domingo, 26 de julio de 2026

Echo & The Bunnymen "Ship of fools"



SHIP OF FOOLS

In the bedroom you will find her
En el dormitorio la encontrarás a ella
All your life is dead
Toda tu vida está muerta
Everything you do reminds her
Todo lo que haces te la recuerda
Step lightly and beware
Camina con cuidado y ten precaución.
Hark the herald angels singing
Escucha a los ángeles mensajeros cantar
All the holy bells are ringing
Todas las campanas sagradas están sonando
Singing, singing, singing
Cantando, cantando, cantando
Every journey, every station,
Cada viaje, cada estación, 
Every twist and every turn
Cada giro y cada curva
Sign posted destination
Destino marcado por señales
Rivers of no return
Ríos sin retorno.
Hark the herald angels singing
Escucha a los ángeles mensajeros cantar
Hark the herald angels singing
Escucha a los ángeles mensajeros cantar
Singing, singing, singing
Cantando, cantando, cantando
All the holy bells are ringing
Todas las campanas sagradas están sonando
Singing, singing, singing
Cantando, cantando, cantando
All aboard, all aboard, ship of fools 
Todos a bordo, todos a bordo, barco de tontos 
Head in the stars, and heading for home
La cabeza en las estrellas y rumbo a casa
In search of dreams that you can
En busca de sueños que puedas
Call your own...
Llamar tuyos
¿Dónde está usted? Estoy en el olvido
Estoy en el olvido

In the bedroom you will find her

En el dormitorio la encontrarás a ella

All your life returned

Toda tu vida regresará

She sucked you in and lit the fire

Ella te absorbió y encendió el fuego
Struck you up and watched you burn
Te prendió y te vio arder
Hark the herald angels singing
Escucha a los ángeles mensajeros cantar
All the holy bells are ringing
Todas las campanas sagradas están sonando
Singing, singing, singing
Cantando, cantando, cantando
All aboard, all aboard, ship of fools 
Todos a bordo, todos a bordo, barco de tontos 
Head in the stars, and heading for home
La cabeza en las estrellas y rumbo a casa.
(Will Sergeant/ Ian McCulloch/ Les Pattinson)


Dum Dum Boys "Elevator"


 

Una nueva puerta al vacío

 


UNA NUEVA PUERTA AL VACÍO

Ahora que las noches me pedían abandonarlas, ahora aparecía. Como ese raro cebo que te venden para conseguir la pieza más preciada del río, ese salmón deseoso de continuar su deambular suicida, ahora aparecía, en medio de otra noche turbia. Aún no había llegado ese terrible momento en que la euforia delata las necesidades más escondidas, aún permanecía en esa extraña vigilia en la que el líquido se cuela en el paladar con el regusto a sabores que quizá solucionen los problemas más profundos. El último momento de lucidez antes de dejarse arrastrar otra vez hasta el fin de la noche. Y allí apareció, como un espectro dispuesto a sacarte de las tinieblas. No te importó su tatuaje, aunque los odiaras. No te importó ver a otros a su alrededor, aunque fueran execrables. No te importó saber que en ese camino de piedras no había billete de vuelta. Sus grandes ojos se clavaron en ti para volver a abrir una nueva puerta al vacío.

MANOLO D. ABAD (Rec-Capitulación. Turbulencias, 2018)





sábado, 25 de julio de 2026

Los Evangelistas "La estrella"


 

jueves, 23 de julio de 2026

Editors "Lights"


 

Ni-Hao!!! hoy en Oviedo

 


martes, 21 de julio de 2026

A las penas, a las esperanzas y al amor

 


A LAS PENAS, A LAS ESPERANZAS, AL AMOR

En 2004 terminé mi primer libro de relatos, que titulé "Insolaciones" y que permanece inédito. Sin darme cuenta entonces y al reencontrarme con él tras mucho tiempo -en un desolador cajón- veo que ya confluían dos líneas claras en los relatos: una, la eminentemente narrativa; y otra, donde la prosa poética se abría paso. 
Recuperé y ahora que lo pienso, hice bien, algunos de esos textos en mi libro "Rec-Capitulación" (Turbulencias, 2018), donde se reunieron poemas perdidos -¡que aparecieron en una libreta cuando ya estaba el libro a punto de ir a imprenta!- relatos sueltos en fanzines, revistas y libros colectivos, además de relatos inéditos, algunos de los cuales pertenecían al mencionado "Insolaciones". Éste es uno de ellos, probablemente, mi favorito.


A LAS PENAS, A LAS ESPERANZAS, AL AMOR

Regresé a casa cantando mentalmente “Aleluya, aleluya”. No era la canción de Leonard Cohen, era la de Nick Cave. La noche se había desarrollado con un crescendo insuperable y, ahora, de regreso a casa con paso dubitativo y despreocupado, todo volvía a su sitio. La niebla del alba en verano parece ensuciada por una extraña y fantasmagórica luz que se filtra entre mis sombras y las de los objetos que ante mí se presentan. La ruleta nocturna ha hecho girar la bola y el número vencedor ha sido el mío. La banca se ha roto y ya no habrá más miseria en mi corazón. Todas las campanas sonarán al mismo tiempo, resuenan en mi cabeza “Aleluya, aleluya” y esta insolación nocturna es sólo un aire frío y húmedo que hace enrojecer mis mejillas.

Cuando acaba la sequía en pleno verano las cuerdas de las guitarras vibran, saltan chispas y los cuerpos tiemblan celebrando la bienvenida a la lluvia, placentera, inesperada, deliciosa. Y tras el chaparrón, regresa una calma que no tiene nada que ver con el paisaje previo. Arrasados la soledad y el dolor, derrotado el vacío, se abre paso un nuevo horizonte. Amor y esperanza se enlazan en esta extraña niebla. No me dejan ver más allá de mis pasos, pero me arrullan y provocan el llanto de placer por todo lo que se ha quedado atrás.

Cada caricia parecía un nuevo mundo, el roce de las pieles un placer remoto demasiado tiempo oculto en las sombras de un amor neurótico, caprichoso e ingrato. El leve manto de agua de las calles vacías ilumina mi rostro y sé que el castigo de sus palabras, de sus vaivenes de amor ya no volverá. Un nuevo horizonte amanecerá tras esa niebla en una nueva mañana para borrar aquel cuerpo que te hizo descender a los abismos de tu alma.

Volverá a sonar el teléfono, volverás a escuchar su voz, volverá a exhibir su cuerpo, pero todo eso ya no tendrá sentido, porque ella ya es pasado y un nuevo presente, quizás futuro, se ha asomado en esta extraña madrugada veraniega.

Y ahora te das cuenta de cómo la gangrena se había abierto paso en tu corazón, cómo sus cambios de humor te habían conducido a la confusión y la soledad, cómo cavaste el pozo hondo y cómo ahora hay luz al final del túnel.

El corazón late y parece respirar, liberado de los grilletes de un amor sin esperanza, mancillado por sus mentiras y sus sombras, apagadas por la tenue luz de un amanecer que lucha por hacerte revivir.

MANOLO D. ABAD (Rec-Capitulación. Turbulencias, 2018)





sábado, 18 de julio de 2026

"Tres botellas para el fin de un amor" en "De Vinos"

 


En marzo de 2019, aún bajo la etiqueta editorial "Alternativas", previa a la denominación actual de Más Madera Editorial, se publicó el libro colectivo "De Vinos", bajo el abrigo de la Denominación de Origen del Vino de Cangas.

Me quedé muy satisfecho de mi aportación a este trabajo con mi relato "Tres botellas para el fin de un amor", que gustó también a los responsables de la Denominación y lo eligieron para incluir en la referencia al libro de su página web.

Aquí os lo dejo:


TRES BOTELLAS PARA EL FIN DE UN AMOR


Sábado, 9 de febrero.

Botella 1: Viña Ardanche, Denominación de Origen Navarra.


Se contempló en el espejo. No solía hacerlo más que cuando se afeitaba, pero, esta vez, sus ojos se hundieron en el fondo de la estampa que tenía frente a él: la suya. Se acordó de la película de Jean-Pierre Melville “Le Samuraï”, de la escena en que Alain Delon (Jeff Costello) se arregla las heridas frente a su reflejo. Le gustaba más el título de “El Silencio de un Hombre”, con la que se la conocía en España. Eso era lo que le quedaba ahora: silencio. Un silencio sólo roto por la música. Escogió un disco de los Tindersticks. Sonaba “Medicine”. Abrió una botella de vino de Navarra. Un “Viña Ardanche”, uno de esos baratos pero resultones con los que asumir la soledad que se empeñaba en abrumarle. Era difícil elevarse sobre las cenizas. Marcelo Ayúcar quería escapar, olvidarse del amor de su vida, pero le costaba tanto que ya estaba pagando un precio demasiado grande. A veces, la abulia; a veces, la desesperación de ver que no había la posibilidad de solucionar el dolor de su corazón. Pero, por más que lo intentaba, no lo conseguía. Aquello se había insertado en su corazón como un chip maligno que le impedía empezar de nuevo. Eso era lo único que necesitaba: empezar de nuevo. Porque todo se había ido viniendo abajo, como un castillo de naipes, peor aún, como un juego de fichas de dominó que caían, una tras otra, como una rítmica voraz que le conducía al abismo más profundo, a un naufragio concatenado en que cada una de las fichas contribuía a hundirlo más. Amor, trabajo, la salud, aún con tenues marcas pero implacable en su desarrollo. Era la ruina total de una tribulación absurda que había comenzado con su ruptura amorosa.

Ahora sólo medía los tiempos que le quedaban, como en una contrarreloj a la inversa. ¿Cuántos meses podría durar en esa situación? Estaba harto de que el sentimiento del amor perdido le persiguiese de esa manera. Sólo quería olvidarla, olvidarla al fin y que sobre esas cenizas pudiera reconstruirse. Que la maldición de aquel malogrado amor se acabase. Que la maldición de aquella segunda oportunidad, vivida veinte años después, desapareciese. Que su vida arrancara de nuevo. No morir en esa atonía. En ese aislamiento, donde ocultarse de todo lo que le hacía percibir el fracaso a su alrededor que se cebaba, con inquina, en cada uno de los aspectos de su existencia.

A nadie le importa demasiado nada de los demás. Y él tampoco pretendía que no fuera así. Por eso, se encerraba en su casa. Con su música, con una botella de vino, tratando de olvidar. Tenía miedo de que su corazón roto se perdiera, como antaño, en la profundidad más oscura de la noche. Que, roto en mil pedazos, volviese a caer de nuevo en todo aquello que ya había conseguido dejar atrás cuando la vida le permitió resucitar por primera vez confrontando a todos sus fantasmas.

Sin embargo, cuando la botella se terminó, volvió a hacer de tripas corazón y se sumergió en medio del bullicio de una noche de sábado. Una noche que ya sólo era silencio para él. 


Martes, 12 de febrero.

Botella 2: Siete Vidas, Denominación de Origen Vino de Cangas.


El miedo al miedo era el que presidía todo. El miedo a acabar en la calle, sin nada. El miedo a perderlo todo. El miedo a que la catarata de acontecimientos lo empujase al abismo, definitivamente. El miedo a los miedos alimentados en años de penurias. El miedo al futuro, a todos los futuros: al inmediato, al de largo plazo. Nunca el miedo a la muerte, que sería una especie de liberación.

Las pesadillas se sucedían. Se veía empujando un carrito por las calles. Durmiendo bajo un puente, entre cartones. El “A Night So Still” de los Tindersticks sería un mal sueño, porque no habría encontrado la paz, sino la claudicación total. Equivocarse en la apuesta y comprobar que ya era demasiado tarde y que los hechos lo empujaban al abismo. Que ya no existieran los contraluces, porque el brillo ya se había perdido y sólo quedaba una sombra. Agachar la cabeza y recibir los embates de la vida hasta el anhelado momento final.

Siete Vidas”, un rico vino blanco, le hizo gracia el nombre. Marcelo Ayúcar pensó si ya le quedaba alguna más que vivir. ¿Había gastado sus siete vidas? ¿Había apurado tanto la existencia que quizás no mereciese más? Preguntas sin respuesta, tantas oportunidades perdidas... Así que probó el primer sorbo y, luego, llegaron todos los demás. Se había comprado otra botella más, como si su intuición le hubiese conducido a hacerlo. Necesitaba esa anestesia. Una dulce anestesia que le obligase a mirarse dentro más allá de lo que pudiera ver en el espejo mientras caían sus lágrimas.

Debía levantarse. Y bailó al extraño ritmo de “Slippin´ Shoes” de los Tindersticks. Después llegó “Oh, My Lord” de Nick Cave & The Bad Seeds, mientras repetía en voz alta “Oh, I hate them all for what they went/ And done to you/ Oh My Lord, Oh My Lord”. Se sintió bien, al fin, gracias al efecto liberador del vino. ¿Podría dejar ya esas noches de insomnio intermitente? ¿Alcanzaría a olvidarse de ella, de todos los porqués, de todos los errores, de todos los reproches?


Jueves 14 de febrero

Botella 3: Señorío de Sarría, Denominación de Origen Navarra.


Había llegado el sueño liberador, ininterrumpido, por fin tras muchas semanas de tortura, despertándose en medio de la noche con los labios acartonados, envuelto en sudor.

Aún quería seguir permaneciendo aislado. Sólo intercambió unas palabras con la cajera del supermercado donde compró unas botellas de “Señorío de Sarría”, otro Navarra que le recordaba su estancia en Pamplona unos meses antes, justo tras su ruptura, con unos buenos amigos que trataron de ayudarle, sin mucho éxito, a olvidar. El corcho rojo le despertó buenas sensaciones. El día soleado y hasta caluroso le empujaba al cambio, que debía pasar por el olvido. Ya no quería acompasar el ritmo de sus lágrimas con el batir de las gotas de lluvia en alguna de las claraboyas de su casa. ¿Cuánto tiempo podría permanecer allí? Se acordó de cómo cayeron todas ellas durante meses, al escuchar canciones, al recordar momentos de éxtasis o de complicidad, al aparecerse en su mente imágenes de ciudades como París, Madrid, Bilbao, Ibiza, Alicante, Oviedo o Gijón, sin poder comprender el por qué y, lo peor de todo, sin poder evitarlo. Lloró, lloró y no sirvió de mucho. Nada se resolvió, nada avanzó hacia ningún otro sitio que un indeseado precipicio que volvía a amenazarlo.

Ella quiso cambiarlo, que fuera otro. Eso fue lo que sucedió. La botella se terminaba. Tiró el corcho a la basura y metió el vidrio en la bolsa verde de reciclaje. Él, que nunca exigió nada. Que nunca quiso transformarla, que aceptaba su forma de ser. Que la amaba incondicionalmente. Sin normas, ciegamente. Y, aunque ella quisiese darle espacio y complacerlo, al final, siempre deseaba transformarlo en alguien que no era él.

No, no era él.

Llegaba el final. Sí, de una vez por todas. El silencio que ahora los separaba era justo y necesario. Dar vueltas en círculos, como esos hamsters en esa torturadora rueda, eso es lo que quieren algunas personas. Y no, no es posible seguir siendo amigos cuando se ha amado tanto.

El vino, al fin, logró su liberador efecto. Suspiró una, dos, tres veces. Las lágrimas volvieron a brotar sin freno, pero el corazón se sintió redimido. Volvió a suspirar varias veces más.

Y, al final, se sintió completamente liberado. Bebió un trago profundo y tuvo la certeza de que, sí, esta vez sí, todo se había acabado y, al día siguiente, podría empezar de nuevo. Otra vez. De cero.


MANOLO D. ABAD ("De Vinos", Alternativas, marzo de 2019)









jueves, 16 de julio de 2026

Igloo "Ausencia parcial"


 

miércoles, 15 de julio de 2026

Hoy, un relato: "La química entre nosotros (The chemistry between us by Suede)


 Foto: ALBERTO CEÁN

LA QUÍMICA ENTRE NOSOTROS
(The quemistry between us, by Suede)

Todo tiene su momento y su oportunidad. Esa es la historia de la vida, de mi vida, de tu vida. De todas y cada una de las vidas. Llegar en el momento justo o hacerlo en el equivocado. En esa disonancia es donde no hay remedio: puedes vislumbrarlo o que las circunstancias te lleven a ello. Cuando llamé a aquella mujer que tanto me gustaba y que me parecía increíble que yo pudiese atraerla, supe que los tiempos se habían dislocado irremediablemente. Después de muchos años de busca en el desierto, de una vida llevada tan al límite que había convivido con el suicidio, lento, poderoso, por fin había visto una luz que me llevara un punto de tranquilidad que relajara el camino al abismo, que lo evitara –aunque fuera en un momentáneo oasis sine die-. Pero no era ella, ni su brillante vida de ejecutiva y de lujo.

Ella,envuelta en un modelo que absorbía suspiros a cada metro de nuestro camino, se encontraba en la huida de quien sabe qué. Sobre la supervivencia está el status de la vivencia pasada, por mucha crisis que haya habido; ella debía mantenerse sobre la crisis, obviarlo todo, sobrevivir también. Ella era una de la más hermosas ejecutivas del país… ¡qué podía esperar yo, más que admirar su belleza y permanecer impasible ante su turbulencia como un caballero! Y otro hubiera aprovechado el momento para sacar ese dudoso partido momentáneo donde crees atrapar un cuerpazo como el suyo. Yo no era así, nunca lo había sido. Conseguir un momento es como ganar un partido de liga, no el campeonato. No me importaba ser honesto, la conciencia vale más que un triunfo sólo visible en la estantería de un descerebrado, siempre hay que ganar el campeonato: tenerla ronroneando en tu pecho todos los días que puedas, no una efímera noche de pasión, esas que quedaron borradas en las locuras del Campus de Humanidades y de ese Xixón Sound que tantos quieren negar. Eso sólo se consigue desde otro planteamiento. No desde el cazador ocasional que atrapa una presa efímera sino desde quien ni es cazador ni quien piensa en una mujer como una presa, sino como la compañera. Pero ella se marchaba y tú no querías irte porque por fin habías conseguido asentarte. Y ese era el hielo: tú no querías bajo ningún concepto hacerla renunciar al futuro que llevaba labrándose desde hacía mucho, ni tú renunciar a la luz al final del túnel que tras mucho tiempo de vida al límite atisbabas.

En su Honda Civic os dijisteis adiós sin casi rozaros, quizás por miedo a que surgiera esa duda que, bajo la luna llena, llevara a replantearlo todo. La vida, después, siguió su camino, como en una canción del grupo que nos apasionaba a ambos: The Verve. Quizás fuera “Sonnet”, quizás “Love is noise”, quizás “Numbness”, quizás “Rather be”, pero, no me preguntéis por qué -¿o sí?- he titulado este relato “The chemistry between us”, como una canción de Suede. Quizás, seguro que sí, porque aún espero que se deje de ejecutivos agresivos y me encuentre, esperándola en una “Bittersweet symphony”. Ya, ya sé: “See you in the next one (have a good time)”, ésa es. Lo tuvimos, lo dejamos escapar: ¿aún queda una última oportunidad?

MANOLO D. ABAD