lunes, 21 de septiembre de 2026

"Experiencias más allá del Kronen" (4ª parte)


EXPERIENCIAS MÁS ALLÁ DEL KRONEN

(4ª Parte)



"In the city there´s a thousand things I want to say to you/ But whenever I approach you/ I wanna say to you, I wanna tell you/ About the young ideas/ But you turn me them into fears"

("In the city"- The Jam. Paul Weller, 1977)

Y llega el día 15, martes y 15. La presentación de "Transición. La experiencia U-Feeling IV", el libro de Eva G. González y José Ángel Mañas en el Club de Prensa Asturiana. Al mes siguiente, en el mismo lugar, en el mismo día de la semana, pero en el muy supersticioso -sólo en España- día 13 (en gran parte del mundo occidental, el viernes) será el turno del libro-colectivo que he ideado y coordinado y del que he logrado no desvelar su título en estas cuatro entregas. Al final, hasta no soy tan bocazas. No voy a decir la frase "me despierto", o "sonó el despertador". Mentiría. La duermevela ha sido absoluta y con todas sus delirantes fases: levantarse y volver al libro, apuntar en la libreta, marcar más páginas, garabatear alguna pregunta; volver a tumbarse en la cama; venga, de nuevo a la cocina, fruta, otro café, no, mejor un par de infusiones (hinojo, manzanilla, menta poleo, para evitar las protestas del estómago); asomarse otra vez a la terraza. Y, finalmente, contemplar el amanecer -insólitamente despejado- desde allí. Al vivir en la falda de una montaña, el emblemático monte Naranco, a esas horas de la mañana es cuando suele producirse el fenómeno de la inversión térmica: cima despejada y la base del monte llena de nubes. Hoy, ni siquiera eso. En el cordal de las sierras, tampoco: va a hacer un día de muchísimo calor. Antes de que el sol comience a atorrar, me dirijo a Lugones, a la Óptica Ideal de mi apreciado Dioni. Cinco minutos de tren cercanías rápido, mientras evoco mentalmente en el trayecto canciones con "tren" que he escuchado en los últimos días. La deformación profesional que permanece de mi antiguo trabajo de "asesor musical" en RTPA... Ahora "ambientador musical" (neodenominación por obra y gracia de una convocatoria laboral de RTVE), que también me hace recordar una magnífica y divertida pieza de José Domingo "Más que perfumado" (por lo del ambientador, si es que no lo captasteis). Las tres canciones que revolotean en mi mente son: el Train de Goldfrapp, el Love train de We Are Standard (anteriormente, cuando escuché por primera vez a la banda getxotarra, Standard) y Tren en vía muerta de Los Amantes de María. Ya me sé el camino y llego a recoger las dos gafas, con nueva graduación (en vez de ganar dioptrías, las he perdido, rarezas de uno). Dioni me tiene preparada hasta una bolsa molona de su establecimiento. Sin colas, ventajas de madrugar. Casualmente, mi querido Fredy Kostia (Alfredo Casero para los inspectores de Hacienda), gran amigo, cantante de La Destilería y apelado sólo por mí padrino -por razones que sólo él y yo sabemos, quizás A. lo recuerde, lo dudo- va a pasarse ese mismo día por allí. Bromeamos sobre la escasa puntualidad de los rockeros, máxime si se trata de un vocalista. Llego a tiempo de vuelta y sin esperar más de cinco minutos al tren. Me apetece un paseo antes de que el calor apriete y yo me encierre en sombras en mi casa para preparar los últimos detalles del "acompañamiento" a José Ángel Mañas (JAM, lo llamaban algunos de sus cercanos), quien ya ha iniciado su tour norteño de presentaciones y que esa misma mañana se detiene en Villablino. La ciudad despierta, rezongona, con tráfico no muy intenso a eso de las once y aprovecho para comprar algo de fruta y de agua con gas.


Hemos quedado un ratito antes en una cafetería cercana, pero no la que está enfrente del Club de Prensa ni la clásica cervecería donde quedaba tantas veces para las presentaciones, sino en una donde suelo escribir y corregir cuando me saturo de estar en mi domicilio y necesito respirar. Además, tienen buen café, no hay televisión, algunos sillones cómodos y la gente no suele ser de "volumen sidra", con lo cual no habrá que hacerse oír a voces. Cuando llega JAM con un amigo ovetense ya ha empezado a llover. Si no fuera verano e hiciera un bochornazo poco llevadero, uno pensaría en la inminencia del otoño. La conversación gira en torno a historia y ellos llevan la voz cantante. José Ángel se pide un agua con gas y su amigo un café; la pareja de su colega -que ha llegado hace un rato- nada.  Bromea sobre mi bebida, la misma que yo. "Pensaba que era un gin-tonic", dice con una sonrisa de oreja a oreja. Le respondo que desde hace quince meses siempre me dicen lo mismo. A mí, que rara vez tomé uno. Le añado que esta marca de agua no está mal, aunque no sea ni Vichy Catalán, ni Agua das Pedras ni, mucho menos, Badoit. La conversación se desplaza a ese territorio, lejos de la historia y hacemos un último repaso al orden de la presentación.


La entrada a un gran auditorio -vale, los hay mayores, siempre los podemos encontrar- impone aún más cuando hay poca gente. Se ha desatado un tormentón estival y entre eso y el ansia festiva de las descafeinadas fiestas locales, no llegamos más que a una docena y media de asistentes. En una librería, eso no te produce esa sensación algo desoladora de las sillas vacías; aquí, me genera cierta inquietud que, tras las protocolarias fotos, se transforma en un dubitativo comienzo por mi parte. Sí me ha reconfortado ver a mi hermana y mi cuñado entre el público. A su lado, curiosamente, se situará también una amiga que llegará con el acto empezado y que ha cumplido con su palabra de venir, a pesar de haberle cogido el aguacero. Pienso en mi madre, siempre en la primera fila de todas mis presentaciones hasta que el físico impidió que pudiera estar presente, con la primera pregunta preparada para cuando decía mi ya famosa frase lapidaria: "pregunten ahora o callen para siempre".
JAM, no sé si consciente de mi súbito e inseguro tono, toma la palabra con aplomo y seguridad para ceñirse a la primera parte del diálogo, que gira en torno a, claro, sus inicios y ese hito que fue Historias del Kronen y toda su repercusión generacional posterior. Recupero mi compostura, aunque no sea necesario: Mañas discurre con pulso firme hablando con tal entusiasmo de su etapa en la novela histórica, que yo ya sólo tengo que escucharle con atención, y encontrar un pequeño intervalo para introducir alguna pequeña nota. O mi boutade habitual sobre la novela histórica: "Ni es novela ni es histórica". Cada apunte así, el escritor madrileño lo conduce con una brillantez argumental rica, diversa y te comunica tal entusiasmo que hasta me apetece sumirme en una de esas creaciones suyas, bien distintas al oportunismo de tantxs otrxs que usan la "novela histórica" como trampolín para hacer fortuna. Bromeamos sobre el "proceso creativo" (luego le enviaré por whatsapp, en primicia, un poema mío con ese título, vitriolo puro), en este caso imprescindible, pues la novela se fraguó a cuatro manos con la escritora valenciana Eva G. Guerrero.

Y seguimos sin que parezcan discurrir los minutos de manera forzada. Da tiempo a un repaso exhaustivo a un montón de temas que me resulta difícil enumerar. Recuerdo, en mis tiempos de utillero (encargado de material, dicho eufemísticamente, aunque fui un poco hombre-orquesta, o sea, delegado, speaker, taquillero, lo que se terciase) en un equipo de fútbol, cómo un buen amigo de la plantilla de jugadores profesionales (había jugado en Segunda y Segunda B y estuvo a prueba en Inglaterra) se había olvidado de lo sucedido dentro del terreno de juego tras un durísimo partido en un campo -de aquella, de tierra- tan jodido y ante un público calentísimo -por decirlo suavemente- como el de Tuilla. A mí me sucedió lo mismo: una vez finalizó el acto y comenzaron las firmas, todo se volatilizó por el alivio de haber llegado a buen puerto todo. 



"Oigo algunas cosas que dicen cuando hablan sobre mí/ Y aunque algunas no son ciertas, otras sí/ Es verdad que no tengo nada, sólo ganas de vivir/ Lo demás casi no importa para mí/ Dame una razón que me sirva para no seguir así/ Es la única manera que conozco de vivir/ Cuando las luces se apagan y el concierto terminó/ Y la música se apaga, entonces vuelvo a ser yo"

("Cuando las luces se apagan". Los Secretos, 1982. Enrique Urquijo)


Ya está, se terminó. Cuando saco los tres libros suyos que me he traído, me doy cuenta que no, que sólo he cogido dos: falta Historias del Kronen. Luego, llega otro conocido de JAM y yo me salgo de la tarima para saludar a mi amiga y preguntarle qué tal ha salido. Tiene su melena rubia empapada y un aspecto algo más quebradizo, lo que aumenta su encanto. Y mi facilidad para la idealización desaforada y ciega. Ha comprado un ejemplar del libro y la invito a que suba al escenario a que le firme y charle con él. A fin de cuentas, también es una prueba para ella, puesto que a la semana siguiente estará en la posición que ocupa ahora el madrileño. Una vez terminada la firma, le pregunto si quiere tomar algo con nosotros. El post, como decimos ahora. En realidad, me apetece estar más con ella. El autor madrileño ya tiene a sus amigos, pero el azar se pone en mi contra: alguien se ha dejado una muleta. Hago una broma macabra. Recuerdo que ya aludió en ese mismo escenario mi querido Ramón Lluís Bande cuando "me acompañó" en la presentación de mi primer libro Vasos sucios en la madrugada hace eones -casi dos décadas- a ese retorcido sentido del humor. Y pienso que algo bueno debe estar sucediendo cuando regreso a aspectos personales destacables que se perdieron en los largos días, meses y años de duelo y tribulación.
Mi amiga se ha marchado, harta de esperarme mientras trataba de buscar a María José para que se hiciera cargo de la dichosa muleta abandonada. Yo lo haré poco después, caminando por las calles vacías en medio de la pertinaz lluvia, mientras en el Paseo del Bombé del Campo San Francisco suena una canción que no interrumpe la que reproduzco en mi mente, Last night in town de los Twilight Singers: "Whenever you´re here you´re alive/ The devil says you can do what you like/ Come what may, come what might/ You might see me here/ They come to bury you, child/ And there´s a man on the loose in your eyes/ But should you stay and should you fight/ You find me here/ Dreaming, dreaming true and true/ Screaming, O my Lord/ When the scheme´s undone/ One will survive".


MANOLO D. ABAD