martes, 24 de marzo de 2020

Una historia de D.A.F. (en la muerte de Gabi Delgado)


UNA HISTORIA DE D.A.F. (EN LA MUERTE DE GABI DELGADO)

El pasado 22 de marzo de 2020 moría a los 61 años Gabi Delgado López (Córdoba, 1958), uno de los grandes nombres del rock alemán, componente de los legendarios D. A. F. (Deutsch Amerikanitsche Freundschaft), una de las formaciones más singulares de la denominada Neue Deutsche Welle (Nueva Ola Alemana). Junto a Robert Görl transitaron por un territorio donde la electrónica funcionaba como un singular grupo de rock -en sus conciertos Görl tocaba la batería clásica-, dentro de un marco obsesivo, a veces caótico, donde definieron el concepto de rock industrial. Más bien podríamos decir punk industrial, sobre todo, en su debut "Die kleinen und die bösen", una barbaridad donde ya comenzaban a definir su personalidad de ritmos marciales, agresivos, aunque entonces no fueran dúo sino una banda completa.
Rompiendo con la tradición -al modo destructivo del punk, por las bravas- del techno alemán, del más ambiental tipo Tangerine Dream o de la sugestiva propuesta acompasada de Kraftwerk, D.A.F. optaron por abrir un camino cuya estela recogerían otros grandes, Einsturzende Neubauten, para trazar las vías del rock industrial en dos caminos paralelos pero con muchos aspectos en común, dignos de ser recuperados en estos tiempos de tedio autoril.



El caso es que, en aquel 1983, donde, quinceañero, comencé a frecuentar por las tardes el ovetense pub Metro donde Valentín Santamaría nos ofrecía su ecléctico magisterio, se coló en nuestras audiciones el "Der Mussolini" de D.A.F.. ¡Aquello era increíble! Una canción basada en un ritmo obsesivo, penetrante, que te absorbía si sabías dejarte llevar por ese ritmo, donde la voz ejercía de catalizador melódico. Luego tendría oportunidad de descubrir algunas referencias con esa singularidad: Suicide, Cabaret Voltaire, P.I.L.,... pero, entonces, mi oído aún no había experimentado nada parecido. ¡Era formidable! ¡El mayor de los descubrimientos! En un mundo, como el de 1983, en que no existían ni internet ni spotify ni nada parecido, sólo me quedaba acercarme los viernes al Metro y pedirle a Valen que me la pinchara.



Alemania, verano de 1984. Antes de que el capitalismo salvaje se inyectase como un mal virus en las empresas públicas, éstas trataban a sus trabajadores con cierta clase. En RTVE había la posibilidad de asistir a unos campamentos de verano, primero por diversos lugares de España, después por Europa, y tanto mi hermana como yo los aprovechamos a tope. Marbella, Las Sinas (Villagarcía de Arosa) y, al final, Alemania. Estábamos cerca de Kiel, en el norte del país germano, en un campamento donde convivíamos alemanes, finlandeses y españoles, todos unidos para dedicarnos a velear. Mi hermana y yo teníamos una buena experiencia -más mi hermana que yo, ya por entonces un hedonista absoluto- puesto que en 1980 habíamos permanecido durante un mes en una "colonie" en Savines Le Lac, en los Alpes galos, aprendiendo los secretos de la vela y mejorando (en mi caso, lanzándome a hablar, no había otra) nuestro conocimiento del idioma francés.


Los días transcurrían en el mar. Allí nos dirigíamos en diversas furgonetas y navegábamos en la magnífica ría donde los vientos no cambiaban en exceso. Mi hermana se estaba convirtiendo en una verdadera maestra del timón. A mí, siempre me había gustado la acción: trastear entre las velas, hacer contrapeso, sentir el agua mojándome cuando debía moverme de un lado a otro de la embarcación... Los primeros días, al caer la tarde, nos recogíamos en las tiendas de campaña. Hasta que descubrimos que los fineses tenían una agitada vida nocturna. ¡Menudos elementos! Así que, un día, los seguimos y nos escapamos a un pueblo a varios kilómetros. Nacho Gorostiaga y yo -¡vaya par!- descubrimos un lugar donde nos tomábamos schnapps y otras delicias alcohólicas alemanas. Hasta que conocimos a Britta... pero, eso ya es otra historia... Y estamos con D.A.F.


Tuvimos dos jornadas maravillosas de "turismo": una en Kiel, otra en Hamburgo. Y, evidentemente, como era costumbre por entonces, al ver una tienda de discos entramos en ella. Tras rebuscar entre las cubetas, allí apareció "Die kleinen und die bösen", disco de 1980. Sólo tenía la referencia de que era de D.A.F., los de "Der Mussolini", poco más. Rasqué unos marcos y me lo compré. No recuerdo los otros que cayeron, es curioso.

Y, al regresar a Oviedo, directo al tocadiscos. Aquello fue toda una revelación con dieciséis años. Sí, ya veíamos a un montón de grupos de la movida en programas de televisión como "Pista Libre", "Caja de Ritmos", y, por supuesto, mis descubrimientos de extendían y ampliaban cada vez más gracias a "La Edad de Oro". Escuchábamos Radio 3 en uno de los pocos receptores que, de aquella, cogían la "FM", una radio que mi padre había conseguido de un compañero -ingeniero en RNE- y que nos abría el mundo de la música como sólo alguien que haya vivido aquello entonces podrá comprender.

"El basilón" fue una de mis canciones de siempre... incluso teníamos previsto versionarla en mi efímera aventura en un grupo, en La Tortuga de Sheffield. 

D.A.F. fueron fundamentales en la formación de mi gusto musical. Me abrieron los oídos. Sólo puedo dar las gracias al dúo Delgado-Görl por haberlo hecho realidad.

MANOLO D. ABAD