Probablemente, uno de los "expedientes" más difíciles a los que me he enfrentado. ¿Un Disco de Oro a Kiko Rivera? ¡No, amig@s mí@s, dos! Las primeras indagaciones nos tranquilizaron ante tanta inquietud. No se trataba por copias físicas vendidas sino por "descargas en Spotify"... Eso no es un "disco de oro", querid@s mí@s. Bien podrían denominarlo -aún a riesgo de que alguien pensara que estábamos hablando de una peli- "descargas de oro", "dos descargas de oro de seis millones (de clientes) de Spotify" o bien "descargador de oro", aunque tampoco teníamos la certeza de que había superado, para obtener semejante honor, a los honrados trabajadores que ejercen su oficio al pie de los tráileres en los muchos polígonos industriales del país.
La crisis de la industria discográfica nos ha llevado a esto. Los artistas se esfuerzan en sacar copias en vinilo o cd más para contentar a sus fans que para otra cosa. Ganan más con las camisetas y demás merchandising (gorras, tazas de café, bates de beisbol o pedruscos personalizados). Cuanta peor calidad de sonido, más ventas. Total, es lo mismo, si lo van escuchando en el móvil y con el tráfico de la calle, las conversaciones (por dotarlas de una entidad inmerecida) por whatssap y demás inútiles distractores extrenos apenas van a distinguir nada.
Luego están los pillos de las descargas: los golfos descargadores, los reyes del mix y del feat (ya saben, el palabro -o medio palabro- de inminente moda para sustituir al "con" de toda la vida), que aprovechan los soportes digitales para multiplicar sus "ventas" por los procedimientos más insospechados. Se ha llegado a comentar de compañías discográficas de la vieja escuela que contrataban a decenas de chinos en antros infectos para que, con un pequeño ordenador portátil, descargaran sus éxitos una y otra vez. Ya ven, en la era de los avances, retrocedíamos de golpe a antes de la Revolución Industrial. ¡Glups!
Pero regresemos al meollo de nuestros desvelos. ¿Cuál ha sido el mecanismo por el que Kiko Rivera ha logrado semejante honor? Para averiguarlo acudimos a otro polígono industrial de la piel de toro, pero, en esta ocasión, a horas bien diferentes que las frecuentadas por los forzudos encargados de subir y bajar de los camiones palets y palets de todo tipo de mercancia. Al joven personal, algo achispado y con tantas ganas de fiesta como de burlarse del hijo de la Pantoja, se le requería una aplicación para acceder a la entrada. Pronto descubrimos el truquito: el enlace de marras llevaba otro mecanismo por el que, durante el tiempo que duraba la -¡ejem!- sesión estaría repitiendo en bucle una reproducción de su, vamos a llamarla "pieza", en Spotify. Debía existir algún tipo de algoritmo, quizás el propio "algo ritmo" de la "pieza" fuera el que lo activara. ¡Huuuum...! Alguien más debía estar en connivencia con semejante ingenio informático. ¿Quizás su mánager? ¿Quizás su compañía discográfica? ¿Tenía compañía discográfica? ¿Quizás el propio Spotify que se haría promoción a costa del vástago de la tonadillera más contratada por Gabino de Lorenzo?
Ya no me correspondía investigar más, certifiqué mis conclusiones y, para liberarme de la terrible visión de su espectáculo, por llamarlo de alguna manera -ya no les cuento lo de su sesión pinchadiscos, no vaya a ser que les dé pesadillas- huí a mi casa y, nada más llegar, cogí mi copia de Derribos Arias, pinché "Disco Pocho" en mi desvencijado giradiscos y me otorgué un merecido momento de placer.
Avilés, ARMANDO GANDALLA. - El célebre cocinero catalán Nando Adrianell -sesenta y nueve estrellas Firestone- ha presentado en exclusiva para el Centro Niemeyer de Avilés su "Deconstrucción del Cachopo Asturiano". Se trata de una croqueta que encierra todas las texturas del arquetípico cachopo de Asturias en una fina textura con suave aroma marinado en nitrógeno gaseoso. Se acompaña de dos salsas que recogen la múltiple variedad de los mejores quesos de Asturias -del de Pría a La Peral, pasando por el Cabrales- destilados en dos exquisitas soluciones que aúnan tradición y modernidad (tanto de la "post" como de la "pre"; sin olvidarse, por supuesto, de la "in").
Para acompañar a tan excelso plato, una nueva invención del gran chef catalán Nando Adrianell: una interpretación de la sidra asturiana, la auténtica. Se trata de reinventarla en los tonos rojos del Thunder Bitch e incluir un espalme propio que se deshace en la boca cual peta zeta.
Los asistentes al acto valoraron el talento sin igual de Nando Adrianell y su permanente descubrimiento de nuevos mundos de Yuppi a través de sus invenciones.