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miércoles, 7 de diciembre de 2022

El Fracasón

 



"EL FRACASÓN"

El burro es burro no porque sea tonto -como pueden llegar a pensar muchos- sino por su tenacidad en seguir erre que erre con lo suyo, con esa idea fija y permanente a la que se agarra para no dar su brazo a torcer. El burro podrá acabar deslomándose por un precipicio aunque haya quien tire de él en dirección contraria para intentar salvarlo. El burro es burro por su insana testarudez que lleva a gala, con un orgullo que, la mayoría de las veces, no es más que la soberbia de aquel en quien anida algún tipo de complejo oculto, guardado con vergüenza y que se desata como el eco de una explosión atómica cuando llegan las dificultades y los problemas. Ante eso, esperen siempre una coz, o varias coces, en el momento más inesperado, a traición y donde más duele. Quizás un mordisco, quien sabe.





El burro es burro porque no sabe administrar problemas, porque tiene mala reacción cuando le sacan de su placidez, o cuando se pierde en un pequeño sendero de una alta montaña. El burro se detiene y se empeña en no dar el paso atrás que la razón solicita. El burro es burro porque prefiere caer por el precipicio antes de reconocer que, quizás, haya podido equivocarse.

"La verdadera humildad no es pensar menos en uno mismo; es pensar menos en ti mismo"
(C.S.Lewis).

El ególatra jamás se equivoca. Ni aunque los hechos le muestren lo contrario. Siempre habrá una excusa a la que agarrarse: que si la culpa de todo la tiene Yoko Ono, que si me odian por ser el estandarte del Barça o por ser de Gijón, que si la caverna (¿o el caverné?) mediática me tiene manía y en su punto de mira... el ególatra -henchido de sí mismo- siempre tendrá un argumento, por disparatado que pueda parecer, al que asirse y continuar con la cabeza alta, mentón elevado, su camino de supuestos éxitos, su lógica del triunfo.


El seleccionador Martínez García pertenece a ese grupo de egocéntricos iluminados a la busca de su personal Eldorado. Como un nuevo y alucinado Lope de Aguirre. Para ello, necesita un grupo de fieles ovejas que sigan sus instrucciones, por disparatadas que puedan parecer, y que lo acompañen hasta allá donde sus fantasías y delirios más ocultos lo lleven: o sea, a un neomanierismo del tiki-taca con casi mil pases (el tiki-nada), la mayoría en un tedioso -por lento e inútil- tránsito horizontal que aburre a todos menos a su ejército de corderitos y a su claque que lo valora como emblema del Barça o de su ciudad natal, como un general que conduce con mano firme a su tropa de ovejitas al apocalipsis final. El apocalipsis llega en forma de récord en la tanda de penalties y el iluminado seleccionador Martínez García sonríe como Nerón cuando incendió Roma: observando, satisfecho, cómo todo se destruye gracias a su gran capacidad aniquiladora.


En Gijón, la ciudad natal del seleccionador Martínez, hay muchos lugares que terminan en "-ón": el Molinón, la Escalerona, la Iglesiona... de ahí que "El Fracasón" me parezca el título más adecuado para definir este triste trayecto mundialista de su mano.


Vi el partido con lo que me queda de familia cercana: mi hermana, mi cuñado y mi sobriahijado. Tras el primer penalty fallado, mi sobriahijado hizo amago de irse. Se quedó -mirando por el rabillo del ojo- cómo se consumaba el desastre antes de ir a encerrarse a su habitación después de golpear las paredes y ser reprendido por su madre. Tiene quince años y traté de decirle que yo, con su edad, ya había tenido oportunidad de haberme comido dos fracasos: el de Argentina´78 y el de España´82. Incluso, cuando, con seis años, me aficioné a esta pasión por los Mundiales de fútbol donde ni siquiera participamos (Alemania´74) y me puse del lado de Holanda, perdón, Países Bajos. Que tenía cuarenta y dos cuando pude ver ganar el título (y celebrarlo como merecía) a una generación compacta, de paisanos -como decimos en Asturias-, no de ovejitas dirigidas por un ególatra insensato y autocomplaciente. Que a él aún le queda tiempo para poder vivir eso y que, quizás, vistas las manos en las que estamos y el nulo carácter de unos jugadores reducidos a balar en torno a un déspota iluminado, es más que probable que yo no pueda volver a vivir. Me fui, con prisa, porque arrancaba el partido de mi equipo -el Real Oviedo- frente al que, supuestamente, es el mejor conjunto de la Segunda División -la U.D. Las Palmas- y pude congraciarme, de nuevo, con el fútbol al ver cómo jugaban los míos, los de azul, esos que nos han acostumbrado a sufrir y a saber perder y ganar, como bien cantó otro oviedista de pro como mi querido Pablo Moro.

MANOLO D. ABAD





miércoles, 7 de julio de 2021

El atrabiliario Martínez



Crónicas de Vestuario. -
“El atrabiliario Martínez”


1.Que tiene mal carácter y se irrita con facilidad.

    "el accidente cambió su carácter hasta convertirlo en un hombre atrabiliario y amargado"

  1. 2.

    adjetivo

    Que es raro o extravagante.


No lo podemos negar: el seleccionador Martínez ha pasado a la historia. Nadie se había quedado en las semis de una Eurocopa, y él lo ha conseguido. En la sucesión de “triunfos” de este particular ser, ésta no es sino una nueva muesca de hasta dónde es capaz en su sucesión de inopinados logros.

Martínez, más conocido por Luis Enrique, ha logrado cargarse la identidad que tanto trabajó Luis Aragonés (a quien desearía la muerte, pues formó parte del Real Oviedo como jugador y entrenador) en virtud de todos y cada uno de sus caprichos y de sus múltiples inventos. Olvídense de aquel conjunto estable, preciso, mesurado que construyó Robert Moreno en sus días de interinidad. Aquel equipo – era un equipo – jugaba al fútbol con precisión y rapidez. Estable en todas sus líneas. Con rapidez en el tramo final. Con gol, con confianza en todas las verssiones de cómo llegar a puerta y definir. Que el gol es el objetivo final y, casi diría, que único.


Regresó de las tinieblas de una tragedia familiar para volver a ser el mismo, en toda la maldita extensión de la palabra: dictador caprichoso y negligente, sólo conducido por su afán por dar la nota. Martínez es ese macarrilla de patio, o de barrio, que enciende una pelea, para cuando empiezan las hostias, se retira a una esquina para – como un neroncito cutre – contemplar las llamas y regodearse en ellas sabiéndose vencedor.


Todo esto ya debería ser censurable en alguien que ostenta la representación de un país, o llámenlo como quieran, pueblos de pueblos o lo que sea. Un seleccionador nacional. Pero, no. Martínez no es un seleccionador nacional de España. Es el líder. El de sí mismo. Y eso no cabe en un país como España. Él, repítanlo conmigo en el tiempo que dure el himno, Él es Él. El líder. El líder que da la cara y se esconde en el regazo del primero que pase cuando pierde. El líder que echa la culpa al primero que pase por delante con tal de no asumir la responsabilidad de sus acciones. El líder, farruco ante los medios, desafiante ante el pobre currante. El líder, trabajándose ante su jefe un nuevo jugoso contrato.


El mayor fracaso de Martínez es haber descuartizado la ilusión de los aficionados a la Roja en función de sus caprichos, de su supuesto “liderazgo”, de la permanente obsesión en que su egolatría imponga una supuesta distinción entre el caos y yo, la mierda y su gloria. Al final, venció la mierda. Al final, sus caprichos pasaron factura. Al final, ese triste sino de qué bien jugamos (¿fue realmente así o sólo un manierista recuerdo del más vacío tikitaka?), que fuimos los mejores… y palmamos como (casi) siempre, antes de que grandes seleccionadores – de todos – como Luis Aragonés o Vicente del Bosque nos condujeran a una gloria que, en las torpes manos del atrabiliario Martínez, se han convertido en un desperdicio, en una gran desgracia, una tremenda pérdida de un grupo con muchas posibilidades si hubiera estado en manos sensatas, alejadas de este ególatra consentido, cuyo mayor “mérito” ha sido dividir y enmierdar. ¡Felicidades, atrabiliario Martínez!


MANOLO D. ABAD 

sábado, 6 de febrero de 2021

2023

 


Crónicas de Vestuario”. -

“2013”

El partido contra el FC Cartagena ha vuelto a demostrarnos la realidad de este Real Oviedo de mentira. Como en ese viejo chiste de los ochenta: mucho músculo, poca pólvora.

Lo peor de todo ha sido comprobar cómo el conformismo, la indolencia y vete a saber qué tú más, se han instalado en el conjunto. Unos primeros minutos de espejismo, y, después, nada.

Era de esperar lo sucedido, pero no de manera tan cruel. Un rival recompuesto- hasta seis de diez nuevos refuerzos en liza – dejó en ridículo a un equipo desnortado, sin pólvora arriba, con incapacidad y tal impotencia desesperante que dejaba al seguidor con tal desazón que no queda la más mínima esperanza de revertir semejante dislate.

El conformismo se ha apoderado de nuevo de un equipo que, supuestamente, saneado por todas sus deudas, debe embarcarse a una esperanza - ¡ay, la esperanza! - donde no sé qué (soy de letras) quedará el club (bueno, la SAD) liberado de unas deudas que impiden maniobras. Hasta ese día, olvídate de aspiraciones. Hasta ese momento, te mentirán a la puta cara con historietas. Que para eso está la individua: para callar, destruir, matar (si ella pudiera), cada voz discordante. Que no se mueva nadie, que ella (y sus héroes que “salvaron” al club en 2003) estaba salvando al equipo vete a saber cuándo… no abandonó: hoy manipula para estar, a buenos réditos, y para acallar cada voz discordante y vivir a sueldín, claro (lo que realmente importa, lo demás es una mierda pseudoromántica para alimentar romanticismo estúpidos).

Pero es que hoy – quitando al lamentable Aburjania- el Cartagena le ha puesto al director deportivo (quien hasta hace unos meses me pareció competente) con colores de rojo sporting. No entendemos el por qué. O sí, por ese 2023.

MANOLO D. ABAD


sábado, 31 de octubre de 2020

Objetivo: Bajarlos como sea




Crónicas de Vestuario. -
"OBJETIVO: BAJARLOS COMO SEA"

Imaginen, por un momento, que un colectivo se plantea un extraño objetivo, casi como si se tratase de un grupo mafioso. Uno, en su vida, ha sufrido algo similar en su trabajo, pero, en una competición deportiva, regulada, con unas normas, resulta manifiestamente increíble. 

¿Conspiración arbitral contra el Real Oviedo? ¿Por qué? ¿Qué ha hecho uno de los conjuntos históricos de la Liga para merecer tal oprobio? Uno, lo desconoce. Pero, tras padecer el arbitraje del trencilla navarro Iosu Gallech Apezteguía frente al U.D. Logroñés ya empieza a oler a chamusquina. Es la novena jornada y, en este pequeño (pero decisivo, si se trata de hundir a algún equipo) camino se han sucedido demasiadas "casualidades" en forma de decisiones arbitrales inexplicables. Demasiadas. Ya saben: una, casualidad; dos, sospechosa. La tercera (hay un montón más) definitoria de una idea.

Da igual el VAR, que se usa a gusto del consumidor (el colectivo arbitral) para repartir sospechosos favores. No es ya una cuestión de interpretación, es algo caprichoso que no merecería más líneas si no fuera porque va más allá del tercer supuesto de lo "casual". Quizás en el quinto, o en el sexto, o en el séptimo de los supuestos del tránsito del Real Oviedo en esta campaña: toda una orquestada persecución. 

A uno, por mucho que sea fan declarado de la serie "Expediente X", no le gustan las conspiraciones, ni el hecho de tener que pensar mal, pero tras la "exhibición" del navarro Iosu Gallech Apezteguía -¿currándose quizás un ascenso a Primera, que no hay ningún colegiado navarro en la categoría?- no me queda otra opción que creer en ello: el Real Oviedo, según el colectivo arbitral (instrumento, presuntamente, de otras altas esferas, léase el presidente de la RFEF o el de la LFP, que quizás consiguen un acuerdo imposible en ello) debe bajar esta temporada. Quizás deseen que desaparezca, incluso. Para ellos, ese fin, el instrumento arbitral y otras zarandajas -el injustificable VAR- son las herramientas adecuadas para lavarse bien las manos e, incluso, quitarse toda responsabilidad.

Sepultar al cuadro azul en las simas de la categoría en el primer tercio de la competición -jornada 12- o que, a poder ser y sin que se note mucho, al final de la primera vuelta (jornada 21). Que todas estas cuitas, que todas estas decisiones terribles que están masacrando al Real Oviedo en estas primeras jornadas, serán gotas en el océano y, al final, todo será olvidado, excepto el daño cometido.

De las carencias de fútbol del equipo de Ziganda hablaremos otro día.

MANOLO D. ABAD

jueves, 30 de enero de 2020

¿Pero que ha hecho el Real Oviedo para merecer esto?




Crónicas de Vestuario. -
“¿Pero que ha hecho el Real Oviedo para merecer esto?”

Sabemos, somos conscientes, de que el mundo del fútbol no se rige por normas establecidas, que la sorpresa siempre acecha y que el número de la ruleta que te saque fuera del juego puede salir en cualquier momento.

Sin embargo, y como muy bien destacó el creador de James Bond Ian Fleming en “Goldfinger”: “Una vez es casualidad, dos es coincidencia, tres es la acción del enemigo”. Pues, bien, hemos esperado, pacientes, tras los tres últimos encuentros del Real Oviedo a que no se cumpliese la frase lapidaria. Lamentablemente, se ha cumplido. Tres partidos repletos de decisiones no ya extrañas sino tendenciosas con un perjudicado: el conjunto azul. ¿Casualidad? ¿Coincidencia? ¿La acción del enemigo? La acción del enemigo, por supuesto. Cuando un árbitro se niega a consultar el VAR algo raro sucede. Cuando la acción, vistas las repeticiones en la televisión, es tan nítida que hasta el más forofo del equipo contrario asumiría la realidad, es que algo está pasando. La acción del enemigo que pretende hundirte, que quiere exterminarte. Antes de entrar en los detalles de todas estas acciones bizarras que se han repetido como una mala digestión en tres partidos trascendentales para el cuadro azul, envuelto desde la primera jornada en un mar de dudas, convendría hacerse unas cuántas preguntas.

Las preguntas se acumulan, una detrás de otra, como una sombra oscura que cae sobre la LFP dirigida por Tebas y la RFEF de Rubiales. A ninguno le gusta el Real Oviedo, ¿por qué?
¿Por qué, si se trata de uno de los clubes históricos de la Liga?
¿Por qué, si hablamos del primer equipo asturiano que jugó en Primera División?
¿Por qué, si posee una de las aficiones más fieles y limpias -de política y de violencia- de España, además de ser una de las más viajeras?
¿Por qué, cuando nos referimos a uno de los equipos con más seguidores a lo largo y ancho del mundo?
¿Por qué, si resulta que el Real Oviedo es uno de los clubs más saneados en las dos divisiones, con menos deudas?
¿Por qué se le exige un estrafalario y poco transparente límite salarial que no se le pide a otros clubs con toneladas de deudas?
¿Por qué se paralizan patrocinios que a otras entidades se les permite cambiar incluso a mitad de temporada sin ningún miramiento?
¿Por qué, Sr. Tebas?
¿Por qué, Sr. Rubiales?

Y, ahora, la gran pregunta: ¿por qué, señores árbitros?
No me voy a remontar a la decimotercera jornada en la que Galech Apezteguía dio un “recital” lamentable donde se comió expulsiones, un penalty y mostró el doble rasero con que se trató al Málaga y al once azul. Vamos a olvidar a Oliver de la Fuente en el bar – perdón, el VAR- y Ocón Arraiz sobre el campo, quienes en la vigésima jornada omitieron una agresión de Fali a Bolaño – que es como el enemigo público de los de negro y buen partido que sacan de ello los rivales – y un gol del Cádiz como mínimo dudoso. Ya que estamos, no querremos recordar cómo en la vigésimo primera Alejandro Muñiz en el campo y su colega de barra de VAR Javier Iglesias Villanueva – otro conocido “amigo” del club y de la afición azul – pasan de los “encuentros” de Yoda a Bolaño (sí, otra vez Christian Fernández) y de Alexis a Ortuño. Del doble rasero en las acciones de Mario Ortiz a Jimmy y la posterior de Tejera a Mario Ortiz tuvimos nítida consciencia. Es más, el gran “amigo” Iglesias Villanueva llamó hasta la extenuación para que se expulsara a Tejera. Lo de Mario Ortiz no sucedió. O quizás en otra galaxia… Siguió en la siguiente jornada, porque, ya saben, no hay que dejar las cosas para el final de temporada, que están todos los objetivos encima. Se trata de hundir cuanto antes, a ser posible en estas jornadas en el ecuador del calendario, que los ánimos están más tranquilos y exentos de polémica.
Jornada 22: se “encuentra” una mano de Javi Mier en una falta. No seré yo quien diga que no estuvo bien pitada de acuerdo al reglamento (veremos luego que, eso del “reglamento”, es una quimera para el Real Oviedo). En tiempo añadido, ni siquiera se revisó el VAR para una acción en la que el defensa arrolla a Sangalli. Igual ya no estaban en la barra. O se habían acabado las bebidas y el picoteo… Ni uno, ni tres, frente a un rival directo.
Por si ya no tuviéramos suficiente capacidad para el asombro, aún nos quedaban los choques frente a gallitos que no fueron tales en sus enfrentamientos con el equipo azul. Ni Almería ni Girona mostraron mucho. Pero aparecieron “amigos” como Oliver de la Fuente, a quien probablemente inviten como pregonero o para dar el chupinazo en las fiestas de Gijón, que se “inventa” uno de esos penalties que pasarán a la historia de la natación en la piscina almeriense. Contra el Girona, el golpe de voleibol – también, como ante los almerienses, con 0-0 y muchas dudas entre los teóricos gallitos- de Mojica dentro del área no es penalty para Saúl Ais Reig. Probablemente la única persona en este mundo que no lo vio. Bueno, en el VAR, se volvieron a quedar sin patatas ali-oli y cerveza y, por eso, nadie dijo nada. Como en la llave de kárate de Asier Riesgo a Ortuño – fuera del área pequeña -que supuso anular el gol ante la cantada del guardameta vasco. Fue clara falta de los hombros de Ortuño que, sin ninguna duda, agarraron los brazos del cancerbero del conjunto catalán.

¿Hasta cuándo vamos a seguir así?

¡Basta ya!
¡Basta ya, Sr. Tebas!
¡Basta ya, Sr. Rubiales!

MANOLO D. ABAD
Foto: JOSÉ LUIS GONZÁLEZ FIERROS

sábado, 17 de noviembre de 2018

Confusión



Crónicas de Vestuario. –

“Confusión”

Hablábamos en entregas anteriores del hallazgo que supone el sistema de competición que impone la Liga de las Naciones, tan alejado de formatos como los Mundiales, o incluso la Eurocopa, que permiten ciertas relajaciones y errores. Aquí, a cuatro partidos que son cuatro finales, no hay tiempo para absolutamente nada. De ahí el partido ante una Croacia no ya con urgencias, sino en una emergencia total de resultados con la que subirse al último tren frente a España. Y de ahí que el encuentro se sumiese en una locura total, un ida y vuelta en eterno retorno que era justo lo que no le convenía a La Roja.
Los croatas se atrincheraron como si fuesen un equipo menor, no los recientes subcampeones del mundo, a la espera de poner en marcha su contragolpe y provocar un error en esa zaga española que se halla en plena reconstrucción. Fueron los errores defensivos y el ritmo frenético los que derrotaron al combinado de Martínez, incapaz de imponer un tempo al choque, sin mando y bastante ofuscado, en especial durante una primera mitad en la que acusaron la asfixiante presión de los balcánicos. Sólo al final de ese primer acto, cuando las fuerzas de los de Dalic decayeron pudieron verse destellos en el combinado nacional.
También abrió la segunda parte España con mesura y queriendo mandar, pero el gol de Kramaric desactivó todo el plan y se entró en una locura total, a veces un correcalles desatado que beneficiaba claramente los planes de anarquía absoluta de los croatas. La fragilidad defensiva de La Roja tampoco ayudaba.
Si bien el equipo de Martínez logró levantarse hasta en dos ocasiones, faltó el empaque y la personalidad requeridos para superar a un conjunto que viajaba en volandas de la mano de un público caliente y ansioso de venganza. Al final, un nuevo error defensivo penalizó a una selección que siempre se encontró incómoda en la anarquía y que, tras haber iniciado con fuerza y brillantez esta competición, ha de abocarse a que Inglaterra y Croacia empaten el domingo.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el sábado 17 de noviembre de 2018

miércoles, 17 de octubre de 2018

Accidentes



Crónicas de Vestuario. –“Accidentes”

El formato de la Liga de Naciones se está revelando como el más excitante y dando lugar a resultados sorprendentes dentro de una competencia feroz. El 3 a 0 de Holanda a Alemania se repitió en la primera parte del encuentro entre La Roja y el combinado inglés. Por fortuna, la reacción tras el descanso mostró que algo ha cambiado en España a las órdenes de Luis Enrique Martínez, porque, en vez de bajar los brazos, tiraron de recursos para intentar un empate que no se consiguió por mala suerte y por el penalti que el flojo árbitro Marciniak no señaló en la clamorosa falta que hubiera supuesto la expulsión del joven portero inglés Pickford. Lamentablemente, no había VAR que pudiera solucionarlo.
En el primer acto, el cuadro dirigido por Southgate superó a los de Martínez con claridad meridiana. Asfixiando a La Roja en el medio del campo con una línea de seis jugadores, un despliegue físico espectacular y un contraataque que recordaba cómo el Leicester consiguió hacerse con la Premier League en la temporada 2015-2016. Si con los azules de Ranieri los tres pases que llevaban al gol se repartían entre Kanté, Mahrez y Jamie Vardy, con la selección inglesa protagonizaban ese viaje al gol en tres toques Harry Kane, Rashford y Sterling. Toda una lección de las grandes virtudes del fútbol de las Islas: fuerza, velocidad y resolución. Mientras, España se mostraba sorprendida con un Sergio Busquets totalmente desconectado, incapaz de contactar con unos delanteros muy estáticos y poco efectivos. Un resultado justo y sorprendente.
Supo interpretar Martínez el partido en la segunda mitad. La entrada de un Paco Alcácer en racha -¡hay que aprovechar cuando un goleador está en estado de gracia!- y de Dani Ceballos permitieron a La Roja un juego más fluido y los de Southgate se echaron atrás de una forma bien distinta a como lo habían hecho en los cuarenta y cinco minutos anteriores. Una reacción que pudo haber terminado bien si no se hubieran cruzado un poste en el remate de Marcos Alonso (quien sigue sin convencer como defensa izquierdo) o el árbitro en el clamoroso penalti. Quizás estaríamos hablando de remontada épica o algo parecido… que ya sabemos cómo es el fútbol. De momento, las posibilidades de meterse en la Final Four y aspirar a ser la primera selección en estrenar el palmarés de la Liga de Naciones permanecen intactas. Esperemos que no haya más accidentes.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 17 de octubre de 2018

lunes, 15 de octubre de 2018

La cal y la arena




Crónicas de Vestuario. –“La cal y la arena”

Tras asistir a una nueva decepción del Real Oviedo ante el Rayo Majadahonda en el imperial Estadio Wanda Metropolitano al que acudieron cinco mil fieles azules la conclusión es que algo no funciona. Y, en este caso, el principal responsable parece ser Juan Antonio Anquela. Sabe uno de los peligros de personalizar y pedir una dimisión de un entrenador, puesto que ya he vivido en mi propia carne que eso puede conseguir que se te silencie. Me ha ocurrido, ya lo sé, con Fernando Hierro y conozco todo lo que, posteriormente, se desencadenó contra mí. También he de decir que me importa un bledo, puesto que el tiempo me ha dado la razón, aunque –lamentablemente- haya perdido una vía de expresión importante. “Otras visiones”, adujeron quienes me apartaron. De poco sirve el consuelo de saber que tenías razón, que fuiste honesto y que expresaste lo que mucha gente pensaba y lo que tú creías que era lo mejor para el equipo. Eso ya es pasado, aunque el presente también esté teñido de un gris marengo que no le deseo a nadie.
El domingo asistimos a la representación de las contradicciones del técnico jienense. Pide intensidad y contemplamos al once más abúlico de lo que llevamos de temporada. Dice que si algo funciona no se debe cambiar y, tras vencer con solvencia al Albacete, con un cambio de sistema, vuelve a transformarlo sin que exista una explicación lógica posible. No para de hablar de que cuenta con la cantera y, como premio al gran partido de Javi Hernández en la jornada anterior, lo manda al banquillo. Y así podríamos seguir con un montón de ejemplos que visualizan el desastre total al que se apuntó el conjunto azul en el grandioso escenario que será la final de la Champions en esta temporada.
Uno se queda confundido ante el pésimo encuentro de los azules: cero en intensidad, cero en profundidad, cero en concentración, cero en garra y cero, también, sí, en orgullo, en un poco de vergüenza para corresponder al multitudinario desplazamiento a la capital de España. ¿Por qué? ¿Qué está sucediendo? ¿Qué nos estamos perdiendo en las interioridades del vestuario? ¿Por qué un jugador que se borró desde el primer minuto, aunque se llame Saúl Berjón, no es sustituido y otro que se dejó el alma como Joselu es cambiado cuando el equipo necesitaba más que nunca a un hombre-gol?
No dudamos de la capacidad de Juan Antonio Anquela. Pero sí de su toma de decisiones últimamente, a cada cual peor. En el Wanda Metropolitano superó lo difícilmente superable. No dudamos tampoco de su honestidad, pero parece vencido por las circunstancias, sin capacidad de decisión ni ganas de transformar un rumbo que, a día de hoy, sólo puede decirse que va a la deriva.

MANOLO D. ABAD

jueves, 20 de septiembre de 2018

Con Mando


Crónicas de Vestuario. –
“Con mando”

Tras el varapalo contra el Real Zaragoza y su incontestable recital táctico ante los azules, además del rutinario partido de Copa ante el Mallorca, llegaba el momento de mostrar poder, fuerza, temperamento, ante el Lugo. Y así ocurrió, por fin, como todos los carbayones deseamos, con fuerza, con mando, con poder. En todos estos años escribiendo sobre el conjunto azul no había visto una demostración semejante de poder y de control como la que exhibió el once de Anquela en la primera parte. Ese es el camino a seguir: mandar. Mandar con argumentos, con un despliegue total para anular al rival. Desde la portería hasta el delantero. De principio a fin. 
No es de extrañar que esto ocurriese gracias a la “dobleF”: Forlín y Folch. El regreso del argentino al centro de la defensa fue el fin de las dudas, de todos los titubeos, de la capacidad para resolver los problemas de la forma más sencilla. No liarse: si hay que despejar, se despeja; si hay que jugarla, un pase. Al lado de Forlín, sus compañeros son mejores casi siempre. Un jugador necesario para esa columna vertebral que configura los grandes bloques. La otra “F” es la de Ramón Folch, hombre esencial, casi imprescindible para el entrenador andaluz y que jugó su mejor partido con la camiseta azul cuando más parecía que las dudas lo anulaban. Un despliegue en toda regla: táctico y físico. Estuvo en todas partes, allí donde se le necesitaba y ofreció variables de todo tipo en la creación –quizás su punto habitualmente más flojo donde lució ante los rojiblancos gallegos como nunca-. Con semejantes mimbres, y el aporte de Joselu en una presión incansable que, además, coronó con un gol, el equipo azul se sintió con mando, con fuerza y con temple.
Para el segundo acto, tocó defenderse, quizás demasiado echados atrás y sin un contragolpe letal. Sigue siendo ésta una de las mayores asignaturas pendientes de los asturianos, que no encuentran ni la velocidad ni la claridad en los pases para resolver, para matar, para destrozar a los rivales cuando más sensibles se encuentran. Aprender esta asignatura, que tan bien nos planteó el Zaragoza en la jornada anterior, sería la reválida necesaria para no tener que pasar apuros o estar a expensas de los giros de azar tan presentes en el fútbol. 
Este es el camino. Queda mucho y no es tiempo para la euforia, pero sí para sonreír con esperanza. Un lujo que nos hemos ganado tras tanta travesía de dolores y sufrimiento.

MANOLO D. ABAD

martes, 11 de septiembre de 2018

Re-Evolución

Crónicas de Vestuario. –
“Re-Evolución”

Nada mejor que un escenario de la historia y el tronío del estadio Wembley para que Luis Enrique Martínez mostrase su proyecto de La Roja al mundo. Hablaba el seleccionador asturiano de una “evolución” en el estilo, pero, también, podríamos añadir el término “revolución”. Ambos conceptos se unieron para que la ilusión regrese.
La selección había encontrado su estilo, su identidad en lo que se denominó el “tiqui-taca”, pero necesitaba adaptarse a nuevos retos, mejorar, de ahí el que Martínez introdujese el término “evolución”. Porque, como se había comprobado en los últimos años de Del Bosque y en la paupérrima propuesta del torpe Fernando Hierro, el reverso de aquel fútbol de toque brillante, era el de un grupo adocenado que pasaba y repasaba el balón sin sentido ni profundidad, ralentizando el juego y favoreciendo las defensas de todos los combinados. El barroquismo tan caro a los españoles, se había tornado en un churrigueresco recital de pases de seguridad, en una desesperante lentitud, en la absoluta falta de profundidad y de remate e, incluso, en la fragilidad defensiva que flaqueaba ante equipos que sabían hilar contraataques letales en tres pases. Ante eso, el conjunto español mostró en su debut en esta nueva (y trepidante) competición de la Liga de las Naciones una cara nueva. Rapidez, verticalidad y remate, como ejes de un juego donde el pase deja de ser excusa y vuelve a convertirse en recurso. 
Reponerse al primer golpe de los ingleses, que repitieron uno de esos contraataques letales en tres pases, supuso mostrar la fortaleza que nos había faltado en el desgraciado último Mundial. Si hemos de poner nombre a algunos protagonistas, hablar del extraordinario rendimiento de De Gea, de la batuta sensacional de un Thiago Alcántara al que no quiere su entrenador en el Bayern –el croata Niko Kovac-, de la esencial recuperación de Saúl Ñíguez –sólo un preparador tan poco dotado como Hierro pudo permitirse el lujo de prescindir de él-, o del volver a disfrutar de las cabalgadas por la banda derecha de un Dani Carvajal estelar (que se enfrenta en su equipo a la efervescencia de Odriozola). Además de lo de Iago Aspas, toda una demostración de que Martínez es capaz de rectificar por el bien de la selección. La Roja no podía permitirse renunciar al gol y la versatilidad ofensiva del gallego. Otro acierto más.
Mantenerse y mejorar es siempre el reto. Hemos visto a una Roja distinta y a unos jugadores motivados, desde los veteranos hasta los más jóvenes. Lo mejor para afrontar el reto de brillar en una competición tan intensa y sugestiva como la Liga de Naciones. Evolución y revolución unidas para perfeccionar un estilo que hace soñar con una nueva época dorada.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el martes 11 de septiembre de 2018

lunes, 10 de septiembre de 2018

A Tiempo

Crónicas de Vestuario. –
“A Tiempo”

Llegaba el conjunto azul a su encuentro contra el Real Zaragoza tras tres jornadas que habían servido para desatar la ilusión de la hinchada. El equipo aragonés –uno de los que tradicionalmente se le dan mal al Real Oviedo- vino a darle una tremenda cura de humildad a los de Anquela, desde la base de un repaso táctico total de los de Imanol Idiákez, que tuvieron, además, el acierto necesario en momentos clave para desarbolar de principio a fin a los carbayones.
Sorprendió el planteamiento del entrenador maño –hermano del que fuera jugador azul Íñigo Idiákez- por su atrevida propuesta, algo que no suele ser la norma en una Segunda División donde mandan la precaución (a veces, excesiva) y las defensas férreas y aguerridas. Los tres puntas del cuadro aragonés –Álvaro Vázquez, Marc Gual y Jorge Pombo- realizaron un trabajo extraordinario de presión en la salida de balón del Real Oviedo que anuló por completo su creatividad durante la mayor parte del primer acto. El gol del Zaragoza llegaría en un balón largo que superó por completo a la defensa carbayona y remató Vázquez con brillantez, además de dejar en evidencia a un Carlos Hernández que firmó su tarde más aciaga desde que viste la camisola azul. Tuvo una Yoel Bárcenas que no pudo culminar y el equipo ovetense se fue a vestuarios lleno de dudas.
Parecía que en la segunda parte el once azul podría levantarse. Saltó al campo más decidido y con un empuje que acorraló a los de Idiákez hasta la llegada del gol de Verdasca en el minuto nueve que abrió el camino para la desesperación. Allí se encontró a gusto el equipo maño que machacó sin piedad, tal como siempre resaltamos que se debe hacer en el deporte de competición. Los aragoneses tienen aprendida esa lección y encajaron otros dos más a los azules. 
Cantaba Nick Cave “Accidents will happen” y cierto es que podemos tomarlo así: un borrón, un accidente, en la larga travesía de la temporada. Resolver los problemas defensivos, analizar las dudas en la salida de balón que el planteamiento maño provocó, pensar más en los ataques por las bandas, creer en la mejora en el remate y, quizás,… volver a plantar unos ajos en cada una de las porterías del Carlos Tartiere. Y machacar cuando haya la opción de hacerlo, no contemporizar cuando se entra en ventaja. Hay tiempo para levantarse, hay tiempo para creer. Y, con una afición como la azul, que animó a los suyos en las duras, como las hinchadas de verdad, las grandes, sólo cabe esperar que, pronto, con valentía y fe, pueden llegar más noticias positivas.

MANOLO D. ABAD

martes, 3 de julio de 2018

El Tiki-Taca Nada


Crónicas de Vestuario. –“El Tiki-Taca Nada”

Una mayúscula decepción, una nueva oportunidad perdida para una generación que se suponía brillante y se queda en un montón de promesas e ilusiones incumplidas. Pero de poco vale una orquesta de músicos excelsos si el director no está a la altura. Bueno, algunos músicos tampoco resultaron tan excelsos…
El caso es que el ridículo ante una selección de un calado mediocre como Rusia debería hacer reflexionar a todos los estamentos del fútbol español. A plantearse seriamente el evitar todos y cada uno de los errores que han marcado esta clasificación. Sí, podemos señalar a los responsables, a todos, y debemos hacerlo. Empezaríamos por el presidente en la sombra, el tipo que ha mandado la federación de fútbol durante más de tres décadas sin piedad, Ángel María Villar, riéndose, con toda probabilidad, viendo el ridículo de su sucesor, José Luis Rubiales, que no supo gestionar el órdago planteado por un Florentino Pérez que quiso seguir mandando mientras le enviaba un mensaje con el nombre de Julen Lopetegui. Todos culpables, todos. Y, al final, un ridículo para añadir a la historia española en la Copa del Mundo de fútbol cuando se podía haber aspirado a lo más alto.
Una vez señaladas las causas, vamos a los efectos. Si no fue suficiente haberse disparado en el pie –bueno, en los dos pies y en los dos brazos- con todo lo acontecido, vino el remate: elegir (o coger, no sabemos si, realmente, había alguien más dispuesto) a Fernando Hierro como responsable de salvar la nave. De su ineptitud crónica para plantear cualquier concepto futbolístico creativo ya teníamos noticias en la nefasta temporada en la que hubo que soportarlo al frente del Real Oviedo. Timorato, con una nula capacidad para entender el desarrollo de los partidos y con un empecinamiento en anular conceptos básicos del fútbol como el juego por las bandas, el malagueño repitió hasta el hastío su miserable propuesta en la selección dejando en evidencia su total incapacidad para dirigir un equipo con la más mínima garantía. En cuatro partidos, La Roja pasó de un equipo veloz a uno conformista. Negó la profundidad (sí, por las bandas, sí), optó por un conservadurismo ramplón y rutinario, por un ritmo inexistente, por una repetición de pases intrascendentes, por la falta de pegada, por la inseguridad defensiva, por la insistencia en propuestas que no funcionaban (Carvajal, un solo delantero siempre, el borrado cancerbero De Gea) sin observar alternativas que ni se probaron (el emergente Odriozola, Saúl Ñíguez, inéditos vaya usted a saber por qué).
Ante tal acumulación de desatinos, qué se podía esperar: el fracaso. Sólo quedará para la historia Fernando Hierro como el hombre que reinventó el tiki-taka y lo transformó en tiki-nada, en los mil y un pases de una noche aciaga que obliga a España a reinventarse. No con Hierro, no con los mil y pases absurdos y timoratos, no con el tiki-nada.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el martes 3 de julio de 2018

miércoles, 27 de junio de 2018

Bailando en el alambre


Crónicas de Vestuario. –

“Bailando en el alambre”

El VAR ha conseguido brindar una de las Copas del Mundo de fútbol más competidas y emocionantes que jamás se hayan jugado. En ese contexto, lo de la selección española no se escapa al vértigo de unas circunstancias que han transformado en emoción y electricidad cada una de las tres jornadas de esta primera fase.
A quienes vimos al Real Oviedo de Fernando Hierro durante una aciaga campaña, no nos extrañó el inicio titubeante, lento, de pases rutinarios, de absoluta falta de ideas y de ambición. Eso, a pesar de haber situado a unos jugadores supuestamente creativos en el medio del campo, que pronto se vería desbordado por el error que buscaban los aguerridos marroquíes, en una versión inédita en las dos jornadas anteriores. Digo aguerridos y me quedo corto, pues se desenvolvieron con violencia –en especial Amrabat y Boussoufa- ante la pasividad de un nefasto trencilla como el uzbeko Irmatov, que pudo haber expulsado hasta en tres o cuatro ocasiones al desatado jugador del Leganés y al lenguaraz capitán marroquí.
Llegó el error que buscaban los magrebíes y eso puso en evidencia todas las claves que distinguen al equipo de Hierro del de Lopetegui. La inseguridad atrás, la ausencia de presión en el medio del campo –donde sólo Busquets cumple esa tarea, con peor desempeño que en sus mejores días, por cierto-, el regreso al barroquismo en los pases que hundieron al combinado rojo en el anterior Mundial, la falta de verticalidad y de opciones de remate. Todo se entrega a la inspiración individual, al fútbol de videojuego (como muy acertadamente lo definiera en su día Arsène Wenger, aunque entonces fuera un elogio), a lo previsible, a los chispazos individuales que no rompen defensas bien organizadas. 
El error de Iniesta le espoleó, lo cual es digno de resaltar aunque no esté para mantenerse en lo alto en un partido completo. Llegó el gol del empate y las dudas invadieron a los de ese seleccionador que parece salido de una película de James Bond, el bello Hervé Renard, todo un latin lover que optó por la vía iraní para hacer fortuna frente a España. Fueron los mejores minutos de La Roja, pero, una vez más –como le ocurría al Real Oviedo de Hierro- dejaron a su rival vivo. Y en el fútbol hay que machacar, bien lo saben los ingleses que parecen haber regresado con más fuerza que nunca. Destrozar, no permitir que el contrario salga vivo. Cuando se perdona, se paga. Eso fue lo que sucedió en el segundo acto, donde el equipo volvió a salir tan rutinario como solía cuando el malagueño entrenaba a los azules.
Al final, el recurso a la Furia, a un recuerdo a los peores tiempos de La Roja. Mal asunto. Gol de un Iago Aspas que pide a gritos oportunidades y un pase a octavos nada brillante, con demasiadas dudas. Aunque los octavos serán otra historia. A cara o cruz. Y los de Hierro parecen vivir bien “Bailando en el alambre” como en aquella vieja canción de los madrileños Polanski y el Ardor, a pesar de que no sea el mejor remedio para unos males acrecentados por la gestión del seleccionador.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 27 de junio de 2018

viernes, 22 de junio de 2018

Duros de Pelar


Crónicas de Vestuario. –

“Duros de pelar”

Con rivales como Irán siempre hay algo (o todo) que perder. Un seguidor que no sea aficionado al fútbol global podrá pensarse que los iraníes son pan comido, carne de goleada, allá dónde uno se los encuentre. Si revisan las estadísticas, se encontrarían con un bloque compacto que en sus partidos de los dos últimos años sólo encajó dos goles. Frente a un combinado como el español, los de Carlos Queiroz elevaron hasta el paroxismo un concepto que aúna el tradicional catenaccio tratando de perfeccionarlo con todas las triquiñuelas que algunos clásicos del fútbol sudamericano han situado en la dudosa categoría de virtudes: cortes de ritmo constantes, simulaciones de lesión a cada roce, pérdidas de tiempo en todo tipo de lances, búsqueda de tanganas, guerras psicológicas y de nervios de todo tipo… Un concepto realmente vergonzoso que, si se encuentra con un pésimo árbitro como el uruguayo Andrés Ismael Cunha, que lo consintió todo y, probablemente más, al once persa, condiciona un choque donde España se jugaba la vida.

“Duro de Pelar” (1978) es, indiscutiblemente, la peor película protagonizada por Clint Eastwood. El título, delirante versión libre del original “Every which way but loose”, nos viene perfecto para definir lo que La Roja se encontró en Kazán. Como curiosidad, el guión del film fue rechazado hasta en 46 ocasiones antes de ver la luz con Malpaso, la productora de Eastwood, que se lo arrebató al por entonces estelar Burt Reynolds. Del libreto de Queiroz y su Irán ya habíamos tenido noticias en la primera jornada, donde sacaron una victoria de la nada, con un desgraciado lance de los prematuramente eliminados marroquíes. Ni ética ni estética, lo del conjunto iraní es el pragmatismo defensivo llevado al extremo. ¡Ríanse ustedes de Maguregui y de su concepto ultradefensivo al que se acabó denominando por los periodistas deportivos como “amarrategui” y que ha hecho fortuna más allá del ámbito futbolero! De las declaraciones posteriores del portugués donde afirmó que “el VAR les había derrotado”, mejor no hablar. Porque su concepto parte de la triquiñuela, de la ventaja del tramposo, de la miseria y de todo concepto antideportivo para ensuciar el campo de juego como piedra angular. ¿Lo repetirá en la última jornada ante la selección de su país natal?


Ante semejante frontón, el combinado nacional tiró por la calle Esperanza. En Bilbao, donde existe esta calle, en pleno centro de la ciudad, hay un frontón que recibe el nombre de esta vía. España trató de ser fiel a sí misma, a pesar de que la elección de Fernando Hierro escogiendo a un Carvajal muy lejos de sus mejores tiempos, sí podía ser discutible. Lo intentó por la banda en el primer acto aunque terminó enredado en la tela de araña de los de Queiroz, sin resolver o aplicar alternativas claras a la paupérrima propuesta de los iraníes. La salida en el segundo acto mostró que ese camino olvidado del remate y de la velocidad, además de unas combinaciones mejores, era el que podía destruir el escenario donde los persas se habían sentido demasiado cómodos. Un gol de rebote, justo castigo a quien factura un reprobable concepto futbolístico, que podemos aceptar en virtud de la libertad de cualquiera a elegir su destino, pero que es realmente innoble y llena de vergüenza ante el descaro con el que campan a sus anchas ante la incompetencia de las normas para neutralizarla por la vía del reglamento al que deshonró Cunha, permitió establecer la justicia de quien desea vencer y quien sólo pretende destruir y sacar réditos de ello.

El juego castigó al cuadro asiático y honró a los creativos españoles. De acuerdo que hay dudas en defensa o que David Silva y Andrés Iniesta necesitan un pequeño descanso (¿por qué no ante Marruecos? Va a ser que no, que algunos –los que le padecimos al frente del Real Oviedo- ya sabemos de su fobia a los cambios), pero hay que felicitarse de haber picado la piedra del frontón iraní con la paciencia y la inteligencia necesarias. Salimos del Frontón de la Esperanza y seguimos recorriendo su hermosa calle camino de nuevos retos.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el viernes 22 de junio de 2018

domingo, 17 de junio de 2018

El Ruido y La Furia


Crónicas de Vestuario.-“El Ruido y la Furia”

Tras asistir a una de las situaciones más absurdas en una semana increíble, sólo propia de un género tan español como es el esperpento, llegaba la hora de inicio de un nuevo Mundial. Y el rival –el más fuerte, a priori, del grupo- no era la mejor invitación al optimismo. Los vigentes campeones de Europa llegaban con ganas de mostrarse fuertes ante una Roja llena de dudas y así comenzaron: con seguridad y poder. Si a los dos minutos le añadimos un dudoso penalti a Cristiano Ronaldo nos encontramos con un menú para que la catástrofe se hiciese realidad. Y no lo digo por la presencia de Fernando Hierro en el banquillo, que luego tendría la oportunidad de mostrar que, más allá de aquel vestuario azul donde le tocó lidiar con verdaderos miuras (léase los “tres amigos”, no los de John Landis, sino los que todo el oviedismo conoce) fue capaz de revertir una situación negativa. Porque hasta el minuto veinte fueron los lusos quienes marcaron el ritmo de los acontecimientos.

Pero con paciencia, con la experimentada fe en sus posibilidades que el once español posee, la situación se revirtió. Y fue en el momento más insospechado, en una jugada de “juan palomo” de un Diego Costa que cuajó su mejor actuación con la Roja, cuando se logró. Él se lo buscó, sólo, solito, rompiendo las caderas a los veteranos Pepe y José Fonte, y remachando con ese peculiar instinto suyo de killer. Los vecinos se descompusieron y fue el momento de España. Un balón al larguero de Isco nos recordó a la pesadilla del mal fario que perseguía al combinado nacional y que se hizo patente en aquel encuentro ante Brasil en México´86. La tecnología borró cualquier duda y los españoles prosiguieron su asedio sin lograr resultado ante una empequeñecida selección lusa. 

Los giros de azar son eso, una mala combinación de la suerte, que se alió con el equipo dirigido por un irascible Cristiano Ronaldo que anotó su segundo al borde del descanso. Si tenemos que recurrir a aquello que se decía de los “goles psicológicos”, nuestros vecinos ya nos habían metido dos. Encima con De Gea haciéndose un “Arconada Francia´84” cuando se tragó aquella falta de Michel Platini. Todo hacía presagiar lo peor.

Salió con dudas España, pero, a base de toque, encontró su sitio frente a la previsible Portugal, sólo a la espera de las noticias de un Ronaldo encendido, probablemente por los más de dieciocho millones de euros a abonar a la Hacienda española. Nunca se vio tanta motivación, tanta furia, tanta inquina, tanto odio, en el delantero aún jugador del Real Madrid. Pero, en el principio del segundo acto, fue la Roja la que se centró a base de toque. Y encontró el gol. Y otro más, después. Una maravilla de un Nacho Fernández que ha encontrado su sitio, firmando una de esas temporadas de futbolista honesto, polivalente, también capaz de un golazo. Ese a quien todos los entrenadores lo quieren en su equipo.

La inercia de los campeones de Europa les permitió un último guiño del destino: salvar un punto en una (innecesaria) falta de Piqué que anotó el furioso Ronaldo. En tres mundiales, tres goles; frente a España, en un solo partido, en su cuarto Mundial, en un magnífico choque que no mereció ganar su selección, otros tres. Y, a pesar de la decepción, buenas sensaciones, tan sólo la duda del errático De Gea. Próxima estación: los pegajosos e insolentes jugadores de Irán. Sin ruido ni furia, por fortuna.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el domingo 17 de junio de 2018

martes, 22 de mayo de 2018

Suma y Sigue


Crónicas de Vestuario. -
"Suma y sigue"

Sumar y seguir. Sumar y seguir en una carrera desesperada para entrar en la fase de ascenso donde sólo uno de cuatro logrará el premio. La competición en esta Segunda devastadora nos lleva a esa ruleta rusa de la que hablábamos la semana pasada y que resisten muy pocos. A algunos atribulados comienza a pasarles factura, a esos que niegan  la crítica, a esos acostumbrados a favores arbitrales, a amaños de todo tipo... Pero no, no debe existir amargura en nuestras palabras. Cada mañana es un nuevo amanecer y eso es lo que te enseña la competición futbolística: podrán tirarte al suelo, humillarte, pero siempre llegará un momento para la revancha. Ahora, tras el partido ante el Sevilla Atlético comienzan las cuentas en una categoría más igualada en su parte alta que nunca. Y lo cierto es que el único cálculo válido y posible es el de sumar de tres en tres y esperar el veredicto de las dos últimas jornadas. Ni más, ni menos.



El Real Oviedo abrió su partido ante el filial sevillista como hacía mucho tiempo que no lo veíamos. Con, sí, que existe, "intensidad". Una presión a la salida de la pelota de los andaluces que obtuvo frutos en forma de un gol de Folch, que pudo ser mayor si Linares hubiera culminado con acierto su incesante, admirable (los que critican su edad deberían pararse a pensar en todo lo que corre y lucha) pugna para abrir una presión sensacional durante una primera media hora digna de aplauso y que se echa de menos en estas jornadas donde la gasolina física se ve mermada por la larga competición y, quizás más aún, por la presión competitiva y las exigencias perentorias de los muchos que aspiran al ascenso (cada vez que escucho eso del "objetivo", disculpen, me sale un sarpullido por el puñetero eufemismo).



Sin embargo, en el segundo acto, tras el gol de Chrsitian Fernández, regresaron los fantasmas. Un bajón físico descomunal permitió que los muy jóvenes chavales del filial sevillista se crecieran y atacaran con mayor agilidad. El gol de los andaluces llegaría en una jugada de desgraciado rebote que ocasionó el segundo de Ramón Folch -esta vez, en propia portería- y permitiera que asaltaran las dudas que nunca deberían haber llegado si la puntería hubiese permitido cerrar el partido mucho antes.



Sumar y seguir. Ese es el destino. Si el equipo de Juan Antonio Anquela es capaz de ofrecer lo mostrado en la primera parte ante el Sevilla Atlético, se puede estar tranquilo. Con un poco de mejor puntería, a ser posible. Mientras, el Vetusta -el filial azul- encara un partido de vuelta de la fase de ascenso ante los navarros del Mutilvera con una ventaja de 0-2 que esperemos sea definitiva. Bueno será poder contar con el concurso de los Steven Prieto, Borja Sánchez, Prendes, Edu Cortina, para apoyar en el tramo final a la primera plantilla, donde el impulso del aire fresco se antoja como clave. Esperemos que se siga sumando, que haya la posibilidad de pugnar en las eliminatorias por el ascenso. Sabedores de que el sufrimiento está ligado al azul, pero que la meta merece la pena.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: J.L.G.FIERROS 


miércoles, 16 de mayo de 2018

Ruleta Rusa


Crónicas de Vestuario. -
"Ruleta Rusa"

Tras el partido del 24 de marzo de 2018 ante el Córdoba comenzó a acuñarse el término "finales". Quedaban diez "finales", se decía, y cuando se entra en esta clase de terminologías poco bueno se saca. El balance, a falta de tres "finales", es el de tres victorias y cuatro derrotas. Dentro de estas terminologías, ya se ha adaptado el concepto "objetivo", eufemismo que enmascara el verbo "ascender". También se echa uno a temblar cuando se imponen este tipo de conceptos. Palabras y eufemismos al margen, el Real Oviedo llega con algunas posibilidades de entrar en las eliminatorias por el ascenso, a pesar de que en los últimos cuatro choques sólo haya logrado una victoria y tres derrotas, además ante tres rivales directos como Numancia, Valladolid y Osasuna.

No comenzó mal el Real Oviedo en un campo maldito como El Sadar, donde no ha vencido nunca, y una ciudad poco propicia como Pamplona, en la que su último triunfo data de la temporada 1962-63, nada menos. En la primera parte, el conjunto de Juan Antonio Anquela supo frenar a los rojillos en el medio del campo con un trivote que funcionó bien y encontró el camino del gol por el centro, en un gran avance de Diegui Johannesson que supo filtrar el balón entre los dos desastrosos centrales navarros (el atolondrado Aridane y el brusco Miguel Flaño) para que Linares -en estado de gracia- marcase.

Paradójicamente, todo se vino al traste en el segundo acto. El equipo se echó atrás y los centrocampistas desaparecieron. No hubo el necesario control del partido, básico cuando estás ganando, y las deficiencias de unos centrocampistas de choque (el disminuido Ramón Folch, muy venido a menos tras jornadas fulgurantes, y un fundido Rocha) además del poco habitual Hidi, que se vino abajo físicamente en la reanudación, hicieron el resto para que el empuje de Osasuna obtuviese sus frutos. La entrada del talentoso trotamundos Fran Mérida hizo el resto. Se veía venir el peligro en las desaforadas ofensivas navarras, a la desesperada, que no encontraban respuesta alguna ni en el campo ni en el banquillo, con un sobrepasado Juan Antonio Anquela, incapaz de reaccionar con algún cambio. Malas y tardías fueron las sustituciones que lastraron el desenlace del partido.

Queda, pues, tras tan dolorosa derrota, asirse a la desesperada. A una esperanza exprés que pasa por quemar cada una de las etapas con nombre de final como si fuera una ruleta rusa. Uno se para a pensar en aquel film duro y sensacional de Michael Cimino: "El Cazador". A esa sensación de enfrentarse a la pistola en la sien. A saber que si suena la detonación, estaremos muertos, otra temporada más. Pensemos en sobrevivir a los tres disparos mientras suena esa vieja canción de los Lords Of The New Church "Russian roulette". No queda otra.

MANOLO D. ABAD
Foto: J.L.G. FIERROS

martes, 8 de mayo de 2018

Suma o Revienta




Crónicas de Vestuario. -"Suma o revienta"



Cada vez da más la impresión de que la travesía de Segunda División se le está haciendo larga a demasiados equipos, en concreto a muchos de los que aspiran al ascenso. Demasiada presión, demasiados enfrentamientos directos, demasiadas "finales" desde hace demasiados meses... Parece que estuviéramos envueltos en una de esas subidas de los Alpes en el Tour de Francia, quizás no con unas pendientes de infarto pero sí con un desnivel constante a lo largo de muchos kilómetros que va provocando un desgaste tremendo hasta que muchos ciclistas acaban por descolgarse. Y eso es lo que está sucediendo en esta temporada con muchos de los equipos.



El Real Oviedo afrontaba el choque ante el Lorca con la necesidad de sumar tras dos decepcionantes partidos en blanco y se llevó los tres puntos. Los de la Región de Murcia, ya descendidos a Segunda B, con su pintoresco dueño chino buscando deshacerse del club, apenas ofrecieron resistencia, máxime cuando tuvieron que jugar dos tercios de partido con un jugador menos. Tres puntos, eso es lo importante. Olvidémonos de las sensaciones que no fueron ni mucho menos las mejores. Eso sí, destacaron tres individualidades que bastaron para vencer. La conexión Saúl Berjón-Mossa recordó los mejores momentos de la campaña y fue el argumento con más peso para las ofensivas del conjunto de Juan Antonio Anquela. La presencia de Linares como delantero centro en lugar de un apesadumbrado Toché (los cuatro meses de sequía siguen pesando mucho) fue la guinda para completar el pastel. El aragonés anotó los dos tantos del equipo y dio carpetazo a un partido -como todos los del tramo final- donde lo que importan son los goles y los puntos. Sin otras historias, sin historia y, también, por desgracia, sin juego ni excesivos argumentos futbolísticos. Ya saben, ese dicho al que tanto recurrimos: "En la rula no preguntan, apuntan".



Y en esas estamos, aguantando para no descolgarnos del grupo cabecero y quemando etapas. Sin excesivo juego, pero, al menos en la tarde dominical del Día de la Madre, con goles y victoria. Sumar o reventar, esa es la tesitura. No importa, parece, nada más, que seguir sufriendo hasta coronar la cima con opciones. Ya queda menos.

MANOLO D. ABAD
Reportaje fotográfico: J.L.GONZÁLEZ FIERROS