En la azarosa travesía literaria, uno de los aspectos a valorar es la conexión. Con los/as lectores/as y ¿por qué no? con alguien que se dedique a la crítica. Por todo eso, uno de esos momentos mágicos y reconfortantes sucedió cuando Ruy Vega me dedicó -hace unos meses- un texto exhaustivo y muy elogioso en el diario "La Nueva Crónica" a propósito de mi undécimo "Si la música no fuera vida, estaría muerto" (Más Madera, 2025). Me quedé sorprendido. Y halagado, por supuesto. Sería hipócrita negarlo. Aunque uno sepa que siempre aparece una nueva piedra en el camino para bajarte los humos. Eso, sí: a pesar de estar curado de espantos y tomarse cierta distancia respecto a los elogios (que, ahí está el matiz, son distintos a la adulación interesada), me causó una gran satisfacción. Y dan oxígeno para no desfallecer y continuar en la brecha, surcando el camino que no sabemos hacia dónde nos llevará.
Nota adicional: los ajos son muy sanos. Lo digo porque ya hubo alguno que tuvo una indigestión de los mismos al leerlo en su día.
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