viernes, 12 de febrero de 2010

Hoy en Oviedo

Motociclón + Black Horde en concierto en La Antigua Estación (C/Martínez Vigil, 9) a partir de las 21 h.

Son muchísimos...




"Son muchísimos los que aman; poquísimos los que saben amar"


(Stephen Zweig)

Hoy en Oviedo


jueves, 11 de febrero de 2010

Hoy en Oviedo



Nel Ca Beleño (Cai Martínez Vigil, 30) Toli Morilla + banda (Jorge Otero, Pablo Bertrand, Ángel Miguel, Alejandro Blanco) en conciertu a les 22:30 h.

Hoy en Gijón

The Electric Buffalo en la sala Savoy (C/Pelayo) a partir de las 23:55 h.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La rubia de consolación



Los premios no tienen sentido, ¿verdad? Siempre son políticos, se olvidan dos días después y siempre se los dan al libro equivocado, ¿o no? Bueno, eso es lo que decimos todos cuando el premio se lo dan a otro. Por supuesto, es muy diferente cuando nos toca a nosotros subir al estrado y dar las gracias a nuestro agente, a nuestras parejas y a nuestros animales domésticos. Entonces, evidentemente, es un honor y un estímulo.


Eso es lo que esperaba hacer aquella noche de octubre en Nueva York. Me habían nominado para el premio a la Mejor Novela en la categoría de Ficción Especulativa de los Premios Americanos del Libro, los premios literarios nacionales que no sólo aportan prestigio sino también un cheque de 50.000 dólares a los ganadores. El fuego de la arpía, la novela que concluía mi trilogía de El pagano del rey, había batido todos los récords de la novela fantástica. Llevaba más semanas en las listas de los más vendidos del New York Times que King, Grisham y Cornwell juntos. Y las críticas habían sido pasmosas, se referían a El fuego de la arpía como "la primera novela desde Tolkien que hace respetable a la fantasía". Los fans y los libreros lo habían votado como libro del año. Críticos literarios serios habían estudiado los paralelismos entre mi universo fantástico y los Estados Unidos de la significativa época de los sesenta. Ahora sólo esperaba el imprimátur del jurado que elegía el premio literario más preciado del país.


Tampoco lo daba por descontado. Sabía lo volubles que podían ser los jueces, lo poco que les gustaba que el resto del mundo les dictara qué debían pensar. Sabía perfectamente que el gran éxito que había tenido mi libro podía ser precisamente el factor que me arrebatara mi momento de gloria. Me había hecho a mí mismo un discurso severo ante el espejo del baño del hotel, recordándome los peligros del orgullo. Tenía que mantener los pies en el suelo y quizá no ganar el premio dorado sería lo mejor que me podía pasar.


Val McDermid. "Relatos Inéditos". RBA. Barcelona, 2004.

martes, 9 de febrero de 2010

Apuestas



WILLY NAVES + BUENO
iPop, Oviedo.
Sábado, 6 de febrero de 2010.


Son ya varios los años que la revista "Mondosonoro" lleva apostando por jóvenes valores y bien puede afirmarse que por lo que respecta a Asturias han acertado de pleno en esta edición. Para que ningún enterado nos venga, diez años después, cantando las excelencias de lo ya visto, bien sirve estar en la pomada comprobando como Willy Naves cuenta con un puñado de buenas canciones que harán disfrutar a quienes añoren a los Piratas. Directo serio y contundente, con una banda sin fisuras. Tras ellos, llegan Bueno, que han firmado uno de los mejores álbumes no ya del año, sino de muchos años. Canciones mayúsculas ("Los Brazos Más Largos", "Paila", "Nada Más") que ganan en un directo donde la guitarra de Iván Vallina resalta aún más el valor de un repertorio que les destaca en el pelotón de las posibles apuestas. Veteranos de mil batallas en los noventa, Javi Vallina y los suyos se encuentran en ese estado de gracia donde todo lo que se toca se convierte en oro. Y entre tanta hojalata de quinta mano como pretenden vendernos algunos, eso supone la diferencia que marca, la clase que les define como únicos.

Versos Finales


Miro en el alma y veo

y siento y quiero, y palpo las pinturas

que aquel niño y un hombre hemos pintado

con espuma de mar -en blanco y negro-

y viejos minerales.


Con memoria y destierro en la memoria,

les hemos dado culto, las he dicho.

Pero fue el corazón el que no dijo

las historias más tristes, paso a paso.


Qué lenguaje milagro entre los pulsos,

perdido, forastero,

por lo campos del alma deshabidos.


Así vamos y vamos, peregrinos,

a través de ese juego que nos juega,

consigo mismo a cuestas cada uno

y tanta soledad tan bien guardada,

esculturas en barro, almas y arcilla,

mundos de tierra y agua con su verbo,

historias incurables de tristeza

que en la tristeza plantan con esfuerzo

su tienda cada día. De no hacerlo,

de no irse muriendo en el empeño,

olvidando esa muerte a cada paso,

a cada mido, en nuestra desmemoria,

imposible sería la esperanza,


ya sólo soledad, definitivamente,

la soledad que guardas.


Luis Fernández Roces. "Viejos Minerales". Trea Poesía, 2006.

lunes, 8 de febrero de 2010

Entrevista con Edward Bunker (II)



-Durante esa adolescencia delincuente encontró a Louise Fazenda Wallis, la esposa del célebre editor Hal Wallis ("Casablanca", "Valor de ley", "El Halcón Maltés"…) que le acogió bajo su protección. ¿Cómo transcurrió ese cuento de hadas"?

Estaba en la cárcel para menores de Lancaster. Era una institución reservada par los de dieciocho a veinticinco años. Apenas tenía quince años cuando me enviaron allí. Me quedé unos meses: la represión aumentó y también mi revuelta. Los guardias me hicieron de todo: golpes, privación de comida, gases lacrimógenos… Se solucionó ante los tribunales. El juez me consideró culpable de indisciplina crónica y me trasladaron al L. A. Country Jail, la verdadera cárcel del Condado. El abogado que me representaba en el juicio conocía a la señora Wallis… Cuando murió en 1960, las necrológicas publicadas en el "L. A. Times" decían que era "el ángel de Hollywood"… Era una mujer rara. Procedía de la clase obrera. Em pezó trabajando en el cine en 1915 porque sabía conducir. En aquella época, las mujeres que sabían conducir eran escasas. Por ello, Mark Senté la contrató y se convirtió en una star de los Keystone cops. Cuando encontró a Hal Wallis, sólo era un empleado del departamento de promoción de los estudios. Ella era la star. Su tragedia fue que no podía tener hijos. Cuando se enteró de ello, decidió dedicar el resto de su vida a los demás. No a través de organizaciones caritativas, sino individualmente, caso por caso. Mi abogado le habló de mí.

-Concretamente, ¿qué hizo por usted?

La primera vez, nos paseamos en coche. Era bastante curioso. Tenía la impresión que quería que asesinase a su marido, o algo por el estilo. A pesar de mi edad, captaba muchas cosas, pero, en ese caso, la cosa era ambigua. ¿Estaba buscando un amante? ¿Deseaba tirarse a un jovencito? Al principio, no entendía ni jota. Pero le debo muchísimo. Fue la primera persona que me enseñó que existía otra vida. Me llevaba con ella a los lugares de la jet. Veía a William Randolph Hearst en persona, ¡unos meses antes de su muerte! ¡Estuve en el castillo de San Simeón el día de su muerte! Pero todo eso, no logró arrancarme del hampa. Ella tenía su vida, y yo la mía, nuestros encuentros sólo eran cortos momentos de evasión para mí. Estaba con ella unas horas, a veces unos días, pero luego regresaba a las calles calientes de Downtown… Tenía dieciséis años y frecuentaba a las putas, los macarras, los rateros, todos mayores y más "maduros" que yo. Un día me arrestaron por tráfico de hierba. Hubo una persecución y empotré mi coche en el cruce de Rossmore y Beverly Boulevard. De paso, me llevé por delante otros tres coches y una camioneta. Estaba listo para otra estancia en la cárcel del Condado. Fue una gran ironía vivir esto en las calles de Hollywood. Todo lo que esta ciudad ingenia para fabricar falsamente y para hacer soñar a la gente, yo lo vivía de verdad.

-Durante los años que frecuentó a Louise Wallis, ¿cómo reaccionaba su marido y su entorno hollywoodiano?

La veía a solas, nunca me encontré con Hal Wallis. Tal como ya le he dicho, al principio, desconfiaba de ella, me preguntaba por qué hacía todo eso por mí. Hasta entonces, estaba más bien acostumbrado a no fiarme de la gente, a no esperar nada bueno por parte del prójimo. Era demasiado duro, demasiado cínico. Entonces no me di realmente cuenta de su bondad, de su sinceridad. Encontré a la Sra. Wallis en el momento oprtuno. Había llegado a tal punto en la intensidad de mi rebelión que tarde o temprano me habría matado o me habrían matado. La Sra. Wallis me hizo descubrir aspectos de la vida, lo que me ayudó a frenarme, a calmarme aunque sólo fuese un poco. No es tan fácil cambiar, aunque se esté motivado. Empecé a escribir en aquella época. La Sra. Wallis me regaló una máquina de escribir y, ya ve, pasaron años y años hasta que me convertí en escritor. Cuando acabó mi primera condena en el penitenciario, tenía veintitrés años y me di cuenta que si bien ya no estaba encerrado tras unos barrotes, estaba, sin embargo, excluido de la sociedad. Lo que consiste igualmente en otra forma de encarcelamiento. Ya no tenía socialmente ninguna oportunidad de levantar cabeza, estaba condenado a curros de supervivencia, a los trabajos mediocres y sin interés. No podía conformarme con esto, más valía volver a la delincuencia. Así que no me quedaban muchas soluciones: o me convertía en criminal o en autor. Durante mucho tiempo estuve en la situación del escritor que se autoevalúa. Era algo muy consciente. Observaba mi vida al mismo tiempo que la vivía. Bunker, el escritor, escrutaba a Bunker, el criminal. No pensaba que se tardaba tanto en convertirse uno en un verdadero escritor que publica.

-Comentaba que, al principio, era un lector voraz pero sin rumbo. ¿Fue en la época de Louise Wallis y de su primera estancia en el penitenciario cuando empezó a apreciar a los autores que leía?

Absolutamente. Me enviaba la edición del domingo del "New York Times", en la que viene la sección de libros. Descubría críticas detalladas, debates estéticos, y entrevistas a autores o especialistas… Después de cada lectura, iba corriendo a la biblioteca para leer a los escritores de los que hablaba el "New York Times". Y, créame, leía mucho. De media, tres o cuatro libros por semana, durante años. No me encantaba todo; poco a poco, me hacía más selectivo. Cuando empecé a escribir estaba influenciado por los novelistas americanos urbanos: gente como John Dos Passos, James T. Farell… El mejor, según mi opinión, era Theodore Dreiser, el novelista americano del siglo. No es que sea un tenor con su estilo, su inglés es incluso a veces limitado, pero al cabo de cuarenta páginas, uno está verdaderamente inmerso en el corazón mismo de la vida. Es un autor con una impresionante potencia.


Segunda parte de la entrevista con Edward Bunker realizada por Sergio Ramón Zárate y publicada en el número 4 de "Los Inrockuptibles", mayo de 1992.

domingo, 7 de febrero de 2010

Susana Cáncer "Océanos de Fantasía" en directo

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Hoy en Mieres


sábado, 6 de febrero de 2010

Hoy en Oviedo


Hoy en Mieres

Hoy en Carabanchel


viernes, 5 de febrero de 2010

Hoy y mañana en Gijón


Susan Santos & The Papa´s Red Band en concierto. Sala Savoy. A partir de las 23:55 h.

La amistad es...




"La amistad es la ciencia de los hombres libres"


(Albert Camus)

jueves, 4 de febrero de 2010

Hoy en Madrid


Presentación del poemario: "Parque de Ídolos" (Editorial Difácil) de Rubén Rodríguez.
Intervienen: Ignacio del Valle y Rubén Rodríguez.
Actuación musical del grupo: Tenedor y miedo.
Lugar: Bar Los diablos azules. C/ Apodaca, 6. 28004, Madrid.
Día: 4 de febrero (jueves) de 2010. Hora: 21:00 horas.

Hoy en Oviedo


miércoles, 3 de febrero de 2010

¡Diles que no me maten!



-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.


-No puedo. Allí hay un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.


-Haz que te oiga. Dale tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por la caridad de Dios.


-No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a veras. Y yo ya no quiero volver allá.
-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.


-No, no tengo ganas de ir. Según eso, yo soy tu hijo. Y, si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por fusilarme a mi también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.


-Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mi. Nomás eso diles.

Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo:
-No.


Juan Rulfo. "El Llano en Llamas". Ed. Planeta, 1982.

martes, 2 de febrero de 2010

Al Otro Lado del Espejo nº 2



Ya está en la red el nuevo número de esta revista. En esta ocasión, los ilustradores son: María Couceiro, Peter Jasen (Velpister), Laura Rosal del Rey, Ángel González González, Federico Romero, Pedro Morillas y Daniel Orviz. Y los escritores y poetas son: Antón P. Chéjov, Oscar Sipán, Fco. Javier Irazoki, Alberto Infante, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Giovanna Rivero, Roxana Popelka, Nacho Abad, Juan Pardo Vidal, Mushin Al-Ramli, Déborah Vukušić, Alberto García Salido, Manu Sánchez Vicente, Fusa Díaz, Jara Bedmar, Soledad Dávia, Begoña Leonardo, Javier Das, Yolanda Calahorra, José Ángel Beckett, Batania, Esteban Gutiérrez Gómez. En este link se puede visualizar y descargar en pdf.

A partir de hoy en Madrid


A partir de hoy en Oviedo


S M S



Nun puedo volver a dormir contigo
Dícesmi nun sms concisu
Y directu como un tiru de gracia.
Llámote y nun contestes. Escríboti
Un sms onde confieso la mio perplexidá
Y la señaldá entá la tibia de la to mexella
Que suañaba ayeri sobre´l mio pechu. Silenciu
Reprendes, silenciu repite l´españíu
D´un disparu de ñeve na ciudá.


Mañana ceo marches nun tren
A Suiza, lleves un llibru que conozo, contigo
Lo que vida-y da la vida: Esi temblor qu´agora
Alloñándose m´acadiga. Ye de madrugada
Cuando na calle alzo les solapes
Del abrigu y afatio la bufanda.


Los dientes de la ñeve muerden la piel vulnerable
Del cielo, íntimu corazón de mio que resquiebra.
¡Ah, ser a olvidar! Anubrir la to existencia,
cada imaxe de ti: infructuosa xera.
¡Ah, l´amor, Hidra espantable y inevitable!
¿Onde tarás agora que la nueche
ye un llumaral más rabiosa que la del fueu,
una llamada insistente que fura los oyíos?


¿Onde tas tu? Yá non amada mía. Olvidada de min,
abrazada sombra fugitiva. ¿Onde?
Tu, el mio Zahir, la mio desdicha.


Xabiero Cayarga. "Les Llingües de la Hidra". Trabe, 2006.

lunes, 1 de febrero de 2010

La luna hiena



TEMPLETON+BURBUJAS Y SERES DESPRECIABLES
Kandela, Oviedo.
Sábado, 30 de enero de 2010.


Fue una de esas noches extrañas, de certezas que se quedan a medias, de promesas cumplidas a destiempo, de pertinaz lluvia y encuentros inesperados. Abrieron Burbujas y Seres Despreciables, uno de los grupos más personales que circulan por Asturias, entre pompas de jabón -previamente repartidas entre el público- y un sonido que no terminó de hacerles justicia. Diluidas las guitarras, con una voz que involuntariamente salía de una caverna de ultratumba, superaron otra de esas lecciones que acabarán por consolidarles en ese rock que bebe de múltiples fuentes pero posee el don de lo intransferible, de la personalidad. Templeton saltaron entre tonos de psicodelia vaporosa, con dos guitarras caldeando la atmósfera varios grados. Algo sucedió entonces, echémosle la culpa a la luna llena que invadía la ciudad, pues el grupo se vino abajo, preso de una injustificada indolencia. Cuarenta minutos de una abulia que tiraba por tierra algunas canciones dignas de mejor afán y, como por mágico arte lunar, se despertaron de su letargo hasta rematar uno de esos raros conciertos que recuerdan a esas certezas en la alborada tras una impenitente correría nocturna: pudo haber sido muy bonito, pero llega demasiado tarde.
Publicado en el periódico "La Nueva España" el lunes 1 de febrero de 2010 http://www.lne.es/oviedo/2010/02/01/luna--hiena/867067.html

Entrevista con Edward Bunker (I)



Asistí a los dos conciertos que Johnny Cash dio en los penitenciarios de San Quintín y Folsom. Cash sólo cometió un error con la letra de “Folsom Prison Blues”: es imposible que los prisioneros puedan oír el silbato del tren… También conocí a Merle Haggard. Todos estos cantantes de country son, a su manera, unos outlaws. Les gusta esta imagen, muy ligada al Sur. Pero no soy realmente un fan de música, mi ámbito predilecto ha sido siempre la literatura.
Nací en la Nochevieja del año 35, aquí mismo, en Hollywood, California. Mi madre era una “chorus girl”, incluso trabajó con Busby Berkeley. Mi padre era regidor. Éramos una familia de clase media. Era la época de la Gran depresión, pero no éramos realmente pobres. La depresión lo mataba todo menos la industria del cine, lo que fue una suerte para mis padres. Estaba al corriente de esta crisis económica, veía lo que ocurría a mi alrededor, pero no afectó demasiado a mi familia.

-Formaba parte de la clase media, su familia estaba a salvo de la miseria y, sin embargo, muy pronto, fue a parar a los reformatorios.

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía cuatro años. No podían, o no querían cuidar de mí, y me enviaron a un internado, pero no era muy disciplinado. Cuando me echaban, me confiaban a mi padre. Me quedaba uno o dos meses en su casa, y me largaba. Con mi madre tampoco congeniaba mucho. Un día le dijo al juez de menores que no me soportaba, que era incapaz de criarme… Tenía diez años y nunca olvidaré esas palabras maternales. Desde entonces, no la he vuelto a ver. Pensándolo bien, me parece que he sido un mal bicho desde mi nacimiento…
Con dos años me perdí en San Diego y tuvieron que organizar una verdadera cacería para dar conmigo. Con tres años, me las ingenié para romper el incinerador de basuras de nuestro jardín. ¿Se da cuenta? ¡Es una proeza el romper un incinerador a martillazos con esa edad! Más tarde, cuando iba a los internados, recuerdo la primera vez que me robaron. Debía tener unos doce años y la idea, el concepto mismo de “robar” me era completamente desconocido, no entendía en absoluto cómo alguien se podía adueñar de algo que no le pertenecía… Sin embargo, dos o tres años después, era un ladrón muy competente. Iba a escuelas muy duras, casi militares, instituciones donde se enderezaban las malas cabezas. “¡Haz esto, haz aquello, izquierda, derecha!”. Estaba allí dentro desde los ocho años y me escapaba a menudo. Un día me fui hasta Sacramento… 600 kms., es una buena caminata para un chaval. Llegué allí en un tren de mercancías, igual que un hobo. Así que más bien era un crío atraído por los problemas, un follonero, un camorrista… Y cuando se entra en el sistema judicial de la delincuencia juvenil, se encuentra a otros delincuentes que se convierten en tus amigos y así sucesivamente… Es un engranaje.

Ya que su madre le rechazaba, ¿por qué no vivía con su padre?

Trabajaba, no tenía tiempo para educar a un hijo. Durante un tiempo intentó cuidar de mí, de ofrecerme algo parecido a un hogar, pero, ¡mierda! ya era demasiado gamberro, estaba demasiado sediento de libertad, era demasiado tarde. No hacía nada, trapicheaba golpes poco claros, me iba al cine toda la noche… Me gustaba la calle, prefería mil veces estar fuera que quedarme encerrado en la habitación. Mis compañías eran más mayores que yo. Eran rateros, pequeños truhanes, folloneros. No sé por qué, pero me atraía más esa gente que los escolares modelo. Fue durante ese período cuando me vi involucrado en diversos robos. Para jalar, teníamos que asaltar algún colmado de vez en cuando.

Una vez atrapado en ese sistema, ¿intentó salir de él, recuperar una vida honrada?

No creo que se reflexione mucho con esa edad. Un adolescente piensa sobre todo en vivir plenamente el presente, sin proyectarse más lejos en el porvenir. Vivía día a día. Pero tenía un buen CI, sabía que era más inteligente y listo que la media… Por ejemplo, empecé a leer muy jovencito y, rápidamente, me convertí en voraz lector. Leía mucho, pero sin rumbo, sin ningún tipo de elección, me contentaba con devorar los libros tal como venían, cogía los que estaban disponibles en la biblioteca de los internados o de los reformatorios, según donde me encontrase. Tenía una estantería llena de libros de tapa dura. Prefería las tapas duras porque las podía convertir en un arma y darle en la cabeza a cualquiera que me buscase las cosquillas. Leía los libros sin ninguna conciencia, sin acordarme del autor. La historia me gustaba o no, eso es todo.

¿En algún momento, durante esos años de adolescencia, pensó en regresar al cole o con su familia?

No. Llegado cierto punto, estaba en guerra contra la autoridad, cualquiera que fuese. Ya no podía haber marcha atrás. Con quince años, ya había dado la vuelta completa al sistema judicial para menores. Lo habían intentado todo para domarme, para hacerme regresar a un camino más razonable. Sin mucho éxito. Cuanto más represiva era la autoridad, más me rebelaba. Era una escalada por los dos lados. Era como el título de aquella película de entonces, un “rebel without a cause”. Había leído un libro sobre los inadaptados sociales, esas personas cuyos cerebros funcionan perfectamente, pero su comportamiento es incontrolable. Yo era así, podía funcionar muy racionalmente, pero también era capaz de cometer los actos más inaceptables para el orden social establecido.

¿Cómo ve el Bunker de hoy al Bunker adolescente de los años 50 que se sumerge en la marginalidad?

¿Quién sabe lo que determinó mi destino? La gente que triunfa siempre atribuye su éxito a sus cualidades y los que fracasan invocan, generalmente, la mala suerte. En ambos casos, es más complejo que esto. Yo pienso que somos libres, pero dentro de ciertos límites. Es como evolucionar dentro de una especie de círculo del cual está prohibido traspasar los límites. Evidentemente, no estaba hecho para permanecer dentro del círculo. Mi actitud frente a la autoridad era de no ceder nunca, sobre todo, no tener que doblegarme.

Primera parte de la entrevista con Edward Bunker realizada por Sergio Ramón Zárate y publicada en el número 4 de “Los Inrockuptibles”, mayo de 1992.