martes, 1 de diciembre de 2020

The Charlie Parker Tour (II)

 


THE CHARLIE PARKER TOUR (II)

Llegamos a Bilbao de tarde, con tiempo para descargar pero no para darnos una vuelta por la ciudad, que, prácticamente, vimos desde las ventanas de la furgo. Aún así, a mí me dio ese flechazo que tan pocas veces se da con una ciudad. Habíamos atravesado los valles que precedían a la capital vizcaína sin perder detalle del aspecto que presentaban a finales de los años 80, bien distinto al de la actualidad y que imponía, con sus pintadas y una tensa calma, al forastero. Tuvimos problemas para aparcar en la sala Gaueko, justo al principio de una de las entradas al casco viejo, debido a que dos bolardos nos lo impidieron y los ertxantxas no quisieron bajarlos. Así que tocó darse un paseo con todos los amplis, en aquella época bastante pesados, en especial el del bajo de Afa (así llamábamos a Fernando Abargues, el bajista) que era una torre similar a una nevera. Descargar y montar, serían dos pases, uno de tarde y otro para la sesión de noche. 

El Gaueko era el epicentro -junto al bar Muga- de la movida de Bilbao, un antiguo almacén de frutas con varios pisos del que solo se había adaptado el primero. Con el color blanco de sus azulejos y un techo no muy alto daba cierta sensación de claustrofobia cuando se llenaba, algo que ocurriría en la sesión de noche. Antes de la primera sesión y antes de la segunda fuimos al vecino Muga, que regentaba el gran Juan Carlos, todo decorado con unos fanzines que colgaban de unos tendales, además de un montón de maquetas de grupos de todo tipo. Nos pimplamos unas buenas cervezas y tomamos un tentempié que no recuerdo bien y al tajo. 

A mí me tocaba estar de taquillero en aquellos lugares donde fuéramos sin un fijo. A mi lado, un fornido portero de origen gallego con el que no paré de hablar. Tenía un bate por si surgía algún problema y un arma por si la cosa se torcía más, lo que, por fortuna, no ocurrió. Tampoco se cerró el casco viejo, lo que ocurría muchas noches, según me narró mi compañero de puerta. Se trataba de un público entusiasta, muy entusiasta, que conocía al grupo por el álbum recopilatorio "The Munster Dance Hall Favorites", en un volumen 2 donde The Amateurs habían coincidido con bandas como La Granja, Bombarderos, Los Del Tonos, Los Bichos, Los Potros, The Bumpers o Cerebros Exprimidos, entre otros. The Amateurs habían incluido su "She´ll cut you inside". Por supuesto, nadie poseía una copia del álbum debut "Los clubs han cerrado". Las pocas que el grupo había traído en el equipaje se agotaron tras el primer pase. Al acabar esa primera sesión pude comprobar algo realmente inaudito: una cola de gente en la cabina telefónica de la plaza cercana que daba acceso al casco viejo para llamar a sus colegas y que se acercaran a ver a aquel grupo en plena apoteosis de fuerza e inspiración. De aquella no había aún móviles, claro. El público había flipado con la máquina de sonar que eran entonces los ovetenses, gracias a su durísimo trabajo en los ensayos, que solían ser diarios en un local a las afueras de Lugones. 

Para el segundo pase, el Gaueko estaba a reventar, no cabía un alfiler y el grupo se creció aún más. Desde la puerta escuchaba la cera que estaban dando,y, luego, pude ver el entusiasmo de los asistentes, que llevaron en volandas a Miguel Fuentes desde la barra donde se había subido con su guitarra hasta el propio escenario. Fue lo poco que me dio tiempo a contemplar, en un tramo final pleno de la electricidad guitarrera que el grupo era capaz de extraer. La primera estación, ese 30 de noviembre de 1989, había sido todo un éxito.

Al acabar, tuvimos que recoger con bastante precipitación, sin poder empaparnos, apenas, del cariño de la gente. Nos esperaban kilómetros hasta Valencia, nuestra segunda etapa. Sin embargo, la noche era tan absorbente que decidimos buscar un área de servicio donde parar a dormir, sentados, arrebujados en la furgoneta y con un frío de mil demonios. Sólo la compañía de la música nocturna que pinchaba Radio Euskadi evitaba que nos venciese el cansancio y el sueño en esos kilómetros inacabables. Asturias no tenía entonces radiotelevisión autonómica y pensé en lo bonito que sería ser yo quien pinchara esa música en mi tierra. Desconocía que, veintiún años después, tendría esa oportunidad y que, luego, extrañas circunstancias me la arrebataran. Pero eso es otra historia. Nos esperaba la segunda estación: Valencia , con otra sala legendaria, la Gasolinera.

MANOLO D. ABAD