miércoles, 21 de octubre de 2026

"Australia on my mind" (Hoodoo Gurus en concierto en Oviedo)


 "AUSTRALIA ON MY MIND" 

(HOODOO GURUS EN CONCIERTO EN OVIEDO)

HOODOO GURUS

Plaza del Paraguas, Oviedo

Sábado, 19 de septiembre de 2026.

Si algo establece un común denominador entre todas las bandas australianas de rock y derivados que adoro es que nunca, nunca, me han decepcionado en sus comparecencias en vivo. Algunas, incluso, ya figuran en la categoría de inolvidables, para enmarcar en el área de "tesoros de mis recuerdos": The New Christs, en la desaparecida ovetense Express, un 9 de noviembre de 1989; The Church en la madrileña sala Jácara (3/5/1990); Nick Cave & The Bad Seeds en Brixton Academy, Londres (1/10/1993) o en el F.I.Benicàssim (7/8/2005); Beasts of Bourbon en el ya desaparecido -y demolido- Parque del Piles gijonés (19/4/2006); The Scientists en el gijonés Teatro Albéniz (17/5/2007); The Drones en la ovetense Lata de Zinc (1/1/2015), hasta el de The Saints, con un ya demacrado Chris Bailey en la Lata de Zinc (26/4/2015) y,... desde esta fecha, Hoodoo Gurus con su monumental despliegue en plenas fiestas -tan descafeinadas, tan impersonales sin su esencia popular y de chiringuitos- mateínas.


En lo que podría considerarse un escenario "menor" (la plaza del Paraguas), muy particular eso sí, los legendarios Hoodoo Gurus se transformaron en gigantes al son de un cancionero que creció aún más espoleado por una atmósfera tan cálida como el alma que le puso el cuarteto encabezado por un Dave Faulkner en un envidiable estado de forma (y de voz).

Había cierta prevención en el entusiasmo por la llegada del cuarteto australiano, tras el desastre morrocotudo de un lamentable Ian McCulloch al frente de Echo & The Bunnymen en su concierto de la playa de Poniente en el verano gijonés tan sólo mes y medio antes. Pero, no. Para regocijo de los congregados en la noche del Día de América en Asturias (uno de los momentos álgidos de las fiestas ovetenses), los australianos respondieron con una maravilla de actuación, sólida y sin fisuras, pero mostrando también cercanía y complicidad con los congregados que se arrebujaban en los limitados contornos de la singular plaza situada en el Oviedo Antiguo.


Bajaba por la calle de San Isidoro, donde se encontraba el Nunca Jamás, local en el que tantos conciertos se disfrutaron a principios del milenio (recuerdo a los atronadores, fantásticos, gallegos, Disco Las Palmeras!) con el sonido de "(Let´s all) turn on" y aceleré el paso calle abajo. Busqué situarme lo mejor posible en la plaza, sin saludar a nadie, tratando de no perderme nada, hasta que diviso a los hermanos García (Adolfo y Carlos) que habían actuado con sus Feedbacks días antes en una impecable actuación en el mismo lugar. La referencia de ese concierto días antes me sirve para evaluar el sonido en esa parte trasera de la plaza. Delante, no cabe un alfiler. Bendigo que el concierto no se haya programado en la imposible -a nivel sonoro- plaza de Feijoo, a la que se lleva el Concurso de Rock Ciudad de Oviedo "Alejandro Espina", siempre dinamitado desde diversos estamentos y que languidece en ese espacio de bloques de piedra no soldados, donde nada bueno hay que hacer.


Ante nuestros estupefactos ojos (bien podría servir su "Allucination" de ambientación sonora), el grupo fundado por Dave Faulkner se muestra ágil, intenso y con una selección de canciones muy equilibrada para mantener por todo lo alto el nivel de emotividad del concierto. Sí, vale, cada cual tiene sus preferencias, habrá quien desee que predominen temas de "Stoneage Romeos" o "Mars need guitars", quienes se decanten por su "Blow your cool" que les otorgó status de estrellas (o, Casi famosos, parafraseando el título de la célebre película), otros querrían la fuerza inexpugnable de "Magnum cum lauder", "Kinky" o "Crank", pero en lo que todxs aquellxs que asistieron al despliegue de poderío sónico con una variedad de matices inmensa y adaptada a la interpretación de cada tema coincidirán es que fue un concierto memorable.



Con su formación clásica, Brad Shepherd desplegando toda su esencia guitarrera de electricidad y matices, bien sostenidos por el bajo de Richard Grossman, efectivo y sin alardes, que para eso estaba el descomunal, impresionante, batería Mark Kingsmill, con una exhibición de poderío físico que ni un chavalete de dieciocho años podría igualar, y con el carisma de un Dave Faulkner liderándolo todo, excepcional de voz, y sin necesidad de trucos fáciles para enganchar a una audiencia que se frotaba los ojos, entusiasmada, ante lo que estaba disfrutando.

Podría estar resaltando todas y cada una de las perlas que sonaron en esa noche para el recuerdo, cada cual tendrá sus momentos clave, aunque yo me quedé -vaya usted a saber por qué- con Out that door, Bittersweet, Come anytime y 1000 miles away (ésta última, a pesar de ser engullida por los murmullos del personal, pero que a mí tanto me dice) y, por supuesto con la apoteosis final del bis. Y el deseo de que ésta no sea la última vez que los disfrutemos, que con argumentos así, el goce en vivo está asegurado.

MANOLO D. ABAD

Reportaje fotográfico: PANI FERNÁNDEZ