Deslices

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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Una velada con Lôbison


Vetusta Blues. -

Una velada con Lobison”


Me he perdido el almuerzo que mi querido amigo el escritor Javier Lasheras ha ofrecido junto a su mujer, Pilar, a Juanma D´Estroso y Luisa Salazar. El trabajo, el trabajo que se acumula y tantas cosas pendientes por hacer, que son como una joroba que se empeña en pegársenos al cuerpo sin que sea posible librarse de ella.

Llego a La Salvaje con cierto gusanillo en el cuerpo. Hay días que uno afronta los conciertos con el deseo de la magia de antaño. Llevaba unas semanas de ayuno por un necesario aislamiento vacacional y tenía ganas. Cuando uno llega a la sala comprueba lo acogedor que ha sido el situar unos sillones que le transportan a un nuevo espacio, hospitalario y que transmite sensaciones dulces y cálidas. Luisa me recibe como si me conociera de toda la vida, aunque sea el primer contacto personal más allá de las redes del facebook. Una confianza del sur más espontáneo que sigue obrando maravillas. En unos momentos llegarán Javier, Pilar y, poco después, desde el escenario donde ponía los instrumentos, la pedalera y el amplificador a punto, Juanma. Se les ha unido desde Gijón un fan que le ha visto la noche anterior en concierto en La Folixa. Sin agobios ni prisas para empezar, hago recuento rápido cuando hace acto de presencia otro gran amigo y también escritor Rubén Rodríguez: no llegamos a la treintena.

Lobison en solitario -Juanma y sus guitarras, multiplicadas por las gracias de su pedalera- se hacen con el local desde el primer compás. Domina la escena y su personal rock desgarrador, único por la personalidad de su voz, poderoso por la fuerza interior que proviene de sus entrañas -donde pelean la destrucción del desencanto y la necesidad de la supervivencia a los desastres de los sentimientos- convierte su show en algo sobresaliente, singular. Mentalmente, me transporto a un concierto en solitario de Dominique A en el antiguo Centro Cultural Cajastur un 31 de mayo de 2004, quien bordó una sensacional sesión con su pedalera, su guitarra, su presencia y el poder de su obra. A quienes se quejan de la falta de conciertos de nivel en la ciudad, se les puede desarmar sin contemplaciones en su estúpida y mediocre impostura de presunción y mentira.

Lobison ya me había llamado la atención con sus trabajos, joyas como “Solo” o “Perro Amor” que merecieron ser destacadas por aquellos ávidos de emociones intensas y fuera de convencionalismos, pero su traslación al directo me deja definitivamente convencido. Es un torrente de desasosiego e inquietud, de una turbación que se desliza por una cuerda floja donde otros fracasarían, pero que en su voz, en los rasgueos de su guitarra, en sus gestos, se convierte en una experiencia terapéutica pero también catártica. Brotan el dolor junto a la liberación del mismo en un acto, en vivo, que no deja indiferente ni al más tibio que se encuentre entre el público.

La magia de la noche ya ha brotado. Juanma ha vendido un montón de discos -el recurso mejor para superar los ivas culturales desmesurados, la piratería y los escuálidos derechos de autor- y se sienta con un whisky a mi lado en la barra, mientras apuro como un trofeo mi copa de Rioja que alzo en su honor. Cenamos en el Ovetense para que el hechizo no se detenga. Evoco noches de gloria en concierto en mi ciudad y doy las gracias a mis locos amigos promotores que se arriesgan y ponen todo de su parte (a veces, hasta lo que no tienen incluso) para que estos pequeños milagros puedan seguir sucediendo y disfrutemos de artistas únicos que -finiquitada la Obra Cultural de CajAstur y sin dirección, sensibilidad ni idea en los entes culturales dependientes del municipio- suponen una pequeña vía de escape donde poder sentir emociones al margen de la convencional mayoría.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 14 de diciembre de 2016