Deslices

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miércoles, 22 de marzo de 2017

Azares y accidentes


Vetusta Blues. -

Azares y accidentes”


Uno de los aspectos que siempre me ha sorprendido (y fascinado) más del “polar” -el cine negro francés- es el componente del azar que se cruza en casi todas sus historias. Algo rompe el equilibrio, algo consigue que un plan perfecto deje de serlo, que una situación que se suponía idílica se torne pesadillesca... Acaso como en la vida muchas veces, donde, de repente, un mínimo detalle consigue que las cosas se tuerzan.

La espléndida mañana de sábado, soleada de invierno como muchas veces no se puede disfrutar en verano, invitaba al paseo relajado. Calles céntricas sin apenas tráfico automovilístico, muchos viandantes disfrutando. Observo una espléndida moto Harley Davidson surcar, imperial, la calle Covadonga. De repente, al torcer a su izquierda en dirección a Foncalada, la moto se inclina hasta caerse y quedar atravesada en medio de la parte más alta de esa calle. La caída es limpia y uno la observa casi como a cámara lenta. Un reguero de gasolina atraviesa la vía entre las dos aceras. Siguen sin pasar coches. La gente, de inmediato, se acerca a socorrer al piloto, unos, y a recoger la Harley, otros. Con la ayuda de otra persona, levanto el vehículo y lo estaciono delante de la cafetería ahora denominada “Choko”. Enseguida se consigue auxiliar al conductor. Llegan automóviles que se detienen delante del lugar, sin movimientos bruscos. Todo ha surgido rápido y sin incidencias. El piloto camina sin excesivos problemas. Le comento que tiene al lado en centro de salud de la Lila, por si acaso. Despues, uno continúa su paseo orgulloso de la diligente respuesta ciudadana.

Unos días antes, Jhonny Geovanny Álvarez Chávez no tuvo la misma suerte en Santa Marina de Piedramuelle con su moto y se dejó su joven vida en la carretera. A Jhonny lo conocíamos y apreciábamos muchos de quienes somos clientes de uno de los locales emblemáticos de la ciudad -el Ovetense- donde había trabajado varios años, dejando huella de su bonhomía entre todos quienes le tratamos. Recordé una de las última veces que le vi, durante la comida que se le ofreció a Petros Márkaris tras su encuentro con el público en el marco de la Semana Negra. La comitiva ya se había ido y sólo quedábamos Celso Miranda -que se había incorporado a los postres- y quien les escribe, hablando de muchos asuntos, estirando la sobremesa, en mi caso antes de regresar al trabajo tras la maravillosa experiencia de haber presentado al magnífico escritor de serie negra. Aún permanecía sobre la mesa una botella de vino a medias y una tabla de quesos casi entera. Una mujer de unos sesenta años, con la pobreza marcada en sus ropas y la derrota en su rostro, se acercó pidiéndonos ayuda. Le dije que cogiera del plato de queso, cosa que hizo con rapidez. Apuró el plato con la ayuda de unas servilletas y se fue. Johnny se me acercó y me dijo: “los jefes van a echarme la bronca, normalmente a esta gente que lo necesita les ayudamos un poco más tarde”. Recuerdo que le respondí: “si te echa la bronca Natalia (lo que dudaba fuera a ocurrir) pásamela y dile que ha sido culpa mía, ¿vale?”. Me observó con sus grandes ojos y esbozó esa sonrisa de buena persona que tantos conocíamos.

Ese sábado no dejé de pensar en cómo se suceden, a veces, los acontecimientos en la vida. ¿Por qué se pierden prematuramente personas amables y queridas mientras hemos de padecer a otras que ni merecen ser calificadas de seres humanos?

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 22 de marzo de 2017