho de contemplar cómo una leyenda del rock australiano, uno de esos músicos a los que sigues en todas sus aventuras y que te acompaña desde hace décadas con sus discos, despliega con absoluto y contagioso entusiasmo noventa minutos para alcanzar el delirio. Un éxtasis real, no carne de titular obsoleto con fecha de caducidad. El disfrute máximo de -haciendo honor al apellido del australiano- seguir el camino del salmón, una y otra vez, sin arredrarse y entregando canciones para no abandonarte nunca. 


En esta reciente mutación como Smoked Salmon todo lo bueno que puede entregar Kim con su estupenda banda aparece por cada resquicio. Claire Birchall replica con sus afiladas guitarras y obsesivos teclados (también se intercambia a la batería con Dimi Dero) al mundo de múltiples capas de Salmon, sugestivo y sin concesiones, que navega con destreza por las aguas pantanosas de la densidad oscura e incierta del post-punk menos predecible. El que con Scientists, Beasts Of Bourbon o The Surrealists ha certificado como propio y singular, extrayendo carne, sangre, sentimiento y tinieblas de los corazones desgarrados a tiras.  El bajista Jeff Hooker luce un sombrero que retrotrae en la memoria al grandioso Tracy Pew (Birthday Party) para que nada falte en esta celebración de sombras y espectros de las profundidades del alma. La ambientación perfecta para una descarga de pasiones de todo tipo que recorren no sólo el cancionero de su nueva formación sino de retornos al pasado glorioso que aún sigue ardiendo como una llama inagotable del rock más intenso y real.


En un contexto así, resulta imposible obviar muchas de las estaciones para el recuerdo de una riquísima cosecha. Aparece primero ese "The low road" del homónimo álbum del los Beasts Of Bourbon, con ese aroma apocalíptico tan de la genial banda australiana que, a diferencia de ella, al contar con la voz de Salmon en vez de la de Tex Perkins alcanza un mayor nivel de opaco dramatismo en vez de la salvaje interpretación de un Perko que pisó estas mismas tablas en junio de 2023. Uno, egoista que es, echa de menos uno sus temazos favoritos del mismo álbum creado por Kim: "Something to lean on". Más adelante, en el tramo final llegará la explosión ardiente del clasicazo de su álbum debut, el irresistible "Drop out".


No faltaron joyas eternas como el siempre recurrente "Frantic Romantic", inagotable perla en cualquiera de sus versiones, ya sea con los Scientists o con los Surrealists o en cualquier momento que desee abordarla. O, en el bis, cuando le pedí el "You know me better than that" y cumplió, generoso, con el deseo de este plumilla e irredento fan. No me pierde el fervor para afirmar que fue uno de esos conciertos especiales, con muchísimos momentos de álgida intensidad y frenesí, con un cancionero que es un punto y aparte para demoler la molicie y el conformismo de estos tiempos de rock tan conformista y redundante. Sólo por eso, que no es poco y hubo más, mereció la pena abordar la gélida y húmeda noche otoñal ovetense, pues su nuevo proyecto (¿deberá cambiar el nombre por coincidir con otro grupo, australiano también?) ofrece garantías en forma de temas como "Flawed" y que sirvió para completar una gran velada de domingo, día extraño donde los haya para estas efusiones rockeras. Aunque, pensándolo bien, sí que cuadraba con la tan nada complaciente como estimulante propuesta del australiano y de su banda.

MANOLO D. ABAD

Fotos: M.D.A. (disculpas por la calidad de las mismas, mi móvil ya está a punto de reventar en su resiliencia de casi una década de servicios fotográficos) 











miércoles, 21 de octubre de 2026

"Australia on my mind" (Hoodoo Gurus en concierto en Oviedo)


 "AUSTRALIA ON MY MIND" 

(HOODOO GURUS EN CONCIERTO EN OVIEDO)

HOODOO GURUS

Plaza del Paraguas, Oviedo

Sábado, 19 de septiembre de 2026.

Si algo establece un común denominador entre todas las bandas australianas de rock y derivados que adoro es que nunca, nunca, me han decepcionado en sus comparecencias en vivo. Algunas, incluso, ya figuran en la categoría de inolvidables, para enmarcar en el área de "tesoros de mis recuerdos": The New Christs, en la desaparecida ovetense Express, un 9 de noviembre de 1989; The Church en la madrileña sala Jácara (3/5/1990); Nick Cave & The Bad Seeds en Brixton Academy, Londres (1/10/1993) o en el F.I.Benicàssim (7/8/2005); Beasts of Bourbon en el ya desaparecido -y demolido- Parque del Piles gijonés (19/4/2006); The Scientists en el gijonés Teatro Albéniz (17/5/2007); The Drones en la ovetense Lata de Zinc (1/1/2015), hasta el de The Saints, con un ya demacrado Chris Bailey en la Lata de Zinc (26/4/2015) y,... desde esta fecha, Hoodoo Gurus con su monumental despliegue en plenas fiestas -tan descafeinadas, tan impersonales sin su esencia popular y de chiringuitos- mateínas.


En lo que podría considerarse un escenario "menor" (la plaza del Paraguas), muy particular eso sí, los legendarios Hoodoo Gurus se transformaron en gigantes al son de un cancionero que creció aún más espoleado por una atmósfera tan cálida como el alma que le puso el cuarteto encabezado por un Dave Faulkner en un envidiable estado de forma (y de voz).

Había cierta prevención en el entusiasmo por la llegada del cuarteto australiano, tras el desastre morrocotudo de un lamentable Ian McCulloch al frente de Echo & The Bunnymen en su concierto de la playa de Poniente en el verano gijonés tan sólo mes y medio antes. Pero, no. Para regocijo de los congregados en la noche del Día de América en Asturias (uno de los momentos álgidos de las fiestas ovetenses), los australianos respondieron con una maravilla de actuación, sólida y sin fisuras, pero mostrando también cercanía y complicidad con los congregados que se arrebujaban en los limitados contornos de la singular plaza situada en el Oviedo Antiguo.


Bajaba por la calle de San Isidoro, donde se encontraba el Nunca Jamás, local en el que tantos conciertos se disfrutaron a principios del milenio (recuerdo a los atronadores, fantásticos, gallegos, Disco Las Palmeras!) con el sonido de "(Let´s all) turn on" y aceleré el paso calle abajo. Busqué situarme lo mejor posible en la plaza, sin saludar a nadie, tratando de no perderme nada, hasta que diviso a los hermanos García (Adolfo y Carlos) que habían actuado con sus Feedbacks días antes en una impecable actuación en el mismo lugar. La referencia de ese concierto días antes me sirve para evaluar el sonido en esa parte trasera de la plaza. Delante, no cabe un alfiler. Bendigo que el concierto no se haya programado en la imposible -a nivel sonoro- plaza de Feijoo, a la que se lleva el Concurso de Rock Ciudad de Oviedo "Alejandro Espina", siempre dinamitado desde diversos estamentos y que languidece en ese espacio de bloques de piedra no soldados, donde nada bueno hay que hacer.


Ante nuestros estupefactos ojos (bien podría servir su "Allucination" de ambientación sonora), el grupo fundado por Dave Faulkner se muestra ágil, intenso y con una selección de canciones muy equilibrada para mantener por todo lo alto el nivel de emotividad del concierto. Sí, vale, cada cual tiene sus preferencias, habrá quien desee que predominen temas de "Stoneage Romeos" o "Mars need guitars", quienes se decanten por su "Blow your cool" que les otorgó status de estrellas (o, Casi famosos, parafraseando el título de la célebre película), otros querrían la fuerza inexpugnable de "Magnum cum lauder", "Kinky" o "Crank", pero en lo que todxs aquellxs que asistieron al despliegue de poderío sónico con una variedad de matices inmensa y adaptada a la interpretación de cada tema coincidirán es que fue un concierto memorable.



Con su formación clásica, Brad Shepherd desplegando toda su esencia guitarrera de electricidad y matices, bien sostenidos por el bajo de Richard Grossman, efectivo y sin alardes, que para eso estaba el descomunal, impresionante, batería Mark Kingsmill, con una exhibición de poderío físico que ni un chavalete de dieciocho años podría igualar, y con el carisma de un Dave Faulkner liderándolo todo, excepcional de voz, y sin necesidad de trucos fáciles para enganchar a una audiencia que se frotaba los ojos, entusiasmada, ante lo que estaba disfrutando.

Podría estar resaltando todas y cada una de las perlas que sonaron en esa noche para el recuerdo, cada cual tendrá sus momentos clave, aunque yo me quedé -vaya usted a saber por qué- con Out that door, Bittersweet, Come anytime y 1000 miles away (ésta última, a pesar de ser engullida por los murmullos del personal, pero que a mí tanto me dice) y, por supuesto con la apoteosis final del bis. Y el deseo de que ésta no sea la última vez que los disfrutemos, que con argumentos así, el goce en vivo está asegurado.

MANOLO D. ABAD

Reportaje fotográfico: PANI FERNÁNDEZ



sábado, 8 de agosto de 2026

Cuarto menguante

 



CUARTO MENGUANTE

ECHO & THE BUNNYMEN

Playa de Poniente, Gijón/Xixón.

Viernes, 7 de agosto de 2026.

El jueves 6 de agosto de 2026 se iniciaba el tránsito de cuarto menguante de la Luna en Tauro. Al día siguiente, el 7 de agosto, en la Playa de Poniente de Gijón/Xixón, un eclipse total de Luna oscureció el concierto de Echo & The Bunnymen y de su cantante y líder absoluto Ian McCulloch.



Parafraseando una composición de Nacho Vegas en aquella colaboración con Enrique Bunbury -que también tuvo momentos ínfimos- cabría decir aquello de "Hay días en que valdría más no salir de la cama" y a Big Mc le sucedió algo parecido en la noche gijonesa. Uno recordó conciertos aciagos de artistas que le encantan -como aquella "exhibición" de Ian Brown en el Velódromo de Benicàssim al frente de los Stone Roses, en 1997, cuando ni siquiera se llamaba FIB-; o Evan Dando (The Lemonheads) en la gijonesa sala Acapulco en  el FICX en noviembre de 2009,  (consultar en este mismo blog https://manolodabad.blogspot.com/2009/11/en-el-fondo-de-la-montana-rusa.html) y que, precisamente por ello, duelen mucho más cuando se producen. Recuerdo hablar años después con Chris Brokaw -a quien le tocó el papelón de estirar su labor como telonero del líder de Lemonheads aquella noche- en la entrada de La Salvaje, tomándonos una allí sentados, hablando de lo divino y de lo musical tras un concierto suyo, cómo no había olvidado lo que tuvo que padecer en aquel funesto directo. Terribles desastres en vivo para ser enterrados, pero que, lamentablemente, acaban por clavarse a doloroso fuego en el corazón y en la memoria.



Y eso que el arranque con "Going up", de su tercer álbum "Porcupine", uno de los trabajos que marcó su trayectoria a principios de los 80, no parecía insinuar el desastre que llegaría posteriormente. Ya sabemos que las dos o tres primeras canciones suelen servir para equilibrar volúmenes y asentarse sobre las tablas. Pero, no. Tras "All that jazz" la cosa no parecía mejorar y en la quinta pieza, el excelente "The cutter", que discurrió a un ritmo de slow motion, en una extraña desaceleración, donde ya resultaba evidente que la voz de McCulloch oscilaba en unos incomprensibles altos y bajos que no se correspondían con la interpretación del tema, los indicios de que aquello iba a resultar una ruina comenzaron a ser alarmantes.



Tras esa desconcertante ejecución, el espigado vocalista de Liverpool, regaló flores al público antes de tocar un pasable "Flowers" -única incursión en su cancionero del nuevo milenio que merece una reivindicación que ni el propio grupo le otorga- después un anoréxico y desconcertante "Over the wall", desprovisto del vigor y tensión con que lo había disfrutado en las otras cinco veces que había tenido la suerte de verlos en concierto (en especial una en Barcelona, en el Primavera Sound 2011, donde bordaban, íntegros, sus dos primeros álbumes, ataviados, además, de camuflaje como en los 80) y un lamentable "Seven seas", donde el cortocircuito de tonos de voz de McCulloch alcanzó límites denigrantes, con momentos de silencio para que el público corease tímidamente los vacíos del cantante de 1.90 m. de estatura. Ni las magníficas, excepcionales, contribuciones a la guitarra de un eminente y versátil Will Sergeant conseguían tapar el sumidero por donde se hundía la leyenda del post-punk.


"Rescue" vino después a hacer honor a su título, pero cuando atacaron "All my colours (Zimbo)" necesitada del esfuerzo del vigor de una voz incapaz de acertar con el tono preciso fue el momento de certificar que aquello no tenía remedio. Por mucho empeño que el gran Sergeant pusiera al asunto. Su maravilloso clásico "Nothing lasts forever" engarzado al no menos clásico de Lou Reed "Walk on the wild side" mostró la magnitud del naufragio. Ni se escuchaban los coros ni el famoso estribillo ni nada. Poco después, tras un pasable "Bellbugs and Ballyhoo", se repitió la desgracia al enlazar "Villiers terrace" con un irreconocible "Roadhouse blues" (The Doors), que haría levantarse de su tumba a Ray Manzarek, el legendario teclista de la mítica formación liderada por Jim Morrison- quien llegara a tocar con ellos y a producirles el cover "People are strange" que saldría en la BSO del film de 1987 "Jóvenes ocultos".



Ni el tramo final con el siempre emotivo "Bring on the dancing horses" o el celebrado por el público -atónitxs ante el desconcertante espectáculo sólo estuvimos algunxs- "The killing moon" ni el bis (tardó cuatro minutos la banda en volver a las tablas con McCulloch enfundado en un sombrero de mosquetero arrastrando su poco crédito para destrozar su leyenda) con "Lips like sugar" (se olvidó parte de la letra entre balbuceos) y un patético "Ocean rain", musitado en unos susurros mascullados, tal y como había sucedido durante muchos momentos del set, y donde sólo en el tramo final mostró su -en la triste noche gijonesa- irreconocible chorro de voz, evidenciaron el camino de una completa decepción en la escasa hora y media de concierto. Una dolorosísima, penosa desilusión.

MANOLO D. ABAD

Reportaje fotográfico: ALBERTO CEÁN-BERMÚDEZ

lunes, 13 de abril de 2026

Una noche para recordar

 






UNA NOCHE PARA RECORDAR

Festival 13 Rue del Burlesque

Kuivi Almacenes, Oviedo.
Sábado, 11 de abril de 2026.
RITMO VUDÚ, EL MALO, FER BASSMAN & THE RIDERS, JOHNNY PENICILINA Y LOS FRIXUELOS ELÉCTRICOS, ALTO VOLTO, INDOCENTES, CORO M13.




Veintitrés años han transcurrido desde que en Oviedo se apagase la música en vivo durante más de un eterno año por las sinrazones políticas jugando con los vacíos legales y administrativos para ejecutar un ominoso capricho. Algunos de los participantes en este festival padecieron aquella situación en otro gran momento para la escena de la ciudad, que echó abajo a un puñado de pujantes formaciones que poseían un gran futuro: Dogfight, Kie 13, Esmusssein, Ass Draggers, Las Nurses, The Punishers, Sonido Alfredo, Freddie Fano y los Marijuana Trio y/o, sí, también, Alto Volto.



Mientras parece que ¡por fin! los estamentos políticos se han puesto a la tarea de una regulación de la música en vivo, el festival “13 Rue del Burlesque” demostró el poderío de los músicos participantes en el disco colectivo “A la primera”, que reunía a todas las bandas participantes y origen de todo lo que vino después, y su reflejo en un público ávido de música en directo. Quizás por eso, lo acontecido en la pasada noche del sábado 11 de abril en el Kuivi Almacenes (otro recinto perseguido por el contrasentido y el capricho de un determinado grupo político, el del “diccionario”, ustedes me entienden) adquiere una mayor proporción.



Seis bandas más un inusual coro – M13, que debutó para la ocasión -, reunidos en amor y compaña, buen rollo e intercambio creativo (readaptando, como en el disco de vinilo, temas unos de otros) por la venerable iniciativa de Jesús Cienfuegos, instigador y mecenas del festival, apoyado por una densa red de complicidades, obraron una noche mágica.



Hay en las seis diferentes propuestas materia prima suficiente para contar con un respaldo aún mayor, a la vista de los sólidos directos ofrecidos por todas las formaciones, que tuvieron un entrañable recuerdo en forma de homenaje musical al desaparecido líder de Ilegales, Jorge Martínez (versionando canciones como “Regreso al sexo químicamente puro” o “Bestia, bestia”) y al añorado Alberto Toyos – para quien se ha solicitado una calle en la ciudad sin respuesta alguna del consistorio ovetense- de quien se cumplía un año de su deceso.



Abrieron Ritmo Vudú, chispeante trío de new-wave punk, que sabe manejarse con un sinfín de referentes en sus letras, sólo comparables a mitos como los Siniestro Total de la época con Miguel Costas. Garage-punk, new-wave punk y rockabilly (no lo digo sólo por la camiseta de los Meteors que lucía Gus, su vocalista y guitarra, que se marcaría boya en su actuación e incansables coreografías en las del resto) se aúnan en una simbiosis muy divertida, a ritmo incesante e impecable para arrancar el festival.



 Su saxofonista Tomás Azpiri se multiplicaría durante toda la velada, poniendo su impronta al servicio de algunas de las otras bandas del festival. 



Jota -su aclamado bajista – es, por cierto, el autor de la portada, del diseño y de las ilustraciones de “A la primera” el disco germen de todo, que se vendió también durante la duración de los conciertos. Otra prueba más de ese entramado de amistad y buen rollo propiciado por el Burlesque Club y su propietario Jesús Cienfuegos.




La segunda formación de la noche fue El Malo, con su rebautizo de “y los Demonios del Burlesque”, liderados por Emilio Fidalgo, quien dirigiría después al coro femenino M13, con él a la guitarra, Chus Mirasierras (exLa Destilería) al bajo y Antonio Hernández a la percusión, interpretando clasicazos como “Mejor” de Los Brincos, “Nubes de tormenta” de Los Locos o “Moriría por vos” de Amaral, que ejecutaron en los intermedios entre cambios de grupos, desde el piso superior de la sala.



 Cuando hablamos de El Malo, lo hacemos de un grupo muy arriesgado en términos estilísticos, tanto en lo creativo como en su paleta musical y que encontraron alguna que otra dificultad para que su sonido y temazos como “Llegó Godot” brillaran con el lustre que merecen.



En tercer lugar llegarían Fer Bassman & The Riders, macizo trío de rock en la ancestral tradición de las guitarras de raíz setentera con las solventes guitarras de todo un histórico como Dani León, presencia destacada en múltiples aventuras del rock astur, aunque permítanme recordarlo en sus andanzas por los inolvidables La Destilería. Porque precisamente los estuve viendo con la compañía de mi querido Fredy Kostia, frontman de tan legendaria formación. 



Uno de los aciertos del festival fue ese, el contar con un público donde se podía encontrar uno con múltiples representantes de esa cultura ovetense que a muchos parece incomodarles. No sólo músicos como Miguel Pardo (Joven Kenobi, no confundir con el homónimo cantante de Sex Museum), también escritores como Rubén Rodríguez, David S. Suarón o Patricia Bernardo, o artistas plásticos como Toño Velasco, se contaban entre los asistentes que abarrotaron el recinto ovetense del Kuivi Almacenes, que se unió a esta celebración del rock y de la música en vivo de esa Vetusta que se niega a dormir en la siesta de los rancios carpetovetónicos.



Tras ser presentados de forma inexacta como los “decanos en activo del rock asturiano” (obvió en su nefanda y marisabidilla pose de supuesto experto habitual el conductor de la gala a Dr. Explosion, Los Ruidos, Feedbacks, entre otros, que hay bastantes más), llegó el turno de los siempre enormes Johnny Penicilina y los Frixuelos Eléctricos. 


Otro ejemplo más de actitud insobornable –sin pleitesías a gentes como el mencionado “conductor de galas”, por ejemplo, y absurdos premios quedabien desprestigiados de latón– coherente, indomable, que se une a un universo personal en las letras firmadas por su carismático vocalista Johnny Penicilina, una volcánica sección rítmica (los tremebundos César Longo y Karras), salpimentada con la riqueza de matices a dos guitarras (enormes la rítmica de José Maxide y la solista de Fon Fernández) para una propuesta única, singular y deslumbrante de principio a fin. 



Y con ya canciones clásicas para un grupo de fieles muy leal que las corean sin complejos. Esenciales y orgullosos vencedores de los ninguneos tan habituales en esta Asturias de mis dolores y con los que, personalmente, en mi desempeño, también me identifico.




Alto Volto no necesitan ningún tipo de presentación por mucho que se hayan pasado al idioma de Cervantes en lugar del de Shakespeare de sus primeros trabajos. Trío de hardrock guitarrero, con la formidable esencia hendrixiana a las seis cuerdas del gran Borja García, bien respaldado por Diego Motta – que estrenó un precioso bajo Rickenbacker de color azul Real Oviedo – y Juan Villamil a la batería, volvieron a mostrarse bien engrasados, potentes y con canciones que rezuman tanta vida como la excelente “Habitaciones vacías”.




La traca final llegó con los más jóvenes de la noche, Indocentes. 



Aparte la muy personal adaptación del “Solo” de Fer Bassman & The Riders, sorprendentemente en una onda similar a Muse, el cuarteto desgranó su propuesta festiva y desenfadada como colofón adecuado a una velada para recordar tanto por los presentes como para quienes aún siguen negando el pan y la sal a quienes arriesgan por la cultura menos encorsetada y más viva. Y, desde luego, para personas como Jesús Cienfuegos, Gus, Fon, todos los participantes, que han demostrado que el movimiento se demuestra caminando, con compromiso de verdad y no con blablableo de guays. Que de esos ya, con su avaricia desmedida, sus componendas de festiamañospremios y sus ansias de vana notoriedad y protagonismo ya hay bastantes que sobran en esta Asturias de mis dolores.

¡Larga vida y mucha salud al Burlesque Club!

MANOLO D. ABAD

Reportaje fotográfico: ELOY BELTENÉ



miércoles, 1 de abril de 2026

Critica y conexión

 

En la azarosa travesía literaria, uno de los aspectos a valorar es la conexión. Con los/as lectores/as y ¿por qué no? con alguien que se dedique a la crítica. Por todo eso, uno de esos momentos mágicos y reconfortantes sucedió cuando Ruy Vega me dedicó -hace unos meses- un texto exhaustivo y muy elogioso en el diario "La Nueva Crónica" a propósito de mi undécimo "Si la música no fuera vida, estaría muerto" (Más Madera, 2025). Me quedé sorprendido. Y halagado, por supuesto. Sería hipócrita negarlo. Aunque uno sepa que siempre aparece una nueva piedra en el camino para bajarte los humos. Eso, sí: a pesar de estar curado de espantos y tomarse cierta distancia respecto a los elogios (que, ahí está el matiz, son distintos a la adulación interesada), me causó una gran satisfacción. Y dan oxígeno para no desfallecer y continuar en la brecha, surcando el camino que no sabemos hacia dónde nos llevará.

Nota adicional: los ajos son muy sanos. Lo digo porque ya hubo alguno que tuvo una indigestión de los mismos al leerlo en su día. 

https://www.lanuevacronica.com/el-bierzo/si-musica-no-fuera-vida-estaria-muerto_182915_102.html

martes, 25 de julio de 2023

Eléctrica autenticidad

 


Crítica. Música. -

"Eléctrica autenticidad"

JOHNNY PENICILINA Y LOS FRIXUELOS ELÉCTRICOS

Johnny Penicilina (voz, armónica), Fon Fernández (guitarras), José Maxide (guitarras), Padre Karras (bajo), César Longo (batería).

Kuivi PopUp, Oviedo.
Domingo, 23 de julio de 2023.

Ahora que dicen que el rock agoniza, es reconfortable encontrarse con propuestas bien vitaminadas de toda la energía que esta ya vieja música es capaz de insuflar a través de un grupo rotundo, sin fisuras y con una personalidad tan bien definida como Johnny Penicilina y los Frixuelos Eléctricos.


No sujetos a la flojera generalizada de un rock desprovisto de fuerza en sus guitarras, amanerado en su actitud; ni atechados en los tópicos de las etiquetas de géneros protectores de la falta de talento, de un bagaje musical rico y variado y de una creatividad que sólo es capaz de recurrir al manido pastiche, Johnny Penicilina y los Frixuelos Eléctricos ofrecen algo bien distinto. En la cáscara del rock caben, sí, múltiples opciones que se pueden revertir bajo la intención de crear un universo propio, y ahí es donde el quinteto asturiano ha ido macerando su propio estilo.


Su rock callejero  -no podemos recurrir al original adjetivo setentero urbano, puesto que su significado ha sido envenenado e invadido por las nuevas hordas del autotune- se nutre, a discreción y siempre al servicio de las canciones, del punk-rock, garage-punk, rock de guitarras afilado, gotas, incluso, de rockabilly, bien llevado por una base rítmica rocosa e impertubable con Longo y Karras, las guitarras bien enlazadas de Fon y Maxide y el liderazgo de un frontman tan peculiar como Penicilina.

A través de una trayectoria donde no cupieron prisas y sí cerrar un repertorio consistente, el directo de esta banda reluce al poder tomar ya de una serie de hits repartidos a través de sus cuatro álbumes en sus casi cuatro lustros de existencia. Ya son clásicos del rock asturiano canciones como "No me saldré del guión", "Mari la Trotona", "Candi", "¿De ti o de mí?", "Entre ratas", "Y yo en el medio... como un mongol", "Desperdicios" o "Anda y que te zurzan", por citar sólo algunas de un repertorio estimulante donde elegir.


El concierto termina por todo lo alto y con el obligatorio bis donde reluce ese crítico y tan significativo "Tres kilos de cultura", que tanto cuenta sobre los tiempos de hoy. Da gusto recibir esta dosis de auténtica electricidad guitarrera, nada de fatuos manierismo virtuosos que esconden el más flagrante de los vacíos, electricidad y guitarras, las mejores bases, con las que Johnny Penicilina y los Frixuelos Eléctricos rematan un set para enmarcar. Lo que el rock menos complaciente y más vibrante puede (y debería, siempre) entregar y del que ellos son un brillante emblema.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: FERNANDO CASAS













viernes, 30 de junio de 2023

Memoria sin nostalgia

 


Crítica. Música. -

"Memoria sin nostalgia"

KACTUS JACK

Kuivi PopUp, Oviedo.
Viernes, 23 de junio de 2023.

En este "extraño nuevo mundo" al que cantó el gran Steve Wynn, vivimos en una nueva realidad postpandemia donde el efecto de "cabeza borradora", por recordar aquella extrañísima película de David Lynch, actúa como una tabla rasa que arrasa con determinadas (selectivas) memorias, mientras magnifica otras en una suerte de ruleta de la fortuna que logra unos beneficiario y, por supuesto, destina a los demás aun ignominioso olvido. En esa caprichosa lotería, parece que en Asturias le ha tocado al "Xixón Sound" la peor parte. Muy propio de esta cainita Asturias de nuestros dolores: quiénes no se enteraban de nada en los 90, quienes ni vivieron ni sintieron esa época de -digámoslo ya- gloria y repercusión como no ha habido nunca, tratan de ocultar, con subterfugios y malas artes todo aquello, contando que no, que no existió, que fue una exageración, que fue un invento. Pues, por más que saquen sus supercherías a bailar en redes, conciertos como el de Kactus Jack, su música, su directo y energía -décadas después, impolutos- son los testigos contra los que no pueden luchar.



Así que la celebración de Kactus Jack, su apoteosis para abrir una nueva edición del tan imprescindible como maltratado e ignorado (por los "de siempre", en esta maldita ciudad de nombre Oviedo, a la que sigo amando a pesar de esos) Kuivi PopUp, sirvió para demostrar esa mayor que algunos pretenden negar. Un rotundo directo, transitando entre fronteras estilísticas con destreza, ya sea el punk-rok, el pop-punk, funk-rock (en esta parte apenas entraron) y, por supuesto, el toque alternativo y el rock´n´roll, sin ceñirse a ninguna otra etiqueta que no fuera la de la libertad creativa. Esa libertad creativa sin clichés que alimentó la que luego sería denominada bajo la marca "Xixón Sound". ¡Quiénes mejor que ellos, grupo donde se juntaba personal de Oviedo y de Gijón para representar todos esos valores más allá de la cretinez de rivalidades estúpidas, incomprensibles más allá del fútbol!


Todo se tradujo en la demostración que el rock sabe ofrecernos: más allá de la actualidad, siempre queda la memoria si se elimina el toquecito ese tan tontorrón de la nostalgia. Tenemos los años que tenemos y ya está. No hace falta volver al Chanel en el 93, estamos treinta años después sonando ante muchos supervivientes de todo aquello, ante nuevas generaciones de aficionados que creían que el indie y la música alternativa eran este aburrimiento de "neopoprock" que es la nueva aristocracia que domina unos festivales en manos de fondos de inversión, donde ni importa la música ni los espectadores, sólo un avaricioso concepto sacaperras de "entretenimiento".


Abrieron tal cual comenzaba su primer álbum -"1993"- con dos canciones superlativas como "Tucuman" y "Take a look around", el esencial "Secretary comandos" -una de mis favoritas, gracias por la mención, querido Roni- y un sucinto recuerdo a su tercer álbum con "Look at you", donde se dejaron la "K" por el camino, en un extraño recorrido de vuelta a la película de serie b de los 70 que inspiró su nombre. A partir de ahí, un camino al éxtasis total, gracias a un repertorio centrado básicamente en su primer álbum, con la única excepción de "Ann & Sally", de su EP "Fan hasta la muerte". Terminan en la gloria con "My little Michael", esa canción de la que pocos conocen su gestación e historia y que quizás haya que desvelar universalmente algún día.


Y, para el bis, tiempo para himnos como "Sweet gals", el ineludible, extraordinario, "Rock´n´roll made a male of me" y un "Piece of blue eyes" enganchado con un homenaje muy particular a The Velvet Underground con el clásico "Waiting for the man".

Si algo tiene el rock es la capacidad para situar la memoria en ese punto donde nada ni nadie pueda oscurecerla o manipularla. Se manifestará, libre, sin ambages y, por encima del tiempo transcurrido. Así de grande es y así de enorme nos lo mostraron Kactus Jack en una lección imprescindibles ante tanta pose y tanto/a rockerito/a de salón y de redes sociales, de los que -la verdad- uno empieza a estar ya muy harto.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: FERNANDO CASAS





























miércoles, 16 de marzo de 2022

Riesgo y creatividad

 



Críticas Música. -

"RIESGO Y CREATIVIDAD"

LAGARTIJA NICK
Teatro Campoamor, Oviedo.
Viernes, 11 de marzo de 2022.

Mientras algunos se aferran a fórmulas obsoletas, rutinarias y de ínfima calidad, Lagartija Nick han tomado la antorcha del riesgo que el maestro Enrique Morente les mostró y compartió con ellos en el eminente, crucial, "Omega" (1997). Los granadinos han escrito e interpretado algunas de las páginas más brillantes del rock nacional de las últimas décadas. Lejos de permanecer en una zona cómoda, siguen fieles a su camino de riesgo, sin miedo a la zozobra, en un baile en el alambre de una creación que no conoce el miedo a caerse sin red.


Así se presentaban en una ciudad donde sólo habían actuado en una ocasión, un glorioso 14 de noviembre de 1991, en la desaparecida sala La Real, cuando se embarcaron en una extensa y muy intensa gira de su primer álbum "Hipnosis", donde -como ellos mismo recordaban- buscaban que a su audiencia "le sangrasen los oídos". Treinta largos años después, sin haber perdido la fuerza de toda su electricidad, son capaces de internarse en muchos más territorios como la poesía o las imágenes cinematográficas para realzar un espectáculo con el que se abría la octava edición de SACO (Semana del Audiovisual Contemporáneo Ovetense) de la mejor de las maneras posibles.


Era la segunda vez que se podía contemplar sobre unas tablas (se había estrenado hace unas fechas en Madrid), pero daba la impresión de estar muy rodado, en un concierto sin fisuras, despachado con la brillantez, energía y atractivo que se le supone a una banda tan inquieta como contundente. En ese homenaje a la Generación poética del 27 donde se produce un hermanamiento con Luis Buñuel (tanto en su obra visual como poética) y Val del Omar, a quien ya habían homenajeado en su álbum homónimo de 1998, los resultados brillan y se intuye nueva gloria para su próximo trabajo, también conceptual -han encontrado oro en esa forma de trabajo- en torno a esos ejes.


Y es que cuando los proyectos se encaran desde el corazón, no como una previsible rutina con la que llenarse los bolsillos, sino en la búsqueda más profunda del alma, en el ínterin de la poesía, de la imagen, de la electricidad y potencia más rotunda del rock, se acaban encontrando nuevos caminos para huír de esa conformista molicie de quienes prefieren los (comerciales) senderos tan trillados que sólo aburren. Lagartija Nick es un grupo que se busca, se reencuentra y se descubre en las encrucijadas, hallando nuevos caminos en la insaciable indagación del creador inquieto e indomable.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: IVÁN MARTÍNEZ