La primavera de 2024 -seguimos recopilando vivencias de esos meses de silencio en este blog- me trajo la enorme alegría de ver un texto mío situado en un lugar diferente al habitual de los libros y otras publicaciones en papel. Fue para una caja especial que promovió el señero local ovetense Café Rialto. Una caja con el delicioso pastel que da nombre a los ovetenses: el carbayón. Al comprar esa caja conteniendo media o una docena de carbayones te encontraste con una magnífica ilustración del gran artista y querido amigo Toño Velasco (con quien apareció en la foto junto a la pintura original) y con el texto que podéis ver en la siguiente foto.
CARBAYÓN
“Noble,
fiel, duradera. Oviedo es esa ciudad de discreta elegancia, recoleta,
dulce sin resultar empalagosa, con ese atractivo profundo de quien no
pretende atraer sino seducir, a la que se añora para repetir y
volver a ella una y otra vez. Ser carbayón es vestirse con el
orgullo de todos los colores del otoño en sus árboles, resistentes
a los embates de la vida, a los de todas y cada una de las lluvias
que refuerzan sus hondas raíces hasta convertirlos en testigos
centenarios.
Carbayón
es intenso, penetrante y, al mismo tiempo, con el atractivo
deleitable, apacible, que sugieren sus calles, esa calma literaria
con el aroma de un pastel que llega hasta el paladar a lo más
profundo y permanece en los sentidos como un inolvidable placer al
que regresar una y otra vez.”
(Manolo D. Abad)
Y ahí tenéis la caja con la hermosa pintura de Toño Velasco, con quien espero poder compartir nuevas aventuras artísticas y literarias y con el Café Rialto, por supuesto, que cumple su centenario en este 2026.