domingo, 8 de agosto de 2010
sábado, 7 de agosto de 2010
Para un ser consciente...
miércoles, 4 de agosto de 2010
Impostores de las modas
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Se trata de un espécimen literario en auge: los impostores que mueven sus gustos y sus creaciones a golpe de moda. La industria cultural parece moverse en la suicida senda que ha conducido al marasmo a las discográficas. Ponerse en manos de la moda, tirarse de cabeza en busca de copias de aquello que ha funcionado es el mejor modo para irse al garete. Aunque los responsables, los que llevan la manija, continúan insistiendo en el error. Vean si no cómo en los últimos años se acumulan estantes repletos de novelas históricas, algunas hasta con un anaquel creado para la ocasión. Al mismo tiempo, y huyendo de la quema como alma que lleva el diablo, muchos de los adalides de la validez de la novela histórica reculan, se esconden y reaparecen mostrando su fascinación por la novela negra o, sin ganas de meterse en dificultades, en la novela de misterio a secas. O, simplificando aún más, no vaya a ser que lo de la novela negra como moda no vaya a ser verdad, en la "novela de género". Miren que la etiquetita de marras ya se merece todo el desprecio del mundo... Pero la industria y quienes anhelan un lugar bajo el sol en ella, pierden sus traseritos por ubicarse bajo el sol de la moda de moda, valga la redundancia. Por si desean informarse de los diversos estilos de novelas de misterio, serie negra, pulp, etc, les remito a la magnífica exposición que Jesús Palacios ha escrito para la estupenda antología Los Hombres Topo quieren tus ojos (Valdemar, 2009). Así, al menos, se ahorrarán el ridículo de escribir o pronunciar obviedades.
Uno, que pensaba que el noventa por ciento de las noveluchas paridas al fragor del éxito de El Código Da Vinci ni eran novelas ni, mucho menos, dignas de ser tratadas como históricas, se encuentra con cómo muchos de los autores que renegaban de la serie negra, tratan de abrazarla por el atajo más corto posible. Lo bueno, para uno, es que se les detecta a la legua en su impostura. Lo malo, es que autores como Carlos Salem o Raúl Argemí, que tan bien se han manejado en ese terreno, puedan quedar solapados por la banda de impostores/as que se mueven como serpientes en los anhelos à la mode de la industria literaria. Al final, me queda el consuelo de lo que el propio Carlos Salem me recomendó en la pasada Semana Negra de Gijón 2010: "Paciencia y constancia". Aunque, a veces, observar y sufrir lo bien que se manejan muchos de esos impostores de las modas, produzca desazón y vergüenza. Por su cara tan dura, por su falta de talento —para crear, para escribir— y por su gran talento —para manipular a editores y para conseguir vender sus oportunistas subproductos—.
Publicado en la revista "Literarias" el 4 de agosto de 2010 http://www.escritoresdeasturias.es/literarias/firmas-y-opinion/undreground-impostores-de-las-modas-por-manolo-d-abad-04082010-.html
martes, 3 de agosto de 2010
Stark

Stark arrancó el extremo retorcido del porro, le pasó la lengua para humedecer el papel, lo encendió y echó a andar por la calle desierta.
Se preguntaba si la hierba aún podría colocarle. El porro había sido un regalo del camarero. Stark no pensaba aceptarlo cuando se lo ofreció pero no quería ofender al tipo, quien pensaba que la marihuana te da el mejor subidón. Además, su actitud ante la hierba se había visto influida por la opinión de un drogadicto, su padre, el timador del billar, el hombre que decía: "No necesito esa mierda de hierba para volverme aún más loco. Lo que necesito es la medicina de Dios para estar más cuerdo" y que acto seguido se pinchaba la vena con una aguja delante de su hijo. Su padre era un yonqui. Stark juró que nunca se engancharía. Sólo los imbéciles se enganchaban.
Le dio una calada más al porro y, mientras aguantaba el humo, la marihuana hizo su magia. En segundos, su mente se elevó a un nivel de perspectiva más alto, más intenso, aunque distorsionado al mismo tiempo. Le vino a la cabeza la cara de Crowley,esa expresión de bulldog estúpido. De repente, soltó una carcajada. Su risa retumbó en el silencio de las calles vacías. Se contuvo, consciente de que la hierba jugaba con su imaginación. Las luces brillaban más y las ventanas, que momentos antes le habían parecido horribles, ahora se presentaban como filas de cuadros impresionistas colgados por un gran artista en la galería de la noche. Este pensamiento le provocó otro ataque de risa desquiciada.
Cubos de basura, abollados por el uso, se alineaban en los bordillos esperando el amanecer. También estos objetos tenían su significado, especialmente una bañera deforme llena a rebosar de botellas de vino. Stark se paró en seco, se inclinó hacia delante y entrecerró los ojos inyectados en sangre.
-Hay que joderse - dijo profundamente impresionado- . Es una puta obra maestra vanguardista.-Lanzó una carcajada ante su propia ridiculez.
Un coche blanco y negro que merodeaba por allí se acercó al bordillo iluminándole de lleno con los faros. Le estropeó el humor de forma instantánea. Un policía de quien no podía distinguir las facciones bajo el ala del sombrero asomó la cabeza por la ventanilla, como una marioneta en una caja.
-¿Qué estás haciendo aquí fuera, amigo? Es tarde para andar dando vueltas.
-Sólo disfrutaba del arte.
-¿Qué?
-Estaba sacando la basura. -Sabía que el policía se había detenido para comprobar si era un borracho. El estafador se recompuso- . La recogen muy pronto. Trabajo por la noche así que acabo de sacarla. Me alegro de lo bien que hace su trabajo, consigue que me sienta más seguro al dejar a mi mujer sola en casa.
-Muy bien, amigo. No trabaje demasiado. -Miró deliberadamente el montón de botellas de vino-. ¡Y cuidado con las úlceras!
El coche de policía se alejó para recorrer otros lugares durante la noche. Stark lo observó y se recompuso.
-Será mejor calmarse antes de que esta hierba de la risa haga que me encierren por reírme de la luna.
Aceleró el paso en dirección al Panama Club.
Edward Bunker. "Stark". Sajalín Editores, 2010.
domingo, 1 de agosto de 2010
sábado, 31 de julio de 2010
Hoy en Salinas
viernes, 30 de julio de 2010
Hoy y mañana en Salinas
jueves, 29 de julio de 2010
Algo huele a podrido en Radio 3

Cuando La Emisora decide prescindir de uno de los grandes de la crítica musical de este país, es lo único que se puede decir. Diego Alonso Manrique fuera de Radio 3 casi tres décadas después de haber contribuido a hacerla diferente. La libertad comienza a escaparse por el desagüe... (Seguiremos hablando de ello).
Nota: Si tienes facebook, no dejes de sumarte a este grupo de apoyo http://www.facebook.com/group.php?gid=122932647753382. Al menos, que no queden impunes los BORRICOS responsables de este desatino.
Hoy en Gijón

La histórica del soul Martha Reeves en la plaza Mayor de Gijón a las 22 h. para abrir el festival Euroyeyé 2010 respaldada por un impresionante elenco de músicos asturianos:
En el papel de benny "papazita" benjamin a la batería: Fernando Arias
En el papel de James "the hook" Jamerson al bajo: David Casillas
En el papel de Robert White a la guitarra Julio Gilsanz.
En el papel de Earl Van Dyke a los teclados: Jacobo de Miguel
En el papel de Thomas "Beans" Bowles al saxo barítono: Jorge Viejo
En el papel de Mike Terry al saxo tenor: Javier Rubio
En el papel de Johnny Trudel a la trompeta: Agustín Lara
En el papel de George Bohanon al trombón: Toño Gómez
Y en el papel de Las Vandellas: Ross Gala y Mapi Quintana.
En el papel de James "the hook" Jamerson al bajo: David Casillas
En el papel de Robert White a la guitarra Julio Gilsanz.
En el papel de Earl Van Dyke a los teclados: Jacobo de Miguel
En el papel de Thomas "Beans" Bowles al saxo barítono: Jorge Viejo
En el papel de Mike Terry al saxo tenor: Javier Rubio
En el papel de Johnny Trudel a la trompeta: Agustín Lara
En el papel de George Bohanon al trombón: Toño Gómez
Y en el papel de Las Vandellas: Ross Gala y Mapi Quintana.
Hoy en Gijón
miércoles, 28 de julio de 2010
Del corazón a los pies

Venía el cantante bostoniano precedido por un aluvión de buenas críticas que habían disparado la expectación entre los más avispados y bien puede afirmarse que no sólo no decepcionó sino que consiguió maravillar a los presentes. ¿La receta? Saber mezclar tradición con aires nuevos desde el respeto a los grandes del soul, una gran voz y un gran espectáculo, respaldado por un estupendo elenco de siete músicos distribuidos en una trepidante sección de viento con dos saxos y un trompeta, un bajo, un efectivo guitarra, un indesmayable batería y un organista -JB Flatt- con dotes de presentador en pista de esta joven estrella, que no cejó en su afán de poner a bailar a la abarrotada plaza gijonesa.
Tras un primer arranque irresistible en el que Reed mostró que no vive sólo de su gran voz, con «Tell me what I wanna hear» de su nuevo álbum «Come and get it» destacando en ese primer bloque, llegó el primero de los momentos más relajados donde bordó el clásico de Merle Haggard «I'm gonna break every heart I can», para encender a continuación a un público que no perdía detalle de sus movimientos sobre las tablas con otro imprescindible, el «Twisting all the night away» de Sam Cooke. Uno de las bazas de «Paperboy», el apodo que recibiera de niño por su forma de llevar su gorra al modo de los viejos repartidores de periódicos, es invocar la tradición no como un mero ejercicio de estilo sino como una afirmación de su personalidad. Tras «Walkin'and talking and other smash hits» (2004) y el memorable «Roll with you» (2008), le ha llegado a Reed la hora del gran salto con el reciente «Come and get it» y parece dispuesto a aprovechar los vientos favorables para elevar su status. Todo un acierto su presencia en el verano gijonés. Mientras unos recurren a pomposas culturalidades desprovistas de contenido, otros demuestran donde se puede sorprender con actuaciones de calidad de artistas no consagrados aún pero vivos, en un gran momento y con mucho que ofrecer.
Una hora y tres cuartos después de irrumpir en el recinto gijonés, dos bises después y tras un tremendo tramo final con el incendiario «Explosion» o el tema que da título a su álbum, el músico norteamericano y su banda se despedían por la puerta grande, convencidos de que la conexión entre el corazón, las piernas y los pies, es la que abre más caminos y deja tan satisfechos como la mejor y mas soñada noche de amor y sexo a quienes acuden a disfrutar de su música.
Publocado en el periódico "La Nueva España" el miércoles 28 de julio de 2010 http://www.lne.es/sociedad-cultura/2010/07/28/corazon-pies/948007.html
sábado, 24 de julio de 2010
viernes, 23 de julio de 2010
jueves, 22 de julio de 2010
domingo, 18 de julio de 2010
domingo, 11 de julio de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
Bunker, Sajalin Editores, Semana Negra de Gijón
miércoles, 7 de julio de 2010
Territorio Comanche

Ahora Nino estaba muerto y no tenía que preocuparse por la vejez, ni por la jubilación, ni por nada.
La jubilación. Hermann Terstch solía mencionarla con lengua insegura hacia el tercer whisky, cuando su ordenador portátil ya había transmitido por línea telefónica la crónica que publicaría El País a la mañana siguiente. Hermann acababa de escribir un libro explicando la guerra en la ex Yugoslavia y lo habían ascendido a jefe de Opinión del diario, lo que significaba jubilarse de los viajes y la acción después de muchos años como reportero en Europa central. Era un fulano de la escuela austrohúngara, como Ricardo Estarriol, de La Vanguardia, y el maestro de maestros, Francisco Eguiagaray, a quien todos los taxistas de todos los hoteles de todo el este europeo saludaban con un elocuente champán, chica, factura, no problema. Generoso como un gran señor, entrañable, nostálgico del imperio y capaz de verter lágrimas con la Marcha de Radetzky, Paco Eguiagaray era el gran especialista de la zona, y sus crónicas para televisión, ferozmente antiserbias en los primeros momentos de la guerra, le costaron una jubilación anticipada. Sin embargo, el tiempo le daba la razón. Con Estarriol y Terstch llegó a predecir, al pie de la letra, lo que se avecinaba en los Balcanes:
-Esos imbéciles de las cancillerías europeas no leen historia.
Solía referirse al tema mientras invitaba a champaña helado en Viena, Zagreb o Budapest a los colegas más jóvenes, que acudían a él en busca de doctrina y experiencia. Acudían todos salvo la Niña Rodicio, que después de sólo dos años de periodismo activo se había transformado directamente de modosa becaria en pozo de experiencia, y no necesitaba de doctrina de nadie, ni siquiera cuando confundía los calibres, hablaba de los B-52 bombardeando en picado, o permitía que Márquez y los cámaras que trabajaban con ella le sacaran las castañas del fuego. Quizá por eso la Niña Rodicio hablaba mal de Paco Eguiagaray, de Alfonso Rojo, de Herrmann y de todo el mundo, y trataba a patadas a la gente de su equipo. Como decían Miguel de la Fuente, Fermín, Álvaro Benavent y los que tuvieron el privilegio de vivir de cerca el asunto, trabajar con ella era igualito que hacerlo con Ava Gardner.
Arturo Pérez-Reverte. "Territorio Comanche". Círculo de Lectores, 1995.
La jubilación. Hermann Terstch solía mencionarla con lengua insegura hacia el tercer whisky, cuando su ordenador portátil ya había transmitido por línea telefónica la crónica que publicaría El País a la mañana siguiente. Hermann acababa de escribir un libro explicando la guerra en la ex Yugoslavia y lo habían ascendido a jefe de Opinión del diario, lo que significaba jubilarse de los viajes y la acción después de muchos años como reportero en Europa central. Era un fulano de la escuela austrohúngara, como Ricardo Estarriol, de La Vanguardia, y el maestro de maestros, Francisco Eguiagaray, a quien todos los taxistas de todos los hoteles de todo el este europeo saludaban con un elocuente champán, chica, factura, no problema. Generoso como un gran señor, entrañable, nostálgico del imperio y capaz de verter lágrimas con la Marcha de Radetzky, Paco Eguiagaray era el gran especialista de la zona, y sus crónicas para televisión, ferozmente antiserbias en los primeros momentos de la guerra, le costaron una jubilación anticipada. Sin embargo, el tiempo le daba la razón. Con Estarriol y Terstch llegó a predecir, al pie de la letra, lo que se avecinaba en los Balcanes:
-Esos imbéciles de las cancillerías europeas no leen historia.
Solía referirse al tema mientras invitaba a champaña helado en Viena, Zagreb o Budapest a los colegas más jóvenes, que acudían a él en busca de doctrina y experiencia. Acudían todos salvo la Niña Rodicio, que después de sólo dos años de periodismo activo se había transformado directamente de modosa becaria en pozo de experiencia, y no necesitaba de doctrina de nadie, ni siquiera cuando confundía los calibres, hablaba de los B-52 bombardeando en picado, o permitía que Márquez y los cámaras que trabajaban con ella le sacaran las castañas del fuego. Quizá por eso la Niña Rodicio hablaba mal de Paco Eguiagaray, de Alfonso Rojo, de Herrmann y de todo el mundo, y trataba a patadas a la gente de su equipo. Como decían Miguel de la Fuente, Fermín, Álvaro Benavent y los que tuvieron el privilegio de vivir de cerca el asunto, trabajar con ella era igualito que hacerlo con Ava Gardner.
Arturo Pérez-Reverte. "Territorio Comanche". Círculo de Lectores, 1995.
martes, 6 de julio de 2010
lunes, 5 de julio de 2010
viernes, 2 de julio de 2010
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