Deslices

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sábado, 6 de mayo de 2017

La Bronca

Vetusta Blues. -

La bronca”


La bronca como recurso político. Ya sabemos que el armar jaleo, cuanto más subido de decibelios mejor, es un recurso usado por los políticos en determinados momentos y ahí no hay Juan “Apocalipsis” García y su singular asociación vecinal que valga ni se queje. Anda el PP de la ciudad envuelto en esa opción ahora que hay unos nuevos presupuestos, ahora que está cuantificado el daño que muchos de los delirios de sus veinticuatro años de rodillo han causado a la ciudad, ahora que se ve cómo se repartían los privilegios en forma de permisos de aparcamiento para los “principales” de “su” Oviedo; del Oviedo blue, de un “blue” más que “azul” en una de sus acepciones, “triste”, muy triste que también está entre otro de sus significados.

La algarada en el pleno del ayuntamiento que ha acabado con los ediles del PP tomando las de Villadiego con todo tipo de acusaciones no es sino otro episodio de esa huida hacia adelante, que, más bien, podemos interpretar como un verdadero viaje a ninguna parte, como en la estupenda película española dirigida por Fernando Fernán Gómez en 1986. La solución para tapar todos los desmanes acaecidos en la ciudad y que pasan su millonaria factura a los ovetenses es la del grito, no el del horror del célebre, impresionante, cuadro de Edvard Munch, sino la del alboroto con el que se puedan tapar los hechos y los costes de sus delirios pasados. No hacen falta argumentos, sólo escenas e interpretaciones actorales excelsas: cara de enfado, gresca, acusaciones. Así, sólo podrá hablarse de eso y no de lo que nos cuesta Villa Magdalena y demás dislates este ejercicio (treinta y tres millones de euros de nada).

Se trata, por lo tanto, de una nueva puesta en escena. Al principio, se negó la realidad con cabezonería y argumentaciones débiles, nada creíbles a la vista de los hechos. En esta nueva fase -como si se tratara de una alerta def con tres- se dirigen a tapar las voces, a ocultar cualquier razonamiento y a que los hechos, los descomunales e inaceptables costes de sus delirios, queden tapados por el ruido de sus voces, por las poses de ofendidos... cuando deberíamos ser los ciudadanos de bien quienes debiéramos estar muy enfadados al contemplar cómo sólo tratan de tapar sus desmanes con un estilo chusquero y muy poco democrático. Con un recurso vociferante y sin argumentos. ¿Qué será lo próximo que los ovetenses debamos soportar?

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el sábado 6 de mayo de 2017