CINCO HORAS EN GIJÓN EN MEMORIA DE DAVID GONZÁLEZ
Jueves, 4 de junio de 2026.
Estoy esperando a David Suárez Suarón en la puerta de la estación de tren de Oviedo, mientras observo el trasiego de gente de su entrada principal. Muy cerca, sentado en uno de los bancos aledaños, observo a un, ya viejo, pícaro que solía timar a abuelitas y a quien se le pusiese por delante, saludándolas como si las conociese de algo y, bueno, el resto imagínenselo. Un gancho de atracción bastante antiguo y manoseado, pero que le rentó en tiempos para esa pelea diaria por la supervivencia. Ahora, apoyado en un paraguas, quebrado en su físico que fue imponente, sólo espera a una víctima adecuada a su status actual. Que no le dé ningún problema que, antaño, hubiera resuelto por la vía de la violencia. La intimidación ya no le sirve como recurso. Por cierto, Suarón está tardando en llegar. Me entretengo contemplando las guitarras de miniatura, amplificadores y todo tipo de adornos para estanterías de la tienda de discos La Bomba Records. Algunos vinilos y cds, permanecen fuera, a 1€, como testigos mudos de los cambios de tendencia: arrinconados por todos esos objetos para ornamento con la música como elemento... pero sin música. Llamo, impaciente, por teléfono a David. Está en camino. Ya es algo tarde para acercarnos a la nave industrial del polígono de Silvota en las afueras de Lugones, esa extraña población colindante con Oviedo, pero que engrosa el pujante número de habitantes del vecino concejo de Siero.
Cargamos en el maletero las cinco cajas repletas de diversas referencias de nuestra editorial Más Madera, que pronto llega el FELIX (la denominación de la Feria del Libro de Xixón) y habrá que vender algo en nuestra caseta, la 48. Recuerdo las cargas de maleteros en mis días de roadie de The Amateurs, de enormes amplificadores -el del bajo de Afa (Fernando Abargues) era como una nevera de grande- y de cómo conseguíamos hacer el espacio para que cupiera todo en la furgoneta... Existencia vivida y disfrutada en tiempos de rock´n´roll que me permitieron conocerlo todo desde dentro, no sólamente desde la tribuna del crítico musical que comenzaba a publicar en la emblemática revista rockera "Ruta 66" y otros medios.
Hacemos las primeras fotos de rigor a la puerta del coche de David, con el magnífico y necesario libro de David González "Huellas en el polvo (Narrativa completa)" (Efe Eme Editorial), tal y como exige el protocolo de este nuevo mundo de las redes en constante exposición y nos metemos en la autopista, con la música de Canned Heat y el espíritu de Jack Kerouac: "On the road", por si alguien se había despistado o no pilló a qué me estaba refiriendo.
17:48 h.
Llegamos a Gijón. Directos a un párking, otra de las esclavitudes del nuevo universo urbano, sobre todo si tienes que manejarte por el centro. Se trata de abreviar, que, al final, dando vueltas como una peonza a la busca de un sitio libre, imbuido de la esperanza de hallarlo, con el absurdo afán de ese hámster corriendo, desaforado, en la rueda de su jaula hacia ningún sitio, acabas gastando más dinero que yendo directo al párking.
Nos vamos al Toma 3, que está al ladito, a tomar un algo y llamar a Julia Navas Moreno, que será el tercer eje de la mesa de la presentación del libro que reúne la obra completa de narrativa de nuestro añorado amigo, del gran y ninguneado (sobre todo, en su tierra, Asturias) David González. Que no recordaba si se lo había contado, despistado que es uno. Todo esto es una aventura que empezó con un guasap a mi querido José Ángel Barrueco, otro gran escritor que mucha gente debería descubrir, zamorano él, afincado en Madrid, un excepcional columnista de cuya maestría me imbuí para mi desempeño hace unos años aprovechando la oportunidad que me brindó Íñigo Noriega (hoy del "Diario Montañés"), por aquel entonces director del diario asturiano "El Comercio" de ejercer con unas columnas que acabaron siendo tres o cuatro a la semana. Barrueco las publicó a diario varios años en el periódico "La Opinión de Zamora" -hasta que llegaron las miserias de una envidiosa para apartarlo de ese desempeño- y le seguía en mis veranos en la idílica casa familiar de urbanización La Encomienda. En aquel guasap, le instaba a presentar "Huellas en el polvo (Narrativa completa)" en un finde en Asturias y, de paso, también su reciente trabajo "Antivirus y otros relatos sobre plagas y paranoias" (Efe Eme). Muy amablemente me contestó que había restringido al máximo las presentaciones fuera de su ámbito para conciliar su vida personal y familiar. Pero me propuso que lo hiciera yo. Pronto, con el entusiasmo por honrar a mi añorado amigo, me puse manos a la obra. Y resultó que, por otro lado, la hermana de David González ya estaba a la tarea. Gracias a la coordinación de Barrueco, primero, y de Manolo Tarancón después, logramos cerrar dos fechas en esta Asturias de mis dolores. Para empezar en el Ateneo Obrero de Gijón, para el que dirigió la colección literaria Zigurat, y rematando en Oviedo. Y llegó el día, este primer y emotivo día de la presentación, tras todos esos prolegómenos de carteles, promoción y, claro (lo fundamental) de lectura de una obra tan estimulante a la que José Ángel Barrueco puso el preciso orden ante los relatos, tantos, desperdigados en todo tipo de publicaciones, en una tarea homérica que dio como resultado un merecido homenaje literario, que se remataría con el excelente epílogo de Vicente Muñoz Álvarez.
Llega Julia, algo nerviosa, para coordinarnos en la mesa y emprendemos camino al auditorio. A la puerta nos espera mi querido amigo Alberto Ceán, experto fotógrafo con más de 35 años de experiencia partiéndose el cobre en los siempre ingratos y duros territorios de los conciertos de rock´n´roll. Entre otras facetas, porque ya son varias las sesiones que hemos hecho para varios de mis libros -la última para mi duodécimo "Sin Red" (Terra Ignota, 2026)- e, incluso, para la portada de mi undécimo "Si la música no fuera vida, estaría muerto" (Más Madera, 2025). La semana pasada anduvo por Bilbao viendo (y fotografiando) a su amigo Ramoncín y, a pesar del cansancio acumulado, se vino a inmortalizar el momento.
Nos presentamos y saludamos en la entrada del edificio que alberga el auditorio de la presentación a Luis, del Ateneo Obrero, y ya en el segundo piso, nos presentamos a Belén -la hermana de David- que ya está con los últimos detalles. Aún faltan por llegar los libreros y Belén, inquieta, llama a Manolo Tarancón que hace un hueco en la siempre agotadora actividad de la Feria del Libro de Madrid para ponerse en contacto con los de La Buena Letra que acaban llegando unos minutos antes de que arranque todo. Nosotros seguimos con esa rutina de preparar papeles, posar para la prensa y para mi querido Alberto y de saludar a algunos/as de los conocidos/as que van llenando el reciente. Personalmente, siempre un placer hacerlo con Kike Cuetos, componente de una de las mejores bandas de rock asturiano Blues & Decker, que están retomando sus conciertos para alegría de quien suscribe. Kike también anduvo hace unas semanas en mi presentación de "Sin Red" en el gijonés Trisquel, contándome las novedades de un grupo para el que escribí un texto en su web, que incluí en "Rec-Capitulación" (Turbulencias, 2018) y numerosas críticas en diversos medios de comunicación asturianos, además de sonar con frecuencia en mis tiempos como programador y asesor (ahora se denomina "ambientador") musical en la radiotelevisión autonómica asturiana (RTPA).
19:10 h.
Abre Juli, siempre la he llamado así, para ustedes, lectores, Julia Navas Moreno, que se ha preparado un exhaustivo texto desgranando el libro con quirúrgico pulso, pero también con la pasión que transmiten las líneas encerradas en "Huellas en el polvo". Y, cómo no, dado el carácter de homenaje, además de ser una presentación en sí, los emocionados recuerdos de su forma de ser y un todo tan difícil de abarcar de, como bien apuntó, "esa bestia parda escribiendo" que era David. La atmósfera comenzaba a teñirse con los mejores aromas de la celebración que a nuestro querido amigo le hubiera gustado vivir y que, sin duda, estaba presente en esa sala.
Tras la brillante intervención de Juli, le llegó el turno a Suarón -su nombre de guerra- tocayo de David González y al que podríamos considerar un discípulo apócrifo suyo en sus desempeños en los recitales poéticos, como el "Berru", que coordina cada mes en Oviedo junto a Fernando García Magdalena y que ya ha vivido hasta la presencia de la policía en el Burlesque donde lo desarrollaban, estuvieron para interrumpirles por una de esas caprichosas interpretaciones de la legalidad sobre espectáculos en vivo, que parece que se acabarán con la recientemente aprobada normativa legal por la Junta del Principado de Asturias. Esperemos. De esa tierra (la Asturias de mis dolores, añado) en la que nadie es profeta hasta que está enterrado bajo ella, habló con acierto David. Algo que repetirá el domingo 7 en la ovetense Librería Matadero Uno, que hemos de seguir incidiendo en ello. En el valor literario, tan ninguneado, de David González.
Y llegó mi turno. Quise abrir con un poema de mi décimo "Viendo cómo el mundo te deja atrás" (Turbulencias, 2024) -poemario que dediqué a David González- que me pareció ideal para poner en situación a los/las presentes. Se titula "Malditos" y dice así.
No te equivoques
los malditos
nacieron para morir
para morir en el olvido
y apenas se les recuerde
en obituarios
casi anónimos
Malditos
muertos de hambre
en vida
Malditos
ignorados hasta el fin
bajo una sepultura
de indiferencia
Malditos
quítales todo el oropel
del romanticismo
y seguirán ocultos
en su fosa común
Malditos
un recuerdo oscuro
y borroso
para un culto tardío
Malditos
la vejez nunca
ha de llegar
porque esa sería
vuestra derrota
a tanto esfuerzo
a tanta negación
por conseguir
la inmortalidad.
A diferencia de mis amigos, apenas si había anotado un folio a bolígrafo y, escuchándoles, una notas en rojo -el fiel boli cuatricolor al rescate- que creí necesario recordar. Hablé del odio voraz de los caciques culturales, de la invisible "academia" de culturetas y su entorno, a escritores como David González, caracterizados por su gran pasión no exenta de un talento natural. Ese talento del que carecen la mayoría de esos/as encorsetados/as que se insertan en el ámbito literario para exhibirse y alimentar sus pequeños egos. Cité a su admirado Bukovsky -una referencia común- y, claro, la evidente (que casi nadie ha advertido) con otro de mis favoritos Edward Bunker. Para poner en situación a los/as asistentes e interactuar con ellos, pregunté si alguien había visto el icónico film debut de Quentin Tarantino "Reservoir Dogs", donde interpretaba a Mr. Blue. Bunker pasó mucho más tiempo que David en la cárcel, pero con idéntico resultado: el despertar de su pasión por la literatura. No me pregunten más de lo que dije: improvisé sobre algo de lo apuntado y parece ser que gustó.
A continuación, fue el momento de narrar algunas anécdotas de (y con) David. Ahí intervino, certera, su hermana Belén contando pedazos de vida tan emocionantes como reveladores. Me quedo con la historia de cómo empujaba su cuna para moverse libremente por su casa que no voy a desgranar -quizás puedan escucharla en una de las presentaciones de su próximo libro, una antología que reúne toda su obra poética-, quizás la que ejemplifica cómo era el espíritu libérrimo del autor de San Andrés de los Tacones y su afán perseverante. Por mi parte, recordé -entre otras- una tarde en Gijón con él a la busca del libro de José Ángel Barrueco "Para esas noches de insomnio", que había publicado en la colección Zigurat y que tenéis en otra entrada en este blog. O de la adaptación musical de su poema "Alquitrán" en el álbum "Entropía" -uno de los mejores discos asturianos de este siglo- de Toli Morilla, que tanto decía de la forma de ser de mi añorado amigo.
OMEGA
Esperamos
el juicio del tiempo
Pero,
el día a día
nos asfixia
nos deja
sin esperanza…
Sólo el soplo
del amanecer
alimenta
el juicio del tiempo
La pelota rueda,
bota,
amenazante,
y hay que estar
siempre preparado
para devolverla.
El juicio del tiempo
siempre
llegará tarde.
MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: ALBERTO CEÁN BERMÚDEZ (excepto 2, 3 y 4: DSS y MDA)












