Deslices

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miércoles, 11 de enero de 2017

La noche del anisakis


Vetusta Blues. -

La noche del Anisakis”


Ya se lo comentábamos hace un par de semanas: las Navidades son un territorio abonado para los fenómenos extraños. Quizás no tan extraños hayan sido un par de acontecimientos en cenas de Nochevieja, que acabaron como el Rosario de la Aurora, aunque el que las celebraciones culinarias en grupo terminen así ya cuenta con una larga tradición -literaria, al menos- desde los tiempos del incomparable Mariano José de Larra (léase “El Castellano Viejo”).

Aún así, entre resúmenes y listas de lo mejor y lo peor, irrelevantes escotes de presentadoras, resacas, multitudes copando calles y comercios y demás excesos propios de las fiestas, hemos tenido dos culebrones hosteleros de lo más sorprendente. Por un lado, el de una cena de Nochevieja que no se sirvió o que sí se sirvió pero sin uvas y que acabó en un motín que obligó a intervenir a la Guardia Civil en Las Regueras. Versiones cruzadas por uno y otro lado, y un escándalo monumental. Siempre me aplico esa máxima que tantas veces me ha recordado mi madre: “lo barato sale caro”. En este caso, los 35€ por comensal salieron ciertamente caros. Que los disgustos, desde luego, lo son. El segundo caso viene documentado por un revelador vídeo donde se contempla un trozo de pescado con pinta de estar crudo y un simpático gusanito saliendo a tomar el aire de la Nochevieja que se respiraba en el restaurante Latores, a la sazón propiedad de un hermano de José Luis Almeida, presidente de la Asociación de Hostelería y Turismo de Asturias (Otea). Al parecer, al gusanito se le identificó como anisakis, aunque, visto su color rojizo, parece que podría tratarse de otra especie, ya que suelen ser de color blanquecino. El caso es que el restaurante respondió con una nota al vídeo que la cliente colgó en las redes sociales, en la que la acusaba de “chantajista”. Ya saben aquello de que no hay mejor defensa que un buen ataque. Para terminar de imponer su fuerza mediática, varios hosteleros -suponemos que de la asociación Otea, que no es la única de hosteleros en Asturias- organizaron una comida de apoyo a su compañero “chantajeado”. ¿En qué punto nos encontramos del culebrón? ¿Habrá un contraataque de la clienta?

Porque da la impresión que el denunciante es quien ha causado el verdadero mal. En este mundo al revés en que vivimos resulta que el cliente agraviado es un “chantajista”, el cliente maltratado por un servicio deficiente es la raíz del mal. El cliente es, en definitiva, el culpable completo y, además, un "chantajista". En esta torsión interesada, el poseedor del poder va y machaca al pobrecito pringado no contento con cobrar algo más de un centenar de euros por, repito, una comida que no se ajusta, precisamente, a los cánones de esa palabreja tan en boca de muchos: la “excelencia”. Tampoco se vio a estos hosteleros apoyar o decir algo sobre el asunto de la otra Nochevieja, ni en interés de esclarecer lo sucedido ni, mucho menos, de apoyarlos. Quizás no sean de su asociación o quizás sean unos pringados por los que ellos -la santísima excelencia de la profesión- no deban mancharse ni mover un solo dedo.

Sea como fuere el caso -y aunque el vídeo no deja lugar a ninguna otra duda que determinar la especie del gusanillo travieso- da la impresión de que cada nuevo paso amplifica la magnitud del asunto y que, quizás, lo más inteligente hubiera sido no haber seguido tirando de la cuerda tras el incidente que pone, cada vez más, en la picota a dicho restaurante.

MANOLO D. ABAD